|
|
||
|
De todos es bien conocida la tradición musical llanera de cantarle a las proezas realizadas por nuestros antepasados en la Campaña Libertadora y a sus héroes. Los escritores las dejaron plasmadas en los libros, algunas veces como leyenda, otras como historia, aunque algunas veces la leyenda se convierta en historia y crea que en este caso es la historia hecha leyenda. De esta forma el llanero la ha tomado como parte de su vivencia y estoy casi seguro que no existe autor o intérprete llanero que no haya tocado alguna vez el tema. En esta oportunidad voy a referirme a la estrecha relación que existió entre Bolívar y los llaneros. La primera relación que tuvo el Libertador con el llano en forma indirecta fue con Doña INÉS MANCEBO DE MIYARES, quien lo amamantó en sus primeros días de nacido, ella fué la esposa del fundador de San Fernando de Apure; luego como cadete en el Batallón de Milicias de Blancos voluntarios de los «Valles de Aragua» en enero de 1.797, donde es ascendido a subteniente el 7 de octubre del mismo año. El día 24 de mayo de 1.810 es ascendido al grado de Capitán del mismo Batallón y en noviembre al de Coronel de Milicias; se le ratifica su grado de Coronel efectivo del Ejército en agosto 15 de 1.811. Su carrera militar después de la campaña Admirable lo pondrá de nuevo en contacto con los llaneros, primero en contra, y luego de su parte. Estos contactos comienzan con el sanguinario José Tomás Boves (el León de los Llanos) quien comanda una horda de llaneros, iguales o más asesinos que él mismo. «Boves es un hombre cruel que no parece haber sido amamantado con leche de mujer, sino con la de los tigres y las furias del infierno» El 3 de febrero de 1814 Boves y sus huestes llaneras infringen derrota al patriota Campo Elías y se dirige a San Mateo donde Bolívar lo espera, Boves triplica en hombres las fuerzas patriotas pero esto no es inconveniente, Ricaurte se inmola junto con el enemigo al volar la Santa Bárbara y Bolívar gana esta Batalla; era el 25 de marzo de 1814. Boves huye con 3000 hombres que le quedaron con vida. Bolívar lo persigue y en tres veces consecutivas, el 1 de abril, carga furiosamente contra él en los sitios Magdalena, Yuma y Guigue y lo derrota de nuevo reduciéndole sus tropas a la mitad. El día 6, Bolívar se dirige a sus soldados con una proclama «Habéis llevado vuestras invencibles armas por todos los llanos que han sido reconquistados por vuestros triunfos ; y en la jornada inmortal de Bocachico ha quedado destruido por vuestra sola presencia y sin esfuerzo ninguno, el ejército más numeroso, más formidable que ha amenazado nuestra libertad, y que hasta entonces había protegido la fortuna». El 15 de junio de 1814 en el sitio de la Puerta se encuentran de nuevo, el Genio de la Gloria y el Engendro del Mal, éste en espantosa carnicería deja más de mil patriotas tendidos en el campo de batalla entre muertos y heridos, Bolívar con una columna logra ponerse a salvo dirigiéndose a la población de La Victoria, Boves entraría luego a Caracas donde encontraría 4.000 almas, las otras 20.000 habian huído con Bolívar al frente, en la famosa «Emigración del 14». En esta ciudad se permitió cometer todo tipo de vejámenes, violaciones, descuartizamientos, mutilaciones; por donde pasaban los llaneros de Boves quedaba marcado un camino de cadáveres y pirámides de calaveras; se marcaba con una P en la frente a quien se sospechara era patriota. Era una venganza dirigida por Boves, eran los llaneros contra sus hermanos venezolanos, era peor que la guerra a muerte, era la destrucción total al paso de sus hordas, era éste, el primer encuentro de Bolívar con sus coterráneos llaneros. Estos lo hicieron emigrar, primero a Cartagena, luego a Jamaica; en el exilio escribe su famosa visionaria «Carta» el 6 de septiembre de 1815. Regresaría luego a Venezuela, agobiado