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Muy señor mío: Me apresuro a contestar la carta de 29 del mes pasado
que V. me hizo el honor de dirigirme, y yo recibí con la mayor satisfacción.
Sensible como debo, al interés que V. ha querido tomar por la suerte
de mi patria, afligiéndose con ella por los tormentos que padece desde su descubrimiento hasta estos últimos
períodos, por parte de sus destructores los españoles, no siento menos el comprometimiento en que
me ponen las solícitas demandas que V. me hace, sobre los objetos más importantes de la política
americana. Así, me encuentro en un conflicto, entre el deseo de corresponder a la confianza con que V. me
favorece, y el impedimento de satisfacerla, tanto por la falta de documentos y de libros, cuanto por los limitados
conocimientos que poseo de un país tan inmenso, variado y desconocido como el Nuevo Mundo.
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En mi opinión es imposible responder a las preguntas con que V. me ha
honrado. El mismo barón de Humboldt (1), con su universalidad de conocimientos teóricos y prácticos,
apenas lo haría con exactitud, porque aunque una parte de la estadística y revolución de América
es conocida, me atrevo a asegurar que la mayor está cubierta de tinieblas, y por consecuencia, sólo
se pueden ofrecer conjeturas más o menos aproximadas, sobre todo en lo relativo a la suerte futura, y a
los verdaderos proyectos de los americanos; pues cuantas combinaciones suministra la historia de las naciones,
de otras tantas es susceptible la nuestra por sus posiciones físicas, por las vicisitudes de la guerra,
y por los cálculos de la política.
Como me conceptúo obligado a prestar atención a la apreciable carta de V., no menos que a sus filantrópicas
miras, me animo a dirigir estas líneas, en las cuales ciertamente no hallará V. las ideas luminosas
que desea, mas sí las ingenuas expresiones de mis pensamientos. |
1. El barón Alejandro de Humboldt (Berlín, 1769-Berlín, 1859),
sabio geógrafo y naturalista, realizó un viaje de exploración científica por el continente
Americano en compañía de Aimé Bonpland, entre 1799 y 1804. Bolívar y Humboldt se conocieron
en París y mantuvieron siempre una buena amistad. |
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"Tres siglos ha, dice V., que empezaron las barbaridades que los españoles
cometieron en el grande hemisferio de Colón". Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas,
porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serían creídas por los críticos
modernos, si constantes y repetidos documentos no testificasen estas infaustas verdades. El filantrópico
obispo de Chiapas (2), el apóstol de la América, Las Casas (3), ha dejado a la posteridad una breve
relación de ellas, extractada de las sumarias que siguieron en Sevilla a los conquistadores, con el testimonio
de cuantas personas respetables había entonces en el Nuevo Mundo, y con los procesos mismos que los tiranos
se hicieron entre sí; como consta por los más sublimes historiadores de aquel tiempo. Todos los imparciales
han hecho justicia al celo, verdad y virtudes de aquel amigo de la humanidad, que con tanto fervor y firmeza denunció
ante su gobierno y contemporáneos los actos más horrorosos de un frenesí sanguinario. |
2. Chiapas, actual Estado del sur de México, limítrofe con Guatemala.
3. Fray Bartolomé de Las Casas, autor de la Brevísima relación
de la destrucción de las Indias. |
¡Con cuánta emoción de gratitud leo el pasaje de la carta
de V. en que me dice "que espera que los sucesos que siguieron entonces a las armas españolas, acompañen
ahora a las de sus contrarios, los muy oprimidos americanos meridionales"! Yo tomo esta esperanza por una
predicción, si la justicia decide las contiendas de los hombres. El suceso coronará nuestros esfuerzos;
porque el destino de la América se ha fijado irrevocablemente; el lazo que la unía a la España
está cortado; la opinión era toda su fuerza; por ella se estrechaban mutuamente las partes de aquella
inmensa monarquía; lo que antes las enlazaba ya las divide; más grande es el odio que nos ha inspirado
la Península que el mar que nos separa de ella; menos difícil es unir los dos continentes, que reconciliar
los espíritus de ambos países. El hábito a la obediencia; un comercio de intereses, de luces,
de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros
padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. De aquí nacía
un principio de adhesión que parecía eterno; no obstante que la inconducta de nuestros dominadores
relajaba esta simpatía; o por mejor decir este apego forzado por el imperio de la dominación. Al
presente sucede lo contrario: la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos; todo lo sufrimos
de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado; ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas;
se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto,
la América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria.
Porque los sucesos hayan sido parciales y alternados, no debemos desconfiar
de la fortuna. En unas partes triunfan los independientes, mientras que los tiranos en lugares diferentes, obtienen
sus ventajas, y ¿cuál es el resultado final? ¿no está el Nuevo Mundo entero, conmovido
y armado para su defensa? Echemos una ojeada y observaremos una lucha simultánea en la inmensa extensión
de este hemisferio.
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El belicoso Estado de las Provincias del Río de la Plata (4) ha purgado
su territorio y conducido sus armas vencedoras al Alto Perú (5), conmoviendo a Arequipa (6), e inquietando
a los realistas de Lima. Cerca de un millón de habitantes disfruta allí de su libertad.
El reino de Chile, poblado de 800.000 almas, está lidiando contra sus enemigos que pretenden dominarlo;
pero en vano, porque los que antes pusieron un término a sus conquistas, los indómitos y libres araucanos
(7), son sus vecinos y compatriotas; y su ejemplo sublime es suficiente para probarles que el pueblo que ama su
independencia, por fin la logra. |
4. Provincias Unidas del Río de la Plata, hoy República Argentina.
5. Alto Perú: la región que más tarde (1825) se constituyó en nación independiente
con el nombre de Bolivia.
6. Arequipa: Ciudad del Perú, a unos 750 kilómetros al sudeste de Lima.
7. Los mapuches, llamados araucanos por los españoles, habitan el sur de Chile y de Argentina, desde fines
del siglo X. Los mapuches de Chile no fueron jamás vencidos por los conquistadores. Su valor inspiró
el poema épico La Araucana,
de Alonso de Ercilla. |
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El virreinato del Perú, cuya población asciende a millón
y medio de habitantes, es sin duda el más sumiso y al que más sacrificios se le han arrancado para
la causa del rey; y bien que sean varias las relaciones concernientes a aquella porción de América,
es indubitable que ni está tranquila, ni es capaz de oponerse al torrente que amenaza a las más de
sus provincias.
La Nueva Granada, que es, por decirlo así, el corazón de la América, obedece a un gobierno
general, exceptuando el reino de Quito que con la mayor dificultad contienen sus enemigos, por ser fuertemente
adicto a la causa de su patria, y las provincias de Panamá y Santa Marta que sufren, no sin dolor, la tiranía
de sus señores. Dos millones y medio de habitantes están esparcidos en aquel territorio que actualmente
defienden contra el ejército español bajo el general Morillo (8), que es verosímil sucumba
delante de la inexpugnable plaza de Cartagena. Mas si la tomare será a costa de grandes pérdidas,
y desde luego carecerá de fuerzas bastantes para subyugar a los morigerados y bravos moradores del interior. |
8. Pablo Morillo (1778-1837), nacido en Fuentesecas, Zamora. Se distinguió
combatiendo por la independencia de su patria, contra la invasión napoleónica, entre 1808 y 1814.
