Dentro de la abundante oferta editorial que aborda la historia argentina, el
nombre de José Ignacio García Hamilton se distingue por algunos
títulos favorecidos por la elección del publico.
Esta semana, García Hamilton presento un esperado trabajo sobre la vida de
José de San Martín, donde el autor documenta
aspectos poco conocidos del origen familiar y la vida sentimental del Libertador.
Puede el conocimiento de una dimensión mas humana de un prócer proyectar alguna sombra sobre la
titánica tarea
que le permitió ganarse un lugar en nuestra historia? Probablemente la gran
mayoría de los interesados por nuestra
historia están mas satisfechos cuando se alejan del mito y se acercan a una
comprensión mas precisa de los hechos,
pero esta búsqueda no es por cierto compartida por todos.
Esta semana, la presentación del libro de Hamilton, abogado e historiador tucumano, en la Feria del Libro de Rosario
fue interrumpida por un grupo de jóvenes identificados como "militantes sanmartinianos". Esta
expresión,
sumada a las cartas de repudio publicadas en el diario La Nación expresan una
metodología donde el debate de ideas
es inhibido frente a la imposición de rutinas reverenciales hacia una historia construida sin sentido critico.
Por cierto que las afirmaciones del autor del "Cuyano Alborotador" merecen una
discusión. Retomando una
historia contada durante generaciones entre los descendientes de la familia Alvear, Hamilton conjetura que San
Martín era hijo natural del almirante Diego de Alvear y de una
indígena guaraní.
A continuación presentamos la nota publicada originalmente por La
Nación el pasado 25 de junio y que desatara la
polémica con algunas entidades sanmartinianas.
Amores y misterios de don
José
Por
José Ignacio García Hamilton
La familia de Juan de San
Martín y Gregoria Matorras ya tenia cuatro hijos
(y Gregoria 40 años) cuando llego el ultimo vástago de la familia, a quien llamaron Francisco
José. Como
si estuviera mimetizado con ese ambiente de las Misiones, el bebito tenia la tez oscura y la nariz aguileña.
Poco después, Juan fue reemplazado como gobernador de Yapeyu y la familia se traslado a Buenos Aires, donde el
capitán no logro obtener un cargo similar.
Desalentado por su fracaso, Juan retorno a España y se
estableció en Málaga, donde el niño José se
crió en un hogar signado por el abatimiento. A los 11 años (en
violación de los reglamentos que establecían
un mínimo de 12) fue admitido como cadete en el regimiento llamado Murcia, donde
aprendió a ser obediente, reservado
y a desconfiar de los demás. Un informe de su comandante le negó la
promoción por "vicios indecorosos",
pero otro jefe rectifico el dictamen y José pudo llegar a ser oficial.
Participo de las derrotas en Oran a manos de los árabes, en Collioure frente a los franceses y se encontraba en
la fragata Santa Dorotea cuando fue apresada por los ingleses. En los lugares de forzosa
internación, aliviaba
su soledad de vencido tocando la guitarra y pintando los crepúsculos
marítimos en su caballete. En Bailen integro
el ejercito vencedor frente a las tropas napoleónicas, pero sus ideas liberales lo
habían colocado mas cerca de
los invasores galos que de los retrógrados defensores de Fernando VII. Cuando uno de sus jefes, el marques de la
Solana, fue ahorcado por las turbas en Cádiz acusado de "afrancesado y traidor", y otro, el marques de
Coupigny, fue privado del mando por haber nacido en Francia, se dio cuenta de que no
había ya lugar en España
para los que sostenían las ideas de tolerancia, ciencia y
filantropía. Miembro de una logia masónica, decidió contribuir
a las luchas por la independencia de las colonias en América, con la esperanza de que
allí pudieran ponerse en
vigor los principios del liberalismo que la península rechazaba.
Tenia 34 años cuando llego a Buenos Aires. Había habido en su vida mujeres cuarteleras y "manolas"
de vida alegre, pero seguía siendo un hombre solitario y de pocos afectos. Se enamoro de Remedios de Escalada,
una jovencita de 15, y se caso con ella pese a la oposición de su madre, que lo calificaba de "plebeyo"
o lo llamaba despectivamente "el soldadote".
