Juramento
hecho por Simón Bolívar en Roma el 15 de agosto de 1805, cuando era
un joven de 22 años de edad. Con él estaban sus amigos Simón
Rodríguez, quien contaba entonces unos 36 años y había sido su
maestro en Caracas, y Fernando Rodríguez del Toro, de 32. Habían
salido de París el 6 de abril anterior, y por la vía de Lyon,
Chambéry, Turín, Milán, donde vieron a Napoleón coronarse como Rey
de Italia, Montichiari, Venecia y Florencia, llegaron hacia el mes
de julio a Roma. Ahí, según la tradición, se alojaron en una posada
de la plaza España, cerca de la imponente escalinata que conduce al
templo de Santa Trinitá dei Monti. Durante varias semanas
recorrieron la ciudad, visitando sus monumentos y sus ruinas llenas
de evocaciones históricas, testimonios de la grandeza y la
decadencia de los imperios.
El 15
de agosto se dirigieron los 3 al llamado Monte Sacro, situado
entonces fuera del recinto de la ciudad, a orilla del río Anio. Ese
lugar era célebre en la historia de la antigua Roma, que los 3
venezolanos conocían bien, porque allí se habían retirado los
plebeyos en sus desavenencias con los patricios en la época de la
República. Es muy probable, como lo insinuó el mismo Bolívar años
más tarde, que al dirigirse al Monte Sacro tanto él como sus
compañeros tuvieran el propósito de realizar un gesto simbólico,
como venezolanos que deseaban la independencia de la patria nativa y
de toda la América entonces dominada por España. Ascienden por las
laderas de la colina, y en la cima conversan sobre la sucesión de
las civilizaciones, su apogeo y su declinación a través de los
siglos. Son hombres penetrados por el espíritu de la Ilustración
racionalista, que creen en el progreso indefinido del género humano,
influenciados también por el nacionalismo y el romanticismo
presentes ya en la Europa de aquellos años. Simón Bolívar es un
joven madurado por el infortunio: la aún reciente muerte de su
esposa; la presencia de su antiguo maestro, convertido ahora en
consejero y amigo, es un poderoso estímulo intelectual. Simón
Rodríguez Bolívar llamará más tarde «El Sócrates de Caracas», usa un
método similar al de este filósofo de la Grecia antigua, basado en
preguntas que poco a poco conducen a su interlocutor a descubrir las
realidades.
Aquella
tarde, mientras el sol se dirige a su ocaso, hablan largamente de
las sociedades humanas del pasado, de las luces y las sombras de la
historia, de la lucha contra la tiranía y del anhelo de libertad que
ya tenían los plebeyos de Roma, 5 siglos antes de Cristo, cuando se
reunieron y fortificaron en el Monte Sacro para luchar contra la
injusticia; «la civilización que ha soplado del Oriente, exclama
Bolívar, ha mostrado aquí (en Roma) todas sus faces, ha hecho ver
todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del
hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido, y que
el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en
el Nuevo Mundo?» Luego, poniéndose de pie, con un gesto firme y tono
solemne, hace su juramento con la mirada fija en Simón Rodríguez:
«Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por
ellos; juro por mi honor y juro por mi patria que no daré descanso a
mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos
oprimen por voluntad del poder español».
Unas
semanas más tarde viajaron a París. Simón Rodríguez se quedó en
Europa. Bolívar y Rodríguez del Toro regresaron por separado a
Venezuela y juntos combatieron en 1811 contra la Insurrección de
Valencia, donde Bolívar recibió su bautismo de fuego y su amigo fue
gravemente herido y quedó inválido. Bolívar cumplió su juramento y
se convirtió en el Libertador a partir de 1813. Simón Rodríguez
volvió a América en 1823; cuando lo supo, el Libertador, le escribió
desde Pativilca (Perú), el 19 de enero de 1824, una carta en la
cual, dándole la bienvenida, le decía entre otras cosas: «¿Se
acuerda usted cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar
sobre aquella tierra santa la libertad de la Patria? Ciertamente no
habrá usted olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros».
Entre los historiadores existe total acuerdo en cuanto a la fecha,
el contenido y el significado del juramento de Bolívar en Roma; pero
ha habido discrepancias en cuanto al lugar exacto. Destacados
estudiosos como Caracciolo Parra Pérez, entre otros no menos
notables, han sostenido que las palabras de Bolívar fueron
pronunciadas en el Monte Aventino, una de las 7 colinas romanas;
otros se inclinan por el Monte Palatino, que es también una de esas
célebres colinas. El investigador que más profundamente ha analizado
el tema, Joaquín Díaz González, sostiene que se trata del Monte
Sacro, situado a orillas del Anio. Esta tesis, que es la más firme y
segura, se basa en las propias palabras de Bolívar escritas en 1824:
«fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar» Por esto se habla del
juramento del Monte Sacro o, en términos más generales, del
juramento de Roma.