Las Concepciones Políticas de los Libertadores Americanos Simón Bolívar, Bernardo O'Higgins y José de San Martín, Fundamentos y Proyecciones

                                         Jaime Antonio Etchepare Jensen*

Texto tomado integramente del WebSite de: Patricio Latapiat Hormazábal
A su WebSite llegas por:
http://www.civila.com/chile/archivos


La gesta emancipadora constituyó una ruptura con la concepción política indiana vigente.  Las vicisitudes y excesos propios de una larga guerra civil, donde se enfrentaron americanos independentistas con americanos partidarios de la monarquía hispana (1), provocaron un fuerte rechazo a la organización política existente en las distintas unidades del Imperio Hispánico en Indias.  El repudio a dicho ordenamiento colocó a los nacientes Estados americanos ante el desafío de crear nuevas fórmulas y estructuras que garantizaren la emancipación, tan difícilmente lograda, y asegurasen las mínimas condiciones de estabilidad y orden indispensables para la vida en una comunidad pública.

Correspondería a los conductores militares de la guerra de la Independencia la gigantesca tarea de dar a sus países de origen, o separados de la Metrópoli por su espada, la organización política adecuada a su subsistencia como Estados autónomos.  Esta pesada obligación estaba plagada de dificultades: la ruina económica y las profundas divisiones, frutos del sangriento conflicto; la ausencia de prácticas y tradiciones cívicas (2); los localismos que amenazaban con jibarizar los antiguos Virreinatos y Gobernaciones hispánicas; las divergencias étnico-culturales existentes en la gran mayoría de dichos territorios, las ambiciones personalistas de caudillos y jefes regionales, los doctrinarismos, serviles imitaciones de instituciones y esquemas foráneos.

Nos interesó por ello analizar el pensamiento político de las figuras más relevantes de la Emancipación de la América Hispana: Simón Bolívar, sin duda el general americano de mayor trayectoria militar en el proceso; consolidador de la derrota decisiva realista en Ayacucho y gran propulsor de la tesis de una América unida; Bernardo O'Higgins, Libertador de Chile, creador de su Ejército y de las bases de su institucionalidad (3) José  de San Martín, general victorioso en Maipú, impulsor de la Expedición Libertadora al Perú y creador del Protectorado en el ex Virreinato.

Utilizamos, en forma preferencial, documentos emanados directamente de los próceres, la numerosa bibliografía existente y, muy especialmente, las leyes e instituciones que implantaron o contribuyeron a erigir.

A nuestro juicio, reviste la mayor trascendencia esclarecer lo que permanece vigente del legado emanado del pensamiento de estos tres grandes forjadores de la Independencia de Hispanoamérica.  Finalidad a la que modestamente aspiramos a contribuir.

La vinculación de las Indias a la Corona de Castilla se origina en las bulas Inter Caetera del Papa Alejandro VI, emitidas en 1493.  En ellas el Romano Pontífice encomendaba a los Reyes de Castilla y Portugal la tarea de convertir a los naturales de sus respectivas esferas americanas al catolicismo.  Con ello establecía una vinculación personal entre los soberanos, castellano y lusitano, transmitible a sus sucesores, y los  territorios indianos. Esta modalidad encajaba dentro de las características de la Monarquía Castellano-aragonesa.  Los Reyes Católicos ocupaban simultáneamente los tronos de Argón, Castilla, Navarra, León, Asturias e Indias.  Siendo sus personas el nexo de unión entre dichos reinos, los cuales eran gobernados con la asesoría de Consejos, organismos que preparaban leyes aplicables a los dominios de las citas Coronas(4).