Fue enviado a Venezuela y Nueva Granada en 1815, como General en Jefe y con el título de Pacificador, al
mando de un poderoso ejército expedicionario. Reconquistó la Nueva Granada y la dominó mediante
el terror, entre 1815 y 1816. Desde 1817 hasta 1820 combatió encarnizadamente contra Simón Bolívar
en Venezuela. A fines de 1820 firmó con el Libertador los Tratados
de Armisticio y Regularización de la Guerra, luego de lo cual
resignó el mando y regresó a España, en donde ocupó cargos militares. Dejó escritas
unas memorias de la guerra contra Bolívar. |
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En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan
rápidos y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa,
no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de la América.
Sus tiranos gobiernan un desierto, y sólo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan
una precaria existencia: algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan. Los más de los hombres
han perecido por no ser esclavos, y los que viven combaten con furor en los campos y en los pueblos internos hasta
expirar o arrojar al mar a los que, insaciables de sangre y de crímenes, rivalizan con los primeros monstruos
que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva. Cerca de un millón de habitantes se contaba
en Venezuela; y sin exageración se puede asegurar que una cuarta parte ha sido sacrificada por la tierra
(9), la espada, el hambre, la peste, las peregrinaciones; excepto el terremoto, todos resultados de la guerra. |
9. Se refiere al terremoto de 1812, que destruyó gran parte de la ciudad
de Caracas. |
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10. El Virreinato de la Nueva España, hoy México.
11. La antigua Capitanía General de Guatemala abarcaba prácticamente toda la América Central
en la época de Bolívar.
12. William Walton, publicista y periodista británico, autor de numerosos escritos sobre la política
interior de España y sobre sus posesiones de América en lucha por la independencia. Vivía
aún en 1837, cuando apareció en Londres su obra The Revolutions
of Spain, from 1808 to the end of 1836. Bolívar se refiere aquí
al libro titulado An exposé of the dissentions of Spanish America, publicado en Londres en 1814.
13. El abate Guillermo Tomás Raynal (1713-1796) escritor francés de la corriente enciclopedista,
crítico de los sistemas de colonización europeos en su obra Histoire
philosophique et politique des établissements et du commerce des Européens dans les deux Indes (Amsterdam, 1770) a la cual se refiere aquí Bolívar. |
En Nueva España (10) había en 1808, según nos refiere el
barón de Humboldt, 7.800.000 almas con inclusión de Guatemala (11). Desde aquella época, la
insurrección que ha agitado a casi todas sus provincias, ha hecho disminuir sensiblemente aquel cómputo
que parece exacto; pues más de un millón de hombres han perecido, como lo podrá V. ver en
la exposición de Mr. Walton (12) que describe con fidelidad los sanguinarios crímenes cometidos en
aquel opulento imperio. Allí la lucha se mantiene a fuerza de sacrificios humanos y de todas especies, pues
nada ahorran los españoles con tal que logren someter a los que han tenido la desgracia de nacer en este
suelo, que parece destinado a empaparse con la sangre de sus hijos. A pesar de todo, los mexicanos serán
libres, porque han abrazado el partido de la patria, con la resolución de vengar a sus pasados, o seguirlos
al sepulcro. Ya ellos dicen con Raynal (13): llegó el tiempo, en fin, de pagar a los españoles suplicios
con suplicios y de ahogar a esa raza de exterminadores en su sangre o en el mar.
Las islas de Puerto Rico y Cuba, que entre ambas pueden formar una
población de 700 a 800.000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque
están fuera del contacto de los independientes. Mas ¿no son americanos estos insulares? ¿No
son vejados? ¿No desearán su bienestar? |
Este cuadro representa una escala militar de 2.000 leguas de longitud y 900
de latitud en su mayor extensión en que 16.000.000 de americanos defienden sus derechos, o están
comprimidos por la nación española, que aunque fue en algún tiempo el más vasto imperio
del mundo, sus restos son ahora impotentes para dominar el nuevo hemisferio, y hasta para mantenerse en el antiguo.
¿Y la Europa civilizada, comerciante y amante de la libertad, permite que una vieja serpiente, por sólo
satisfacer su saña envenenada, devore la más bella parte de nuestro globo? ¡Qué! ¿Está
la Europa sorda al clamor de su propio interés? ¿No tiene ya ojos para ver la justicia? ¿Tanto
se ha endurecido para ser de este modo insensible? Estas cuestiones, cuanto más las medito, más me
confunden; llego a pensar que se aspira a que desaparezca la América; pero es imposible porque toda la Europa
no es España. ¡Qué demencia la de nuestra enemiga, pretender reconquistar la América,
sin marina, sin tesoros, y casi sin soldados! Pues los que tiene apenas son bastantes para retener a su propio
pueblo en una violenta obediencia y defenderse de sus vecinos. Por otra parte, ¿podrá esta nación
hacer el comercio exclusivo de la mitad del mundo sin manufacturas, sin producciones territoriales, sin artes,
sin ciencias, sin política? Lograda que fuese esta loca empresa, y suponiendo más, aun lograda la
pacificación, los hijos de los actuales americanos unidos con los de los europeos reconquistadores, ¿no
volverían a formar dentro de veinte años los mismos patrióticos designios que ahora se están
combatiendo?
La Europa haría un bien a la España en disuadirla de su obstinada
temeridad, porque a lo menos le ahorrará los gastos que expende, y la sangre que derrama; a fin de que fijando
su atención en sus propios recintos, fundase su prosperidad y poder sobre bases más sólidas
que las de inciertas conquistas, un comercio precario y exacciones violentas en pueblos remotos, enemigos y poderosos.
La Europa misma, por miras de sana política debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la
independencia americana, no sólo porque el equilibrio del mundo así lo exige, sino porque este es
el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio. La Europa, que no se
halla agitada por las violentas pasiones de la venganza, ambición y codicia, como la España, parece
que estaba autorizada por todas las leyes de la equidad a ilustrarla sobre sus bien entendidos intereses.
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Cuantos escritores han tratado la materia se acordaban en esta parte. En consecuencia,
nosotros esperábamos con razón que todas las naciones cultas se apresurarían a auxiliarnos,
para que adquiriésemos un bien cuyas ventajas son recíprocas a entrambos hemisferios. Sin embargo
¡cuán frustradas esperanzas! No sólo los europeos, pero hasta nuestros hermanos del Norte (14)
se han mantenido inmóviles espectadores de esta contienda, que por su esencia es la más justa, y
por sus resultados la más bella e importante de cuantas se han suscitado en los siglos antiguos y modernos;
porque ¿hasta dónde se puede calcular la trascendencia de la libertad del hemisferio de Colón?
