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Bolívar
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Por Juan Bosh |
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Tercera Parte Efectos de la Guerra Social en la acción Libertadora de Bolívar. |
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La idea de enviar expediciones libertadoras a Cuba y a Puerto Rico comenzó a producirse en Bolívar de manera extraña, sin duda estimulada por algunos cubanos que estaban pensando en la libertad de su isla y al mismo tiempo por razones de utilidad política, pero la idea estaba al mismo tiempo frenada por los arraigados temores del caudillo caraqueño a la guerra social. Esto último era sobre todo en relación con Cuba, debido al alto número de esclavos que había allí.
El Libertador escribió desde Pativilca a Santander el 25 de febrero de 1824 esta simple recomendación: "Vea Vd. si se puede hacer algo contra la Habana"; y no volvió a ocuparse más del asunto sino diez meses después, el 20 de diciembre, cuando le dijo al mismo Santander, escribiendo desde Lima:
En ese párrafo se advierte que Bolívar pensaba amenazar a España con llevar la guerra a Cuba y Puerto Rico, no que estuviera dispuesto a hacerlo. Y a seguidas explica las razones, aunque en forma velada:
Dentro de un momento vamos a analizar los párrafos que acabamos de copiar; ahora debemos ocuparnos del último, en el cual se nota una inclinación de Bolívar a pasar de la amenaza con fines políticos a la acción con otros fines si la amenaza no surte efecto. Dice él a seguidas del último párrafo copiado:
Volvamos atrás. ¿Qué quiso decir Bolívar con eso de que “la Habana independiente nos daría mucho que hacer"; con ese “J'ai ma politique à moi" y su inmediata traducción al español, “Yo tengo mi política", ambas expresiones subrayadas por él mismo? ¿Qué quiere decir al escribir que "este negocio bien conducido puede producir un grande efecto".
La frase "J'ai ma politique à moi" será usada otra vez por Bolívar en la misma carta al decir que "las tropas del Magdalena y de Venezuela no deben volver allá" sino que "deben quedarse en el Sur"; es decir que tiene las mismas razones políticas para no devolver a Venezuela las tropas venezolanas que las que tiene para no libertad a Cuba. Y esas razones quedaron ampliamente explicadas en la carta que envió a Santander desde Arequipa el 20 de mayo de 1825. Son éstas:
Esas ideas que el Libertador no había podido explicarle a Sucre eran una sola: que Cuba podía convertirse en una nueva Haití; por eso, a pesar del entusiasmo de Sucre, Bolívar no era partidario de que la expedición se llevara a cabo, y por eso la tercera advertencia que le hacía a Santander era "no libertar la Habana", y la primera "que no nos conviene admitir en la liga al Río de la Plata".
Para comprender esa mención del Río de la Plata debemos volver al Capítulo XV de este libro y releer los párrafos que copiamos en ese capítulo de las cartas que envió el Libertador a Santander el 23 de febrero y el 8 de mayo de 1825. En uno de la primera carta dice que de "Buenos Aires viene la revolución al Perú en triunfo"; en uno de la segunda asegura que los "porteños y los caraqueños que se encuentran en los extremos de la América Meridional son, por desgracia, los más turbulentos y sediciosos de cuantos hombres tiene la América entera". En las provincias del Río de la Plata —hoy Argentina— estaban entonces en marcha la guerra social, una guerra social tan cruel como la de Venezuela, ésa que Sarmiento describió después tan estupendamente en su "Facundo"; y si se organizaba la Liga o Anfictionía americana con que soñaba Bolívar, éste no podía pensar siquiera que entrara en ella un pueblo que estaba haciendo la guerra social. Por lo demás, en los papeles de Bolívar abundan los párrafos en que compara la situación del Río de la Plata con Venezuela.
En relación con el envío de tropas a Cuba, el 21 de octubre de 1825 el Libertador le recordaba a Santander que la liberación de la hermosa isla del Caribe no convenía "por las razones de marras", es decir, las ya expuestas; y el 11 de noviembre, a las noticias de que había ejércitos españoles en Cuba listos para ser lanzados sobre México, decía que en caso de necesidad él llevaría 6.000 colombianos y 4.000 peruanos a combatir, "...pero entienda Vd. que yo prefiero ir a Méjico a la Habana por las razones de marras".