Esta situación no es alterada durante todo el largo reinado de los Austrias.  A la muerte sin dejar descendencia del último de éstos, Carlos II "El Hechizado", en 1700, estalla la llamada "Guerra de Sucesión Española" entre los aspirantes rivales a la vacante Corona de España (5)  y  Reinos de Indias Occidentales (6).   Los más serios pretendientes fueron: el Archiduque Carlos de Austria, a quien llamaban Carlos III, respaldado por Austria, Holanda y Gran Bretaña, Estados que temían una excesiva dependencia del Imperio Hispánico hacia Francia en el caso de triunfar su rival y la consiguiente alteración del equilibrio europeo (7); el príncipe francés Felipe de Anjou, biznieto de Luis XIV, nominado como Felipe V de España e Indias.  El que logró ser reconocido como soberano de dichos Estados por el Tratado de Utrecht (8).

Felipe V y sus sucesores (Felipe VI, Luis I, Carlos III y Carlos IV) llevaron a cabo una serie de reformas unificadoras de la normativa jurídica existente en sus Estados, centralizadoras o tendientes a incrementar el poder real en desmedro de los organismos representativos de la comunidad (Cabildos y Consejos).  Sin embargo, no alteraron, bajo ningún punto de vista, la relación existente entre la Metrópoli y los Reinos Indianos: reinos asociados entre sí a través del monarca común.

Habiendo vivido desde fines del siglo XV bajo una monarquía, es natural que para los españoles nacidos en América esa fuera la única forma de gobierno concebible.  Por ello nada tiene de sorprendente que todos los intentos, emancipadores o autonomistas llevados a cabo antes de la crisis monárquica española de 1808, pretendiesen instituir monarquías en América (9).

Asimismo, hombres de Estado españoles, temerosos de una separación beligerante de los Reinos Indianos, a ejemplo de lo obrado por las 13 colonias británicas de la costa atlántica americana en relación a Gran Bretaña, plantearon la necesidad de modificar el régimen de vinculación de Indias Occidentales con la Metrópoli.  Sugirieron la creación de monarquías americanas tributarias de España a cargo de príncipes de la dinastía borbónica reinante en dicho Estado.  En esta actitud destacan, entre otros, el Conde de Aranda y el Duque de Alcudia.

Producida la crisis monárquica hispana, el enfrentamiento entre Carlos IV y Fernando de Asturias, y la posterior invasión napoleónica a España, en América, siguiendo lo hecho por diversas provincias españolas, se crearon Juntas para defender los derechos de Fernando VII a quien consideraban su rey legítimo (10).

A su vez, la Infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando de Asturias y esposa del príncipe regente portugués, quien se encontraba refugiada en los dominios portugueses de América tras la invasión francesa a Portugal, realizó diversos intentos para obtener que autoridades y población americana le reconociesen como soberana, o al menos como regente, dada la "cautividad" de Fernando (11).  Dable es destacar que las pretensiones de la Infanta Carlota Joaquina recibieron el apoyo de numerosos hispano-criollos, en especial en el Río de la Plata (12).

Es en medio de estos acontecimientos, los que produjeron conmoción en el Imperio Hispánico, que comienza el actuar de los próceres.

Simón Bolívar, hijo de un acaudalado magnate y cabildante de Caracas, abrazó con entusiasmo la causa de la Emancipación, convirtiéndose en improvisado general y estadista.  El prócer venezolano fue notoriamente influido por Rousseau:  "Bolívar estuvo muy imbuido, sobre todo al principio de su carrera, de Juan Jacobo Rousseau...-en Bolívar se insinuaron aquellas ideas por doble camino, por intermedio de su maestro de la mocedad, don Simón Rodríguez, rousseauniano entusiasta, y por el encanto de la prosa de Rousseau...-.  Pero a medida que corre el tiempo y Bolívar va contrastándola con la realidad americana, va desdibujándose Juan Jacobo.  Aparece en el horizonte la figura de Monstesquieu;  más tarde las de Betham y otros pensadores" (13).

De Rousseau conservó siempre los afanes de perfeccionamiento humano por medio de la educación:  "la preocupación de elevar la moral pública es en él constante y no desaparece sino con la vida.  Quiere ciudadanos verídicos, leales, desinteresados, valientes, patriotas, capaces de sacrificio.  Había concebido desde 1819 lo que llamó 'Poder Moral'.  Era una especie de tribunal de la inquisición, no para la fe sino para la moral social y aún privada.  Peligroso legislador sobre los sentimientos, sobre la conciencia y aún sobre la vida íntima" (14).

