EL "REVOLUCIONARIO":
RAFAEL DEL RIEGO
RESEÑA
HISTÓRICA
Elaborado
por FRANCISCO RUIZ CORTÉS.
El
Trienio Liberal: Desde 1820 hasta 1823.
El
pronunciamiento de Riego surgió entre los oficiales de las tropas
destinadas a luchar contra la sublevación americana, debido a la
existencia de un gran malestar en el ejército a finales de 1819, por la
exclusión de los liberales del gobierno, unido a ello estaría la
filiación de Riego a la masonería, que contribuyó a su posterior éxito.
La conspiración resultó comprometida debido a que el general O'Donnell,
detuvo a los más caracterizados jefes, sin lograr por ello
desarticularla. Este cuerpo de ejército estaba acampado en diversas
localidades de Andalucía, con centro en Cádiz, sublevándose el 1 de
enero de 1820 el teniente coronel Rafael del Riego, que mandaba el
batallón de Asturias, para proclamar en Cabezas de San Juan (Sevilla) la
Constitución de Cádiz, procediendo al restablecimiento de las
autoridades constitucionales.
Riego
alcanzaría una gran fama, siendo considerado la cabeza de la revolución,
aún cuando lo cierto era que por su grado militar el coronel Quiroga era
superior, pero Quiroga inició el movimiento con un día de retraso y
fracasó en el asalto a Cádiz, mientras que Riego fue el primero en
actuar, teniendo éxito en el reducido ámbito de Cabezas de San Juan.
Se dio una
situación inverosímil: los revolucionarios y las tropas gubernamentales
eluden todo encuentro, en medio de la indiferencia de la población
civil, que no toma partido por ninguno de los dos bandos. Riego,
comprendiendo que la falta de acción conducirá al ahogo del movimiento
revolucionario, inicia un recorrido por Andalucía, proclamando la
Constitución por todas las poblaciones que encuentra; al final, cuando
ya consideraba todo perdido y el levantamiento estaba disgregándose, se
dio un movimiento revolucionario en la Coruña y de allí al resto de
Galicia, que se extendió a la totalidad del país. Ante estos
acontecimientos, el monarca, en marzo, envió al conde de la Bisbal para
intentar detener a Riego, pero aquel se sublevó el 4 de marzo; el 7 de
marzo se conoció la noticia en Madrid, provocando manifestaciones
civiles ante el Palacio Real; enviando el monarca al general Ballesteros
para reprimirlas, ante su negativa, el 8 de marzo se vio obligado a
jurar la Constitución. El 9 de marzo se nombró una Junta Provisional
Gubernativa que se autoproclamó soberana en toda España, asumiendo el
poder hasta la siguiente convocatoria de Cortes y formación de gobierno.
La primera restauración fernandina acaba el 10 de marzo, con la
publicación del famoso manifiesto fernandino, del que a continuación
extraemos su final: Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda
constitucional.
La
radicalización del conflicto, producida en 1814, entre absolutistas y
liberales, determinó que el triunfo de un partido implicara la
destrucción del otro o su salida del sistema político a la
clandestinidad.
La apertura
de las Cortes tuvo lugar el 9 de julio de 1820. Con las Cortes de 1820
se inicia el régimen monárquico parlamentario previsto en la
Constitución. Los liberales intentarán poner en marcha una serie de
reformas políticas, encontrándose con varios obstáculos: con el propio
rey; con su propia división interna en moderados y exaltados; y con los
absolutistas, que desde marzo de 1820 llevarán a cabo una serie de
conjuraciones reaccionarias. La primera legislatura de Cortes iba a
durar desde el 9 de julio hasta el 9 de noviembre de 1820. El triunfo de
los doceañistas hizo que las primeras Cortes del Trienio siguieran con
las reformas inacabadas en la anterior etapa liberal: liquidar el
dominio que ejercían socialmente los estamentos privilegiados; y,
finalmente, completar la nueva organización administrativa con la
promulgación del código penal y de una nueva división territorial del
país.