"La felonía con que Bonaparte (15), dice V., prendió a Carlos IV y a Fernando VII, reyes de
esta nación, que tres siglos ha, aprisionó con traición a dos monarcas de la América
Meridional, es un acto muy manifiesto de la retribución divina, y al mismo tiempo una prueba de que Dios
sostiene la justa causa de los americanos, y les concederá su independencia". |
14. Los Estados Unidos de América del Norte.
15. Bolívar se refiere al episodio de las cesiones de Bayona en 1808. Napoleón Bonaparte, Emperador
de los Franceses, obligó al Rey de España Carlos IV (1748-1819) a abdicar en favor de su hijo Fernando
VII, (El Escorial, 1784-Madrid, 1833). Este fue conducido preso a Francia por orden de Napoleón y sólo
recuperó el trono en 1814, reinando hasta su muerte. |
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Parece que V. quiere aludir al monarca de México Moteuczoma (16) preso
por Cortés (17) y muerto, según Herrera (18) por el mismo, aunque Solís (19) dice que por
el pueblo; y a Atahualpa (20), Inca del Perú, destruido por Francisco Pizarro (21) y Diego Almagro (22). |
16. Moctezuma II (1466-1520), reinó desde 1502. En 1519, prisionero de
los conquistadores, aconsejó a sus súbditos que se sometiesen al poder español, y fue lapidado
por ellos, muriendo poco después.
17. Hernán Cortés (1485-1547) nacido en Medellín, Extremadura,
conquistador de México.
18. Antonio de Herrera y Tordesillas, historiador español (1559-1625),
Cronista General de Castilla e Indias durante los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Bolívar
se refiere aquí a su obra Historia General de los hechos de los
castellanos en las islas y tierra firme del mar océano... (Madrid,
1601-1615) conocida como Décadas,
que abarca el período 1492-1554.
19. Antonio de Solís y Rivadeneyra (1610-1686), Secretario de Felipe IV
y Cronista Mayor de Indias. Autor de la Historia de la conquista de México,
población y progresos de la América septentrional conocida por... Nueva España (Madrid, 1684). Bolívar se refiere aquí a esta obra.
20. El Inca Atahualpa, último soberano indígena independiente del
Perú, apresado en Cajamarca a fines de 1532 por Francisco Pizarro, quien lo hizo ejecutar el año
siguiente.
21. Francisco Pizarro, nacido en Trujillo (Extremadura) en 1476. Conquistó
el Perú y fundó en 1535 la ciudad de Lima, donde murió asesinado en 1541.
22. Diego de Almagro (1475-1538), compañero de Francisco Pizarro en la
conquista del Perú, y más tarde Adelantado en la conquista de Chile.
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Existe tal diferencia entre la suerte de los reyes españoles y los
reyes americanos, que no admite comparación; los primeros son tratados con dignidad, conservados, y al fin
recobran su libertad y trono; mientras que los últimos sufren tormentos inauditos y los vilipendios más
vergonzosos.
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Si a Quauhtemozin (23), sucesor de Moctezuma, se le trata como emperador, y le
ponen la corona, fue por irrisión y no por respeto, para que experimentase este escarnio antes que las torturas.
Iguales a la suerte de este monarca fueron las del rey de Michoacán, Catzontzin (24); el Zipa de Bogotá
(25), y cuantos Toquis, Incas, Zipas, Ulmenes, Caciques y demás dignidades indianas sucumbieron al poder
español. El suceso de Fernando VII es más semejante al que tuvo lugar en Chile en 1535 con el Ulmen
de Copiapó (26) entonces reinante en aquella comarca. |
23. El emperador de los Aztecas Guatimozin o Cuauhtemoc (1495-1522), que heredó
el trono en 1520. Guatimozin organizó la resistencia azteca contra lo españoles. Cayó prisionero
al ser tomada la ciudad de México, fue torturado y ejecutado más tarde por orden de Hernán
Cortés.
24. El Rey de Michoacán, Tangaxoán, a quien los aztecas, sus enemigos, llamaban Catzontzin, nombre
que adoptaron los cronistas españoles. Recibió bien a los emisarios de Hernán Cortés
y viajó a la ciudad de México para visitarle. Continuó reinando en Michoacán, hasta
que en 1530 fue torturado y muerto por orden del conquistador Nuño de Guzmán.
25. Bogotá (Bacatá), antigua población indígena de ese nombre situada en el altiplano
donde hoy se levanta la ciudad de Santa Fe de Bogotá, actual capital de Colombia. Zipa era el nombre que
recibía el soberano indígena de la región, poblada por los muiscas o chibchas.
26. Copiapó: territorio de la Provincia de Atacama, en Chile, entre Antofagasta y la Serena, atravesada
por el río Copiapó, donde se levanta la ciudad de ese mismo nombre, fundada en 1744. En 1535 había
llegado a esa región el conquistador español Diego de Almagro. |
El español Almagro pretextó, como Bonaparte, tomar partido por
la causa del legítimo soberano, y en consecuencia llama al usurpador como Fernando lo era en España;
aparenta restituir al legítimo a sus estados y termina por encadenar y echar a las llamas al infeliz Ulmen,
sin querer ni aun oír su defensa. Este es el ejemplo de Fernando VII con su usurpador; los reyes europeos
sólo padecen destierros, el Ulmen de Chile termina su vida de un modo atroz.
"Después de algunos meses, añade V., he hecho muchas reflexiones
sobre la situación de los americanos y sus esperanzas futuras; tomo grande interés en sus sucesos;
pero me faltan muchos informes relativos a su estado actual y a lo que ellos aspiran: deseo infinitamente saber
la política de cada provincia como también su población; si desean repúblicas o monarquías,
si formarán una gran república o una gran monarquía? Toda noticia de esta especie que V. pueda
darme, o indicarme las fuentes a que debo ocurrir, la estimaré como un favor muy particular".
Siempre las almas generosas se interesan en la suerte de un pueblo que se
esmera por recobrar los derechos con que el Criador y la naturaleza le han dotado; y es necesario estar bien fascinado
por el error o por las pasiones para no abrigar esta noble sensación; V. ha pensado en mi país, y
se interesa por él; este acto de benevolencia me inspira el más vivo reconocimiento.
He dicho la población que se calcula por datos más o menos exactos,
que mil circunstancias hacen fallidos, sin que sea fácil remediar esta inexactitud, porque los más
de los moradores tienen habitaciones campestres, y muchas veces errantes; siendo labradores, pastores, nómades,
perdidos en medio de espesos e inmensos bosques, llanuras solitarias, y aislados entre lagos y ríos caudalosos.
¿Quién será capaz de formar una estadística completa de semejantes comarcas? Además,
los tributos que pagan los indígenas; las penalidades de los esclavos; las primicias, diezmos y derechos
que pesan sobre los labradores, y otros accidentes, alejan de sus hogares a los pobres americanos. Esto es sin
hacer mención de la guerra de exterminio que ya ha segado cerca de un octavo de la población, y ha
ahuyentado una gran parte; pues entonces las dificultades son insuperables y el empadronamiento vendrá a
reducirse a la mitad del verdadero censo.
Todavía es más difícil presentir la suerte futura del
Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará
a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada. ¿Se pudo preveer, cuando
el género humano se hallaba en su infancia rodeado de tanta incertidumbre, ignorancia y error, cuál
sería el régimen que abrazaría para su conservación? ¿Quién se habría
atrevido a decir "tal nación será república o monarquía, esta será pequeña,
aquella grande"? En mi concepto, esta es la imagen de nuestra situación.
Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte,
cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejos en los usos
de la sociedad civil. Yo considero el estado actual de la América, como cuando desplomado el imperio romano,
cada desmembración formó un sistema político, conforme a sus intereses y situación,
o siguiendo la ambición particular de algunos jefes, familias, o corporaciones; con esta notable diferencia
que aquellos miembros dispersos volvían a restablecer sus antiguas naciones con las alteraciones que exigían
las cosas o los sucesos; mas nosotros, que apenas conservamos vestigios de lo que en otro tiempo fue, y que por
otra parte, no somos indios, ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país,
y los usurpadores españoles; en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento, y nuestros derechos los
de Europa, tenemos que disputar estos a los del país, y que mantenernos en él contra la invasión
de los invasores; así nos hallamos en el caso más extraordinario y complicado. No obstante que es
una especie de adivinación indicar cuál será el resultado de la línea de política
que la América siga, me atrevo a aventurar algunas conjeturas que desde luego caracterizo de arbitrarias,
dictadas por mi deseo racional, y no por un raciocinio probable.
La posición de los moradores del hemisferio americano ha sido por siglos
puramente pasiva; su existencia política era nula. Nosotros estábamos en un grado todavía
más abajo de la servidumbre, y por lo mismo con más dificultad para elevarnos al goce de la libertad.
Permítame V. estas consideraciones para elevar la cuestión. Los estados son esclavos por la naturaleza
de su constitución o por el abuso de ella; luego, un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia
o por sus vicios, holla y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito. Aplicando estos principios, hallaremos
que la América no solamente estaba privada de su libertad, sino también de la tiranía activa
y dominante. Me explicaré.
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En las administraciones absolutas no se reconocen límites en el ejercicio
de las facultades gubernativas: la voluntad del Gran Sultán, Kan, Dey (27) y demás soberanos despóticos,
es la ley suprema, y esta es casi arbitrariamente ejecutada por los bajaes, kanes y sátrapas subalternos
de la Turquía y Persia, que tienen organizada una opresión de que participan los súbditos
en razón de la autoridad que se les confía. A ellos está encargada la administración
civil, militar, política, de rentas, y la religión. Pero al fin son persas los jefes de Hispahán
(28), son turcos los visires del gran señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no
envía a buscar mandatarios militares y letrados al país de Gengis Kan (29) que la conquistó,
a pesar de que los actuales chinos son descendientes directos de los subyugados por los ascendientes de los presentes
tártaros. |
27. Dey (del turco dey, tío materno): Título del Jefe o príncipe
musulmán que gobernaba la regencia de Argel.
28. Hispahán, o mejor, Ispahán o Isfahán: Antigua ciudad de Persia, que fue su capital durante
los siglos XVI y XVII.
29. Gengis-Kan, el célebre caudillo mongol de los siglos XII-XIII, quien sometió a su poder gran
parte de Asia. |
¡Cuán diferente era entre nosotros! Se nos vejaba con una conducta
que, además de privarnos de los derechos que nos correspondían, nos dejaba en una especie de infancia
permanente con respecto a las transacciones públicas. Si hubiésemos siquiera manejado nuestros asuntos
domésticos en nuestra administración interior, conoceríamos el curso de los negocios públicos
y su mecanismo. Gozaríamos también de la consideración personal que impone a los ojos del
pueblo cierto respeto maquinal, que es tan necesario conservar en las revoluciones. He aquí por qué
he dicho que estábamos privados hasta de la tiranía activa, pues que no nos estaba permitido ejercer
sus funciones.
Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá
con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando
más el de simples consumidores; y aun esta parte coartada con restricciones chocantes; tales son las prohibiciones
del cultivo de frutos de Europa, el estanco de las producciones que el rey monopoliza, el impedimento de las fábricas
que la misma península no posee, los privilegios exclusivos del comercio hasta de los objetos de primera
necesidad; las trabas entre provincias y provincias americanas para que no se traten, entiendan, ni negocien; en
fin ¿quiere V. saber cuál era nuestro destino? Los campos para cultivar el añil, la grana,
el café, la caña, el cacao y el algodón; las llanuras solitarias para criar ganados; los desiertos
para cazar las bestias feroces; las entrañas de la tierra para excavar el oro, que no puede saciar a esa
nación avarienta.
Tan negativo era nuestro estado que no encuentro semejante en ninguna otra
asociación civilizada, por más que recorro la serie de las edades y la política de todas las
naciones. Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo
¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?
Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo
así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del Estado.
Jamás éramos virreyes ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos,
pocas veces; diplomáticos, nunca; militares, sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios
reales; no éramos, en fin, ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes; todo en contravención
directa de nuestras instituciones.
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El emperador Carlos V (30) formó un pacto con los descubridores, conquistadores
y pobladores de América que, como dice Guerra (31) es nuestro contrato social. Los reyes de España
convinieron solemnemente con ellos que lo ejecutasen por su cuenta y riesgo, prohibiéndoseles hacerlo a
costa de la real hacienda, y por esta razón se les concedía que fuesen señores de la tierra,
que organizasen la administración y ejerciesen la judicatura en apelación; con otras muchas exenciones
y privilegios que sería prolijo detallar. El rey se comprometió a no enajenar jamás las provincias
americanas, como que a él no tocaba otra jurisdicción que la del alto dominio, siendo una especie
de propiedad feudal la que allí tenían los conquistadores para sí y sus descendientes. Al
mismo tiempo existen leyes expresas que favorecen casi exclusivamente a los naturales del país, originarios
de España, en cuanto a los empleos civiles, eclesiásticos y de rentas. Por manera que con una violación
manifiesta de las leyes y de los pactos subsistentes, se han visto despojar aquellos naturales de la autoridad
constitucional que les daba su código. |
30. El Emperador Carlos V de Alemania (Gante, 1500-Yuste, 1558). Rey de España
como Carlos I. Durante su reinado (1517-1556) se llevó a cabo el esfuerzo fundamental de la conquista en
América.
31. Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra (1765-1827), sacerdote dominico que tuvo destacada participación
en los sucesos revolucionarios México. El Padre Mier publicó en Londres, en 1813, una Historia de la Revolución de Nueva España, antiguamente Anáhuac, bajo el nombre de José Guerra. A ella se refiere Bolívar. |
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De cuanto he referido, será fácil colegir que la América
no estaba preparada para desprenderse de la metrópoli, como súbitamente sucedió por el efecto
de las ilegítimas cesiones de Bayona (32), y por la inicua guerra que la regencia nos declaró sin
derecho alguno para ello, no sólo por la falta de justicia, sino también de legitimidad. Sobre la
naturaleza de los gobiernos españoles, sus decretos conminatorios y hostiles, y el curso entero de su desesperada
conducta, hay escritos del mayor mérito en el periódico El
Español, cuyo autor es el Sr. Blanco (33); y estando allí
esta parte de nuestra historia muy bien tratada, me limito a indicarlo.