Su concepción, a este respecto, está estrechamente ligada a la tesis del despotismo ilustrado:  "Al hombre hay que hacerle el bien a veces a palos.  ¿A qué no se han sometido los hombres? ¡A qué no se someterán aún! Si hay violencia justamente es aquella que se emplea en hacer  a los hombres buenos y, por consiguiente, felices" (15).  Por ello fomenta la creación de las escuelas normales en Lima, escuelas de minería en Bolivia.  Introduce el sistema lancasteriano en Caracas.  Asimismo, procura atraer a territorios americanos a educadores a estudiosos.  El cree que no puede haber libertad donde haya ignorancia:  "la esclavitud es hija de las tinieblas -escribe-; un pueblo ignorante es el instrumento ciego de su propia destrucción".  "Un hombre sin estudios -pensaba- es un ser incompleto; moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades" (16).

En su discurso ante el Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819, aparecen nítidas muchas de las principales ideas políticas de Simón Bolívar:

Originalidad de Hispanoamérica: "Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo ni el americano del Norte; más bien es un compuesto de África y América que  una emanación de Europa, pues hasta la misma España deja de ser europea por su sangre africana (árabe), por sus instituciones y por su carácter".  "Es imposible asignar con propiedad a qué rama de la familia humana pertenece".  "La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el indio y con el africano.  Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y sangre, son extranjeros, y todos defieren visiblemente en epidermis; esta desemejanza trae un reto de la mayor trascendencia".

Esta misma originalidad exigía un nuevo tipo de Gobierno, distinto de los existentes en Europa y América del Norte; Bolívar expresa: "El sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política" (17).

"La excelencia de un Gobierno no consiste en su teoría, en su forma, ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para quien se instituya" (18).

En América el Gobierno debe ser: "Un Gobierno republicano a sido y debe ser el de Venezuela" -dice Bolívar-, "sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de poderes, la libertad civil, la prescripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios".  "El fin del Estado -pensaba- no es la exclusiva realización del derecho:  debe contribuir a que el hombre goce de estos tres bienes máximos: la razón, la libertad, la felicidad" (19).

Bolívar rechaza el federalismo porque teme ese sistema: "Bolívar pensaba que esa Federación en Nuestra América equivalía a dispersión y era lo opuesto a la Alianza o entendimiento con propósitos determinados, de grandes repúblicas hermanas, con la concepción de su hermandad y de su interés común.  Por eso el Gobierno argentino asintió sin mucha dificultad a la secesión de Bolivia.  Por eso, Páez y Santander propiciaron la tripartición de Colombia y el general Flores la vio indiferente o complacido más tarde" (20).

Bolívar preconiza un Poder Ejecutivo fuerte y estable, por ello asume el titulo de "Libertador", con derecho al mando militar en la región donde se encontrare (21), y en su proyecto de Constitución para Bolivia, 1826, llega a propiciar un Presidente de la República vitalicio.
 

Bolívar desconfía del común de los hombres, presenta diversos rasgos aristocratizantes y teme que la democracia sea inaplicable en América: "Atenas, la primera, nos da el ejemplo más brillante de una democracia absoluta, y al instante, la misma Atenas nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de Gobierno.  El más sabio legislador de Grecia no vio conservar su república diez años y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta, para regir ninguna especie de sociedad, ni aún la más culta, morigera y limitada porque sólo brilla con relámpagos de libertad.  Reconozcamos, pues, que Solón ha desengañado al mundo; y le ha enseñado cuan difícil es dirigir por simples leyes a los hombres" (22).

"Si la costumbre de mirar al género humano conducidos por pastores de pueblos no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver a nuestra débil especie pacer sobre la superficie del globo como viles rebaños, destinados a alimentar a sus crueles conductores" (23).