pero con el deseo de expulsar a todos los canarios de su patria, ya conoce de la furia y el tesón de los llaneros, ya ha combatido contra ellos frente a frente, ya los conoce como enemigos y sabe de lo que son capaces. A finales de 1817 se entera que Páez, en el Bajo Apure, cuenta con 4.000 hombres y 40.000 caballos y en la provincia de Casanare el Coronel Ramón Nonato Pérez cuenta con 2.000 hombres más. El 31 de enero de 1818 Bolívar se conoce con «El León de Apure» en los llanos de Payara sitio de Cañafístula; Páez comanda a muchos de los llaneros que estuvieron al mando de Boves y que cambiaron de filas desde 1815. Bolívar con magistral diplomacia logra poner a Páez y a sus tropas bajo su mando, pero quedando Páez en absoluta independencia y plenitud de facultades para actuar en el territorio controlado por él. Bolívar pasa revista a las tropas llaneras y las arenga así; «Llaneros, vosotros seréis independientes, aunque se oponga todo. Vuestras lanzas y estos desiertos os libran de la tiranía. ¿Quien puede subyugar la inmensidad ? Preparaos al combate; vuestros hermanos de Guayana, de Barcelona y Caracas estarán a vuestro lado. El impertérrito general Páez los conducirá a la victoria y el genio de la libertad escribirá vuestros nombres en los fastos de la gloria. Llaneros: sois invencibles». Pero no fue tan fácil como parece. Bolívar tiene que pasar miles de penurias y difíciles pruebas para granjearse la obediencia disciplinaría del caudillo llanero; con Páez, Negro Primero, Carvajal y Rondón no podía convencer con discursos ni teorías, con filosofía ni proclamas, con ellos tenía que usar otro lenguaje; el lenguaje de los llaneros; penosa y tenaz fue la tarea del Libertador para hacerse entender de Páez y de sus hombres; tuvo que convencerlos con el ejemplo; mostrarse familiar, fuerte, audaz, capaz de todo, comer como los llaneros, tasajo y casabe; correr como ellos a caballo detrás de toros y venados, pasar como ellos los ríos a nado, dormir en chinchorro o sobre la sábana de pasto y paja, vestirse como ellos con lienzos ásperos, matizar sus frases con interjecciones plebeyas y hasta bailar con las mulatitas al son de guitarra y maracas. Con su cuerpo medrado, que parecía flaco y débil, que hablaba con los extranjeros lenguas que el llanero no comprendía comenzó a demostrarles a estos que sabía y podía vivir como un soldado, que no le temía a las fieras ni al calor, ni al frío, ni al vendaval, ni al enemigo y andaba a la cabeza de sus tropas peleando con el mismo coraje de ellos (Bolívar era buen jinete y ambidiestro en el manejo de la espada) Páez y sus llaneros reconocieron y comprendieron la superioridad de su nuevo jefe. Dice Acosta Saignes que Bolívar adquirió las resistencia de los llaneros hasta llegar a asombrarlos a ellos mismos, al extremo de que sus tropas lo llamaban «culo de hierro» pues nunca se cansaba de a caballo (en el Orinoco bañándose con sus oficiales uno de ellos se jactó de que nadaba mejor que Bolívar, éste eligió una meta y afirmó que con las manos atadas podía llegar antes que su oficial, le ataron las manos y se zambulló en el río, llegó a la meta con grandes dificultades y a alguna distancia del oficial. Sin embargo, sus hombres tomaron este hecho como ejemplo de su indomable voluntad, pues su consigna fue siempre «Nunca darse por vencido». En otra oportunidad vio a su ayudante Ibarra saltar desde las ancas sobre las cabeza de su caballo, Bolívar dijo que eso no tenía nada de notable, lo intentó dos veces y después de golpearse contra el cogote de su caballo, finalmente en las tercera oportunidad, tuvo éxito. «Confieso -dijo posteriormente- que hice una locura pero no quería que nadie dijese que me pasaba en agilidad y que hubiera uno que pudiese decir que hacía lo que yo no podía hacer». Consecuencias de estas penalidades y sacrificios para