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Bolívar en América Latina. |
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En la Carta de Jamaica no era la
primera vez que Bolívar trataba públicamente el asunto de la unidad
latinoamericana. Un periódico inglés, el Moming Chronicle, publicó el 5 de
septiembre de 1810 un trabajo sobre la integración de América Latina. En el artículo, escrito por El Libertador, planteaba de forma consecuente y razonable que la integración de los pueblos en las colonias españolas de esta parte del mundo era un espíritu común. Y decía lo siguiente: «El día, que no está lejos, en que los venezolanos se convenzan de que su moderación, el deseo que demuestran de Sostener sus relaciones pacíficas con la metrópoli, sus sacrificios pecuniarios, en fin, no les haya merecido el res peto ni la gratitud a que creen tener derecho, alzarán definitivamente la bandera de la independencia y declararán la guerra a España. Tampoco descuidarán de invitar a t0dos los pueblos de América a que se unan en confederación. Dichos pueblos, preparados ya para tal proyecto, seguirán presurosos el ejemplo de Caracas. Algunos meses después, exactamente el 3 de julio de 1811, Bolívar pronunciaría un discurso en la Sociedad Patriótica, fundada en Venezuela por él y Miranda, en el que propugnaba la independencia. El discurso de El Libertador decía en parte: «No es que hay dos congresos. ¿Cómo fomentarán el cisma los que no conocen más la necesidad de la unión? Lo que queremos es que esa unión sea efectiva y para animar nos a la gloriosa empresa de nuestra libertad; unirnos para reposar, para dormir en brazos de la apatía, ayer fue una mengua, hoy es una traición. Se discute en el Congreso Nacional lo que debiera estar decidido. ¿Y qué dice? Que debemos comenzar por una confederación, como si todos no estuvieran confederados contra la tiranía extranjera. Que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos hacer libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadena. ¡Qué los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de lucha, ¿no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe, el Congreso de la Nación, pero el congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos. «Que una comisión del seno de este cuerpo lleve al soberano congreso estos sentimientos».’ El cabildo de Caracas se había constituido en Suprema Junta de Venezuela Conservadora de los Derechos de Fernando VII, lo que constituyó el primer escalón de la independencia venezolana. El 5 de julio de 1811 el congreso o la junta acordó tras prolongados debates y vacilaciones el Acta de Independencia de Venezuela. La pérfida e intrigante campaña desarrollada por traidores y desleales, sin embargo, culminaría más tarde con el apresamiento de Miranda y de Bolívar —en marzo de 1812— en el puerto de la Guaira. Miranda fue deportado preso a Cádiz, España. Bolívar fue condenado al destierro. Un grupo de patriotas suramericanos —Manuel Carlos Pier, Santiago Nariño, Antonio José de Sucre, Bolívar...— se habían refugiado en Trinidad y Curazao, en las Antillas, frente al continente, después de la batalla de Puerto Cabello ganada por los colonialistas españoles y donde fueron hechos prisioneros Miranda y Bolívar. Los patriotas suramericanos regresaron al poco tiempo a las costas orientales del continente suramericano, entre ellos Bolívar, que se había refugiado en Curazao. El Libertador se dirigió a Cartagena, que llamó Ciudad Heroica, don- 53 de en 1812 promulgó su famoso Manifiesto de Cartagena. Unos meses después del manifiesto, en mayo de 1813, a su paso por la ciudad colombiana de Mérida, en los Andes orientales, Bolívar fue proclamado por el pueblo y declara do su libertador. La ciudad colombiana de Cundinamarca le dio el título de Pacificador. En junio de 1813 dictó en ciudad Trujillo, Venezuela, lo que es conocido como Decreto de guerra a muerte, que constituyó la declaración de guerra al ejército español. Las fuerzas de Bolívar estaban compuestas por unos mil quinientos soldados, y los españoles tenían un ejército de unos dieciséis mil en todas las regiones, aunque haciéndole frente a El Libertador había unos cinco mil. Bolívar decía lo siguiente a los venezolanos en el decreto: «Un ejército de hermanos, enviado por el soberano congreso de Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida y Trujillo. Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos y a establecer los gobiernos republicanos que formaban la confederación de Venezuela. Los estados que cubren nuestras armas están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos [ Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y por consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se es tán esforzando por sacudir el yugo de la tiranía». Bolívar hizo su entrada triunfal en la capital venezolana el 7 de agosto de 1813 y fue recibido como Libertador. El Decreto de guerra a muerte de Bolívar marcó el comienzo de la independencia política de América. Más de un año después, en Pamplona, ciudad colombiana al norte de Santander, arengó a las tropas de la división del general Rafael Urdaneta, y les dijo, teniendo en mente su pensamiento sobre la unidad latinoamericana, que «para nosotros la patria es América; nuestros enemigos los españoles; nuestra enseña la independencia y la libertad». Al general Santiago Nariño, lugarteniente de Bolívar, este le expresó la necesidad de unir los esfuerzos políticos y militares a fin de ganar la guerra y salvaguardar la libertad de los latinoamericanos. El Libertador no hablaba de algunos latinoamericanos en particular, sino de todos. «Si constituimos dos poderes independientes —decía— uno en el Oriente y otro en el Occidente, hacemos dos naciones distintas, que por su impotencia en sostener su re presentación de tales, y mucho más de figurar entre las otras, aparecerán ridículas. Apenas unida con la Nueva Granada podría formar una nación que inspire a las otras la decorosa consideración que le es debida. ¿Y podremos pretender dividirla en dos? Nuestra seguridad y la reputación del gobierno independiente nos imponen al contrario el deber de hacer un cuerpo de nación con la Nueva Granada. Este es el voto ahora de los venezolanos y granadinos, y en solicitud de esta unión tan interesante a ambas regiones, los valientes hijos de Nueva Granada han venido a liberar a Venezuela. Si unimos todo en una misma masa de nación, al paso que extinguimos el fomento de los disturbios, consolidamos más nuestras fuerzas y facilitamos la mutua cooperación de los pueblos a sostener su causa natural. Divididos, seremos más débiles, menos respetados de los enemigos naturales. La nación bajo un solo gobierno supremo hará nuestra fuerza y nos hará formidables a todos». Al mes siguiente, el 6 de marzo de 1814, aparecieron en el primer número de la Gaceta de Caracas, de esa fecha, las recomendaciones de Bolívar sobre la necesidad y la obligación de la unidad latinoamericana. «Si estamos en siglos de ignominia —dice el artículo— en que un continente más poblado que la España fue la víctima de las miras pérfidas del gobierno de Madrid; si este pudo desde dos mil leguas de distancia, sin enormes esfuerzos, mantener la América, desde Nuevo México hasta Magallanes, bajo su despotismo, ¿por qué entre la Nueva Granada y Venezuela no podrá hacerse una sólida reunión?, y aun, ¿por qué toda la América meridional no se reuniría bajo un gobierno único y central? [ Es menester que la fuerza de nuestra nación sea capaz de resistir como suceso a las agresiones que pueda intentar la ambición europea; y este coloso de poder, que debe oponerse a aquel otro coloso, no puede formarse sino de la reunión de toda la América meridional, bajo un mismo cuerpo de nación, para que un solo gobierno central pueda aplicar sus grandes recursos a un solo fin, que es el de resistir con todos ellos las tentativas exteriores, en tanto que interiormente multiplicándose la mutua cooperación de todos ellos, nos elevará a la cumbre del poder y la prosperidad». Un año después, el 23 de enero de 1815, El Libertador pronunció en Bogotá un discurso para la instalación del gobierno de las provincias unidas. Bolívar había logrado un triunfo militar en Cundinamarca cuyo resultado fue la unión de las provincias de la Nueva Granada (Colombia). «Todo era extranjero en este suelo —dijo—. Religión, leyes, costumbres, alimentos, vestidos, era de Europa y nada debíamos aun imitar. Como seres pasivos, nuestro destino se limitaba a llevar dócilmente el freno que con violencia y rigor manejaban nuestros dueños [ La América entera está teñida con la sangre americana. ¡Ella era necesaria para una mancha tan envejecida! Es la primera que se vierte 56 con honor en este desgraciado hemisferio, siempre teatro de desolaciones, pero nunca de libertad. México, Venezuela, Nueva Granada, Quito, Chile, Buenos Aires y Perú presentan heroicos espectáculos de triunfos; por todas partes corre en el Nuevo Mundo la sangre de sus hijos, y ahora sí por la libertad, único objeto digno de sacrificio de la vida de los hombres. Por la libertad, digo, está erizada de armas esta tierra, que poco ha sufría el reposo de los esclavos; y si de sastres horrorosos han afligido las más bellas provincias y aun repúblicas enteras, ha sido por culpa nuestra y no por el poder de nuestros enemigos». A mediados de 1814 la guerra civil se había desencadenado en Nueva Granada. La discordia y los conflictos crecían, y la hostilidad y las rivalidades se manifestaban en distintas regiones. Bolívar, desencantado, abandonó el continente porque no quiere participar en una lucha que a nada positivo podía conducir. El Libertador se dirigió a Jamaica y después a Haití, como hemos dicho, y en ambas islas sus esfuerzos estaban encaminados a la independencia, a la libertad y a la unidad de los pueblos latinoamericanos. En una expedición con es tos fines —la segunda— partió a Haití y llegó a Angostura a mediados de 1817. |
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