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El
armisticio se suspendía, recomienza la lucha con ansiedad, nuestro ejército
reorganizado, concepto de patria en los soldados combatientes sin tregua por
libertad.
La idea del Libertador: de sus ejércitos concentración, así planifica atraer
a las fuerzas contrarias al propio campo de acción.
Patriotas replegados hacía el centro: Páez en marcha desde el llano,
Urdaneta desde el Occidente, Bolívar viene de Barinas, Bermúdez del Oriente.
Abrir operaciones desde Trujillo órdenes recibe Cruz Carrillo.
A Bermúdez pronto ordena tomar a Caracas, la capital.
En San Carlos, el Libertador, ordena las tropas concentrar.
Latorre marcha a Valencia, el general español en el campo de Carabobo, reúne
pronto sus fuerzas.
23 de junio de 1821 El Libertador llega a Taguanés, a sus tropas pasa
revista, nada escapa a su vista.
Para sellar nuestra independencia ya las fuerzas están listas.
Los dos ejércitos en disposición listos para en combate entrar, carta
decisiva van a jugar: ahí el destino de la nación.
Vemos los patriotas, sus uniformes modestos, humildes sus ropas en su porte
ascéticos, calzando cotizas, carecen de botas.
Con un gran coraje, ahora van a actuar, en surcos propicios para que
florezcan de todos colores, manojos sublimes de la libertad.
Los realistas soldados con uniformes refulgentes, hilos finos ribeteados.
Sobre la inmensa sabana, tendida su imagen muy severa, de las tropas
españolas y patriotas, desplegados estandartes y banderas.
A nuestro ejército, Bolívar, lo arenga con gran ardor a cada cual le
recuerda, triunfos, gloria y honor.
Los soldados le responden: Viva la República Viva el Libertador.
Tres divisiones en nuestro ejército formarán.
La primera Páez comanda; la legión británica y los bravos de Apure ahí
están.
Manuel Cedeño al mando de la segunda división: Brigada de la Guardia de
Bolívar, Batallón Rifles, Batallón Granaderos y el Batallón Vencedor.
En la altura de Buena Vista las tropas patriotas con claridad divisan las
fuertes fuerzas realistas.
Latorre en formidables posiciones.
Patriotas por la vía normal, a Carabobo imposible penetrar, ahí esperan
dotados batallones.

Bolívar utiliza una estrategia que la de Latorre desploma: un baqueano de
Tinaquillo, preciso le indica camino por "la Pica de la Mona".
Camino estrecho, escabroso, para la marcha de seis mil hombres,
extremadamente penoso...
El Libertador estratega ordena pronto marchar, por ahí Latorre no espera.
El jefe español descubre a los primeros soldados, algunos hombres que cruzan
por el camino quebrado, piensa que treta Bolívar usa, es engaño que han
forjado, una torpe escaramuza.
Pero Páez en alarde con redoblantes batientes no es treta Latorre entiende,
pero es demasiado tarde.
Latorre conturbado se siente casi atrapado, un segundo más no espera, a
gritos fuego ha ordenado, los bravos de Apure, valientes, al cerrado fuego
no ceden, pero dos batallones realistas sobre los patriotas vienen.
Los llaneros atrapados: El tableteo ensordece, los cañones disparando los
patriotas, hombrazos, luchando valor a caudales están derrochando.
Un caballo a toda prisa, jinete un bravo guerrero veloz cual la misma brisa
Es el gran Negro Primero.
Pueblo puro en alpargatas quien ha luchado tenaz por libertar a su patria,
dispuesto siempre y audaz temerario, fiel, sincero, a Páez gran adhesión
buscando al jefe llanero va herido en el corazón.
El sol del verano hierve en la llanura Páez lanza en mano lucha con bravura.
Los llaneros atrapados el fuego español arde.
El centauro de los llaneros imagina al negro huyendo: Porque huyes Pedro
Camejo tienes miedo, ¿eres cobarde? siempre le he luchado feroz, mi general,
no estoy huyendo, vengo a decirle adiós, mi general, estoy muriendo.
Bizarro luchando ahí está el Centauro por Negro Primero Páez va llorando.
El sol de la patria está ahí alumbrando, a aquellos bizarros Émulos de
Esparta.
Rindiendo sus vidas aquellos soldados los bravos lanceros, los patriotas
fieros, hermanos de aquellos indígenas bravos que se defendieron de otros
españoles Cuando aquí vinieron.
Son nietos de aquellos de flechas y piedras quienes nunca huyeron.
Cachorros de Tamanaco Cachorros de Guaicaipuro y de muchos otros también de
Yoraco, quienes colosales sobre esta misma tierra luchando murieron.
Y varios siglos después presentes en Carabobo, la misma raza otra vez, a la
muerte desafiando, a su tierra liberando.
Se replegan los llaneros y a luchar entre dos fuegos, entra Farriar muy
sereno comandando su legión.
El inglés sin desespero, armas, vida y corazón en una acción aguerrida salva
a los bravos de Apure, el precio, su propia vida.
Farriar en el fuego envuelto, con diecisiete oficiales de la legión
británica, sobre el campo yacen muertos.
El bravo de los bravos de Colombia, general Manuel Cedeño.
El intrépido coronel Plaza, el valiente Negro Primero morían en Carabobo la
cara al sol de este cielo.
Españoles derrotados, en fuga ya los realistas, la patria libre ha quedado,
pasan fuertes potros, la caballería.
Pasan los soldados, figuras erguidas.
Ahí van los lanceros, músculos de acero.
Pesados cañones, cual grandes dragones.
Va la artillería, la misión cumplida.
Clarines anuncian, con mucho fervor, que se yergue el Libertador.
Tres siglos de absoluto poderío en Carabobo quedaron sepultados.
Al aire las campanas aquel día terminó ahí, la férrea tiranía.
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