UN BOLÍVAR DOS SIMONES

Por: Jorge Mier Hoffman

“Mi profesor Simón Rodríguez: un sabio y un amigo que adoro... el Sócrates de Caracas. Usted formo mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señalo”

Simón Bolívar

Para los teólogos y filósofos de los misterios de la creación, la muerte es la elevación del espíritu y la progresión del alma hacia la reencarnación… Bajo esta óptica: nada se acaba y todo se transforma, conforme al principio de la energía… Para ellos no existe el fin del Ser humano, sino la ascensión a un estado energético de mayor rango en la escala evolutiva del espíritu, que algunos teólogos identifican como el karma o energía vital que impulsa la vida... Los católicos explican este fenómeno mediante la resurrección, que sólo le fue permitida a Jesucristo, porque el Vaticano niega la posibilidad de la reencarnación, y luego de la muerte, al espíritu sólo le depara el Cielo o el Infierno según su comportamiento y religiosidad. En resumen, la experiencia nos ha enseñado que la muerte trae consigo nueva vida..! como cuando se quema un sembradío para que renazca la plantación; o como el salmón que muere al parir los huevos que engendran nuevos alevines, o de la mariposa que muere luego del acto de procrear… En el caso del Libertador: la muerte de un Ser querido, de sexo femenino, y de nombre María, en dos oportunidades cambiarán el rumbo de su vida; además le inspirará ideales de justicia y libertad, pero lo más significativo, es que la muerte de esas dos mujeres, lo pondrán en el camino para encontrarse con un hombre excepcional llamado también Simón, y cuya esposa coincidencialmente también se llamaba María… Un Ser especial que con su ejemplo y enseñanza, transformará el rumbo y el destino de todo el planeta, por cuanto será el maestro del Libertador, Simón Bolívar.

PRIMER ENCUENTRO

7 de julio de 1792

La aristocracia caraqueña se viste de luto para asistir al sepelio de María Concepción Palacios y Blanco, quién fuera esposa del también difunto Juan Vicente Bolívar, y madre de cuatro hijos… El 9 de diciembre había cumplido treinta cuatro años de edad… No superó las secuelas de la tuberculosis que se agravó con el embarazó de Simón Bolívar... Días antes, había llegado de su hacienda de San Mateo, con la ilusión de los preparativos del cumpleaños de Simoncito, quien cumpliría 9 años… Pero la maldición de la tuberculosis nuevamente hacía estrago en el apellido “Bolívar”… María fue sepultada en la cripta familiar de la Catedral de Caracas, edificada en honor a la Santísima Trinidad.

 

Huérfanos de padre y madre, la tutela de los jóvenes quedan en mano del abuelo materno Don Feliciano Palacios y Sojo... Las terribles circunstancias obligan a sus hermanas casarse cuando aún no habían cumplido los 15 años de edad, mientras Simoncito y su hermano mayor, Juan Vicente, quedaron en la casa de sus padres, atendidos por los esclavos de la familia.

 

Cuando el dolor por las muertes de sus seres queridos parecía quedar atrás, y el amor de sus tías intentaba apaciguar la soledad y el desasosiego que influía en la personalidad de Simoncito, la tragedia llega nuevamente a su vida: A los pocos meses, en diciembre de 1793, muere su abuelo Feliciano, y las autoridades lo separan de su hermano mayor, y sus tías que debieron casarse prematuramente en un matrimonio arreglado… Ahora Simoncito está totalmente sólo..! Su abuelo había destinado tutores separados para los dos hermanos: para Juan Vicente encargó a su hijo Juan Félix Palacios y Blanco, y para Simón, su otro hijo Esteban, pero como éste se encontraba en España, las autoridades lo entregan a su otro tío Carlos Palacios y Blanco… A partir de entonces, Simoncito se convierte en un niño realengo, que desde la mañana, se reunía con otros muchachos para jugar en la calle… No estudiaba, su aseo personal era descuidado, y hasta había adquirido un vocabulario vulgar propio de la plebe… Un perro se convirtió en un compañero inseparable, que lo acompañaba al campo donde pasaba la mayor parte del día… La añoranza por el amor de sus padres y sus hermanos, lo llevaba a refugiarse en la casa de su hermana mayor, María Antonia, hechos que conllevaron a un enfrentamiento de María con su tío Carlos, que fue necesario dilucidar ante el Tribunal de la Real Audiencia… En una de sus exposiciones ante el Tribunal, Carlos expone el caso:

“El pupilo me venera y se sujeta ciegamente a mi voluntad, estoy cierto de que me profesa mucho amor”… en cuanto al descuido que presenta el niño: “Propongo trasferirlo a la casa de Don Simón Rodríguez, maestro de la Escuela Pública de Primeras Letras, que siendo un sujeto de probidad y habilidad notorias y estando destinado por su oficio a la enseñanza de los niños, podía más cómodamente proveer a la educación de éste”

En su niñez, Simoncito no contó con el apoyo de sus seres más queridos… Como todo niño huérfano, se acostumbró a la soledad, al desasosiego y al infortunio, inmerso en su frustración anímica, que engendró en él una rebeldía y un carácter decidido y emprendedor, que moldeó su personalidad hacia la inteligencia para sobrevivir en la adversidad… No obstante todas esas adversidades, en su dolor espiritual lo acompañó un hombre que moldeó su personalidad y sembró en su corazón el sentido de la universalidad, la libertad y la justicia... ese hombre fue el maestro Simón Rodríguez..!