La primera
crisis política se produce en diciembre de 1820, al pretender forzar la
dimisión del marqués de las Amarillas, el rey se enfrentó al ejecutivo y
a las Cortes, provocando una crisis de gobierno, cuyo punto álgido fue
el enfrentamiento entre el rey y las cortes en marzo de 1821. Se suceden
los gabinetes "moderados" de Bardají, del marqués de Santa Cruz, y de
Martínez de la Rosa, que intentarán llevar a cabo una acción de gobierno
en varios frentes: restablecer la legalidad constitucional; controlar la
radicalización de los "exaltados", de las Sociedades Patrióticas y del
movimiento popular; y controlar a las partidas realistas reaccionarias.
La necesidad
de encauzar una revolución ordenada produjo un ensayo político llevado a
cabo desde diciembre de 1821 a julio de 1822. En este intento se
pretendía gobernar conforme a la relación de fuerzas del país, con un
moderantismo que conjugue lo liberal con el sustrato socioeconómico de
la nación. Este intento caerá victima de las tensiones externas,
condenando al fracaso al liberalismo por romper las posibilidades de
armonizar una expansión política práctica; y abriendo las puertas a la
intervención internacional propiciada por el Congreso de Verona.
Una fecha
clave en el Trienio Liberal es la contrarrevolución del 7 de julio de
1822, en la que la guardia real se rebela desde el Pardo realizando un
asalto contra la corte, siendo rechazada por la milicia nacional. Esta
fecha separa los gobiernos moderados de los exaltados, ya que provocó la
caída de los primeros, dando paso el 6 de agosto de 1822 al gabinete de
Evaristo San Miguel. Los exaltados se encargaron de atacar a las
partidas realistas, no vacilando en utilizar todos los medios para
liquidar la resistencia armada; para los absolutistas, el fracaso del 7
de julio les obligó a recurrir a la invasión extranjera. El 15 de agosto
de 1822, el absolutismo forma la llamada Regencia de Urgel, con el
marqués de Mataflorida y el barón de Eroles.
La política
tributaria, agravada con los problemas agrarios del Trienio, empujaron a
amplios sectores campesinos hacia la actividad contrarrevolucionaria.
Sin embargo, los gobiernos exaltados fueron desarticulando el entramado
realista, logrando que la Regencia de Seo de Urgel tuviera que
refugiarse en Francia, debido a la campaña de Mina, que arrasó
Castellfullit, logrando en 1823 tomar Urgel. Quedaba de manifiesto que
era necesaria la intervención extranjera para poder restablecer a
Fernando VII en sus aspiraciones de monarca absolutista.
El
pronunciamiento de Riego y la restauración liberal habían influido en
Portugal, Nápoles y Piamonte, sorprendiendo a las potencias
absolutistas. Por ello, viéndose "agredido", el zar de Rusia solicitó a
las restantes potencias que estudiaran los medios de combatir la
revolución española. Por ello, en octubre de 1820, en Troppau, las
potencias absolutistas habían afirmado su derecho a intervenir en
aquellos Estados en los que se hubiera alterado el considerado régimen
legítimo. En octubre de 1822 se reúne el Congreso de Verona, en el que
los soberanos de la Santa Alianza deciden la intervención francesa en
España; un ejército francés de ciento treinta y dos mil hombres (los
cien mil hijos de San Luis), mandados por el duque de Angulema, atravesó
la frontera, el 7 de abril de 1823, siendo precedido por partidas
absolutistas (el ejército de la Fe). Estas tropas contaron con el apoyo
del clero y de los realistas, su marcha supuso un paseo militar desde
los Pirineos hasta Andalucía, ya que fue un fracaso el intento del
gobierno liberal de provocar un nuevo levantamiento nacional contra los
franceses. Las Cortes, llevando consigo al rey, se retiraron primero a
Sevilla y, posteriormente a Cádiz, con la esperanza de resistir frente
al invasor. La huida comenzó el 20 de marzo; el 23 de abril reanudaban
las Cortes sus sesiones en Sevilla, pero el país se perdía, traicionado
por los militares y los políticos. El 11 de junio las Cortes quieren
seguir huyendo a Cádiz. Ante la resistencia del monarca a acompañarles,
le declaran en situación de delirio momentáneo y proceden al
nombramiento de una Regencia, reanudando sus sesiones en Cádiz el 15 de
junio, con muchos diputados ausentes. En la noche del 30 al 31 de agosto
las tropas francesas asaltaron y tomaron el fuerte del Trocadero. Las
Cortes tuvieron que negociar con su prisionero, devolviendo la soberanía
a Fernando VII, quien dio un decreto generoso de perdón y olvido, "un
olvido general, completo y absoluto de todo lo pasado, sin excepción
alguna"; sin embargo, al día siguiente, 1 de octubre de 1823, ya en
libertad, dio otro decreto de signo contrario, con el que se inicia una
vuelta a la represión política y a la restauración del absolutismo,
significando de facto un retorno a la situación existente en marzo de
1820. Riego, representante máximo del revolucionarismo, será ahorcado el
7 de noviembre de 1823 en la Plaza de la Cebada de Madrid.