emular a los llaneros son las llagas y mataduras que sufre en los muslos y que viene a curarse en San Fernando de Apure en mayo de 1818. «Yo he venido aquí a encontrar los cuerpos ingleses que deberían haber llegado ya y algunos auxilios que venían de Guayana, y me he quedado esperándolos hasta el día, porque también me he visto impedido de montar a caballo, habiéndome salido algunos carbuncos en los muslos». Hay que tener en cuenta que Ramón Nonato Pérez terror de los españoles por su temible lanza, murió a causa de los fuertes sacudones y dolencias que le produjeron amansar un potro salvaje. En el paso «el diamante», sobre el Apure, Bolívar tiene la primera oportunidad de ver en acción a Páez y sus llaneros el 6 de febrero de 1818, en una acción, cuando 50 lanceros a caballo, se tiran al río y tiran las flecheras españolas atracadas en la ribera izquierda para pasar el ejército patriota a territorio Guariqueño. Ha entrado en acción la caballería de agua que conoce el mundo (en mi concepto fue la primera Infantería de marina equino-transportada). Bolívar comienza a ser testigo de las más grandes proezas e históricas hazañas en los anales de guerra del mundo, efectuadas por los llaneros, ahora de su parte. Vuelvo a la historia; el 17 de febrero de 1818. Bolívar lanza una proclama, «Todo vuestro territorio esta libre de tiranos. Desde el centro de la Nueva Granada hasta Maturín y Bocas del Orinoco, las armas republicanas han triunfado gloriosamente de los españoles. Los ejércitos de Boves y Morillo, que eran valientes y numerosas, han quedado tendidas en los campos que hemos consagrado a la libertad». En las Queseras del Medio Páez y 150 llaneros atraviesan el Arauca y se enfrentan a 5000 realistas comandados por Morillo y no sólo lo derrotan sino que lo humillan junto con sus tropas quienes se retiran precipitadamente hacia Achaguas; Bolívar premia a los vencedores con la Orden de los Libertadores y les dice: « Soldados: Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito General Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los ciento cincuenta compañeros del intrepidísimo Páez. Las columnas de caballería, han sucumbido al golpe de nuestras lanzas: la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos. Sólo las tinieblas habrían preservado a esos ejércitos de viles tiranos de una completa y absoluta destrucción. ! Soldados: Lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y contad con la victoria, que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas». Acosta Saignes llama «Ejército Libertador de los Llanos» al ejército de Páez, que oficialmente era el ejército de Apure. El ejército de Apure tenía en realidad más del Casanare, ya que de allí lo formaron en 1811 el Coronel Francisco Olmedilla y el Capitán Ramón Nonato Pérez, al cual se incorporó Páez, más tarde, cuando tuvo que emigrar de Barinas. Para ésta época la Provincia de Casanare abarcaba los Llanos Orientales de Colombia (Arauca, Casanare y los Llanos de San Martín). El 14 de mayo de 1819 Bolívar recibe informe del general Santander sobre el éxito de los patriotas en las llanuras de Casanare y el 23 de mayo en la Aldea del Setenta reunido con su estado mayor en una destartalada choza planea el desarrollo de la campaña para libertar a la Nueva Granada. Ese día se decide la invasión. En el Escudo del Estado Apure dice: Sobre el sitio sagrado de la desierta Aldea del Setanta, quedaron decididos los destinos de la América el 23 de mayo de 1819. EL 4 de junio sale de Guasdualito, escribe a Santander desde Cuatro Matas en Arauca, el 5 de julio, y se encuentra con él, el día 11 en población de Tame (Cuna de la Libertad). El Caraqueño cuenta 36 años y el Granadino 27. Santander ha adiestrado y equipado una división de llaneros bien disciplinados con 1.600 infantes y 600 jinetes, conformando los siguientes