 

Acostumbrado a lujo y el confort de su estatus oligarca, el joven Simón llega a la humilde casa de su maestro, encontrándose de pronto encerrado en cuatro paredes de una casa humilde, donde convivían un conglomerado de personas: el maestro Simón Rodríguez con su esposa María de los Santos, tres criados, su hermano Cayetaño con su esposa María de Jesús Muñoz, y su hijo recién nacido, un sobrino, otros cinco niños en custodia, la suegra del maestro, la de su hermano y dos cuñados..! El propio maestro conciente de las precarias condiciones de su humilde vivienda y el abolengo que significaba la adinerada familia de los “Bolívar”, dirige carta a los magistrados del tribunal:

“Agradezco me sean suministrados los recursos para los alimentos, ya que mi pobreza no me permite complacer el paladar del niño”

En esas circunstancias de tristeza, infortunio y desosiego en que se encontraba, Simón es recluido en la casa del maestro Simón Narciso Rodríguez Carreño… y a partir de ese momento, cambiará el rumbo de su vida… Dos meses después regresa a casa de su tío, pero sigue concurriendo a la escuela pública bajo el buen  cuidado del maestro Rodríguez.

Rodríguez nació en Caracas el 28 de octubre de 1771. Al igual que su nuevo pupilo, quedó huérfano muy pronto… Hijo del clérigo Alejandro Carreño, músico, quien llegaría a ser maestro de Capilla de la Catedral de Caracas… Con apenas catorce años, se lanzó a la aventura de 5 años para hacer un recorrido a pie por España, Francia y Alemania; como bien decía:

“No soy como los árboles que echan raíces en un solo lugar y no se mueven, soy como el viento, el agua y el sol, que marchan sin cesar”

Rodríguez amaba la naturaleza en todo su esplendor… Vivió en París en víspera de la Revolución Francesa… Respiró su ambiente revolucionario, descubrió a Rousseau, y decidió desde entonces, convertir a la humanidad predicando el amor a la naturaleza. Después de sus cinco años de peregrinación, a pie por los campos europeos, regresa a Caracas donde es nombrado maestro de escuela…  De su matrimonio, tuvo en año y medio dos hijas.

Rodríguez en su carismática personalidad revolucionaria que va en contra la corriente, de la costumbre, la rutina y la cotidianidad, le puso a sus dos hijas, nombres de vegetales, en fidelidad a su admiración por la naturaleza; las llamó:

Maíz y Tulipán.

Rodríguez se empeñaba en hacer todo diferente, hasta en lo que respecta titular obras o documentos, donde la acostumbre era  condensar y simplificar… En 1794, presentó al Ayuntamiento caraqueño un Proyecto de Educación que tituló:

“REFLEXIONES SOBRE LOS DEFECTOS QUE VICIAN LA ESCUELA DE PRIMERAS LETRAS DE CARACAS Y MEDIO DE LOGRAR SU REFORMA POR UN NUEVO ESTABLECIMIENTO”

La personalidad de Simón Rodríguez era carismática y contradictoria: amable, frío, calculador y poco afectivo… Eran cualidades propias de un hombre inmerso en la soledad; inconforme, introvertido, pero de un carácter impredecible y desconcertante, como lo evidencia una nota curiosa, que sobre su esposa, escribió a un amigo suyo, cuando ésta lo abandonó, cansada de vivir en la pobreza del maestro:

“Sírvase devolverme a mi mujer, porque Yo también la necesito para los usos a que Usted la tiene destinada”

Simón Rodríguez era el prototipo de aquellos que por haber llegado muy cerca del genio, sin alcanzarlo, se vuelven atolondrados y divertidos, para tormento de sus allegados y alegría para otros… Su inquietud sabe descubrir fases nuevas de las cosas más vulgares, y su presencia está siempre acompañada de sucesos cómicos y de imprevistos... Era, pues, natural que Bolívar, tipo del genio equilibrado y ávido de conocimiento, fraternizara tanto con su tocayo y profesor, el maestro Don Rodríguez.

Sus métodos de enseñanza eran originales y sus ideas de libertad no encajaban en la mentalidad de su época… de hecho, era visto con cierta animosidad por la iglesia y las autoridades locales, contrarias a los cambios y a los “librepensadores”… Desde muy joven se calificaba “anarquista”… y se presentaba ante la sociedad como un rebelde y un revolucionario indoblegable… Era un hombre de ideales, inmerso en una franca contradicción con la época y el entorno en que vivía; que denigraba del Vaticano, enfrentaba a la iglesia y participaba en la Sociedades Secretas excomulgadas por el Papa…En fin, era la revolución personificada en el hombre…

Simón Rodríguez era un soñador con una mente analítica, y una curiosidad propia de un científico, que no encajaba en el adoctrinamiento católico que exigían las reglas coloniales… Era un visionario que perseguía la perfección en todo lo que hacía, y procuraba siempre cambios y transformaciones en todos lo que hacía… pero sobre todo, era un adicto a la lectura, cualidad excepcional en una época donde escaseaban los libros

Cabe recordar, que para la época de infancia del joven Simón Bolívar, la lectura estaba vedada al resto del pueblo, y desde Sevilla, la iglesia aplicaba una censura a los textos, puesto que se imponía un adoctrinamiento religioso y monárquico para esclavizar intelectualmente a la población… Pasarse en secreto los libros prohibidos era un acto de rebeldía entre la juventud… Leerlos era una delicia, no tanto por lo que dijeran, sino porque los prohibía una autoridad que manipulaba la conciencia… A fin de cuentas era el contagio inevitable y virulento de la Revolución Francesa, que transmitía la misma España y que respondía en América a cambios y reformas urgentes a la dignidad criolla… Simón Bolívar, doce años más joven que su maestro, era un joven de una extraordinaria inteligencia, con una mente virgen que no había sido contaminada por la educación enfermiza del clero, lo que significó para su maestro, desbordar en su pupilo, toda la frustración ideológica que tenía acumulada por años de estudio… Como años más tarde recordó el Libertador:


Los dos Simones bajo el samán
de Güere en los patios del Templo
de la Santísima Trinidad

“Este hombre fue un sabio, un filósofo consumado, y un patriota sin igual… Yo siempre lo recordé porque fue el más extraordinario del mundo; el dirigió mis pasos y formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo seguí el sendero que él me señaló. No he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que me regaló, siempre presentes a mis ojos intelectuales, las he seguido como guías infalibles”

Mientras la mayoría de los caraqueños estaban inmersos en la cotidianidad, todas las tardes, y durante los siguientes dos años, los dos Simones incursionaban los parajes naturales que circundan el esplendoroso valle de Caracas… En esos paisajes de ensueño multicolor que bañaba el Avila con su neblina, ambos se dedicaban a la lectura de esos libros prohibidos por la iglesia… El joven Simón oía con atención esos discursos de amor y pasión por la libertad:

Demasiados impuestos, la prohibición industrial, pocos empleos, veto político, discriminación social, injusticia racial, esclavitud, expoliación de riquezas, abuso de autoridad, tabú al conocimiento, la manipulación eclesiástica, las torturas y asesinatos en manos de la Sagrada Inquisición Católica, la mordaza ideológica; en fin, una injusticia que reinaba en esos territorios americanos por casi 300 años

En la privacidad que brinda la naturaleza, los dos Simones intercambian temas vedados por las autoridades españolas, y discuten la realidad universal tergiversada por la historia… Eran escenas que nos remontan en la historia, cuando el filósofo Sócrates, seleccionaba al mejor de sus pupilos para recorrer los campos de Grecia en una jornada de adoctrinamiento intelectual… y fue precisamente Sócrates (470-399 a.C.), como fundador de la filosofía moral, el mejor ejemplo que encontró Bolívar para llamar a su maestro:

 

“Usted es el Sócrates de Caracas”

 

Y el 6 de mayo de 1824 desde la localidad peruana de Huamachuco, Bolívar le dirá a Santander:

“El lugar de una amante, quiero tener a mi lado a un filósofo; pues, en el día, yo prefiero a Sócrates a la hermosa Aspasia”

La quebrada de Caruata, las pozas de Catuche y las caídas de agua del Arauca, sirvieron de ambiente ideal para la formación académica e intelectual del joven Simón, y para que su maestro lo ilustrara sobre una triste monarquía que dominaba el panorama político de Europa… En esos momentos de meditación infinita, la lectura los hacía pasar largas horas de reflexión sobre las ideas filosóficas de los grandes revolucionarios de la época: Plutarco, Thomas Hobbes, del barón de Montesquieu, Jean Jacques Rousseau, Voltaire, como los precursores de los cambios políticos que se estaban sucediendo en todo el planeta… Luego, su maestro le hacía cerrar los libros de textos, para mostrarle la gran enciclopedia de la naturaleza: lo obliga a ser fuerte de alma y de cuerpo; a convivir con el medio ambiente; lo entrenaba en largas caminatas, a cabalgar días enteros, a nadar, saltar, y amar las especies…  Como bien decía Rodríguez:

 

"La razón del sabio suele asociarse al vigor del atleta"

 

Pero por las noches… Simón Rodríguez dejaba de ser el maestro revolucionario que adoctrinaba a su pupilo, para convertirse en el maestro conspirador que adoctrinaba una revolución: Fue Rodríguez quien divulgó la noticia de un levantamiento ocurrido en Nueva Granada por parte de un médico de nombre Nariño, y repartió el material prohibido de la “Declaración de los Derechos del Hombre” que propulsaba la Revolución Francesa… Tomando la previsión de no ser descubierto, copió los 17 artículos y los distribuyó en volantes que pasaban de mano en mano, mientras las autoridades buscaban el autor de esos papeles facciosos.

 

Nuevamente las calamidades e infortunios

llegan a la vida del joven Simón..!

 

Cuando el joven Simón dormía por la extenuante faena del día, y las calles de Caracas se cubrían con la densa neblina, el maestro se dirigía a los centros subversivos donde se conspiraba contra la autoridad española… En esas reuniones clandestinas se encontraban: Manuel Gual, antiguo Capitán del Batallón de Veteranos de Caracas, y José María España, funcionario de la justicia Mayor del Pueblo de Macuto… Más de un año ese grupo de venezolanos estuvieron conspirando contra el rey de España, manteniendo contacto permanente con otros grupos subversivos del continente… Pero esa noche del 12 de junio de 1797 todos los planes se desboronaron:

El Sacerdote de la Catedral de Caracas, Juan Vicente Echevarria, se enteró de la conspiración que fraguaban los venezolanos, y de inmediato lo informó a las autoridades españolas, quienes de inmediato buscaron a los sediciosos.

Al amanecer del 13 de junio, un ambiente sombrío cubría la capital con calles desoladas y militares apostados en todas las esquinas… El joven Simón durante el desayuno, escucha los comentarios de los esclavos: “cuarenta y cinco individuos fueron apresados por alta traición, y algunos cuelgan en la Plaza Mayor”... El temor de ser señalado como conspirador, mantenía en zozobra a todos los habitantes de la capital, y en especial a la familia Bolívar, cuyas relaciones con el maestro Rodríguez era pública y notoria… Ese día no llegó su maestro… Rodríguez estaba huyendo de una persecución implacable… El joven Simón nuevamente estaba inmerso en la soledad y ahora con la angustia por el destino de sus amado maestro.

