16 de Diciembre de 1998

BOLÍVAR EN MARACAIBO
172 AÑOS DESPUÉS

Por: Juan de Dios Sánchez

 

Bolívar en Maracaibo en 1826

El 16 de diciembre de 1826, hace 172 años, recalaba a la ciudad de Maracaibo el general Simón Bolívar por última vez en su vida. Permanece aún en los mejores recuerdos de la ciudad generosa aquella figura magra y nerviosa que a muy alta hora de la noche vieron bajarse del buque.

Los felices habitantes de Maracaibo vieron cómo se desplazaba seguro de sí mismo, pero lo notaron físicamente agotado. Persistía, eso sí, el brillo de sus ojos, pero en su rostro se denotaba un profundo cansancio que como naciéndole desde muy adentro le comunicaba un aire solitario y triste.

Llegó, remontando las tranquilas aguas del lago, a efectuar la más compleja de todas sus tareas: tratar de impedir el derrumbe del formidable edificio político que, nacido de sus ideales y sueños de integración, había sido aprobado por el Congreso de Angostura y que se conocía como la República de Colombia, colosal unidad de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador.

Siete años después de haber nacido la organización ya se perturbaba en sus cimientos. La habían ido golpeando sin piedad la ambición de los caudillos regionales. Se empezaban a sentir estremecimientos que anunciaban el peligro del derrumbe. El sólido murallón que encerraba miles de kilómetros, cientos de poblaciones y millones de habitantes empezaba a mostrar grietas y fisuras muy profundas y deterioros alarmantes.

La presencia del Libertador en Maracaibo significó la apoteosis. Llegó el Libertador presidente y se sucedían los homenajes y los reconocimientos. La ciudad se puso de pie para aplaudirlo y tratar de que fuera feliz en su estancia.

Pero, al unísono con los festejos, llegaban a Maracaibo terribles y desoladoras noticias. La crisis se mostraba inevitable y el final de la unión es sólo cuestión de tiempo.

Y Bolívar asume su rol: siendo el ángel de la guerra, es imperioso que adelante una misión de paz. Con precisas acciones emprende su gran jugada: con fría eficiencia moviliza las tropas, da órdenes, extiende nombramientos y va concentrando el poder militar.

Demuestra a Páez, cabeza visible de la sedición venezolana, quien tiene el poder y quien lo ejerce.

Pero emprende una misión de conciliación y arreglos. Con su acción salvará a la patria y hará prevalecer la paz. Logrará superar la situación y aunque lo que logra es una transitoria victoria sobre la disolución inevitable, la historia no podrá llamarlo ni descuidado ni ausente de la suerte de su gran obra política. Sabe que está viviendo el principio del fin de la utopía y que la República está herida de muerte y que su derrumbe dependerá de la decisión de los hombres que la dirigen a nivel de las partes que han desatado las furias y las iras y ya no tienen control sobre ellas.

Bolívar regresará al Sur. Dejará en Caracas, entre muchas obras, el concepto de la universidad venezolana y no volverá vivo a su ciudad natal.


Notitarde. Opinión: Los hombres y los hechos. Valencia, 16 de Diciembre de 1998.

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© Copyright Johannes W. de Wekker  Abril, 2002