Los americanos han subido de repente y sin los conocimientos previos, y, lo que es más sensible, sin la
práctica de los negocios públicos, a representar en la escena del mundo las eminentes dignidades
de legisladores, magistrados, administradores del erario, diplomáticos, generales, y cuantas autoridades
supremas y subalternas forman la jerarquía de un Estado organizado con regularidad. |
32. Bayona: población del suroeste de Francia, cercana a la frontera española,
en donde Carlos IV y su hijo Fernando VII hicieron a Napoleón Bonaparte, en 1808, árbitro de los
destinos de España; y Napoleón, burlándolos a los dos, entregó la corona a su propio
hermano José Bonaparte.
33. José María Blanco y Crespo (Sevilla, 1774-Liverpool, 1841) escritor español que residió
durante muchos años en Inglaterra, donde usó el apellido Blanco-White y el seudónimo "Leucadio
Doblado". Fue editor y redactor del periódico El Español, publicado en Londres de 1810 a 1814. |
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34. Los ejércitos de Napoleón, que invadieron España en 1808.
35. José Bonaparte, coronado Rey de España por imposición de su hermano Napoleón. |
Cuando las águilas francesas (34) sólo respetaron los muros de
la ciudad de Cádiz, y con su vuelo arrollaron a los frágiles gobiernos de la Península, entonces
quedamos en la orfandad. Ya antes habíamos sido entregados a la merced de un usurpador extranjero (35).
Después, lisonjeados con la justicia que se nos debía, con esperanzas halagüeñas siempre
burladas; por último, inciertos sobre nuestro destino futuro, y amenazados por la anarquía, a causa
de la falta de un gobierno legítimo, justo y liberal, nos precipitamos en el caos de la revolución. |
En el primer momento sólo se cuidó de proveer a la seguridad
interior, contra los enemigos que encerraba nuestro seno. Luego se extendió a la seguridad exterior; se
establecieron autoridades que sustituimos a las que acabábamos de deponer, encargadas de dirigir el curso
de nuestra revolución y de aprovechar la coyuntura feliz en que nos fuese posible fundar un gobierno constitucional
digno del presente siglo y adecuado a nuestra situación. Todos los nuevos gobiernos marcaron sus primeros
pasos con el establecimiento de juntas populares. Estas formaron en seguida reglamentos para la convocación
de congresos que produjeron alteraciones importantes. Venezuela erigió un gobierno democrático y
federal, declarando previamente los derechos del hombre, manteniendo el equilibrio de los poderes y estatuyendo
leyes generales en favor de la libertad civil, de imprenta y otras; finalmente, se constituyó un gobierno
independiente. La Nueva Granada siguió con uniformidad los establecimientos políticos y cuantas reformas
hizo Venezuela, poniendo por base fundamental de su Constitución el sistema federal más exagerado
que jamás existió; recientemente se ha mejorado con respecto al poder ejecutivo general, que ha obtenido
cuantas atribuciones le corresponden.
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Según entiendo, Buenos Aires (36) y Chile han seguido esta misma línea
de operaciones; pero como nos hallamos a tanta distancia, los documentos son tan raros, y las noticias tan inexactas,
no me animaré ni aun a bosquejar el cuadro de sus transacciones. |
36. Buenos Aires, capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata, hoy
República Argentina. En la época de Bolívar era costumbre decir "Buenos Aires" para
referirse a todas las Provincias Unidas. |
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37. Zitácuaro: ciudad del actual Estado de Michoacán (México),
donde se reunió en 1811 la Junta Suprema presidida por el patriota Ignacio López Rayón (ver
la nota Nº 39).
38. José María Morelos y Pavón, mestizo n. en Valladolid, México (hoy Morelia) en 1765.
Se dedicó al sacerdocio, bajo la protección del Padre Hidalgo, con quien colaboró desde el
comienzo de la guerra de la independencia. Después del fusilamiento de Hidalgo (1811), continuó la
lucha en el sur del país. Se distinguió como jefe militar y obtuvo victorias en Cuautla, Oaxaca y
Acapulco. En septiembre de 1813 instaló el Congreso de Chilpancingo, que proclamó la Independencia
de México. Derrotado en varias acciones por el jefe militar español Agustín de Iturbide, cayó
prisionero en Tezma-lasca, fue conducido a la ciudad de México, condenado a muerte y fusilado en San Cristóbal
Ecatepec en diciembre de 1815.
39. Ignacio López Rayón (1773-1833) n. en Tlalpujahua, fue, junto con Hidalgo y Morelos, uno de los
principales dirigentes de la independencia de México. Era abogado; en el ejército alcanzó
el grado de General de División. Después de 1820 ocupó importantes posiciones en la vida pública
mexicana.
40. Zultepec, hoy Sultepec: Población del actual Estado de México.
41. En 1812 era Virrey de México el militar español Francisco Javier Venegas (1760-1818), quien cesó
en el cargo en 1813.
42. Se refiere, probablemente, al manifiesto del sacerdote mexicano José María Cos, redactado en
marzo de 1812. |
Los sucesos de México han sido demasiado varios, complicados, rápidos
y desgraciados, para que se puedan seguir en el curso de su revolución. Carecemos, además, de documentos
bastante instructivos, que nos hagan capaces de juzgarlos. Los independientes de México, por lo que sabemos,
dieron principio a su insurrección en setiembre de 1810, y un año después, ya tenían
centralizado su gobierno en Zitácuaro (37), instalado allí una Junta Nacional bajo los auspicios
de Fernando VII, en cuyo nombre se ejercían las funciones gubernativas. Por los acontecimientos de la guerra,
esta Junta se trasladó a diferentes lugares, y es verosímil que se haya conservado hasta estos últimos
momentos, con las modificaciones que los sucesos hayan exigido. Se dice que ha creado un generalísimo o
dictador que lo es el ilustre general Morelos (38); otros hablan del célebre general Rayón (39);
lo cierto es que uno de estos dos grandes hombres o ambos separadamente ejercen la autoridad suprema en aquel país;
y recientemente ha aparecido una Constitución para el régimen del Estado. En marzo de 1812 el gobierno
residente en Zultepec (40) presentó un plan de paz y guerra al virrey de México (41) concebido con
la más profunda sabiduría. En él se reclamó el derecho de gentes estableciendo principios
de una exactitud incontestable. Propuso la Junta que la guerra se hiciese como entre hermanos y conciudadanos,
pues que no debía ser más cruel que entre naciones extranjeras; que los derechos de gentes y de guerra,
inviolables para los mismos infieles y bárbaros, debían serlo más para cristianos, sujetos
a un soberano y a unas mismas leyes; que los prisioneros no fuesen tratados como reos de lesa majestad, ni se degollasen
los que rendían las armas, sino que se mantuviesen en rehenes para canjearlos; que no se entrase a sangre
y fuego en las poblaciones pacíficas, no las diezmasen ni quintasen para sacrificarlas, y concluye que,
en caso de no admitirse este plan, se observarían rigurosamente las represalias (42). |
Esta negociación se trató con el más alto desprecio;
no se dio respuesta a la Junta Nacional; las comunicaciones originales se quemaron públicamente en la plaza
de México, por mano del verdugo; y la guerra de exterminio continuó por parte de los españoles
con su furor acostumbrado, mientras que los mexicanos y las otras naciones americanas no la hacían, ni aun
a muerte con los prisioneros de guerra que fuesen españoles. Aquí se observa que por causas de conveniencia
se conservó la apariencia de sumisión al rey y aun a la Constitución de la monarquía.