BIOGRAFÍA
RAFAEL DEL RIEGO Y FLÓREZ VALDÉS
NACIMIENTO: 9/4/1784 TUÑA,
CANGAS DEL NARCEA (ASTURIAS)
DEFUNCIÓN : 7/11/1823 MADRID
MILITAR Y POLÍTICO
Nació en el
seno de una familia noble, aunque de poca fortuna. Su padre, D. Eugenio
Antonio del Riego Núñez, fue un tiempo administrador general de Correos
y siempre literato distinguido. Riego estudia en la Universidad de
Oviedo y luego se traslada a Madrid, en el año 1807, para ingresar en la
Compañía de Guardias de Corps.
Al iniciarse
la Guerra de la Independencia lucha contra los franceses. En abril de
1808 Murat le mandó prisionero a El Escorial, pero se escapó; iniciando
una fuga camino de Asturias, en donde su padre había sido nombrado
miembro de la Junta Suprema del Principado. En Villalpando (León) fue de
nuevo apresado, esta vez por los patriotas, que le creyeron espía
afrancesado. Resuelto el equívoco, pudo llegar a Asturias, siendo
nombrado capitán en la división del general Acevedo. El 10 de noviembre
de 1808 tomó parte en la batalla de Espinosa de los Monteros, en la que
murió el general Quirós, siendo herido Acevedo. Por salvarle, Riego fue
de nuevo hecho prisionero el 13 de noviembre, siendo llevado a Francia.
Viaja por
Inglaterra y Alemania, regresando a España en 1814 y se reincorpora al
ejército con el grado de teniente coronel, desembarcando en La Coruña a
tiempo de jurar la Constitución ante el general Lacy.
Riego, será
destinado a mandar el batallón de Asturias, acantonado en Cabezas de San
Juan; en Cádiz se estaban concentrando las tropas con destino al
continente americano en un ambiente de claro descontento. En estas
circunstancias llegan a Cádiz, Alcalá Galiano y Mendizábal. Los
oficiales que regresan de América traen la opinión generalizada de que
un regreso a la Constitución de 1812 suavizaría las relaciones con los
criollos. En conversaciones secretas mantenidas entre Mendizábal y
Riego, este último le promete proclamar la Constitución.
El 1 de enero
de 1820 se subleva en Cabezas de San Juan para proclamar la Constitución
de 1812. Los sublevados pasan a Arcos de la Frontera, detienen al
general en jefe de las fuerzas expedicionarias, conde de Calderón, se
adueñan del arsenal de la Carraca (Cádiz), sin poder hacerlo de esta
capital; marchan a Algeciras, Málaga, y Córdoba, pero los soldados de la
columna revolucionaria empiezan a desertar. Se da una curiosa situación;
los dos bandos evitaban el enfrentamiento, en medio de la indiferencia
de la población que no tomó partido por ninguna de las dos facciones.
Cuando el levantamiento estaba disgregándose en Andalucía, sucedió un
movimiento revolucionario en Galicia que se extendió al resto del país.
Esto se vio plasmado en la capital del reino cuando, el 7 de marzo de
1820, el Palacio Real fue rodeado por la multitud y el general
Ballesteros se niega a usar las armas para dispersarla. Ante ello,
Fernando VII se vio obligado, el 10 de marzo, a publicar el famoso
"Manifiesto del Rey a la Nación Española", que concluía diciendo
textualmente: Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda
constitucional.