Bolívar mantuvo esa actitud algún tiempo, a pesar de que por los informes que le llegaban parecía que España estaba organizando un ataque a Colombia desde Cuba y a pesar de que las divisiones entre el congreso colombiano y Páez podían facilitar el ataque de la antigua metrópoli. Y de pronto, en enero de 1827 —el día 25—, estando en Caracas, le escribe al general Pedro Briceño Méndez la siguiente larga posdata:
Lo primero que se nota en esas palabras de Bolívar es que su sentido de la oportunidad política lo lleva a sacar provecho de una guerra internacional; lo segundo, es que se prepara para llevar sus fuerzas a Puerto Rico, no a Cuba. Dice que aun "cuando no podamos tomar a Cuba, una expedición a Puerto Rico puede y debe hacerse fácilmente", y antes ha dicho que está "determinado a llevar a efecto la resolución de expedicionar sobre Puerto Rico". En las tres advertencia hechas a Santander en mayo de 1825, la tercera era "no libertar a la Habana" para no contribuir al "establecimiento de una nueva república de Haití", y en 1827 se prepara para enviar sus soldados a Puerto Rico pero no a Cuba.
La explicación es simple: en Puerto Rico no había una proporción tan alta de esclavos como en Cuba; en Puerto Rico no había peligro de que se desatara una guerra social.
Cuando conocemos la permanente angustia de Bolívar por su temor al resurgimiento de la guerra social en Venezuela, comprendemos sin dificultad el sentido de muchas frases que figuran en la posdata de la carta al general Briceño Méndez; entendemos por qué la expedición sobre Puerto Rico "va a asegurar la estabilidad interior'', va "a hacer más fuerte y duradera la reconciliación de que trabajamos"; se sacarán de Venezuela "amigos y enemigos mutuos (subrayado de Bolívar), que allá —en Puerto Rico—, "en el seno de la guerra y de los peligros" se harán "amigos tiernos". Todas esas frases querían decir que el Libertador pensaba aprovechar la oportunidad de una expedición sobre Puerto Rico para sacar de Venezuela a los generales, que tenían posibilidades de encabezar una nueva guerra social.
En los días siguientes al 25 de enero de 1827 —fecha dé la carta a Briceño Méndez— Bolívar escribió varias a distintas, personas tratando el punto, pero es en la que dirigió el 5 de febrero a Sucre donde se encuentra la clave de lo que acabamos de decir. En esa carta, el Libertador anunciaba a Sucre que la expedición a Puerto Rico iba a constar "de 5 a 6.000 hombres, todos veteranos y mandados por el general Páez. Padilla mandará la marina". Páez y Padilla eran, en opinión de Bolívar, los dos hombres llamados a ser jefes de una guerra social.
En cuanto a Cuba, Bolívar seguía viendo su liberación como asunto de peligro y le decía a Sucre que después "veremos qué es lo que se puede hacer sobre la Habana". Sus recelos acerca de Cuba no amenguaban. En todo lo que podía significar una amenaza de guerra social, Bolívar fue invariable después de la experiencia que tuvo en Venezuela y de lo que vio en Haití, El mismo día que le escribía a Sucre le escribía a Santa Cruz en términos iguales; sin embargo, al general Urdaneta le decía otra cosa; le decía que el día anterior habían llegado noticias de Europa, que "no había guerra entre Inglaterra y Portugal" y, por lo mismo, tampoco tendría lugar la expedición a Puerto Rico. "Suspenda Vd. todos los preparativos hasta otra orden".