Parece que la Junta Nacional es absoluta en el ejercicio de las funciones legislativa, ejecutiva y judicial, y
el número de sus miembros muy limitado.
Los acontecimientos de la Tierra Firme nos han probado que las instituciones
perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales. En Caracas
el espíritu de partido tomó su origen en las sociedades, asambleas, y elecciones populares; y estos
partidos nos tornaron a la esclavitud. Y así como Venezuela ha sido la república americana que más
se ha adelantado en sus instituciones políticas, también ha sido el más claro ejemplo de la
ineficacia de la forma demócrata y federal para nuestros nacientes Estados. En Nueva Granada las excesivas
facultades de los gobiernos provinciales y la falta de centralización en el general, han conducido aquel
precioso país al estado a que se ve reducido en el día. Por esta razón sus débiles
enemigos se han conservado contra todas las probabilidades. En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los
talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente
populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina. Desgraciadamente, estas cualidades
parecen estar muy distantes de nosotros en el grado que se requiere; y por el contrario, estamos dominados de los
vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha
sobresalido en fiereza, ambición, venganza y codicia.
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Es más difícil, dice Montesquieu (43), sacar un pueblo de la servidumbre,
que subyugar uno libre. Esta verdad está comprobada por los anales de todos los tiempos, que nos muestran
las más de las naciones libres sometidas al yugo, y muy pocas de las esclavas recobrar su libertad. A pesar
de este convencimiento, los meridionales de este continente han manifestado el conato de conseguir instituciones
liberales, y aun perfectas; sin duda, por efecto del instinto que tienen todos los hombres de aspirar a su mejor
felicidad posible, la que se alcanza infaliblemente en las sociedades civiles, cuando ellas están fundadas
sobre las bases de la justicia, de la libertad, y de la igualdad. Pero ¿seremos nosotros capaces de mantener
en su verdadero equilibrio la difícil carga de una República? ¿Se puede concebir que un pueblo
recientemente desencadenado, se lance a la esfera de la libertad, sin que, como a Ícaro, se le deshagan
las alas y recaiga en el abismo? Tal prodigio es inconcebible, nunca visto. Por consiguiente, no hay un raciocinio
verosímil que nos halague con esta esperanza. |
43. Bolívar cita aquí El
Espíritu de las Leyes, de Carlos Luis de Secondat, barón
de La Brède y de Montesquieu, (1689-1755), magistrado, escritor y filósofo francés que viajó
por gran parte de Europa, vivió unos años en Inglaterra y residió por largas temporadas en
París, donde fue hecho miembro de la Academia Francesa. Autor, entre otras obras, de las Cartas Persas, y de las Consideraciones sobre las causas de la grandeza y de la decadencia de los romanos. Sin embargo, Bolívar no ignoraba que había sido Nicolás Maquiavelo
(1469-1527) el primero en señalar que es más fácil someter a un pueblo libre que libertar
a un pueblo acostumbrado a la servidumbre (Discursos..., cap. XVI, XVII y XLIX). En la época de Bolívar era mal visto citar a Maquiavelo
de manera directa, aunque todas las personas cultas conocían sus obras. |
Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más
grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Aunque aspiro
a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido
por una gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo; y menos deseo aún una monarquía
universal de América, porque este proyecto, sin ser útil, es también imposible. Los abusos
que actualmente existen no se reformarían, y nuestra regeneración sería infructuosa. Los Estados
americanos han menester de los cuidados de gobiernos paternales que curen las llagas y las heridas del despotismo
y la guerra. La metrópoli, por ejemplo, sería México, que es la única que puede serlo
por su poder intrínseco, sin el cual no hay metrópoli. Supongamos que fuese el Istmo de Panamá,
punto céntrico para todos los extremos de este vasto continente; ¿no continuarían éstos
en la languidez, y aun en el desorden actual? Para que un solo gobierno dé vida, anime, ponga en acción
todos los resortes de la prosperidad pública, corrija, ilustre y perfeccione al Nuevo Mundo, sería
necesario que tuviese las facultades de un Dios, y cuando menos las luces y virtudes de todos los hombres.
El espíritu de partido que al presente agita a nuestros Estados, se
encendería entonces con mayor encono, hallándose ausente la fuente del poder que únicamente
puede reprimirlo. Además, los magnates de las capitales no sufrirían la preponderancia de los metropolitanos,
a quienes considerarían como a otros tantos tiranos; sus celos llegarían hasta el punto de comparar
a éstos con los odiosos españoles. En fin, una monarquía semejante sería un coloso
disforme, que su propio peso desplomaría a la menor convulsión.
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44. El sacerdote y escritor francés Dominique De Pradt (1759-1837) más
conocido como Abate De Pradt. Fue un gran admirador de Bolívar y defendió sus ideas en Europa. |
Mr. de Pradt (44) ha dividido sabiamente a la América en 15 a 17 Estados
independientes entre sí, gobernados por otros tantos Monarcas. Estoy de acuerdo en cuanto a lo primero,
pues la América comporta la creación de 17 naciones; en cuanto a lo segundo, aunque es más
fácil conseguirlo, es menos útil; y así, no soy de la opinión de las monarquías
americanas. |
He aquí mis razones. El interés bien entendido de una república
se circunscribe en la esfera de su conservación, prosperidad y gloria. No ejerciendo la libertad imperio,
porque es precisamente su opuesto, ningún estímulo excita a los republicanos a extender los términos
de su nación, en detrimento de sus propios medios, con el único objeto de hacer participar a sus
vecinos de una constitución liberal. Ningún derecho adquieren, ninguna ventaja sacan venciéndolos,
a menos que los reduzcan a colonias, conquistas, o aliados, siguiendo el ejemplo de Roma. Máximas y ejemplos
tales están en oposición directa con los principios de justicia de los sistemas republicanos; y aun
diré más, en oposición manifiesta con los intereses de sus ciudadanos; porque un Estado demasiado
extenso en sí mismo o por sus dependencias, al cabo viene en decadencia, y convierte su forma libre en otra
tiránica; relaja los principios que deben conservarla, y ocurre por último al despotismo. El distintivo
te las pequeñas repúblicas es la permanencia; el de las grandes es vario, pero siempre se inclina
al imperio. Casi todas las primeras han tenido una larga duración; de las segundas sólo Roma se mantuvo
algunos siglos, pero fue porque era república la capital y no lo era el resto de sus dominios, que se gobernaban
por leyes e instituciones diferentes.
