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En Puerto Cabello, ciudad fortificada y comercial, nace el 24 de agosto de
1.780 el tercer hijo de los nueve descendientes del matrimonio de Gabriel Salom y María Magdalena Borges,
bautizado seis días más tarde en la iglesia parroquial de San Joseph, con el nombre de Bartolomé
Antonio de la Concepción.
Las actividades mercantiles ocuparon a Bartolomé Salom, hasta las clarinadas de
la llamada revolución de Caracas se escucharon en Puerto Cabello. Carente de un Cabildo, el 21 de abril
de 1.810 el pueblo porteño decidió en asamblea su adhesión a los postulados de la "Junta
Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII". Desde entonces comienza la actividad militar de quien
llegará al grado de General en Jefe de los Ejércitos de la República". En mayo de 1.810
es Subteniente; en julio de 1.811 es Capitán de Artilleros en el ataque a Valencia, y permanece en esa graduación
hasta el año siguiente en la defensa de La Victoria. Después de la capitulación de Francisco
de Miranda, es perseguido y luego prisionero en el castillo de Puerto Cabello, hasta su envío a Cádiz.
En Veracruz, de paso hacia España, recupera su libertad, y se reincorpora a los ejércitos que combatían
en la Nueva Granada comandados por Simón Bolívar. Es de los defensores de Cartagena, a las ordenes
de José Francisco Bermúdez. De los expedicionarios de Los Cayos, en mayo de 1.816 con grado de Mayor
General, combate en Los Frailes, frente al mar de Margarita, y en la toma de Carúpano el 1° de julio;
en esta ultima ciudad, ascendido a Teniente Coronel, funda el Cuerpo Nacional de Artillería del Ejercito
Libertador, con cinco oficiales, seis artilleros y cuarenta y cuatro operarios de servicio. Participa en la retirada
de Los Seiscientos, que desde las costas de Ocumare penetra el territorio buscando contactar al ejercito patriota
operante en el Oriente del país. Toma parte en las batallas de Quebrada Honda y El Alacrán, y en
la victoria de El Juncal (27 de septiembre de 1.816) bajo la conducción de Manuel Piar.
Realiza la Campaña de Guayana y es de los vencedores en San Felix, comandante de
uno de los tres cuerpos del ejercito republicano. Participa en la Campaña del centro (1.818) encargado del
parque y la artillería. En la Campaña de Boyacá responsable de la retaguardia, y del
cuido de las armas y bagajes en el paso del páramo de Pisba. Está presente en la batalla de Carabobo,
con el cargo de Subjefe del Estado Mayor General, después de tener en sus manos toda la responsabilidad
logística de la campaña. Ascendido a General de Brigada y Jefe del Estado Mayor, realiza La Campaña
del Sur, que culmina con el triunfo en Bomboná. La logística de la gran jornada de Ayacucho estará
en sus manos de eficiente administrador y guerrero, desde las playas de Guayaquil y en el mando de los departamentos
del sur de la gran Colombia. Quien por eficiente artillero dispara los primeros cañonazos de la guerra emancipadora
frente a la Valencia insurrecta de 1811, le corresponderá escuchar la última salva testimonio de
la rendición española, frente a los muros de El Callao (Perú), que capitula con las tropas
a su mando, el 23 de enero de 1.825.
Sobre el teatro mismo de ya guerra, cambia la espada de vencedor por la pluma
de Magistrado. La ciudad de Tunja es ocupada por las fuerzas revolucionarias el día anterior a la Batalla
de Boyacá, y en ella quedará como gobernador y Comandante de Armas. Su encargo o comisión
en la administrativo durará entonces desde el 5 de agosto de 1.819 hasta el 19 de noviembre del mismo año.
A mediados de 1.822 es Gobernador Civil y Militar de la provincia de Los Pastos, donde
tiene las responsabilidades de la guerra contra sus indómitos habitantes, enemigos jurados de la causa republicana.
De Pasto saldrá a cumplir una de sus más interesantes experiencias de magistrado: La Intendencia
de Guayaquil. Durante tres meses (agosto a octubre de 1.822) se desempeña en la importante ciudad que servirá
de base de apoyo a la campaña libertadora del Perú.
