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CURAÇAO
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Por: Jorge Mier Hoffman |
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Introducción del Web Master: |
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A mediados de febrero del 2005, un anuncio conmociona la opinión pública venezolana y de otras naciones sudamericanas, con el anuncio de un Portaaviones estadounidense anclado en la isla de Curazao, a tan sólo 60 kilómetros de las costas del Estado Falcón… La nave con su poderoso cargamento militar de aviones F16, F17, carga misilística, helicópteros apache, lanchas de desembarco y más de 2000 infantes de marina, evidencian la estrategia del Pentágono, de desplegar sus instalaciones militares en el mundo para aumentan su rapidez de actuación en los teatros de operaciones más sensibles a los intereses norteamericanos… El análisis de los emplazamientos, en opinión del Coronel retirado del US Army, Daniel Smith, muestra que los escenarios son las zonas de producción y transporte de petróleo. Las fuerzas estadounidenses tienen como misión priorizada garantizar el suministro energético de la economía norteamericana, la cual se encuentra amenazada en su suministro, por la diatriba política del presidente George W. Bush en contra del presidente Hugo Rafael Chávez Frías y su revolución bolivariana, hoy aclamada por Cuba, Venezuela, Brasil, Argentina y Uruguay, pero que amenaza al imperialismo neoliberal en extenderse a otras regiones del mundo… |
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Este espectacular y global despliegue militar se ve fortalecido y potenciado por dos aspectos esenciales: la capacidad de ubicuidad de las tropas norteamericanas y el apoyo logístico a través de los grandes portaviones, sin olvidar la capacidad de vigilancia global de la red de satélites controlados por los Estados Unidos y la red de espionaje de la CIA… Es decir, presencia física y tecnológica, con tropas, armamento, portaviones, y satélites; pero sobre todo, con capacidad de acción bélica en cualquier parte del globo.
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| ¿..Qué pretende el imperialismo..? | ||||||
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Sencillamente garantizarse las fuentes energéticas venezolanas… Geoenergéticamente hablando, Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo pesado, extra pesado y gas natural, que demanda el parque industrial del planeta... Venezuela es además el principal productor de petróleo del continente americano, el quinto del mundo, y tradicionalmente ha sido un proveedor seguro y estable para los Estados Unidos de Norteamérica… Posee además el 50% de las reservas probadas de crudo del continente americano y el 20% del mundo; además del 30% de las reservas de gas del continente, como una gran potencial de hidrocarburos que los estadounidenses necesitan controlar por motivos de seguridad energética nacional… Pero sobre todo, Venezuela ejerce el liderazgo en materia energética del planeta, desde que un venezolano, Juan Pablo Pérez Alfonso, propuso en 1960 la creación de la organización más poderosa del mundo: la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, con la integración de Arabia Saudí, Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irak, Irán, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar y Venezuela. |
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Estos son motivos más que suficiente, para que la arrogancia del imperialismo amenace a Venezuela… pero esta vez… desde una isla, que por tradición histórica y cultural, es la reminiscencia de la Revolución Bolivariana: CURAÇAO..! Al respecto de la
presencia militar en la isla de Curazao, es importante recordar el
comunicado, que desde Willemstad, emitieron los voceros oficiales de la
isla: Pero mucho antes,
por parte de Curazao, cuando le abrió sus puertas a la Revolución
Bolivariana… |
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ESTA ES LA HISTORIA |
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El acucioso historiador bolivariano, el curazoleño Jhon de Pool, a manera novelesca, nos cuenta la epopeya de Simón Bolívar en Curazao, en momentos en que cae la Primera República tras al pérdida de Puerto Cabello a cargo de Simón Bolívar, la capitulación de Francisco de Miranda a favor del realista Monteverde, la tragedia de Bolívar al conocer las desventura del Precursor, y la captura de Miranda a manos de Bolívar y otros oficiales, en momentos en que el Generalísimo pretendía huir hacia Londres, acto que se convirtió en un desagravio que, irónicamente, le permitió al futuro Libertador obtener el pasaporte y el salvoconducto, por parte de los españoles, para salir de La Guaira rumbo a Curazao. |
