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Pintura que representa la firma del acta
de la independencia de Venezuela
el
5 de julio de 1811
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Entre 1810 y 1830 se forjó militar y políticamente
la independencia de las repúblicas de América Latina, desmoronándose en tan sólo dos
décadas el imperio que España había construido a su imagen en el Nuevo Mundo. Tras unos años
de euforia, los libertadores -militares criollos influidos por ideas liberales, la independencia de
EE.UU., la
revolución francesa y Napoleón- vieron truncadas sus aspiraciones de libertad y democracia para el
sur del nuevo continente cuando una ola de caudillismo y guerras civiles invadió toda América Latina.
El sueño de la América bolivariana democrática y unida acababa, pero empezaba un mito. El
historiador británico Robert Harvey ha escrito un libro de referencia y edición impecable sobre la
personalidad política y militar de los llamados libertadores, los padres de la independencia.
Para el autor la época de los próceres es una de las más épicas de la historia contemporánea
en su vertiente política y militar. La ausencia de una "british rule" en las colonias españolas
y el componente de guerra de "pobres contra ricos" que tuvo la independencia de las repúblicas
explican que la independencia de América Latina tomara un sesgo tan distinto al camino hacia la democracia,
largo y tortuoso, que emprendieron las ex colonias británicas de América del Norte.
Las ideas ilustradas que sirvieron de combustible revolucionario en la independencia de EE.UU. y en la revolución
francesa socavaron los cimientos del imperio español en América. El primer aviso lo dio la insurrección
de Buenos Aires en 1806; después de que la flota española fuese barrida por Horacio Nelson en Trafalgar,
los españoles vieron cómo perdían legitimidad en la provincia de Buenos Aires. Según
el historiador, tampoco Gran Bretaña pareció darse cuenta de la magnitud del suceso al pretender
Jorge III resarcirse de sus pérdidas en el norte incorporando a la corona tan importante puerto. Pero los
habitantes de la capital rioplatense deseaban la independencia y una alianza con Gran Bretaña, pero en ningún
caso sustituir una corona por otra.
El ascenso de Bolívar
El precursor de la independencia de las repúblicas fue Francisco de Miranda, un caraqueño nacido
en 1750 que pertenecía a una de las familias más aristocráticas de España. Tras ser
nombrado dictador de Venezuela, se enfrenta a Bolívar -figura emergente y resolutiva-, que le entrega a
los españoles. Miranda murió en la cárcel de Cádiz en el año 1816. Aunque reconocida,
su figura se ha visto ensombrecida por el libertador por excelencia, el también caraqueño Simón
Bolívar. Robert Harvey hace hincapié en la vertiente más militar y épica del caudillo,
sin olvidar ni obviar los aspectos más controvertidos y a menudo olvidados del personaje, como su carácter
soberbio y mesiánico y el dramático fracaso de su proyecto político, la Gran Colombia incorporada
a una América unida y constitucional.
Otro de los pilares sobre los que descansa este fluido ensayo es el de la historia militar. Siguiendo el más
puro estilo británico de historiadores militares como Liddell Hart, el autor se centra en las campañas
más decisivas de los generales libertadores incidiendo especialmente en Rancagua, Ayacucho, Orinoco y los
Andes. Entre 1814 y 1819 la inexpugnable cordillera fue la protagonista en el éxodo de los patriotas chilenos,
facilitó la victoria a San Martín al cruzarla con sus fuerzas pertrechadas y fue decisiva en 1819
para que Bolívar, tras cruzar sus planicies, reconquistase Santa Fe de Bogotá. Estos grandes desplazamientos
de tropas, inspirados en los movimientos de la Grande Armeé de Napoleón en Europa, que dejaron sin
iniciativa a la metrópoli, fueron inspiración de los generales San Martín, O'Higgins -artífices
de Argentina y Chile respectivamente-, que, junto a Santander y Sucre, comparten protagonismo con el omnipresente
Simón Bolívar.
La parte final está dedicada al proceso de independencia que transformó la Nueva España en
el imperio de México. La independencia del país maya es una de las más complejas. El componente
social es más acentuado en México que en el resto de las futuras repúblicas. El miedo a los
estallidos sociales de la aristocracia criolla mexicana, especialmente conservadora, hizo que Agustín de
Itúrbide, para Harvey el padre del México independiente, apareciera como el artífice de la
solución imperial; un proyecto de compromiso que no funcionó debido, entre muchos factores, a la
injerencia de España, Francia, Gran Bretaña y EE.UU. Entre batallas sangrientas y traiciones, cierra
la obra Pedro de Braganza, el rey liberal de Portugal. Dom Pedro, de agitada vida amorosa y poco dado a las guerras,
se identificó tanto con Brasil durante su exilio, mientras Napoleón ocupaba Portugal, que renunció
al trono de su colonia para preservar su independencia. |