Para atenuar los defectos de la democracia preconiza un Senado aristocrático y hereditario.  Lo integrarían los elementos que se hubiesen destacado más en las luchas de la independencia.  Los que serían sucedidos por sus descendientes, quienes, desde tierna edad, serían educados para cumplir eficazmente sus altas funciones: "Si el Senado en lugar de ser electivo fuese hereditario, sería, en mi concepto, la base, el lazo, el alma de nuestra República.  Este cuerpo en las tempestades políticas pararía los rayos del Gobierno y rechazaría las olas populares.  Adicto al Gobierno por el justo interés de su propia conservación, se opondría siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados.  Debemos confesarle: los más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses, y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios: el individuo pugna contra la masa, y la masa contra la autoridad.  Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor.  Este cuerpo neutro, para que pueda ser tal, no ha de deber su origen a la elección del Gobierno, ni a la del pueblo;  de modo que goce de una plenitud de independencia que ni tema ni espere nada de estas dos fuentes de autoridad.  El Senado hereditario como parte del pueblo participa de sus intereses y de su espíritu.  Por esta causa no se debe presumir que un Senado hereditario se desprenda de los intereses populares, ni olvide sus deberes positivos legislativos.  Los senadores en Roma y los loores en Londres han sido las columnas más firmes sobre las que se ha fundado el edificio de la libertad política y civil" (24).

"Los hombres de luces y honrados son los que debieran fijar la opinión pública.  El talento sin probidad es un azote" (25).

El sueño bolivariano de fundar la más grande nación de la tierra; o un grupo de repúblicas tan fuertes y tan vinculadas entre sí que equivalieran a un super-Estado republicano, o a una Sociedad de Naciones independientes cuya política interna dirigiría un congreso de pueblos libres" (26), habría de fracasar porque: "Sin embargo, fue esa misma guerra de la independencia la que mató la idea generatriz, la geografía y las discordias alzaron el fantasma de los abismos psicológicos, más fuertes que la unidad continental y de costumbres.  Cuando en 1822, Bolívar quiso resucitarla, las reacciones naturales de la América independiente eran ya muy vivas.   Los temperamentos raciales divergentes, heredados de España, se habían agudizado por las rivalidades políticas y por las luchas intestinas" (27).

El fracaso de los sueños bolivarianos de unidad continental y el penoso espectáculo de la anarquía política hispanoamericana harían decir al prócer desilusionado, en sus últimos días: "He arado en el mar".

José de San Martín y Matorras, hijo de un oficial del Ejército hispano, se educó en España y participó con brillo en las guerras contra Napoleón.  Obtuvo el grado de teniente coronel.  Era, en consecuencia, el único de los tres próceres con experiencia bélica antes de iniciarse el proceso emancipador.

Designado Gobernador de la Provincia de Cuyo y Comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo, bajo su ejemplo, dicha unidad se convirtió en un modelo digno de ser imitado por los nacientes ejércitos hispanoamericanos.  A su vez, la Provincia entera se alineó, como un solo hombre tras los planes de su Gobernador, sin escatimar sacrificios personales o pecuniarios.  Había concebido el plan de crear un ejército eficaz, con los recursos de Cuyo, el auxilio de Buenos Aires y el aporte de los emigrados chilenos.  Con esas fuerzas liberar Chile y con los apoyos de este Reino, sumados a los suyos, organizar una gran expedición que acabase con el poder realista en el Perú, única forma, a su juicio, de asegurar la independencia americana: "Ya le he dicho a Ud. mi secreto.  Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile y acabar allí con los godos, apoyando un Gobierno de amigos sólidos para acabar también con los anarquistas que reinan (28).  Aliando las fuerzas, pasaremos por el mar a toma Lima; ese es el camino y no éste, mi amigo.  Convénzase Ud., de que hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no se acabará" (29).

El genio organizador y militar de San Martín, unido a la abnegada colaboración de O'Higgins y los emigrados chilenos dio origen al Ejército de los Andes, el más profesional, disciplinado y eficaz que hasta entonces había conocido la América.  Vencedor en Chacabuco, su capacidad, los recursos y sacrificios del Estado de Chile, crearon a la  Expedición Libertadora al Perú:  un ejército de 6.000 hombres, chilenos en un 90% y la más poderosa flota de América española.

