EN EL AULA 

Su testamento refleja sus principios morales

Bolívar soportó con entereza
la agonía de sus últimas horas

 El diagnóstico que dio su médico de cabecera fue tisis pulmonar, enfermedad que lo consumió hasta hacerlo parecer un anciano, a pesar de que sólo tenía 47 años. En sus últimas horas, la fiebre lo hacía delirar y revolverse en su cama: "Vámonos, esta gente no nos quiere en esta tierra", balbuceaba el Libertador desde su lecho de muerte

A unos 5 kilómetros de la ciudad de Santa Marta, Colombia, en la hacienda San Pedro Alejandrino, cuando el reloj marcaba la 1:00 de la tarde del 17 de diciembre de 1830, el médico francés Alejandro Próspero Revérénd comprobó que el corazón de su paciente, Simón Bolívar, había dejado de latir. Apenas tuvo tiempo el médico de llamar a familiares, amigos, edecanes y huéspedes para que presenciaran "los últimos momentos y postrer aliento del Libertador". Después, con reverencia, cerró los ojos de Bolívar y colocó una sábana blanca sobre el cadáver, aun tibio, de un hombre de 47 años que parecía un anciano.

El médico francés había diagnosticado la enfermedad de Bolívar como tisis pulmonar, y durante 17 días hizo esfuerzos desesperados por detener el mal que ya resultaba incurable.

En la pequeña habitación, alrededor del catre de campaña, envarados, embarazados, solemnes, estaban los militares, amigos y familiares más allegados: su sobrino, Fernando Bolívar; Joaquín de Mier, el propietario de la hacienda; el general Mariano Montilla, Comandante General del Departamento; el general José María Carreño, Comandante de Armas de Santa Marta; el general José Laurencio Silva; los edecanes, coronel Belford Wilson y capitán Andrés Ibarra. Un poco más alejado, en un rincón, se encontraba José Palacios, el mayordomo del Libertador, quien fue el único que se atrevió a llorar la muerte de aquel gran hombre mientras decía entre sollozos: "se me murió el viejo".

El médico Revérénd estaba seguro de que a Bolívar le quedaba poco tiempo de vida. Aquel quien fuera el Libertador de cinco naciones, el amante de la emancipación y la igualdad de los pueblos, yacía con el rostro desencajado, marcado por las intensas ojeras y el semblante grisáceo. Tal y como lo relatara el especialista en uno de sus informes sobre la evolución de la enfermedad de Bolívar: "...Cuerpo muy flaco y extenuado; el semblante adolorido y una inquietud de ánimo constante. La voz ronca, una tos con esputos viscosos y de color verdoso. El pulso igual pero comprimido. La digestión laboriosa..." y concluía que lo del Libertador era irreversible.

El último suspiro

En la mañana de ese 17 de diciembre, su médico supo que había llegado el momento final. Revérénd se sentó a la cabecera de la cama y tomó la mano del Libertador, quien ya no hablaba sino que balbuceaba incoherencias (la noche anterior, debido a una fuerte fiebre delirante, a Simón Bolívar le oyó decir: "Vámonos. Esta gente no nos quiere en esta tierra...lleven mi equipaje a bordo de la fragata"). En el rostro del gran general no había señas de dolor ni padecimientos, tan sólo serenidad era lo que se observaba. De hecho, según refiere el médico, el padre de la patria resistió con mucha entereza su enfermedad; incluso, hasta llegó a negar que sintiera dolor alguno, a pesar de que a veces se le escapaba algún quejido.

La respiración de Bolívar se había tornado difícil, el pulso apenas si existía y a todas luces se sabía que la muerte era inminente, por lo cual Revérénd llamó a los generales, edecanes y algunos pocos amigos que esperaban fuera de la habitación. De inmediato los acongojados oficiales entraron y rodearon el lecho del ilustre prócer y a los pocos minutos Simón Bolívar, el Libertador de cinco naciones, exhaló su último suspiro.