Muy contraria es la política de un rey, cuya inclinación constante
se dirige al aumento de sus posesiones, riquezas y facultades; con razón, porque su autoridad crece con
estas adquisiciones, tanto con respecto a sus vecinos como a sus propios vasallos, que temen en él un poder
tan formidable cuanto es su imperio, que se conserva por medio de la guerra y de las conquistas. Por estas razones
pienso que los americanos, ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura, preferirían las repúblicas
a los reinos, y me parece que estos deseos se conforman con las miras de la Europa.
No convengo en el sistema federal entre los populares y representativos, por
ser demasiado perfecto y exigir virtudes y talentos políticos muy superiores a los nuestros; por igual razón
rehúso la monarquía mixta de aristocracia y democracia que tanta fortuna y esplendor ha procurado a la Inglaterra.
No siéndonos posible lograr entre las repúblicas y monarquías lo más perfecto y acabado,
evitemos caer en anarquías demagógicas o en tiranías monócratas. Busquemos un medio
entre extremos opuestos que nos conducirían a los mismos escollos, a la infelicidad y al deshonor. Voy a
arriesgar el resultado de mis cavilaciones sobre la suerte futura de la América; no la mejor, sino la que
le sea más asequible.
Por la naturaleza de las localidades, riquezas, población y carácter
de los mexicanos, imagino que intentarán al principio establecer una república representativa, en
la cual tenga grandes atribuciones el poder ejecutivo, concentrándolo en un individuo que si desempeña
sus funciones con acierto y justicia, casi naturalmente vendrá a conservar una autoridad vitalicia. Si su
incapacidad o violenta administración excita una conmoción popular que triunfe, este mismo poder
ejecutivo quizás se difundirá en una asamblea. Si el partido preponderante es militar o aristocrático,
exigirá probablemente una monarquía, que al principio será limitada y constitucional y después
inevitablemente declinará en absoluta; pues debemos convenir en que nada hay más difícil en
el orden político que la conservación de una monarquía mixta; y también es preciso
convenir en que sólo un pueblo tan patriota como el inglés es capaz de contener la autoridad de un
rey y de sostener el espíritu de libertad bajo un cetro y una corona.
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45. Constantino I, El Grande (272-337), emperador romano que trasladó la
capital del Imperio a Bizancio (Constantinopla). |
Los Estados del Istmo de Panamá hasta Guatemala formarán quizás
una asociación. Esta magnífica posición entre los dos grandes mares podrá ser con el
tiempo el emporio del universo. Sus canales acortarán las distancias del mundo; estrecharán los lazos
comerciales de Europa, América y Asia; traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro
partes del globo. ¡Acaso sólo allí podrá fijarse algún día la capital
de la tierra, como pretendió Constantino (45) que fuese Bizancio la del antiguo hemisferio! |
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La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar
una república central, cuya capital sea Maracaibo (46) o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas
(en honor de este héroe de la filantropía), se funde entre los confines de ambos países, en
el soberbio puerto de Bahía-honda (47). Esta posición, aunque desconocida, es más ventajosa
por todos respectos. Su acceso es fácil, y su situación tan fuerte, que puede hacerse inexpugnable.
Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganados,
y una grande abundancia de maderas de construcción. Los salvajes que la habitan serían civilizados,
y nuestras posesiones se aumentarían con la adquisición de la Goajira (48). Esta nación se
llamaría Colombia (49) como un tributo de justicia y gratitud al criador de nuestro hemisferio. Su gobierno
podrá imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar de un rey habrá un poder ejecutivo
electivo, cuando más vitalicio, y jamás hereditario si se quiere república; una cámara
o senado legislativo hereditario, que en las tempestades políticas se interponga entre las olas populares
y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo de libre elección, sin otras restricciones que las de
la Cámara Baja de Inglaterra. Esta constitución participaría de todas las formas, y yo deseo
que no participe de todos los vicios. Como esta es mi patria, tengo un derecho incontestable para desearla lo que
en mi opinión es mejor. Es muy posible que la Nueva Granada no convenga en el reconocimiento de un gobierno
central, porque es en extremo adicta a la federación; y entonces formará por sí sola un Estado
que, si subsiste, podrá ser muy dichoso por sus grandes recursos de todos géneros. |
46. Maracaibo, población venezolana situada a orillas del Lago del mismo
nombre, era entonces capital de la Provincia de Maracaibo. Hoy es la segunda ciudad de Venezuela y capital del
Estado Zulia.
47. Lleva el nombre de Bahía Honda un fondeadero natural existente en el extremo noroccidental de la Península
de la Guajira, entre el Cabo de la Vela y la Punta Gallinas.
48. La región de la Guajira, situada entre las actuales Repúblicas de Venezuela y de Colombia, cada
una de las cuales posee parte de ella.
49. El Precursor Francisco de Miranda designaba con el nombre de Colombia a todo el continente americano. El mismo
nombre llevó la Gran República fundada en 1819 por el Libertador que abarcaba las actuales naciones
de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, y quedó disuelta en 1830. |
Poco sabemos de las opiniones que prevalecen en Buenos Aires, Chile y el Perú;
juzgando por lo que se trasluce y por las apariencias, en Buenos Aires habrá un gobierno central en que
los militares se lleven la primacía por consecuencia de sus divisiones intestinas y guerras externas. Esta
constitución degenerará necesariamente en una oligarquía o una monocracia, con más
o menos restricciones, y cuya denominación nadie puede adivinar. Sería doloroso que tal cosa sucediese,
porque aquellos habitantes son acreedores a la más espléndida gloria.
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El reino de Chile está llamado por la naturaleza de su situación,
por las costumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos
del Arauco (50), a gozar de las bendiciones que derraman las justas y dulces leyes de una república. Si
alguna permanece largo tiempo en América, me inclino a pensar que será la chilena. Jamás se
ha extinguido allí el espíritu de libertad; los vicios de la Europa y del Asia llegarán tarde
o nunca a corromper las costumbres de aquel extremo del universo. Su territorio es limitado; estará siempre
fuera del contacto inficionado del resto de los hombres; no alterará sus leyes, usos y prácticas;
preservará su uniformidad en opiniones políticas y religiosas; en una palabra, Chile puede ser libre. |
50. Arauco, o la Araucanía, región del sur de Chile, habitada por
los mapuches o "araucanos". |
El Perú, por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo
régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido
por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad; se enfurece en los tumultos,
o se humilla en las cadenas. Aunque estas reglas serían aplicables a toda la América, creo que con
más justicia las merece Lima por los conceptos que he expuesto y por la cooperación que ha prestado
a sus señores contra sus propios hermanos, los ilustres hijos de Quito, Chile y Buenos Aires. Es constante
que el que aspira a obtener la libertad, a lo menos lo intenta. Supongo que en Lima no tolerarán los ricos
la democracia, ni los esclavos y pardos libertos la aristocracia; los primeros preferirán la tiranía
de uno solo, por no padecer las persecuciones tumultuarias y por establecer un orden siquiera pacífico.
Mucho hará si concibe recobrar su independencia.
De todo lo expuesto, podemos deducir estas consecuencias: las provincias americanas
se hallan lidiando por emanciparse; al fin obtendrán el suceso; algunas se constituirán de un modo
regular en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en
las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos, ya en la actual,
ya en las futuras revoluciones; que una gran monarquía no será fácil consolidar; una gran
república imposible.