Conquistada Lima, se organizó el primer Gobierno peruano independiente con José de San Martín como Protector y cabeza del Poder Ejecutivo:  el 3 de agosto de 1821 publicaba un decreto de siete artículo: "Quedan unidas desde hoy en mi persona -decía el primero- el Mando Supremo político y militar de los departamentos libres del Perú bajo el título de Protector".

En la exposición de principios que lo precedían, formulaba San Martín la siguiente declaración:  "La experiencia de 10 años de revolución en Venezuela, Nueva Granada, Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata, me ha hecho conocer los males que  ha ocasionado la convocación intempestiva de Congresos, cuando aún subsistían enemigos en aquellos países.  Primero es asegurar la independencia, después se pensará en establecer la libertad sólidamente".

Un estatuto provisional de 8 de octubre de 1821 concentró en el Protector los Poderes Ejecutivo y Legislativo.  El Judicial quedó independiente.  "Pero me abstendré de mezclarme jamás en el ejercicio de funciones judiciales".  Un Consejo de Estado compuesto de doce individuos, designados por el Protector, hacía las veces de Senado con votos meramente consultivo.

Este régimen era estrictamente provisional, "La religiosidad con que he cumplido mi palabra en el curso de mi vida pública, me da derecho a ser creído, y yo la comprometo ofreciendo solemnemente a los pueblos del Perú que en el momento mismo en que sea libre este territorio, haré dimisión del Mando para hacer lugar al Gobierno que aquello tengan a bien elegir".  Enfatizaba así el rol provisional de su gestión.  El general San Martín pensaba establecer en el Perú una monarquía constitucional.  Así es que todos sus esfuerzos se encaminaron a prepararle el terreno.  Conservó la nobleza, nacionalizándola, tanto para que sirviera de ornato al trono, como para no chocar con la fuerza social que representaba.  Los títulos de Castilla pasaron a denominarse títulos del Perú.  A su lado constituyó la Orden  del Sol, para crear una aristocracia del talento, del valor y las virtudes cívicas (30).

Con la finalidad de ofrecer la Corona del Perú a algún príncipe de las casas reinantes europeas,  "San Martín y sus ministros resolvieron enviar a Europa una misión formada por el ministro de Gobierno, Juan García del Río, y por el coronel Diego Paroissien, elevado a brigadier, con el encargo de ofrecer la Corona del Perú a un Príncipe de las casas reinantes, de acuerdo con las instrucciones que se les daría por escrito.  El 24 de diciembre de 1821 se reunió el Consejo de Estado y aprobó el pliego de instrucciones a que deberían ceñirse los enviados:

  1. Para conservar el interior del Perú y a fin de que este Estado adquiera la respetabilidad exterior de que es susceptible conviene el establecimiento de un Gobierno vigoroso, el reconocimiento de la independencia y la alianza o protección de una de las potencias de primer orden de Europa.  La Gran Bretaña, por su poder marítimo, sus créditos y bastos recursos, como por la bondad de sus instituciones, y la Rusia, por su importancia política y poderío, se presentan bajo un carácter más atractivo que las demás:  están, de consiguiente, autorizados los comisionados para explorar como corresponde y aceptar que el Príncipe de Sussex - Coburgo (Ernesto I, 1794 - 1844), Duque de Sajonia - Coburgo, hermano de Leopoldo I, Rey de los Belgas; y en su defecto, Augusto Federico, Duque de Sussex (1773 - 1840), noveno hijo de Jorge III de Gran Bretaña, o en su defecto, uno de la dinastía reinante de la Gran Bretaña pase a coronarse Emperador del Perú.  En este último caso darán la preferencia al Duque de Sussex, con la prcia condición de  que el nuevo jefe de estas monarquías limitadas abrace la religión católica, debiendo aceptar y jurar al tiempo de su recibimiento la Constitución que le diesen los representantes de la Nación;  permitiéndole venir acompañado a lo sumo, de una guardia que no pase de trescientos hombres.  Si lo anterior no tuviese efecto, podrá aceptarse algunas de las ramas colaterales de Alemania, con tal de que estuviera sostenida por el Gobierno británico; o uno de los príncipes de la casa de Austria, con las mismas condiciones y requisitos.

