| La Libertad o
la Esclavitud de una Nación dependen de su estado moral. Si es
ignorante y corrompida no puede ser libre; si es ilustrada y de buenas
costumbres puede y debe serlo.
Los Reyes de España que sostenían su poder por las riquezas
que recibían de la América, y la posesión de esta
opulenta parte del Globo por embrutecimiento de sus Vasallos, se sirvieron
del tribunal terrible de la Inquisición para impedir que penetrasen
en sus dominios las luces, que mejoraban las instituciones de otros
Pueblos.
En
poco tiempo no podía ilustrarse una nación, que la horrorosa
política del Trono y del Altar había entorpecido, y no
fueron bastante seis años de guerra de exterminio y desolación
por liberar a un tirano ingrato, ni los esfuerzos de las Cortes para
persuadir al Pueblo Español que debía recobrar los derechos
usurpados por sus monarcas desde Carlos V. En tal estado de estolidez
le habían puesto el despotismo y la superstición, protectores
de la ignorancia.
Venezuela tan supersticiosa y ciega como la España, y más
despotizada que ella, ha sacudido y sacude aún el yugo con que
la ha oprimido trescientos años su cruel y orgullosa Madrastra,
no porque conociese el mayor número de los venezolanos su humillante
servidumbre, sino por los esfuerzos, de pocos más ilustrados
y de algunos que dotados por la naturaleza de espíritus fuertes,
arrostraron con extraordinaria entereza el poder y la fuerza de las
preocupaciones; ¿pero cuanta sangre y sacrificios no han costado
a Venezuela este triunfo del entendimiento sobre el despotismo apoyado
por la superstición? Nuestros nietos se estremecerán al
leer en la historia de horrores y de sangre, que el venezolano preocupado
extermina a su hermano civilizado porque le dice: "La España
no nos ama como hijos, y nos maltrata como esclavos. No es su Rey sólo
nuestro amo: cada comerciante, y todo español nos consideran
como sus súbditos. Los gobernadores, las audiencias, y todos
los empleados nos roban, y nos hacen sufrir todo género de vejaciones.
Estamos cargados de impuestos que diariamente nos empobrecen para enriquecer
a la España, y a los españoles, que quieren hayamos nacido
sólo para que seamos los instrumentos de su poder y de su riqueza,
y no para dividir con ellos la riqueza y el poder. ¿Hasta cuando
hemos de sufrir esta vergonzosa esclavitud? "Ya es tiempo de levantaros
para pertenecer a nosotros mismos, y ya es tiempo de emanciparnos de
la tutela de una Madrastra cruel, que envía a sus hijos para
que nos humillen y nos roben. Nuestras fuerzas son más que suficientes
para defender nuestros derechos; armémonos todos y resistamos
el desprecio, la tiranía y la codicia; establezcamos en nuestro
país la justicia, y la igualdad entre los hombres; no reconozcamos
otra Soberanía sino la de nuestra voluntad, dictada por a pluralidad
de nuestros votos; seamos hombres libres, y dejemos de ser esclavos
del español supersticioso, cruel, desconfiado e inhumano: no
pertenezcamos más a una nación que ha consentido y sufrido
un tribunal que persigue la razón y la libertad".
Lejos de unir a los venezolanos quejas y motivos tan justos para sacudir
el yugo de la España, los fanáticos se levantan y dicen:
"A las armas hermanos, exterminemos estos herejes enemigos del
Rey que Dios nos dio", y el Sacerdote desde la cátedra del
Señor de las Misericordias les grita: "Degolladlos a todos,
no perdonéis a mi padre, ni a mi hermano, si son rebeldes, y
conspiradores contra el Rey, y sus leyes, a cuyo cumplimiento nadie
puede oponerse sin incurrir en la pena de muerte y de una condenación
eterna. El infierno está abierto para estos malvados y para vosotros
el cielo a donde hallaréis el galardón que merezca vuestra
fidelidad al Soberano".
El poder del fanatismo radicado desde la más tierna infancia
por una educación torpe establecida para fortificar y hacer eternas
las cadenas de los imbéciles que degrada, dividió al hijo
del padre, la esposa del esposo, al amigo de su amigo, y con furor hizo
correr una multitud de venezolanos empuñar sus lanzas y sus espadas
para traspasar con ellas el corazón de sus parientes, amigos
y compatriotas que defendían sus derechos con la firmeza que
inspiran la verdad y la justicia.
Tales han sido las consecuencias de nuestra repentina y prematura Independencia:
ninguna idea tenía de ella la generalidad de los venezolanos,
que creían la tiranía del Gobierno español legítimamente
autorizada por Dios para disponer de la suerte de los país y
de los hombres a su antojo, y cuando la injusticia irritaba su razón,
la conciencia que les había formado la educación les representaba
al infierno y a la Inquisición, inventada para encadenar el entendimiento
y la lengua.