En los llamados Departamentos del Sur (Ecuador, capital Quito y Azuay,
capital Cuenca) sustituye al General Antonio José de Sucre, quien pasará al Perú a cortar
los laureles de Ayacucho. esta jefatura es determinante en la opinión que podamos formarnos del magistrado;
eso de aprovechar el poder en beneficio propio, o de sus allegados, o familiares y amigos, no entra en su rígida
pureza; los dineros del Estado los administra con una pulcritud que muchos gobernantes quisieran esgrimir
ante la historia. Pruebas de su honestidad quedan en múltiples papeles de su archivo, y en la opinión
escrita de sus contemporáneos. Al final de su mandato, y ya en el Perú, hizo evacuar justificativos
sobre su conducta en el tiempo que ejerció como jefe superior, enfrentándose en una especie de Juicio
de Residencia promovido por él mismo, al pueblo gobernado.
En los primeros días del mes de marzo de 1.827 lo encontramos
reorganizando en lo militar y en el ramo de la Hacienda, la provincia de Carabobo. En esta misión empleará
tres meses de su vida.
Su último destino en lo administrativo lo desempeña desde el
13 de mayo de 1.828 en la ciudad de Cumaná, Comandante e Intendente del pueble de Maturín, en cuyo
destino duró hasta el 15 de mayo de 1.829.
Concluida la guerra y la restauración del país, se retira Salom a
su estancia en San Esteban, Paradisíaco valle al Sur de Puerto Cabello; allí vivirá treinta
y tres años de su vida, en dialogo perenne con la naturaleza y en contacto con los hombres sencillos del
campo. Su bien ganada fama de soldado, su lealtad a Bolívar, su no participación en el reparto de
la riqueza, su vida austera y hasta humilde, su rechazo permanente a participar en las asonadas militares que devoran
al país en las hogueras de la guerra civil, crean una aureola mística en torno a su nombre. Comienza
a señalársele como el "filosofo de valle", o el moderno Cincinato, personaje este que recuerda
al célebre patricio romano Lucio Quincio, que vivió en el siglo V antes de Cristo, y quien después
de prestar como guerrero eminentes servicios a Roma, se retira a la vida del campo en una tranquila posesión
ribereña del Tíber. Salom llegará a identificarse plenamente con este personaje, y lo vive
y representa en diversos actos de su vida. Su desapego por lo mundano y el rechazo a los honores del poder, impedirán,
más que otro factor, el que llegue a ser Presidente de la República, cargo para el cual se le nominó,
contra su voluntad, en dos oportunidades. Fue bandera de dignidad en manos de un pueblo en lucha contra los gamonales,
contra el militarismo que después de la Guerra Magna continuó rigiendo los destinos de la patria.
En las elecciones del Congreso para elegir Vicepresidente de la República en enero 1.833, y en la de los
Colegios Electorales de 1°. De octubre de 1.842 para elegir la primera magistratura de la Nación, sin
ser político ni activista se colocó en votación por encima de prominentes figuras de entonces
y de siempre, como Santiago Mariño, José Tadeo Monagas, José Felix Blanco, José María
Vargas, Antonio Leocadio Guzmán, Juan Bautista Arismendi, José Gregorio Monagas.
Salom pasó a la posteridad como hombre virtuoso. Bolívar lo
distinguió como uno de sus mejores amigos y lo denominó el Arístides de Colombia. Cuando el
Libertador señaló en su ejército un punto de referencia con respecto a la disciplina, la constancia,
el orden, se refirió a Salom. El concepto de lealtad entre los amigos Bolívar-Salom se elevó
a considerable altura, y perduró más allá de la muerte del Padre de la Patria. En alguna ocasión,
por los requerimientos del porteño para retirarse de
la vida pública y ante los ataques de adversarios políticos, el Libertador le escribió: "...