El
recientemente constituido Gobierno progresista, nombra a Riego Mariscal
de Campo. Después de estar a las ordenes del general Quiroga en un
cuerpo militar de observación, como segundo jefe, es nombrado capitán
general de Galicia, puesto que no llegó a ocupar, pues fue
repentinamente destituido con motivo de su visita a Madrid
(agosto-septiembre de 1820), acusado falsamente de republicanismo. Es
repuesto nuevamente, debido a los vaivenes de la política, en noviembre
de 1820, siendo nombrado capitán general de Aragón, incorporándose a su
puesto en Zaragoza el 8 de enero de 1821. El 18 de julio de 1821 se casó
en Zaragoza, por poderes, con su sobrina María Teresa del Riego y
Bustillos, llamada familiarmente La Puchurra.
Tras el
complot republicano de Cugnet de Montarlet, se le vuelve a destituir de
su cargo el 4 de septiembre de 1821, por supuestas connivencias
republicanas, y destinado de cuartel a Lérida y después a Castelló de
Farfaña, pero su popularidad es enorme y se pasea su retrato por las
calles madrileñas. En el mismo año 1821 Asturias le había elegido
diputado a Cortes. En las elecciones a Cortes de marzo de 1822, el voto
popular le trae del destierro ocupando la presidencia de las mismas bajo
un gobierno dominado por los liberales exaltados, que condujeron a los
moderados a la oposición. La intervención personal de Riego, debido a su
popularidad, logró contener a las masas en la conjuración realista del 7
de julio de 1822.
En
octubre-diciembre de 1822, en el Congreso de Verona, los soberanos de la
Santa Alianza (Prusia, Austria y Rusia) confiaron a Francia la tarea de
sofocar el movimiento revolucionario en España. En consecuencia, un
ejército francés conocido como "los cien mil hijos de San Luis" atravesó
la frontera por Bidasoa al mando del duque de Angulema (7 de abril de
1823), precedido por partidas absolutistas (el ejército de la fe).
Riego, como
general en jefe del tercer ejército de operaciones, hará frente a los
franceses. El reconocimiento de la Regencia de Madrid por el general
Ballesteros, motiva el intento de Riego para que continúe en el mando;
pero Ballesteros le traiciona. Con escasas fuerzas que le siguen, marcha
a Jaén. Es hecho prisionero por los absolutistas en un cortijo del
pueblo de Anquillas (15 de septiembre de 1823). Trasladado a Madrid y
juzgado por haber votado en las cortes la deposición temporal de
Fernando VII, fue condenado a muerte como reo de alta traición y lesa
majestad y ejecutado en la plaza de la Cebada, de Madrid, el 7 de
noviembre de 1823, entre los insultos y el escarnio de la multitud que
antes le había aclamado.
Bibliografía
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1951.
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Los mártires de la libertad española, Madrid, Impresión de Luis
García.
- ASTUR, EUGENIA Riego (Estudio
histórico-político de la Revolución del año 20), Oviedo, 1984.
- BERNALDO DE QUIRÓS, C. La picota. Crímenes
y castigos en el país castellano en los tiempos medios, Madrid,
Victoriano Suárez, 1907.
- BORREGO, ANDRÉS
- La Torre de Babel, Madrid, Impresiones
Barrio y García, 1890.
- El general Riego y los revolucionarios
liberales (en la España del Siglo XIX), Madrid, 1886.
- BURGOS, CARMEN DE Gloriosa vida y
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- CARNERERO Noticias de D. Rafael del Riego,
en Memorias contemporáneas, Madrid, Impresión de I. Boix, 1838.
- GIL NOVALES, ALBERTO
- Las Sociedades Patrióticas
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- Rafael del Riego, la revolución de
1820 día a día. Cartas, escritos y discursos, Madrid, 1976.
- GINES ALBEROLA D. Rafael del Riego
(Centenario glorioso). 1820-1823, Alicante, Impresión de "El tiempo"
s.a. (1923).