Cuentan los historiadores que el cura de la aldea de mamatoco, cerca de San Pedro, vino a pie hasta la hacienda, acompañado de unos pobres indígenas, para darle la extrema unción al Libertador; sin séquito ni ceremonias pomposas, un humilde sacerdote le daba una lección al mundo al llevarle el consuelo espiritual al gran Libertador de América.

Testamento histórico

La generosidad, la justicia y la rectitud que siempre caracterizaron la personalidad de este prócer se ven reflejadas aun en sus últimas palabras, las que se recogen en el testamento que firmara apenas 7 días antes de su muerte y el cual resumimos a continuación.

"En el nombre de Dios Todopoderoso, Amén. Yo, Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la ciudad de Caracas en el departamento de Venezuela, hijo legítimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María Concepción Palacios, difuntos, vecinos que fueron de dicha ciudad; hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, ...con disposición testamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

  • Encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis albaceas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y estén prevenidas por el Gobierno.

  • Declaro: fui casado legalmente con la señora Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tuvimos hijos algunos, y que cuando contrajimos matrimonio, mi referida esposa no introdujo a él ningún dote, ni otros bienes, y yo introduje todo cuanto heredé de mis padres.

  • Declaro: que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la provincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del señor Juan de Francisco Martín, vecino de Cartagena.

  • Declaro: que solamente soy deudor de cantidad de pesos a los señores Juan de Francisco Martín y Powles y Compañía, y prevengo a mis albaceas que estén y pasen por las cuentas que dichos señores presenten, y las satisfagan de mis bienes.

  • Es mi voluntad, que la medalla que me presentó el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto que aún en mis últimos momentos conservo a aquella república.

  • ...que las dos obras que me regaló mi amigo el señor general Wilson, y que pertenecieron antes a la biblioteca de Napoleón, tituladas "El Contrato Social" de Rousseau y "El Arte Militar" de Montecuculi, se entreguen a la Universidad de Caracas.

  • Es mi voluntad que, de mis bienes, se den a mi fiel mayordomo, José Palacios, ocho mil pesos en remuneración a sus constantes servicios.

  • Es mi voluntad que después de mi fallecimiento mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal.

  • Mando a mis albaceas que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho se devuelva a su viuda para que la conserve, como una prueba del amor que siempre he profesado al expresado Gran Mariscal...y den las gracias al señor general Roberto Wilson, por el buen comportamiento de su hijo el coronel Belford Wilson, que tan fielmente me han acompañado hasta los últimos momentos de mi vida.

  • Para cumplir y pagar éste, mi testamento, y lo en él contenido, nombro por mis albaceas testamentarios, fideicomisarios, tenedores de bienes, a los señores general Pedro Briceño Méndez, Juan de Francisco Martín, Dr. José Vargas y general Laurencio Silva, para que de mancomún et insolidum entre ellos, los beneficien y vendan en almoneda o fuera de ella, aunque sea pasado el año fatal de albaceazgo, pues yo les prorrogo el demás tiempo que necesiten, con libre, franca y general administración.

  • ...instituyo y nombro por mis únicos y universales herederos en el remanente de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras suceciones en que haya sucedido y suceder pudiere, a mis hermanas María Antonia y Juana Bolívar, y a los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar, a saber: Juan, Felicia y Fernando Bolívar, con prevención de que mis bienes deberán dividirse en tres partes, las dos para mis dichas dos hermanas, y la otra para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, para lo que hayan y disfruten con la bendición de Dios.

Ejemplo a seguir

Para el Banco Provincial y El Nacional en el Aula es motivo de orgullo publicar esta página dedicada a enaltecer la memoria de quien es considerado como el gran hombre de América Simón Bolívar.

Hasta en sus últimas horas fue fiel a sus principios morales y dejó testimonio de su generosidad, rectitud y nobleza; un ejemplo que todos debemos seguir.

EL NACIONAL
25 DE NOVIEMBRE DE 1999

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© Copyright Johannes W. de Wekker  mayo, 2003