todos los enemigos de Usted yo los adopto como míos, porque Solo los malvados pueden profesar odio a la
virtud". Salom respondió con una frase no menos noble: "Mi vida es mi patria, y perderla en su
servicio es un deber". Cuando Salom y su familia (habíase casado en 1.843 con Carmen Josefa Sereno
y procreado a Simón Cincinato y Carmen Magdalena) se retiran al valle de San Esteban a sobrevivir en extrema
pobreza, mostró siempre como su mejor riqueza las cartas de Bolívar y sus amigos, y sus recuerdos
de héroe. Así lo encontró la muerte, en casa de su yerno José Antonio Segrestáa,
en Puerto cabello, frente al mar de su infancia el 30 de octubre de 1.863. Uno de sus contemporáneos, el
Intendente de Quito, José Valdivieso, había dicho en su alabanza (septiembre de 1.824) que al momento
de que Salom falleciera "... dejaría un ejemplo extraordinario de integridad, honradez, desprendimiento,
y olvido de sí mismo, que no podía contemplarse sin recordar los tiempos felices de la Grecia y de
Roma ". Es epónimo de Municipios en el Distrito Puerto Cabello del Estado Carabobo y en el Distrito
Roscio del Estado Bolívar; un pueblo de Distrito Nirgua del Estado Yaracuy lleva su nombre. Un grupo de
artillería de Campaña con sede en Maracay, cuarteles y promociones de oficiales, así como
también una moderna fragata misilística de la Armada venezolana, se denominan Bartolomé Salom.
Tiene en su honor plazas con bronce en Puerto Cabello y El Callao (Perú), y calles y Avenidas en su ciudad
natal, Valencia y otras urbes importantes.
Por: Asdrúbal González.
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El
Libertador, en cartas particulares, los reconviene a ambos, y dice al
general Lara que ha ido a hacer un muy mal aprendizaje a Maracaibo en
el arte de gobernar; que en Barinas debe conducirse con más prudencia
y moderación; que hay un modo de cumplir los deberes sin dar a la
ejecución de sus medidas un color de vejación y de arbitrariedad; que
es preciso que lo aprenda y se acostumbre a despojarse de aquel genio
duro, áspero y retraído que le procura muchos enemigos; que, en fin,
debe acordarse con qué modo se conduce el general Salón en tales
casos. Este pasaje de su carta me lo leyó el Libertador diciéndome que
Lara no quedaría muy contento de la peluca.
"Lara
y Salom --- continuó S.E. --- son dos generales beneméritos de toda
mi confianza e igualmente capaces de cualquier desempeño tanto en la
parte activa, como en la administrativa militar, pero con dos genios
igualmente distintos: el primero no sabe moderar la viveza y la
aspereza del suyo; el segundo, al contrario, es un verdadero
jesuita, se dobla a todo con facilidad y sabe ocultar sus miras, sus
resentimientos y sus medidas con mucha hipocresía. Ambos, si es
necesario, darán a usted una puñalada: el general Lara con el brazo
al descubierto y sin ocultar ninguno de sus movimientos; el general
Salom ocultará todos los suyos, sabrá esconder el brazo que da el
golpe, y usted caerá bajo su cuchilla sin saber quién la ha
dirigido. El uno, pues, se declara abiertamente enemigo de usted; si
lo es, se da a conocer por tal, y el otro, aunque tenga iguales
sentimientos, continuará manifestándose su amigo y preparando su
venganza en la oscuridad. El genio del primero me gusta más que el
general Salom, pero éste es más propio para mandar; hará, quizá, más
daños y, sin embargo, será menos odiado que el otro. Los pueblos
quieren más a los que más males les hacen, todo consiste en el modo
de hacerlo. El jesuitismo, la hipocresía, la mala fe, el arte del
engaño y de la mentira, que se llaman vicios en la sociedad, son
cualidades en política, y el mejor diplomático, el mejor hombre de
Estado es aquel que mejor sabe ocultarlos y hacer uso de ellos, y la
civilización, lejos de extirpar estos males, no hace sino refinarlos
más y más. La filosofía nos hace ver todas aquellas verdades, nos
hace gemir sobre tal depravación, pero también nos consuela."
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