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El Aguazal de Punda estaba atestado de gente… Eran como las siete de la mañana y estaba a la vista del puerto de Willemstad de Curazao, una vela que venía de la Guaira… La caída de Puerto Cabello y la prisión de Miranda, que se consideraban como el final de la revolución de Caracas, eran los tópicos de diaria discusión en la isla… El anuncio, pues, de que estaba próximo a tomar puerto una embarcación de Venezuela, llevó a esa calle-muelle, además de los comerciantes que matinalmente se reunían en ese lugar, los borrachos que amanecían en las puertas de las tabernas, los marinos que salían y volvían de sus buques, a toda esa tuba de curiosos que sin finalidad ninguna, acudían a cualquier lugar donde hubiese algo que curiosear y a los venezolanos refugiados en Curazao, que esperaban ansiosos el desarrollo de los acontecimientos de su tierra. |
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Es la “Jesús, María y José”, dijo alguien, y todos reconocieron al instante la pequeña vela que apenas se distinguía sobre el horizonte, al sur del puerto… Coincidía con la entrada de la goleta, la llegada de un señor ya entrado en años, aunque no viejo, que con su andar de cierta gravedad, doblaba la esquina de la casa que albergaba la sociedad “De Gezelligheid”… Evidentemente este caballero pertenecía a la alta clase social de la isla. Vestía con elegante pulcritud de caballero de la época, pantalón blanco apretado, chaleco grande de igual color y una levita de color tabaco oscuro, de doble pechera, aunque abierta, mostrando gruesa leontina de oro que pendía de uno de los bolsillos del chaleco, en el cual se podía adivinar grande el reloj, lo mejor y más adelantado de acreditada fábrica de Suiza. Cubría su cabeza, finísimo Panamá de amplias alas, y llevaba en la mano bastón de madera negra – ébano, tal vez – con lujoso puño de oro… Se dirigió el recién llegado al grupo de venezolanos que se habían reunido en el muelle, los cuales al reconocerle, también se dirigieron hacia él, saludándoles todos con señales manifiestas de respeto y cariño…
Quién se dirigía al grupo de venezolanos era el Dr. Mordechay Ricardo, abogado muy apreciado por el gobierno inglés de Curazao. Uno de los hombres más acaudalado de la isla y figura prominente, no solamente entre el gremio hebreo, sino en los círculos sociales de la isla… Felizmente la embarcación arribó tras su corta travesía desde el puerto de La Guaira… De la goleta bajaron los venezolanos exilados por la persecución del gobierno de Monteverde: José Félix Ribas, Manuel Díaz, Piñango, Francisco Ribas, Vicente Tejera y Simón Bolívar, entre otros desventurados que huyeron de la persecución de Monteverde y sus secuaces, quienes violaron el acuerdo de Capitulación que firmó Francisco de Miranda… De inmediato Ricardo se aproxima a José Félix Ribas para presentar sus saludos; y tan pronto fue divisado por los venezolanos en tierra, exclamaron:
Tres agentes del gobierno inglés, tiesos, estirados y parsimoniosos, llegaron al muelle, subieron a bordo, bajaron a los dormitorios de la goleta… apenas unos pocos pasajeros fueron llamados por los agentes… Al rato volvieron a bajar a tierra los ingleses, quedando uno de guardia a bordo… El joven pálido y delgado Bolívar, se acercó a la borda para hablar con los de tierra… Su cara traía trazas de gran sufrimiento y sus ojos hundidos, revelaban que había sufrido un gran mareo durante la travesía… Ribas se dirige al Ricardo:
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El Dr. Ricardo ubicó a los venezolanos en una curiosa edificación de mampostería de tres plantas conocida como Pleizierhuis (quinta de recreo) en el cerro Motete; una pequeña elevación a la orillas del canal en el barrio Otrabanda, que ofrecía una espectacular vista de toda la isla y aún más allá, donde se podía divisar las costas de Falcón en un día claro… La casa que cobijaría a los venezolanos no era cómoda, pero el sitio era tranquilo, pintoresco y fresco, propio para la contemplación y el recogimiento… Al día siguiente, echas las gestiones ante el Gobernador de la isla para lograr que le devolvieran lo incautado a Bolívar, Ricardo le respondió:
a lo que Bolívar gritó de manera airada:
gritaba airadamente Bolívar sin poder contener su rabia - Pero aún así continuó el Dr. Ricardo
respondió Bolívar… y luego de un momento de reflexión cuando el joven se calmó por la injusticia cometida por el gobierno inglés, Ricardo los reconfortó con palabras de aliento:
Una buena mañana llegaron a la isla las dos hermanas de Bolívar: María Antonia y Juana Neponucena… De inmediato fueron hospedadas por Ricardo en una peculiar edificación conocida como el Octagón, en la calle Pen a orillas del mar. |