- PONZ, MARIANO ¡Riego!, 3ª edición, 1869.
- REVSIN, G. Riego, héroe de España.
Montevideo Ediciones, Pueblos Unidos, 1946.
FUENTE:
RUIZ CORTÉS, F., y SÁNCHEZ COBOS,
F., Diccionario Biográfico de Personajes Históricos del siglo XIX
español, Rubiños 1860, S.A., Madrid, 1998.
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En 1818, Fernando VII proyectó el envío de un gran ejército
español a las colonias americanas para extirpar todo movimiento
libertario o autonomista.
Se trataba de un gran contingente de tropas (unos 22.000 hombres) cuyo
destino, en principio, iba a ser el Río de la Plata, para sofocar los
brotes independentistas que desde Buenos Aires y Paraguay ascendían por
todo Sudamérica.
Su salida estaba preparada
para 1819, y de haberse concretado hubiese tenido consecuencias
desastrosas para la independencia hispanoamericana, pero afortunadamente
se fue demorando su salida. Para transportarlo hacía falta una gran
flota que España no tenía, por lo que, ante la imposibilidad de fabricar
una dado su elevado costo, optó por comprar una flotilla rusa de segunda
mano que el zar había ofrecido a muy buen precio; esta se encontraba en
pésimas condiciones para la navegación transatlántica según dictamen de
una comisión real. Una epidemia de peste amarilla azotó luego Cádiz y
obligó a dispersar las tropas para evitar mayores bajas.
Todo esto habría servido de
poco de no ser por la idea de las logias gaditanas de aprovechar aquel
gran ejército para realizar un pronunciamiento contra el absolutismo y
en defensa de la monarquía constitucional. La conspiración quedó lista
para finales de 1819, pues el ejército debía partir para América a
comienzos del año siguiente. La dirigían los dos coroneles Quiroga y
López Baños y varios comandantes como Riego, Arco Aguero y San Miguel.
Uno de los primeros objetivos era apresar al jefe del ejército, pues el
conde de La Bisbal (O’Donnell) fue sustituido por el general Calleja.
El pronunciamiento se inició
el 1 de enero de 1820. El comandante Riego se alzó en Cabezas de San
Juan y proclamó la Constitución de 1812, marchando
inmediatamente hacia Arcos, donde prendió al general Calleja. El
coronel Quiroga salió de los Gazules y entró en San Fernando, pero fue
detenido al intentar entrar en Cádiz. Los sublevados se encerraron en la
isla de León, donde permanecieron mes y medio en espera de que otras
guarniciones secundaran su acción. Las tropas fieles al monarca
mantuvieron el cerco, pero sin acciones ofensivas.
El pronunciamiento parecía
abocado al fracaso cuando el 21 de febrero se alzó el coronel Azevedo en
La Coruña, apresó al capitán general y se proclamó la Constitución.
Zaragoza, Barcelona, Pamplona y Cádiz siguieron su ejemplo, y el conde
de La Bisbal se sublevó en Ocaña con las tropas que debían dominar a los
rebeldes. Atemorizado, Fernando VII anunció el 6 de marzo su propósito
de convocar las Cortes, y el 9 decidió jurar la Constitución.
Los liberales gobernaron
durante un trienio, de gran importancia para Hispanoamérica, pues se
inició evitando que un enorme ejército invadiese los países del Río de
la Plata, lo que hubiese alargado sobremanera el proceso
independentista. El liberalismo español ordenó además negociaciones con
los patriotas, lo que permitió a éstos actuar con mayor oportunidad en
los momentos que tenían las fuerzas apropiadas.
El trienio liberal de la
Península Ibérica (1820-1822) resultó decisivo para la independencia de
las colonias americanas que lograron, o consolidaron, su emancipación.
Aquí se marca el punto final de la historia que compartieron los pueblos
ibéricos e iberoamericanos. A partir de ese momento se produjo el
distanciamiento de ambos bloques.
Habían concluido
trescientos años de vida en común que dejaron una huella muy profunda en
todas ellas: España por su vocación americana y América por su clara
ascendencia ibérica. |