El destino se hacía presente en la vida del joven Bolívar: la muerte de su madre unió a los dos Simones… Un encuentro que despertó el ideal de la revolución, y lo sacó de la inanición ideológica, la indiferencia al entorno socia, pero sobre todo, le hizo cambiar la misión de su existencia

En los siguientes 8 años Bolívar no supo más de su maestro… Ambos siguieron caminos distintos: Bolívar en Europa, formándose, educándose y preparándose para el matrimonio; mientras el destino de su maestro Rodríguez era todo un misterio… Así lo escribió O' Leary:

“Rodríguez mal avenido con la tiranía que lo agobiaba bajo el sistema colonial, resolvió buscar en otra parte la libertad de pensamiento y de acción que no se toleraba en su país natal”

Los próximos tres años serán de gran turbulencia en la vida del maestro Rodríguez, desde que se embarcó clandestinamente en La Guaira el 15 de noviembre de 1795 con destino a Jamaica… En Kingston abandona su nombre original por el de “Samuel Robinsón”… Nombre que lo acompañará hasta la muerte y que adopta en memoria al solitario personaje de la novela de Daniel Defoe publicada en 1719; que conservará como su libro de cabecera; y como el decía:

“Quiero llamarme Samuel Robinsón, para no tener constantemente en la memoria el recuerdo de la servidumbre”

Viaja a Baltimore y Filadelfia donde trabaja en una imprenta y adquiere los conocimientos de las Artes Gráficas… Luego de tres años en los Estados Unidos, viaja a Europa… Se traslada a Bayona para trabajar como linotipista, y se gana la vida dando clases particulares de francés, español e inglés… En 1801 conoce al sacerdote mexicano revolucionario Fray Servando Mier, con quien se traslada a París para fundar una escuela... En esa ciudad Rodríguez traduce la novela Atala del escritor francés Chateaubriand… Vive algún tiempo en Lyon, y para esconderse de la implacable persecución española, se empadrona en el Registro de París como:

“SAMUEL ROBINSÓN, HOMBRE DE LETRAS,

NACIDO EN FILADELFIA, DE TREINTA Y UN AÑOS”

 

No importa el tiempo transcurrido… la monarquía española seguía el ejemplo del Vaticano, en cuanto a que los enemigos seguían siendo enemigos aún después de su muerte, y los herederos pagaban las consecuencias por varias generaciones; tal cual sucedía con los herejes que eran quemados, y sus descendientes seguían pagando las consecuencias de la traición.

SEGUNDO ENCUENTRO

22 de enero de 1803

La aristocracia caraqueña se viste de luto para asistir al sepelio de María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, esposa de Simón Bolívar… Fueron apenas ocho meses… La terrible fiebre amarilla hacía estrago en los europeos no acostumbrados a las inclemencias del trópico… La hacienda de San Mateo fue testigo de la fatal enfermedad… Con la muerte de su joven esposa, todo parecía derrumbarse en la vida del joven Simón... Nuevos planes pasan por su mente… por los momentos, deja la administración de sus bienes en manos de su hermano mayor Juan Vicente, con la intención de volver a Europa para consolar a la familia de su fallecida esposa.

 

A principios del año 1804 ya Simón está

nuevamente en Europa

 

En Madrid entrega a su suegro, don Bernardo, las prendas personales de su única hija… Fue un momento enternecedor que Bolívar nunca olvidará:

“Jamás he olvidado mi entrevista con don Bernardo, cuando le llevé las reliquias de María Teresa; padre e hijo mezclaban sus lágrimas; escena de delicioso tormento, porque es deliciosa la pena del amor”

El joven Bolívar estaba inmerso en una terrible depresión… fue quizás la única vez en que su espíritu combativo cedió al infortunio más terrible que hombre alguno pueda soportar, y que lo hizo pensar en el suicidio… Es también la etapa más desconocida en la vida de Simón Bolívar y de la cual poco se ha escrito.

 

El venezolano podía ser visto todas las tardes meditando a orillas de río Sena... Caminaba los campos de Daubingy, admirando los artistas plásticos que se aglomeraban en estos parajes pintorescos, y en especial, los alumnos de la Escuela de Arte de Barbizón.

Simón Bolívar desde siempre fue un admirador de las artes plásticas, y sabía apreciarlo con un ojo crítico. En su primer viaje a Europa, posó para el famoso artista español Francisco de Goya, conocido popularmente como Goya, en la oportunidad en que visitó la Corte Española junto con su tío Esteban, puesto que Goya era el retratista de la Corte... y ésta pintura que en el “Manual de la Colección Bourton” se indica como “Anónimo”, se cree fue obra del afamado artista.

Las aventuras amorosas colmaban por momentos la frustración anímica de Bolívar

 Su estado depresivo buscaba la ayuda de un amigo… hasta que un buen día el destino hará que se encuentren nuevamente los dos Simones… Estando en París, supo del destino de su antiguo maestro Rodríguez:

Gozaba de un gran prestigio, como hombre excepcional y de una formación intelectual sobresaliente para la época; además del español, hablaba varios idiomas: inglés, francés, italiano, alemán y portugués. Era un erudito maestro de filosofía e historia...

