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Abogado y político irlandés, n. en Carhem el 6 ag. 1775. Procedía
de una familia católica que vivía en el condado de Karry desde las confiscaciones de Cromwell. En
un ambiente patriarcal y en medio de las más auténticas y antiguas tradiciones pasó sus primeros
años, durante los cuales asistió a una escuela católica. Continuó su instrucción
en Francia, en el colegio de Sait-Omer de Douai. Abandonó este centro en 1792, en plena Revolución
francesa. Tales sucesos dejaron en su espíritu una impresión muy viva, y un terror a la violencia
que condicionó su actuación política. Siguió la carrera de Leyes en el Colegio de Abogados
de Inglaterra y allí concibió sus ideas contra aquéllas. «Las naciones - decía
en sus últimos años- no tienen la menor idea de legislación, pero Inglaterra menos que ninguna
otra». En 1798 hizo su primera defensa como abogado y en 1800 habló por primera vez ante una Asamblea
de tipo político, para tratar de la desgraciada unión de Irlanda e Inglaterra. Estas dos ocupaciones,
la forense y la política, absorbieron toda su actuación.
Su pensamiento es propio de un hombre del s. XVIII, unido a una profunda religiosidad. Acusa una tendencia cosmopolita,
exenta de nacionalismo. Confiesa su horror a la violencia; político nato, de voz tonante y don de organización,
supo atraerse al pueblo, sobre el que ejercía una visible influencia. Concibe la libertad en sentido británico,
considerando más importante la defensa de las libertades humanas, del hombre irlandés, que la independencia
de la nación irlandesa. Tres problemas reclaman su actuación: el régimen de la tierra, el
gobierno autónomo y la discriminación religiosa. Su actividad se orienta primero al problema religioso.
Contribuyó a la creación, en 1880, de una Comisión para la defensa de los intereses de los
católicos, la Asociación Católica. En ella se inscribieron todos los católicos, hasta
los más humildes, con la cuota anual de un chelín. Desde que se promulgó el Acta de Unión
( 1800), los irlandeses católicos habían quedado excluidos de las funciones públicas, y quienes
representaban a Irlanda eran los 64 diputados protestantes. Los irlandeses eran súbditos de segundo orden,
despreciados por «papistas», aunque pagaban su diezmo a la Iglesia anglicana. La existencia de funcionarios
especiales para Irlanda - secretario de Estado, virrey, lord canciller- hacen más manifiesto aún
el tratamiento casi colonial reservado a esta parte del reino. La Asociación fue disuelta, si bien logra
rehacerse mientras se inicia una lucha electoral.
En 1828, O. es elegido diputado por el condado de Clare, aunque era inelegible por su condición de católico.
Peel, enemigo de la emancipación, cede, convence a Wellington y éste al rey de la necesidad de reformas.
En abril de 1829 se votaba el bill de emancipación; se suprimían todas las trabas a los derechos
cívicos de los católicos, que sólo quedaban excluidos de los cargos de lord, canciller y virrey.
Para que los protestantes aceptaran tal decisión, fue necesario suprimir la Asociación Católica
y elevar la cuota del censo electoral; así se reducía el número de electores irlandeses.
O. entraba en el Parlamento en 1830, si bien la precedente medida disminuía sus posibilidades de acción.
Quería luchar con métodos pacíficos y constitucionales. Para liberar a Irlanda del opresivo
régimen inglés se pro- ponía resucitar el Parlamento Autóctono Irlandés. El
Repeal Association lo fundó para revocar el Acta de Unión. Convocaba al pueblo a reuniones al aire
libre, lo que le valió el sobrenombre de munster mastings, y en Tara, antigua capital de Irlanda, reunía
250.000 hombres que pasaron al millón en 1843 a orillas del Clontarf. Wellington impidió el mitin
con su artillería. O., temeroso de una lucha, mandó secundar los planes del ministro. Los partidarios
de la violencia se lo reprocharían, pero sobre todo demostraban un nuevo espíritu; habían
aparecido los «jóvenes irlandeses», exaltados nacionalistas que criticaban la obra de 0. por
considerarla excesivamente vinculada a la legalidad. Sobrepasado por el nuevo grupo, abandonó la política.
Con el deseo de conocer Italia emprendió un viaje por Roma y Génova; en esta ciudad murió
el 15 mayo 1847. Su cadáver fue trasladado a Dublín, donde recibió unas exequias casi reales.
Si no logró la autonomía de Irlanda, fue al menos el representante del torysmo reformador, sincero
y generoso que, fiel a sus principios, luchó por el bien de su patria. |