  2. En caso que los comisionados encuentren obstáculos insuperables por parte del Gabinete británico, se dirigirán al Emperador de la Rusia como el único poder que puede rivalizar con Inglaterra.  Para entonces están autorizados los enviados para aceptar un Príncipe de aquella dinastía o algún otro a quien el Emperador asegure su protección.

  3. En defecto de la Casa de Brunswick, Austria o Rusia, aceptarán los enviados a algunos de Francia o Portugal; y, en último recurso, podrán admitir de la Casa de España al duque de Luca, sujetándose en un todo a las condiciones expresadas, y no podrán de ningún modo venir acompañado de mayor fuerza armada.

  4. Quedan facultados lo enviados para conocer ciertas ventajas al Gobierno que más nos proteja y podrán proceder en grande para asegurar al Perú una fuerte protección y para promover su felicidad. Y para constancia lo firmaron en la sala de sesiones del Consejo, a 24 de diciembre de 1821, en la heroica y esforzada ciudad de los libres.  "José de San Marín - el conde del Valle de Oselle - el conde de la Vega de Ren - Francisco Javier Moreno - Francisco Javier de Echague - el marqués de Torre Tagle - Hipólito de Unanue - el conde de Toro Velarde - el ministro interino de Gobierno, Bernardo Monteagudo" (31).

Este monarquismo de José de San Martín no obedece a la creencia en el derecho divino de los reyes ni a apreciaciones de carácter dinástico, sino al convencimiento de que la monarquía constitucional era una fórmula adecuada para evitar la entronización de la anarquía en la América española.  Asimismo, considera que el instaurar monarquías autónomas en los antiguos reinos indiano-hispánicos sería un antídoto contra su posible disgregación causada por el incremento de los sentimientos localistas.

Por otra parte, la creación de estas nuevas monarquías facilitaría el reconocimiento de la Independencia de América hispana por parte del Viejo Mundo.  Máxime si los ocupantes de los tronos de los noveles Estados pertenecían a las casas reinantes de Europa (32).

La empresa de consolidar la independencia del Perú mediante la implantación de una monarquía constitucional bajo el cetro de un príncipe europeo concluyó en un absoluto fracaso.  San Martín debió marchar al exilio en el viejo continente.  Desde allí observó desalentado cómo la Argentina se desangraba en medio de los conflictos entre unitarios y federales (33).   Subsistió, modestamente, gracias a la protección del banquero Aguado, uno de sus antiguos compañeros de armas, y los sueldos que el pagaban las repúblicas que su espada ayudó a emancipar del imperio Hispánico (34).

De José de San Martín quedó el legado de una fuerza armada profesional, disciplinada, consagrada a su rol de salvaguardia de la  patria.  Asimismo, el ejemplo de su voluntad realizadora, capaz de sobreponerse a todas las dificultades.  Pero sus concepciones políticas no lograron arraigar entre los americanos; su patria, Argentina, vivió aciagos días de pugnas fratricidas; el Perú, tras el colapso del Protectorado sanmartiniano, cayó bajo la influencia de varios caudillos rivales y sufrió un largo período de caótica inestabilidad.