En la dominante logia del
Río de la Plata, José rivalizo con Carlos de Alvear, un hombre menor que el y de inferior
grado militar, pero que descollaba por su inteligencia, su brillo social y su riqueza. Se comentaba que el padre
de Carlos, Diego de Alvear, en su juventud había tenido de amante una india en Yapeyu, con la cual
había concebido
un hijo. Esta criatura, bautizada como Francisco José -afirmaba la
versión-, habría sido entregada al matrimonio
de Juan y Gregoria de San Martín para que lo criaran. De este modo, Carlos y
José vendrían a ser entonces medio
hermanos y, precisamente, a San Martín lo apodaron como El Cholo o el Tape de las Misiones, por su apariencia de
mestizo.
Cuando José fue designado gobernador de Mendoza, se insubordino contra el director supremo, Carlos de Alvear, y
contribuyo a precipitar su caída. Al iniciar el cruce de los Andes, San
Martín envió a su esposa y a su pequeña
hija a Buenos Aires, a casa de sus padres. En Santiago, Chile, tuvo un romance con una dama y una noche, al visitarla
en su casa, advirtió que estaba compartiendo sus favores con un oficial bisoño, el hermano menor de Manuel
Olazabal. Prudentemente, Olazabal dejo el campo libre a su general. Desobedeciendo las instrucciones del gobierno
de Buenos Aires, que le había ordenado volver al Río de la Plata para impedir las invasiones de los caudillos federales
del Litoral, San Martín inicio su expedición a Perú con el grado de brigadier general de Chile, bajo la bandera
de este país y con su apoyo económico. Desembarco en Huaura, donde
estableció su cuartel general por varios meses.
Por las noches solía visitar la estancia azucarera de San Nicolás de Supe, donde sostuvo una
relación con su propietaria,
Fermina González Lobatón. Una tradición peruana afirma que el hijo que esta mujer tuvo nueve meses
después había
sido engendrado por don José.
Al llegar a Lima asumió el Protectorado (pese a que el mandato chileno lo
había desaconsejado) y allí mantuvo un
affaire con Rosa Campusano, una guayaquileña que había actuado como
espía a favor del bando patriota. Cubierta
su cabeza con un velo y vestida con manto, Rosa había distribuido mas de una vez panfletos subversivos y
había
ocultado en una casa a varios oficiales españoles que habían desertado para pasarse a las fuerzas revolucionarias.
Don José se instalo en una residencia en el pueblo de la Magdalena y
allí solía atender el despacho diario, que
uno de sus ministros le llevaba desde Lima. Rosa, que era soltera, lo acompañaba con frecuencia, y los
sábados
a la noche partían en lujosa carroza rumbo a las fiestas de la capital, ella con vestido y zapatos de seda y el
con su nuevo uniforme de general, con abundantes hilos de oro. Cuando el protector incluyo a Rosa entre las ciento
doce mujeres condecoradas con la Orden del Sol, la sociedad tradicional limeña lo considero una afrenta.
Resistido por los realistas por sus exacciones y rechazado por los republicanos por sus planes
monárquicos, San
Martín no tenia tropas suficientes para vencer a los españoles acantonados en la sierras. Viajo entonces
a Guayaquil a solicitar refuerzos a Simón Bolívar, que vivía momentos de victoria.
Bolívar se los prometió, pero
en numero muy insuficiente, y don José se deprimió al comprender que su hora
había llegado. Esa noche y a la mañana
siguiente pareció consolarse con la compañía de una joven viuda, Carmen
Mirón y Alayón, cuyos descendientes
llevan hasta hoy el apellido San Martín.
Don José renuncio al Protectorado y viajo hacia su chacra de Mendoza, donde
recibió una carta de su esposa, a quien
no veía desde hacia cuatro años. Moribunda de tisis en plena juventud (tenia apenas 25 años), Remedios
le pedía que fuera a Buenos Aires a darle su ultimo adiós. San
Martín, sin embargo, opto por quedarse en Mendoza
y recién partió varios meses después de su fallecimiento, a buscar a su hija de 7 años. Le costo sacar a
su chiquilla de la casa de su abuela y marcho con ella a Europa, donde
habría de vivir casi tres décadas. Allí murió viudo y ya abuelo, el 17 de agosto de 1850. |