Un pueblo tan atrasado en la civilización era imposible que dejase
de sufrir desastres en una revolución que las luces debían
haber preparado antes de recibir el inesperado impuso que la hizo reventar;
pero el tiempo de la Independencia había llegado y para que se
cumpliesen sus destinos, era necesario que los mismos españoles
por su bárbara conducta en los cuatro años de terror y
de sangre desengañasen los fanáticos y abriesen un vasto
campo a la esperanza de los amigos de la libertad. De esta manera ha
labrado la razón, que mucho tiempo fu ofuscada, y poco a poco
se ha afirmado la Independencia, que terribles preocupaciones y funestos
acontecimientos por dos veces hicieron desaparecer de Venezuela.
¿Y bastará para que los venezolanos sean libres y felices,
que su independencia sea reconocida? Cuando en Venezuela no haya que
temer de la España, entonces será el tiempo de las facciones
de las intrigas y de los partidos. Y el bálsamo de la paz se
convertirá en un cáustico maligno que gangrenará
para siempre el cuerpo de la República, si con mucha circunspección
no se organiza ahora un Gobierno de tal manera proporcionado la naturaleza
de las circunstancias particulares al parís, que lo salve de
nuevos desastres y de una nueva esclavitud.
¿Y cómo acertar con las instituciones convenientes a la
felicidad de un pueblo, que ha roto repentinamente los lazos que lo
ataban a una Monarquía absoluta, y busca la liberta d sin poseer
las costumbres, y las luces que exige una República?
Legisladores, consultad la filosofía y la historia, y hallaréis
en la primera, teorías abstractas, cuya imprudente aplicación
conducirá el Estado a la anarquía, y en la segunda, lecciones
de práctica y ejemplos que os enseñarán a moderar
pensamientos de la filosofía, para hacerlos compatibles con el
estado de la civilización y las costumbres de la nación
que vaís a regenerar. Cada pueblo tiene sus vicios y sus virtudes
particulares, y por esta razón en todos tiempos los Legisladores
sabios han constituido su patria sobre bases diferentes, aunque dirigidos
por unos mismos sentimientos, y a un mismo fin. Que su ejemplo os sirva
de modelo, si deseáis que la fama lleve el recuerdo de vuestros
talentos y virtudes a los siglos venideros.
Los nombres de Licurgo, de Solón, de Rómulo y de Numa
se han inmortalizado, y las leyes de Esparta se parecían bien
poco a las de Atenas, y las de estas dos Repúblicas eran bien
diferentes de las de Roma; más o por eso estaban en oposición
con la libertad, y la gloria que las Naciones modernas apenas han podido
alcanzar.
Sin buscar en la historia de los tiempos remotos, hallaremos en las
recientes y modernas revoluciones política, hechos que demuestran
con evidencia, cuan difícil es a un pueblo que rompe de un golpe
los hierros del despotismo conservar su libertad, cuando las nuevas
instituciones que adoptan sus Legisladores, se apartan demasiado de
sus preocupaciones, costumbres y carácter.
Los ingleses sobre
la ruina de la Monarquía, y la sangre de Carlos I levantaron
una República Democrática, cuyos principios exaltados
muy pronto la hicieron caer en el despotismo de Cromwell. Los ingleses
cansados de buscar la libertad, que n encontraron en la democracia,
restablecieron la monarquía constituida sobre leyes que afortunadamente
conciliaron las preocupaciones y los intereses de la nobleza con los
derechos y la libertad del pueblo.
La República francesa se levantó como la inglesa, y después
de haber derramado torrentes de sangre por una libertad exagerada por
los filósofos, los ambiciosos y los malvados, se entregó
a Napoleón para que la salvase de la anarquía y la esclavitud
con que la amenazaban los Reyes.
Los españoles pensaron constituir una monarquía con las
leyes propias de una República, y muy impropias para un pueblo
lleno de nobleza, de un clero poderoso, y acostumbrado al Gobierno absoluto.
La suerte de su constitución y su libertad nos es bien conocida.
Los venezolanos y granadinos inflamados como los españoles por
la libertad inesperada en que los uso el cautiverio y abdicaciones de
Fernando y su padre Carlos IV, no fueron más prudentes que las
Cortes en sus instituciones políticas. Se propusieron sus representantes
por modelo la de los Estados Unidos del Norte de la América,
y quisieron imitarlas exactamente, sin reparar que las circunstancias
en que se hallaban los pueblos de Venezuela y la Nueva Granada no eran
las mismas que aseguraron a los del Norte su Constitución Federal
dictada por una dilatada posesión de la libertad y libre uso
de la razón y de la imprenta.
Los Estados del Norte conocían teorías y prácticamente
los principios sobre que se apoya su libertad. El pueblo había
sido educado con ellos; la libertad de cultos, sus costumbres, sus usos
y hasta sus preocupaciones contribuían a consolidarla. Ellos
se hallaron en el tiempo de su emancipación en el mismo estado
que los romanos cuando expulsaron... |