A través del estudio hecho en nuestro trabajo: "El Pensamiento Político del Libertador; Perspectiva y Vigencia" (35), resumimos los principales aspectos del pensamiento e inquietudes políticas del Padre de la Patria, don Bernardo O'Higgins Riquelme:

  1. Una República autoritaria, dotada de un Poder Ejecutivo fuerte, de carácter castrense, que gobierne con un sentido educador y teniendo como meta el desarrollo en constante progreso;

  2. La existencia de un Ejército y Marina eficaces, capaces de garantizar la soberanía nacional y la libertad;

  3. La preservación de las fronteras fijadas al antiguo Reino de Chile, procurando la integración de sus habitantes y su sometimiento a la ley nacional;
    Promover una expansión ultramarina a través del Pacífico, adquiriendo nuevos territorios y mercados para nuestros productos;

  4. Una democracia social, donde no existiesen clases ni grupos privilegiados, pero reduciendo la participación política a la parte más ilustrada de la población;

  5. Traer a nuestras costas una importante inmigración extranjera que contribuya a promover el desarrollo económico explotando las riquezas intactas;

  6. La Iglesia debe cumplir un importante rol social, pero está conminada a respetar los derechos concedidos al Estado en el Patronato y adherir a la organización política vigente en Chile;

  7. Progresismo, labor educadora del Estado, la que tendría por misión cambiar favorablemente los hábitos y mentalidad del pueblo.
     

El Libertador tuvo ocasión de presenciar la entrada triunfante del Ejército restaurador a Lima, bajo la conducción del general Manuel Bulnes Prieto y contemplar a Chile convertido en la primera potencia de la América española.  Los conductores de la denominada República Autoritaria llevarían a cabo la mayor parte de las iniciativas preconizadas por el Padre de la Patria, quien al morir, cuando se aprestaba a regresar a ésta, exclamó: "¡Magallanes!, como si pasare revista a la geografía de un Chile, ejemplo del continente.
 

(*) Profesor Asociado en el Departamento de Ciencias Históricas y Sociales de la Facultad de Educación, Humanidades y Arte de la Universidad de Concepción. Estudio publicado por la "Revista Libertador O'Higgins", Año IX / Nº9, páginas 61 - 71, Instituto O'Higginiano de Chile, Santiago de Chile, 1992.
 