De inmediato Bolívar se trasladó a Viena para ver al amigo… Simón Rodríguez era un revolucionario, visionario y luchador de ideales, que se encontraba en ese país huyendo de la persecución española Por segunda vez la muerte de un ser querido los une: primero su madre María de la Concepción y ahora la de su esposa María Teresa… Pero sin embargo, no era lo que el joven esperaba: Su maestro se llamaba ahora Samuel Robinson... Estaba ocupado en mil tareas que le dejaban poco tiempo para la lectura y la investigación, que eran las actividades que más anhelaba el maestro, donde se desempeñaba como químico industrial… En ese momento de múltiples ocupaciones se presenta Simón Bolívar, que buscaba al amigo de la infancia… De ese encuentro escribió Bolívar: 

 “Yo esperaba mucho de la sociedad de mi amigo, del compañero de mi infancia, del confidente de todos mis goces y penas, del mentor cuyos consejos y consuelos han tenido siempre en mí tanto imperio… Ay..! en esta circunstancia fue estéril su amistad… El señor Rodríguez sólo amaba las ciencias… Lo hallé ocupado en un gabinete de física y química que tenía un señor alemán… Apenas le veo Yo una hora al día. Cuando me reúno a él me dice de prisa…”

El maestro le aconseja:

“Mi amigo: diviértete, reúnete con jóvenes de tu edad, vete al espectáculo, en fin, es el único medio que hay para que cures tu melancolía”

Rodríguez había encontrado a Bolívar inmerso en la tristeza y la melancolía, quién parecía querer morir antes que cargar con sus sufrimientos… Así escribió Bolívar ese encuentro:

 

“Había caído en un estado de consumición, y los médicos declararon que iba a morir. Era lo que yo deseaba… Una noche que estaba muy mal, me despierta el maestro Rodríguez con un médico alemán. Yo no comprendía una palabra de lo que ambos conversaban... El médico luego de examinarme se marchó... Rodríguez se sentó en mi cama y me habló con bondad afectuosa y dulzura, haciéndome ver que es una locura el abandonarme y quererme morir en la mitad del camino… Bolívar le responde… estoy enfermo y abatido… Ha..! Rodríguez… prefiero morir a soportar esta inmensa carga de tristeza…”

 

En las noches siguientes su maestro lo reconforta con sabias palabras que le hacen entender que él y sólo él, tiene una misión que pronto tendría que emprender; pero por los momentos, debe mitigar su dolor, reunirse con personas de su edad, divertirse y vivir la vida…

 

Con una honda frustración Bolívar regresa a Paris para consolarse en los brazos de su prima Fanny de Trobriand, mujer de espectacular belleza, que no logra mitigar el estado anímico del futuro Libertador…

Desde su nodriza, la negra Matea, hasta Manuelita Sáenz, su última compañera, Bolívar siempre contó con la compañía de una mujer que lo animó, lo consoló en sus grandes momentos de melancolía, y le prestó sus ojos para mirar con ellos dentro de su propio genio

 

Pero el dolor intenso por tantos infortunios, eran una carga afectiva insoportable para un hombre de corazón ardiente y mente incansable

Cuando la desesperación hacía mella en el estado anímico de Bolívar, la Providencia intervino para salvar el futuro de un Continente..! Esa tarde que transitaba a las orillas del Sena, con su mente llena de recuerdos que ahogaban su espíritu de vivir… oye una voz que grita: Joven Simón..! es nada más y nada menos que su maestro de infancia..! Rodríguez había reflexionado y supo que Bolívar necesitaba un verdadero amigo para sanar sus punzantes heridas afectivas… Dejó a un lado todos sus compromisos de trabajo, y a partir de ese momento todo cambiaría en la vida del venezolano… Ambos se hospedan en la pensión de los Pilloris, en la Rue de Lancry, número 293… Juntos recordarán esos momentos inolvidables de su niñez, y las desventuras del maestro huyendo de la persecución española… Bolívar acepta encantado la loca idea de su maestro: viajar a Italia a pie, en contacto con la naturaleza, cruzando los Alpes Occidentales por imponentes paso de la montaña, tal cual como una vez su maestro lo hizo… y es así, como con una mochila de prendas personales y la obra “Emilio” de Juan Jacobo Rousseau bajo su brazo, los dos Simones emprenden una peregrinación que cambiará el futuro del mundo, en una mañana de primavera cuando las flores esmaltan los campos franceses y la naturaleza se vuelve multicolor… Como alguien escribió:


 

… y allá van, palpitantes como un par de niños traviesos, atravesando aldeas, escudriñando la vegetación, admirando la vida silvestre, bajando lomas y bebiéndose con los ojos el cambiante paisaje, para meditar sobre el destino de América, inspirados en las letras revolucionarias de Rousseau

En su lento transitar hacia el sudoeste por Francia, Bolívar se embelese con los paisajes de Saboya y los verdes viñedos donde disfruta del mejor de los vinos, que le hace recordar la esclavitud y diferencias de clases sociales que imperan en su país… El paisaje encantador mitiga la fatiga de transitar por caminos de tierra, lleno de contrastes multicolores del follaje, y de amplios valles enmarcados con las cumbres nevadas de los relieves alpinos que separan a Francia de Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Suiza e Italia; tiempo propicio para que en la intimidad de la inmensidad de la naturaleza, Simón Rodríguez, ahora Samuel Robinsón, profundiza su adoctrinamiento sobre el tema de la “Justicia y la Libertad”, cuya sola palabra estaba vedada por el sistema monárquico que imperaba en Europa...

Entre la lectura y el intercambio de ideas, pasaba el tiempo para los dos Simones en su lento transitar por los caminos empedrados que los lleva a Roma

En la localidad de Chambéry, a pocos kilómetros de la frontera, llegan al lugar predilecto del filósofo Jean Jacques Rousseau, llamado Les Charmettes… oportunidad propicia para que los peregrinos hagan una parada obligada, y le permita a Bolívar conocer más afondo las intimidades de ese revolucionario de la literatura francesa, que inspiraría en él no sólo sus ideales bolivarianos, sino que será la fuente de inspiración para sus más apasionados discursos.

