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COMO ESOS INDIVIDUOS que se creen sus propias mentiras, los venezolanos hemos
preferido renunciar a tener una historia y, en su lugar, hemos adoptado una mitología. Pero a diferencia
de la antigua Grecia, los encargados de crear esa mitología no han sido los poetas como Homero, que recogió
en sus poemas épicos las leyendas de tiempos a-históricos, sino los historiadores y los gobernantes,
particularmente aquellos con tendencias absolutistas.
Los venezolanos hemos corrido un velo sobre la verdad de nuestra historia Conquista, Colonia, Independencia y siglo
XIX. Tal como se enseña en nuestras escuelas, la historia de Venezuela parece que comenzara con la declaración
de independencia del 19 de abril de 1810 y terminara con la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, la cual
marcó el fin de la sangrienta y destructora guerra civil que fue nuestra Guerra de Independencia. Llenan
la cabeza de nuestros niños y adultos de un montón de mentiras.
El centro de esa mitología es Simón Bolívar, no el ser humano de carne y hueso que fue, con
sus virtudes y defectos, sino una especie de Aquiles criollo, emparentado con los dioses, extra-histórico
y exento de la crítica histórica de las generaciones posteriores. Cualquier venezolano se ofende
si se critica a Simón Bolívar de cualquier manera y en cualquier materia. El está simplemente
fuera de la crítica de los mortales. La religión bolivariana no puede tolerar tal sacrilegio, porque
Bolívar es sagrado. Sagrada es también la mitología de nuestra Guerra de Independencia. Quienes
se atrevan a cuestionar la legitimidad de esa guerra o deseen analizar objetivamente su innecesaria crueldad, se
consideran traidores a la Patria. Los pocos autores, de izquierda o de derecha, que han señalado los matices
jacobinos, hobbesianos y absolutistas del pensamiento bolivariano independientemente de la exactitud de las conclusiones
de esos análisis se consideran profanadores sacrílegos que no merecen ser escuchados. Los autores
extranjeros que han pintado la realidad cruda de la Guerra de Independencia o del carácter de Simón
Bolívar se consideran enemigos de la nacionalidad venezolana. El sectarismo y la intolerancia en esta materia
no tiene límites, porque el bolivarianismo en Venezuela es una religión que no admite disidencia.
Por eso ha sido y sigue siendo tan socorrida por algunos políticos, 'historiadores' y gobernantes, casi
siempre con el fin de justificar el personalismo y el poder absoluto de un caudillo. |