(1) Por ejemplo, en las guerras de la Independencia de Chile, el mayor contingente peninsular en los ejércitos realistas lo tuvo el mandado por el brigadier Mariano Osorio en Maipú.  De un total de más de 5.000 hombres, menos de 2.000 eran españoles europeos.  Estos constituían los regimientos Infante don Carlos e Infantes de Burgos.
(2) Si bien, tal como ha demostrado, entre otros, Néstor Meza Villalobos, existía en le período monárquico una rica vida política e inquietudes cívicas en el sector ilustrado de la sociedad chilena, ello no significaba un aporte, pues los hombres de la Independencia se esforzaron por erradicar toda reminiscencia del pasado hispánico.
(3) Al respecto, nos remitimos a nuestros trabajos: "El Pensamiento Político del Libertador: Perspectiva y Vigencia", Revista Libertador O'Higgins, Nº5, 1988, páginas 29-46;  y "O'Higgins y el Ordenamiento Constitucional de Chile", Revista Libertador O'Higgins, Nº6, 1989, páginas 15-33.
(4) El carácter de reinos asociados entre sí por el soberano común de las Indias Occidentales y la Metrópoli, junto a los demás dominios europeos de los Austria, ha quedado sobradamente demostrado por Ricardo Levene, Jaime Eyzaguirre, Fernando Campos Harriet y otros.
(5) Los dos pretendientes hacían valer su parentesco con la extinguida casa real hispana.  Carlos de Austria, al igual que ellos, descendía de "Felipe el Hermoso" (Felipe I de Castilla) y de "Juana la Loca" (hija de los Reyes Católicos); Felipe de Anjou apoyaba sus pretensiones en su relación familiar con Ana y María Teresa de Austria, reinas de Francia, esposas de Luis XIII y Luis XIV, respectivamente, cuya sangre llevaba.  Por otra parte, se alegaba que España no había cumplido diversas obligaciones derivadas del Contrato de Dote de María Teresa de Austria.
(6) Podemos hablar ya de "España", debido a que la labor centralizadora de los reyes de Austria, en especial Felipe II, ha ido limando las diferencias existentes entre los distintos reinos peninsulares.  En Indias Occidentales, por el contrario, debido a una serie de circunstancias:  Arribo de inmigración diferenciada, origen y calidades; mayor o menor empleo de mano de obra esclava africana; pacificación definitiva o guerra permanente, entre otras, acentuaban las diferencias existentes entre las diversas unidades políticas americanas del Imperio.
(7) El concepto de "equilibrio" postula la inexistencia en el área de ninguna potencia capaz de amenazar la independencia o integridad de las otras.  La posible unión de España y Francia:  "Ya no ha Pirineos, señor, somos una sola nación" (Marqués Castell dos Rius, embajador de España a Luis XIV, al proclamar a Felipe V) implicaba una notoria alteración del equilibrio europeo.
(8) Felipe V debió renunciar a todo posible derecho, para sí y de sus descendientes a la Corona francesa, en forma tal que nunca estos Estados estuviesen bajo un mismo cetro.  Asimismo, reconocer la legitimidad de la presencia británica, holandesa y francesa en América.  Además, efectuar diversas concesiones económicas a Gran Bretaña y Holanda en Indias Occidentales.
(9) Sobre esta temática, véase: Carlos Villanueva: La Monarquía en América.  Librería Paul Ollendorf.  París, Francia, 1911.
(10) Se consideraba que Carlos IV había caído en indignidad por haber abdicado la Corona en Napoleón, quien, a su vez, la traspasó a José Bonaparte.
(11) El presunto cautivo disfrutaba de un hermoso castillo y todo tipo de distracciones en Francia.
(12) Al respecto, véase: Carlos A. Villanueva: La Monarquía en América.  Librería Paul Ollendorf, París, Francia, 1911.
(13) Rufino Blanco-Fombona:  El Pensamiento Vivo de Bolívar.  Editorial Losada S.A. Buenos Aires, Argentina.
(14) Rufino Blanco-Fombona, obra citada, páginas 30-31.
(15) Carta a Guillermo White, 26 de mayo de 1820.
(16) Discursos y correspondencia del Libertador Simón Bolívar.
(17) Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819.
(18) Discursos y correspondencia del Libertador Simón Bolívar.
(19) Rufino Blanco-Fombona, Obra citada, página 11.
(20) Rufino Blanco-Fombona, obra citada páginas 46-47.
(21) Se refiere a las repúblicas "bolivarianas", en las cuales este prócer actuó.
(22) Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819.
(23) Id. anterior
(24) Id. anterior.
(25) Id. anterior.
(26) Rufino Blanco-Fombona, obra citada, página 50.
(27) Mario Barros van Buren, Historia Diplomática de Chile, 1541-1938. Editorial Ariel.  Barcelona, 1970, página 83 -84.
(28) Alude aquí a Carrera y sus amigos; cabe destacar que aún subsistía "la Patria Vieja".
(29) Carta a Rodríguez Peña, 22 de abril de 1814.
(30) Francisco Antonio Encina Armanet, Historia de Chile, tomo Nº15, página 176.  Ediciones Ercilla, Santiago, 1984.
(31) Francisco Antonio Encina Armanet, obra citada, tomo 15, páginas 197-198.
(32) José de San Martín postulaba que las coronas de los reinos hispanoamericanos fuesen ejercitadas por príncipes europeos, a diferencia de otros, como Francisco de Miranda, que favorecían a pretendientes incásicos o autóctonos.  Estimaba que reyes originarios de América no serían respetados y no favorecerían el reconocimiento de la Independencia de América por parte da las monarquías europeas.
(33) San Martín, coincidiendo con Bolívar y O'Higgins en ello, siempre rechazó el federalismo, al que consideraba causal de anarquía.  Asimismo, constantemente rehusó participar en las pugnas civiles entre americanos.
(34) Entre otras, Chile, lo que fue muy apreciado por el prócer.
(35) Revista Libertador O'Higgins, Nº 5, 1988, páginas 29-46.


 Texto tomado integramente del WebSite de: Patricio Latapiat Hormazábal
A su WebSite llegas por:
http://www.civila.com/chile/archivos

Vuelve al inicio

© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004