Rousseau nació el 18 de junio de 1712 en Ginebra (Suiza) y fue educado por unos tíos, tras fallecer su madre pocos días después de su nacimiento; orfandad materna que también compartían los dos Simones… Para Rousseau, el Contrato Social constituye las bases de un gobierno democrático. Confiaba en la “Soberanía Popular” expresada en el voto de la mayoría, para adoptar las decisiones importantes. Eran ideas revolucionarias que inspiraron la Revolución Norteamericana y la francesa, y que atacaban fuertemente a la iglesia y los defensores de la monarquía y la autocracia.

Cruzando la frontera, en mayo de 1805 llegan a Milán, en momentos en que en esa ciudad se anuncia la coronación de Napoleón Bonaparte como Rey de Italia, con la presencia del Papa Pio VII… Bolívar asqueado de la actitud de un tirano que se cruzaba en su camino, y que hasta hacía poco fue su líder revolucionario, sube a la habitación de su hotel, cierra las ventanas y se tapa la cabeza con la almohada, para no oír el clamor de ese pueblo ignorante que lo vitoreaba… Los venezolanos se dirigen a Ferrara y luego a Venecia, para admirar las bellezas arquitectónicas del estilo renacentista europeo, y la majestuosidad de una ciudad edificada en mármol sobre canales de agua; momento ideal para meditar sobre el origen del nombre de su patria Venezuela… Bolonia, Florencia y Perusa, marcan el recorrido que los conducirá a Roma… El viaje va dejando en cada uno de ellos no sólo nuevas emociones y experiencias, sino además les invade una melancolía por su Patria americana, esclava de potencias extranjeras, y que ante la indiferencia del resto del mundo civilizado, sólo importa para la extracción de todas sus riquezas... En su paso por diferentes lugares, cada iglesia, palacio, castillo, catedral, residencia palaciega, edificación pública o gubernamental, llevan la sangre indeleble de los nativos americanos, que con su oro, plata, perla, madera y material preciosos extraído de algún rincón del Nuevo Mundo, decoraban las lujosas arquitecturas.

 

…Allí en la magnificencia del poder europeo, Bolívar pudo palpar el poder destructivo sobre el continente americano; y aún mayor tristeza causaba el observar, que el poder económico de Europa se sustentaba en las riquezas americanas, no para beneficiar a la población sumida también en la pobreza, sino para saciar la ambición desmedida de las clases privilegiadas de la monarquía y de la iglesia.

 

En Roma, lugar insigne del imperialismo europeo y del poder destructivo de la fuerza militar, donde se conjuga el imperialismo monárquico y el poder de la iglesia, el 15 de agosto de 1805 ambos Simones suben al monte Aventino, donde tiempos atrás se reunió el pueblo para protestar contra la autoridad romana, pagando con su sangre la osadía de la rebelión… Simón Bolívar en medio de esas ruinas romanas, que evidencian la fragilidad de un imperio frente al despertar de la conciencia del pueblo, frente a su maestro, hace un juramento revolucionario que inspirará la libertad de América:

“... Juro por Dios y juro por mis padres, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”

El edecán del Libertador, Francisco O´Leary, refiriéndose a ese momento histórico para la libertad de América, describió ese memorable juramento:

 

“La memoria de las épocas heroicas de la historia romana evocada a la vista del Capitolio, hizo nacer en el pecho de Bolívar esperanzas para el porvenir,  resuelto a realizarlas o a tentarlo al menos, corrió al célebre Monte Sagrado del Aventino, al que Scipio llevaba a los plebeyos de Roma, exasperado por las exacciones, injusticias, arrogancias y violencia de sus señores los patricios... Los sufrimientos de la patria se agolparon en su mente... cayó de rodillas e hizo aquel voto de cuyo fiel cumplimiento es glorioso testimonio la emancipación de la América del Sur”

O´Leary

El maestro Rodríguez se despide de su tocayo… No está dispuesto acompañarlo en ese alucinado juramento hecho en Roma… Más que un compromiso a realizar, parecía una locura desvalida en medio de la frustración… una paranoia luego de 300 años de acérrima tiranía española… Alemania será su nuevo rumbo, en un largo peregrinar por Europa, de lo cual escribirá: “Trabajé en un laboratorio de química industrial, en donde aprendí algunas cosas; concurrí a juntas secretas de carácter socialista; vi de cerca al padre Enfantin, a Olindo Rodríguez, a Pedro Leroux y a otros muchos que funcionaban como apóstoles de la secta… Estudié un poco de literatura; aprendí lenguas y regenté una escuela de primeras letras en un pueblecito de Rusia”… Rodríguez era fiel a sus palabras: “No soy como los árboles que echan raíces en un solo lugar y no se mueven, soy como el viento, el agua y el sol, que marchan sin cesar”Algunos meses después, Bolívar se va a cumplir su promesa de liberar un continente, mientras que Rodríguez se queda en Europa… y durante veinte años no vuelven a verse maestro y discípulo.

TERCER ENCUENTRO

26 de octubre de 1825

Desde que dejó a su maestro en 1805, la odisea de Simón Bolívar ha sido reseñada por la prensa mundial: instaurador de tres repúblicas en Venezuela, libertador de Nueva Granada, Quito, Guayaquil y Panamá… Para ese año, Bolívar se encuentra en Perú en el pueblo de Pativilca, desesperado por la ayuda que requería para liberar las tierras incas… Su estado de ánimo era tan desastroso, como aquellas dos oportunidades cuando encontró a su maestro Simón Rodríguez, que con sus consejos y enseñanzas, lo sacó del abismo anímico en que se encontraba… Cuando todo conspiraba contra él, una luz alumbra sus tenebrosos pensamientos: “su excelencia debe saber, que el maestro Simón Rodríguez se encuentra en Bogotá” – así le informó su edecán:

Rodríguez, ahora Samuel Robinsón, había llegado a Bogotá en 1823, donde intenta fundar una Casa de Industria Pública, en su obsesión de revolucionar la educación americana…Pero la frustración y el desánimo se hacen presente, cuando no logra el apoyo de Santander…

Al conocer la noticia, de inmediato, Bolívar toma la pluma y le escribe a Santander:

“He sabido que ha llegado de París un amigo mío, don Simón Rodríguez; si es verdad, haga usted por él cuanto merece un sabio y un amigo que adoro. Es un filósofo consumado, y un patriota sin igual. Es el Sócrates de Caracas… Yo amo a ese hombre con locura. Fue mi maestro y mi compañero de viaje, y es un genio, un portento de gloria y de talento, para el que lo sabe descubrir y apreciar… Con él podría yo escribir las memorias de mi vida. El es un maestro que enseña divirtiendo, y un amanuense que da preceptos a su dictante. El es todo para mí. Cuando yo le conocía valía infinito. Yo tengo necesidad de satisfacer estas pasiones viriles, ya que las ilusiones de mi juventud se han apagado. En lugar de un amante, quiero tener a mi lado un filósofo; pues, en el día prefiero Sócrates a la hermosa Aspasia”

Cumplida su promesa con la consolidación de la independencia de Suramérica, Bolívar retrocede en el tiempo, para invitar a su maestro a compartir la hazaña de la libertad que una vez juró en el Monte Sacro… Bolívar:

“Usted maestro mío, cuanto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con qué avidez habrá seguido usted mis pasos; éstos dirigidos muy anticipadamente por usted mismo. Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló

Respondiendo a la invitación, su maestro le escribe:

Amigo Bolívar: Yo no he venido a la América porque nací en ella, sino porque tratan sus habitantes ahora de una cosa que me agrada, y me agrada porque es buena, porque el lugar es propio para los ensayos, y porque es usted quien ha suscitado y sostenido la idea”

Simón Rodríguez no se apresura en acudir al llamado de Bolívar… ya lo habíamos advertido… era un hombre impredecible de carácter cambiante e ideas innovadoras…  La carta de Pativilca tiene como fecha 19 de enero de 1824 y llega a Lima en 1825, donde es recibido por el Libertador, quien partía hacia Arequipa, por la costa, con el fin de visitar Cuzco, La Paz y Potosí… Fue un recibimiento inolvidable: Se abrazaron, festejaron, y durmieron esa noche en el mismo cuarto, contándose mutuamente las desventuras de veinte años de trajinar por los ideales de la revolución… Bolívar no hallaba como honrar la compañía del amigo:

Lo incorpora a su grupo de colaboradores, y lo invita a la naciente República de Bolivia, legendarias tierras Incas del Alto Perú, donde hará realidad ese juramento revolucionario que, veinte años atrás, hizo ante él en Roma

El 26 de octubre de 1825, ambos Simones suben al Potosí... Bolívar en la cima de ese cerro que por casi 300 años sació la codicio europea, habló al viento con palabras de iluminado:

“Venimos venciendo desde las costas del Atlántico, y quince años de una lucha de gigantes... hemos derrocado el edificio de la tiranía, formado tranquilamente en tres siglos de usurpación y violencia... En cuanto a mí, de pie sobre esta mole de plata que se llama Potosí, y cuyas venas riquísimas fueron trescientos años el erario de España, yo estimo en nada esta opulencia cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de la libertad, desde el Orinoco, para fijarlo aquí, en el pico de esta montaña, cuyo seno es el asombro y la envidia del Universo”

Simón Bolívar había cumplido su juramento hecho 20 años atrás: Su Gran Colombia era la unión de estados más grande del planeta y así se lo hizo saber a su maestro:

“Se acuerda usted cuando fuimos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria..? Ciertamente no habrá usted olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que nos debíamos tener”

En los mapas mundiales ahora aparecía dibujada la nación con mayores riquezas para la envidia del mundo... Nunca antes se había concebido una extensión territorial de tal envergadura... y para darle forma, como lo haría un escultor a su obra inmortal, comenzó a modelar las estructuras de Estado a través de la Constitución, hecha a la imagen y semejanza de esos pueblos... Bolivia y Perú tendrán una Carta Magna Bolivariana y en cada provincia se instalaría una Escuela Pública; ya lo advertía el Libertador:

“Un hombre sin estudios es un ser incompleto... La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que siempre está próximo a revolcarse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infatigablemente en las tinieblas de la servidumbre”

En Bolivia el Libertador le otorga a su maestro el cargo de mayor responsabilidad para redimir a esos miserables pueblos esclavizados por 300 años de tiranía y sumisión: la responsabilidad de montar la estructura burocrática de la educación popular…y para halagarlo en tan importante misión, le asigna un título tan largo como larga era la tarea que tendría sobre sus hombros:

Con el apoyo económico del Libertador, Rodríguez revoluciona la educación con las “Escuelas Robinsonianas” que comenzaron a crearse en los miserables pueblos, como una nueva y revolucionaria concepción en los sistemas de enseñanzas… En Arequipa, en Cuzco, en Tarambamba y en casi todos los departamentos de Puno, Rodríguez instala una escuela pública, siempre acompañado por el Libertador, quien le prestaba todo su apoyo y colaboración… Pero en Bolivia es donde Rodríguez pone en práctica todo su ingenio para revolucionar la educación, con métodos innovadores que ruborizaban al clero y la oligarquía… El 1 de enero de 1826, se inaugura la Escuela Modelo de Rodríguez, donde se preparaban a los jóvenes para la vida y el trabajo… Situación que contrariaba el temperamento metódico y disciplinado de Antonio José de Sucre, Presidente de Bolivia, que chocaba con el carácter excéntrico y voluntarioso de Rodríguez.