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Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación
con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua,
unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno que confederase los
diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses
opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América. ¡Qué bello sería que el Istmo
de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día
tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas,
reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las
otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época
dichosa de nuestra regeneración; otra esperanza es infundada, semejante a la del abate St. Pierre (51) que
concibió el laudable delirio de reunir un congreso europeo para decidir de la suerte y de los intereses
de aquellas naciones. |
51. Charles Irenée Castel (165S-1743) Abate de Saint Pierre, escritor francés,
autor de Mémoires pour rendre la paix perpetuelle en Europe, publicada hacia 1712 ó 1713. |
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52. Quetzalcoatl, dios de los antiguos mexicanos, cuyo culto se extendió
por Centroamérica antes de la conquista española. Su nombre significa "Serpiente Emplumada".
53. Hermes, dios de la mitología griega. Era mensajero de los Dioses, intermediario entre éstos y
los hombres.
54. Gautama Buda, fundador del budismo, quien vivió en la India entre 567 y 483 antes de Cristo.
55. Mercurio, dios de la mitología romana, equivalente al Hermes griego. |
"Mutaciones importantes y felices, continúa, pueden ser frecuentemente
producidas por efectos individuales. Los americanos meridionales tienen una tradición que dice que cuando
Quetzalcohuatl (52) el Hermes (53) o Buhda (54) de la América del Sur, resignó su administración
y los abandonó, les prometió que volvería después que los siglos designados hubiesen
pasado, y que él restablecería su gobierno y renovaría su felicidad. Esta tradición,
¿no opera y excita una convicción de que muy pronto debe volver? ¿concibe V. cual será
el efecto que producirá, si un individuo apareciendo entre ellos demostrase los caracteres de Quetzalcohuatl,
el Buhda del bosque, o Mercurio (55), del cual han hablado tanto las otras naciones? ¿No cree V. que esto
inclinaría todas las partes? ¿no es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en estado
de expulsar a los españoles, sus tropas, y los partidarios de la corrompida España, para hacerlos
capaces de establecer un imperio poderoso, con un gobierno libre, y leyes benévolas?" |
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Pienso como V. que causas individuales pueden producir resultados generales,
sobre todo en las revoluciones. Pero no es el héroe, gran profeta, o Dios del Anáhuac (56), Quetzalcohuatl,
el que es capaz de operar los prodigiosos beneficios que V. propone. Este personaje es apenas conocido del pueblo
mexicano, y no ventajosamente; porque tal es la suerte de los vencidos aunque sean Dioses. Sólo los historiadores
y literatos se han ocupado cuidadosamente en investigar su origen, verdadera o falsa misión, sus profecías
y el término de su carrera. Se disputa si fue un apóstol de Cristo o bien pagano. Unos suponen que
su nombre quiere decir Santo Tomás (57); otros que Culebra Emplumajada; y otros dicen que es el famoso profeta
de Yucatán (58), Chilan-Cambal (59). En una palabra, los más de los autores mexicanos, polémicos
e historiadores profanos, han tratado con más o menos extensión la cuestión sobre el verdadero
carácter de Quetzalcohuatl. El hecho es, según dice Acosta (60), que él estableció
una religión, cuyos ritos, dogmas y misterios tenían una admirable afinidad con la de Jesús,
y que quizás es la más semejante a ella. No obstante esto, muchos escritores católicos han
procurado alejar la idea de que este profeta fuese verdadero, sin querer reconocer en él a un Santo Tomás
como lo afirman otros célebres autores. La opinión general es que Quetzalcohuatl es un legislador
divino entre los pueblos paganos de Anáhuac, del cual era lugarteniente el gran Motekzoma, derivando de
él su autoridad. De aquí se infiere que nuestros mexicanos no seguirían al gentil Quetzalcohuatl,
aunque pareciese bajo las formas más idénticas y favorables, pues que profesan una religión
la más intolerante y exclusiva de las otras. |
56. Anáhuac: Región del México central, en donde floreció
la cultura de los Aztecas. Bolívar la cita como sinónimo de México, según era usual
entonces.
57. Se refiere aquí al Apóstol Santo Tomás.
58. Yucatán: península de México en donde floreció la cultura de los antiguos mayas.
59. Chilan-cambal: Chilán o Chilam es el nombre que los antiguos mayas daban a los enviados o representantes
de los Dioses. Bolívar se refiere aquí al profeta Kukulkán, de origen mítico, a quien
Diego de Landa, en su Relación de las cosas de Yucatán, identifica con la Serpiente Emplumada o Quetzalcoatl
de los aztecas.
60. El misionero jesuita español José de Acosta (1539-1600), quien residió largos años
en América, y fue más tarde Rector del Colegio de su orden en Salamanca. Autor de la obra titulada
Historia natural y moral de las Indias
(Sevilla, 1590). |
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61. La Virgen de Guadalupe era venerada en la Villa de igual nombre en Extremadura
(España) desde fines del siglo XIII. Su culto tomó gran auge en México, con una iconografía
distinta, desde 1531, poco después de la conquista. A lo largo del período colonial fue considerada
como la Patrona celestial de México. Su imagen y atributos son el resultado de un proceso de sincretismo:
tiene todos los símbolos y poderes de la Virgen María, y todas las características morfológicas
y funcionales de la diosa azteca Tonantzin. |
Felizmente, los directores de la independencia de México se han aprovechado
del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa virgen de Guadalupe (61) por reina de los patriotas,
invocándola en todos los casos arduos y llevándola en sus banderas. Con esto, el entusiasmo político
ha formado una mezcla con la religión que ha producido un fervor vehemente por la sagrada causa de la libertad.
La veneración de esta imagen en México es superior a la más exaltada que pudiera inspirar
el más diestro profeta. |
Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de
nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo
de las guerras civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son,
por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia
a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados.
De este modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga, siendo sus resultados
muy inciertos. Por fortuna, entre nosotros la masa ha seguido a la inteligencia.
Yo diré a V. lo que puede ponernos en aptitud de expulsar a los españoles,
y de fundar un gobierno libre. Es la unión, ciertamente; mas esta unión no nos vendrá por
prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. La América está encontrada
entre sí, porque se halla abandonada de todas las naciones, aislada en medio del universo, sin relaciones
diplomáticas ni auxilios militares y combatida por la España que posee más elementos para
la guerra, que cuantos nosotros furtivamente podemos adquirir.
Cuando los sucesos no están asegurados, cuando el Estado es débil,
y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan; las opiniones se dividen, las pasiones las agitan,
y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio. Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios
de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes
y los talentos que conducen a la gloria: entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades
a que está destinada la América Meridional; entonces las ciencias y las artes que nacieron en el
Oriente y han ilustrado la Europa, volarán a Colombia libre que las convidará con un asilo.
Tales son, señor, las observaciones y pensamientos que tengo el honor
de someter a V. para que los rectifique o deseche según su mérito; suplicándole se persuada
que me he atrevido a exponerlos, más por no ser descortés, que porque me crea capaz de ilustrar a
V. en la materia.
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