batallones: «Primero de Cazadores», «Primero de Línea», «Compañía de Zapadores» y el «Guías del Casanare» valiéndole este hecho el reconocimiento como «Organizador de la Victoria». En el trayecto de la libertad se unen más hombres, en Pore ya cuenta con 3.000, en Paya a los habitantes de la Nueva Granada les lanza la siguiente proclama el día 30 de junio: «Granadinos: Un ejército de Venezuela, reunido a los bravos de Casanare a las órdenes de general Santander, marcha a libertaros.» (...), De los más remotos climas, una legión británica ha dejado la patria de la gloria, por adquirirse el renombre de salvadores de la América». «... Los Llaneros contemplan con asombro y espanto las estupendas alturas y se admiran de que exista un país tan diferente al suyo. La penuria crecía al ver más y más montañas frente a sus incrédulos ojos. Hombres acostumbrados en sus pampas a sus ríos tormentosos, a domar caballos salvajes y a vencer cuerpo a cuerpo al toro bravío, al cocodrilo y al tigre, se arredraban ahora ante el aspecto de esta naturaleza extraña. Después de varios días de infortunios y padecimientos los sobrevivientes de Pisba llegan a Socha; diezmados, desalentados y moribundos los llaneros se recuperan en esta población, física y moralmente. Ya se avecina la tan merecida gloria, la inmortalidad los aguarda en Vargas, después de varias refriegas con los realistas. El 25 de julio de 1819 en «El Pantano de Vargas» chocan ambas fuerzas; esta acción es gravosa e insegura para los independientes; por un momento Bolívar pierde fé, en esos instantes de máximo peligro cuando todo se ve perdido aparece Juan José Rondón (contaba con 29 años), y le dice al Libertador: « cómo vamos a perder si ni yo ni mis llaneros hemos peliado. Bolívar sin vacilar le grita: «Coronel salve usted la patria» Y la salva con una descomunal carga de bayoneta y lanza como sólo podían darla los brazos nervudos de «Los hijos del llano» (cuenta Elias Villate, sobre el particular, el incidente entre el Coronel Francisco Jiménez y el Capitán Bedoya, y la forma como el subalterno fue reprendido por su superior al presentar un parte de la última inspección que éste realizó y donde advertía a su escuadrón: «Mis amigos, hay que apretar mucho la muñeca contra esos insurgentes, por que ahí están con Bolívar, lanzas tan bravas como las de Rondón, Nonato Pérez, Mellao, Infante, los Gutiérrez y otros cortados por la misma tijera», parte que no gustó mucho al coronel y propició la reprenda, a la que el capitán respondió: «Lo que han de saber luego en el campo de Batalla que lo sepan de una vez»). En esta epopeya de la Historia Militar participaron en la famosa carga de los "Catorce Lanceros de Vargas": Teniente Coronel: Juan José Rondón, (Venezolano), Sargento Mayor: Juan Mellao de Venezuela; Capitanes: Valentín García, de Labranzagrande, Casanare; Miguel Lara, de Támara Casanare; Domingo Mirabal, de Venezuela; Celedonio Sánchez, de Venezuela; Tenientes: José de la Cruz Paredes, de Venezuela; Roso Sánchez, de Morcote, Casanare; Pablo Matute, de Venezuela; Pedro Lancheros, de Pauna Boyacá; Subtenientes: Miguel y Pablo Segovia, de Venezuela; Bonifacio Gutiérrez, de Tame (hoy Arauca) Casanare; Sargentos: Saturnino Gutiérrez, igual al anterior e Inocencio Chincá, de Arauca que se consagró también como héroe en las Queseras del Medio, y quien murió de una herida que le propinó el Capitán Bedoya, citado anteriormente, y éste a su vez de manos de Chincá. Luego vendría el histórico Puente de Boyacá donde se selló para la Nueva Granada y para América la libertad de un pueblo, gracias a las acciones temerarias, valientes y heroicas de muchos hijos del Llano, a los que en su momento Bolívar supo emular, para satisfacción personal y para gloria de la patria. |
||
|
Por: Gustavo Rodríguez M. |
||
|
© Copyright Johannes W. de Wekker junio, 2004 |