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Pasado el primer momento de la alegría por el recibimiento y la felicidad por haber huido del despiadado gobierno de Monteverde, vino luego la preocupación del tener que proveer los medios de vida para ellas. Aunque no llegaron escasos y se manejaron de manera que lo que traían no corriera la misma suerte que los de su hermano, allí estaba el Dr. Ricardo, que asumió la dirección del bienestar de los recién llegados, y que junto a los otros venezolanos exiliados, fueron acogidos con cariño y hospitalidad por los residentes de la isla de Curazao. Durante los meses siguientes Bolívar era saludado cariñosamente por los humildes habitantes, quienes les llamaban “General”, cuando caminaba desde el barrio de Otrabanda hasta Punda, en casi una milla para visitar a sus hermanas… Se le recuerda con sus pantalones largos y estrechos, ya cortos con medias de seda; ya corto saco militar con botones de metal, ya saco de color chocolate oscuro, y no faltó oportunidad en que usara traje de lujo, con camisa blanca de bordadas mangas, cuello y chaleco del mismo color… Usaba sombrero de paja, especie de Panamá, de anchas alas y gruesa cinta negra. A veces usaba corbata que rodeaba el cuello, gran pañuelo de seda en la garganta. Siempre llevaba un pequeño fuete o bastoncito en la mano… Con esta indumentaria, Curazao se acostumbró a verlo diariamente atravesando sus calles. Estos paseos diarios vinieron a estrechar la amistad entre el joven impulsivo Bolívar y el flemático abogado Ricardo… Como necesariamente en sus visitas a sus hermanas, tenía que pasar aquél ante la casa de éste, cuando Ricardo, gozando de la sombra agradable de su terraza, leía sentado en su mecedora, al divisar al venezolano, salía a la puerta de la calle y o conversaban allí un rato o Bolívar entraba y se sentaba en la terraza, o los dos caminaban hasta el Octagón… Era cosa corriente ver a estas dos personas sentadas bajo las matas de uva de playa que abundan en estas costas, gozando de la sombra, que cual gigante quitasol, sus hojas en forma de abanico, arrojan al suelo. Un día llegó la noticia de la traslación del Generalísimo a España… Ricardo, hombre de profundo conocimiento del corazón humano, se convenció de que en el espíritu de Bolívar estaba arraigada la convicción de la culpabilidad del viejo Precursor… Ricardo aprovechó para abordar el tema de Miranda:
a lo que respondió Bolívar
a lo que Bolívar replicó
Sus palabras reflejaban la amargura de su exilio y la pérdida de la Primera República, a lo que Ricardo reflexionó:
Interrumpió Bolívar
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preguntó Bolívar
Ya el sol empezaba a dorar con el fuego de sus postreros rayos el perfil de las nubes, y el cielo tomaba un tinte violáceo, cuando pausadamente, sin hablar una palabra más, los dos personajes se dirigieron caminando hacia el centro de la ciudad. |
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Se cuenta que Ricardo no volvió a tocar el tema de Miranda, y que dejó que Bolívar hiciera a solas sus caminatas diarias hacia el Octagon… Era su intención, dejar que el venezolano meditara en la soledad de su infortunio… Se dice que Bolívar solía sentarse sobre una roca al pie de la casa de ocho lados, y mirar y mirar el infinito mar, como si buscara las respuestas a esa tormenta de ideas que cruzaban por su mente incansable… Hasta que un buen día visita a Ricardo:
gritan sus compañeros a coro… De inmediato Ribas se comunicó con su hermano Juancho para fletar una embarcación desde La Guaira que los llevaría a Cartagena, dejando a sus hermanas bajo la protección del eterno y entrañable amigo Ricardo. En el futuro, Curazao brindará asilo a los exilados de la revolución bolivariana, luego de la caída de la Segunda República, cuando el Libertador abandona su patria rumbo a Cartagena… pero luego, dos curazoleños serán determinantes en la consolidación de la República de Venezuela: Pedro Luis Brión, quien fue el primer Almirante de la Gran Colombia y Capitán General del Ejército Libertador, cuyos restos acompañan a los de Simón Bolívar en el Panteón Nacional; y Manuel Carlos Piar, quién logró la victoria en la batalla de San Félix, que aseguró la liberación de Angostura, desde donde Bolívar partió con su ejército para liberar cinco repúblicas… Los curazoleños: Brión y Piar, son los únicos dos extranjeros que figuran en el Monumento de la Independencia en el Paseo de Los Próceres en Caracas. |
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Por lo tanto, no es de extrañar el contenido del comunicado que desde Willemstad emitieron los voceros oficiales de la isla de Curazao, ante la presencia de un portaaviones estadounidense amenazando la soberanía del Caribe:
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Por: Jorge Mier Hoffman |
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