Poco a poco, a partir de esa carta a Urdaneta, van alejándose las posibilidades de enviar una expedición a las Antillas españolas, y por tanto poco a poco va alejándose de la mente del Libertador la idea de librarse de los probables caudillos de la guerra social venezolana sacándolos de Venezuela. Como un último resplandor de las esperanzas que había tenido de usar el pretexto de una expedición a las islas españolas para librar a Venezuela de peligros, el 28 de febrero escribía a Sucre diciéndole que si la guerra entre Inglaterra y Portugal se producía:
En esa carta hablaba de "expedición a la Habana", pero ya él sabía que no había guerra, la guerra que él consideraba necesaria para actuar. La contienda entre Inglaterra y Portugal no se había producido, y la noticia de la expedición había provocado algunos desórdenes entre soldados que temían ser enviados a Puerto Rico. Ya los soldados del ejército libertador no querían, seguir liberando países; querían el premio de sus hazañas, y a eso era a lo que temía Bolívar, a que buscaran el premio por sí mismos y dentro de Venezuela. "Estas tropas están corrompidas por la guerra y la revolución", decía a Páez el 16 de marzo.
En esos días, preocupado seriamente por la indisciplina militar, Bolívar estuvo moviendo tropas de un sitio a otro de Venezuela; mandó a Marino a Carúpano "a reprimir los desórdenes del batallón Reformador, que está compuesto por unos verdaderos bandoleros"; y mientras Marino iba a Carúpano, "pidió Monagas auxilios contra unos pueblos que se le habían rebelado, y el general Rojas no los pudo mandar de "Boyacá" (otro batallón, N. del A.), porque temía lo mismo en aquellos cantones, por lo que he tenido que mandarle refuerzo de tres compañías del Callao y Anzoátegui".
El Libertador pidió a Páez que castigara:
Hasta el final de sus días, Simón Bolívar tuvo esa preocupación. En las vísperas de su muerte profetizaba que "este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos imperceptibles de todos colores y razas".
El 10 de noviembre de 1824 lo dijo con hermosa lengua en carta escrita a don Fernando Peñalver: "Semejante a la corza herida llevamos en nuestro seno la flecha, y ella nos dará la muerte sin remedio".
La flecha era la suma de elementos anárquicos y de injusticia que harían estallar de nuevo la guerra social. Y la guerra social estalló de nuevo, tal como lo temía Bolívar, aunque no en vida suya. Fue el 23 de febrero de 1859, cuando vivían aún Páez y los Monagas y muchos de los capitanes que hicieron con él la guerra de la libertad.
La llamada "Guerra Federal" duró cinco años y costó casi tantas vidas y tanta destrucción como la de 1812-1814. Su gran jefe no fue José Tomás Boves, el asturiano, sino Ezequiel Zamora, el venezolano. Bolívar, pues, había estado en lo cierto.
La guerra social venezolana de 1812-1814, que Bolívar logró convertir, con enormes esfuerzos y gracias a su capacidad y persistencia, en guerra de independencia, fue destructora en alto grado; y hay que achacar a la destrucción de esa guerra una parte importante en el fracaso de Colombia, pues una república tan vasta como la que quiso organizar el Libertador demandaba esfuerzos y capacidades que el país no podía proporcionar después de tanta devastación y tanta muerte. En cuanto a Venezuela, escenario de la guerra social, quedó sin medios humanos y sin capitales para desarrollarse, y esa falta de desarrollo se prolongó durante más de un siglo después de la muerte de Bolívar.
Tal como lo había previsto Bolívar, Venezuela cayó en manos de la multitud desenfrenada —pues eso fue, en verdad, la llamada Guerra Federal— y en las de tiranos de todas las categorías. Primero fueron los Monagas, capitanes de la independencia; luego fue Guzmán Blanco, fruto de la Guerra Federal; después fue Cipriano Castro, a quien alguien llamó "el mono lúbrico"; tras él llegó Juan Vicente Gómez, un iletrado de los Andes, y por fin Marcos Pérez Jiménez, un general que en los ejércitos de Bolívar apenas hubiera pasado de teniente. Más de sesenta años de vida de Venezuela estuvieron dominados por esos tiranos a quienes el Libertador describió vividamente mucho antes de que apareciera el primero.
En verdad, semejante a la corza herida, Venezuela llevaba en el seno una flecha emponzoñada. Si esa flecha no la mató, se debió a que los pueblos no perecen fácilmente, sobre todo cuando tienen padres como Simón Bolívar, cuyo recuerdo les ayuda a vivir en medio de los mayores infortunios. |
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