Pero el maestro se pasó de la raya..! no había dejado de ser el filántropo de la revolución que todo lo cambiar y todo los transforma con métodos de estudios originales e innovadores.

El Mariscal Sucre se quejaba constantemente de las locuras del maestro, y así lo hacía ver al Libertador:

“… las madres católicas de 200 niños, se horrorizaron cuando el maestro se desnudó ante los estudiantes para dictar una clase de anatomía… en su escuela no se enseña la religión… lo primero que enseña a sus alumnos es el oficio de agricultura, carpintería y zapatería, antes que las letras y las matemáticas… no  le gustan los libros, y enseña a sus alumnos a responder a los mayores… con el presupuesto de la escuela fundó un hospital, sólo para atender locos y mendigos…  en Cochabamba se ha peleado con todos tratándolos de ignorantes y brutos… Cómo le reclamé sus métodos, me invitó a un banquete y para mi sorpresa, hace servir la comida en “bacinillas”… Confesaré a Usted, que estoy descontento del sistema de don Samuel”

Pero más grave para la sociedad boliviana eran las amenazas que hacía Rodríguez, al retar a los curas y a la iglesia católica:

 

“…dentro de seis años destruiré la religión de Jesucristo”

 

Entre tanto, Bolívar recibe cartas de uno y de otro, quienes se quejaban del comportamiento… Sucre le reclama la burocracia impuesta por Rodríguez, quien se consumió todo el presupuesto: muchos rectores, vicerrectores, maestros, bedeles, empleados de oficina… Mientras que Rodríguez reclama la falta de apoyo del gobierno… Por los momentos, Bolívar se mantiene al margen de la contienda, entendiéndose por el aprecio y el cariño que tenía para ambos… Pero la anarquía invade la Gran Colombia… Bolívar debe regresar a Bogotá para enfrentar la disidencia política; momento que aprovechó el Congreso de Bolivia para suspender a Rodríguez, quien dirige la siguiente nota:

"Todo lo soporté, pero no pude sufrir la desaprobación del Gobierno y mucho menos el que me reprendiesen en público. Yo me había ofrecido a concurrir con mis conocimientos y con mi persona a la creación de un Estado, no a someterme a formulillas, providentillas ni decretillos"

Bolívar debe regresar a Bogotá… la guerra y la conspiración exigen su presencia inmediata… Antes de partir quiere despedirse del amigo… Viaja cientos de kilómetros hasta las alturas del lago Titicaca a 4.000 metros de altitud, donde su maestro vive en una humilde choza con una india, y para subsistir montó una fábrica de “Velas de Sebo”; que en su originalidad y sarcasmo le puso como nombre “De Luces Americanas”… Rodríguez le dice a Bolívar:

Hay ideas que no son del tiempo presente, aunque sean modernas, ni de moda aunque sean nuevas”

A orillas de ese milenario lago, donde surgió la cultura inca, los dos Simones recorren las ruinas preincaicas de Tiahunaco, cuyas cíclopes murallas de piedra y colosales estatuas monolíticas, constituyen el lugar más enigmático de la cultura de los Andes... En ese lugar misterioso cargado de fábulas y fantasía, ambos se despiden en un verdadero abrazo de amigos… Así describieron los testigos esa triste despedida:

“Las lágrimas se confundieron en un fraternal abrazo, como si ambos supieran que sólo las muerte los reunirá por última vez… y para siempre”

Par 1828, Rodríguez se ha establecido en Chuquisaca, escribiendo y conspirando contra los opositores del Libertador, quienes se hacían presente por todo el continente… Después de haber vivido en Huacho, viaja a Chile donde se dedica a la enseñanza… En la remembranza de los recuerdos, y la esperanza de formar nuevamente parte del equipo colaborador del Libertador, llega la nota fatídica: La prensa anuncia la muerte de su amigo Simón Bolívar… A partir de ese momento, la persecución hacia los colaboradores de Simón Bolívar se hace más implacable… Lo poco que ha logrado como maestro, se convierte en escombros con el terremoto de 1835, que lo obliga a viajar a la capital, para solicitar  la ayuda de su compatriota Andrés Bello… La miseria lo acompañará hasta su muerte el 28 de febrero de 1854, en el poblado de San Nicolás de Amotape, muy cerca de Paita, en las costas del Perú, donde vivía la compañera del Libertador, Manuelita Sáenz; que al igual que Samuel Robinsón, estaban proscritos por la oligarquía y el clero, quines se habían confabulado en una jornada anti bolivariana.

CUARTO Y ULTIMO ENCUENTRO

28 de febrero de 1954

En los próximos años los dos Simones no volverán a encontrarse… El destino siempre los unió en la adversidad y en la tristeza por la muerte de las dos Marías más queridas por Bolívar… Más de un siglo después nuevamente la muerte los reunirá por cuarta y última vez: Simón Bolívar muere arruinado y vilipendiado por sus enemigos el 17 de diciembre de 1830… Simón Rodríguez muere en la total indigencia en la aldea peruana de Amotape el 28 de febrero de 1854… Los restos de los dos Simones reposan en el Panteón Nacional: los de Bolívar desde el 10 de octubre de 1876 y los de Rodríguez desde 28 de febrero de 1954, cuando fueron colocados a la cabeza del sarcófago de Bolívar.

Este fue el destino de los dos Simones, cuyos ideales revolucionarios transformaron el rumbo, no sólo de América sino de toda la historia del mundo…

“Usted es el Sol de Colombia…”

 

Con esta apología elogiaba Rodríguez a su pupilo Simón…

 

“…y usted es el Sócrates de Colombia”

 

Así le respondía su tocayo, Simón Bolívar, El Libertador…

Por: Jorge Mier Hoffman

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© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004