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Ensayo sobre
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Por: Teodoro Corona Chuecos 1.985 |
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Un venezolano integérrimo.
Hace 114 años muere en Caracas Don Cecilio Acosta y nace para la inmortalidad, reservada a pocos hombres, este paladín del derecho, de la pureza personal, de las letras americanas, de la dignidad ante el grosero déspota y sobre todo inmensa alma cristiana. "La muerte es un viaje como otro cualquiera. Muero cristiano.", habría dicho ante la presencia de Felipe Tejera, uno de los pocos que junto con José Martí, apóstol de Cuba, lo acompañaron en su lecho de muerte.
Muere a los 63 años dejando tras de si una obra literaria esplendorosa, un pensamiento político transparente y la enseñanza de esclarecido hombre de leyes.
Cursado insigne de nuestra lengua, merece el rango de individuo de número de la Real Academia Española, y nos recuerda Felipe Tejera, que a esa distinción se sumaron las de idénticas jerarquías otorgadas por la “de Bellas Artes de Chile y la colombiana Delegado del Congreso Internacional de Americanistas y Oficial de la Academia de Francia."
"En la Venezuela de nuestros días, Cecilio Acosta tienen mucho que hacer y mucho que enseñar."
En política bastaría citar sus palabra ante el presidente José Tadeo Monagas para percibir cuan noble le parecía este oficio de servicio público: " Yo hablo de la situación y no de los hombres, del porvenir y no del pasado, velo: en política, quien no olvida, no vence, quien no perdona, no triunfa. Flojos ya y sin fuerza los resortes de los partidos, amellados los filos de los odios, sin crédito los apellidos de bando, diezmadas las poblaciones por la guerra, cansados los ánimos, yo no veo más que un pensamiento común: el pensamiento de la paz."
Mientras otros, intelectuales también, sacaban provecho económico haciendo de cortesanos para el mandatario de turno, Acosta continuará irreducible en su posición de hombre ajeno al besamanos.
Cuanta razón asiste a Manuel Alfredo Rodríguez, cuando dice que Cecilio Acosta "... tiene mucho que hacer y mucho que enseñar" en la Venezuela de nuestros días. Cuanta diferencia, entre aquel preclaro hombre y algunos políticos de hoy, que se arrastran ante el poder dominante y sacian el hambre de riquezas a costa del erario público, y envilecen sus ideales, doctrinas e ideologías, ofreciéndolas al mejor postor. La dignidad, aquella enseña inmortal en el alma y pensamiento de Acosta, es hoy de menor valor que el fardo donde el noble campesino entrega el sudor de su trabajo. Sí, es mucho lo que tenemos que aprender de aquel, nuestro hombre, que se entregó a la miseria terrenal para entrar al glorioso campo de la inmortalidad, limpio su corazón por el deber cumplido y la piadosa alma purificada por el sacrificio, la caridad y la humildad.
Cecilio Acosta era también un rendido de la filosofía, a la que consideraba gloria imperecedera de la especie humana y el mejor ornamento de la inteligencia.
Bastaría oírlo hablar sobre el concepto de la asociación del hombre y su indeleble marco social, para darnos cuenta de su avanzado pensamiento. "No es menester, decía, mucho esfuerzo de raciocinio para llegar a convencerse de que estos tres elementos... a saber: el derecho, la religión y la filosofía, y que pudiéramos llamar los tres elementos de la razón, son tres grandes ideas destinadas a regir la sociedad... Con los tres elementos de la razón, dominando, la sociedad marcha prospera."
Se empeña Cecilio Acosta en demostrarnos esta verdad que es axiomática y sobre la cual algunos se revelan adoptando posiciones antisociales reñidas con la esencia misma del hombre. Al respecto nos dicta toda una cátedra, cuando afirma: "Quitad el derecho, y veréis bien pronto confundidos los dominios, amenazada la propiedad, invadida la posesión, talados los campos, aportilladas las suertes, saqueadas las trojes, incendiadas las mieses, quitadlo, y el robo se derramará como plaga de langostas por heredades, graneros, campos, chozas, cortijos; quitadlo, y las artes huirán de sus talleres espantadas, y el comercio no irá ya más a las ferias y mercados, ni la agricultura a recoger como antes doradas espigas en la era. Quitad la religión, pero volved pronto la vista hacia otra parte, y no veáis la sociedad... No..., porque es un caos. Quitad por último la filosofía, pero id después a buscar al hombre en la espesura de los bosques, allí con las fieras, cuyos instintos tiene, cuya vida busca y apetece" Nos impone, de esta manera, sobre lo que es la inteligencia del hombre que deberá salir airosa ante la fuerza bruta y en contra de la apetencia animal que lucha en el interior humano para hacer de este su esclavo Así piensa nuestro adusto maestro ante las mentes apolilladas y definitivamente sumergidas en la negra noche de la humanidad, perfilada por aquella edad media de trogloditas, ..."donde todo volvió al estado caótico".
Piensa también en el comercio entre las naciones americanas y propone adelantándose a la idea moderna de MERCOSUR que tengan un sistema fiscal uniforme, " a fin de que sean para Europa un mercado sin recelo." Desde su propio Chimborazo, atalaya inspirador y creativo, cultiva el sueno de la libertad económica, y se antepone a los siglos para dejar esa clarinada que despertara ia unión a través de la integración económica. Desde allí adelanta lo que muchos anos más tarde sería la ALALC , EL PACTO SUB REGIONAL ANDINO, EL GRUPO DE LOS TRES y el propio PARLAMENTO LATINOAMERICANO.
Sin duda que estamos en presencia de un visionario, de un adelantado en su tiempo. Por este "atrevimiento" y otros de mayor o menos significación, fue señalado de utópico, quizás con este epíteto quisieron mancillar su nombre o tildarlo de un simple idealista o soñador, pero, no sabían, no podían comprender que estaban frente a un hombre dotado de una inteligencia inconmensurable y de un espíritu imbatible. No comprendieron jamás su profundo amor por el pueblo, a cuyo lado permaneció y se integró sin desprecio.
En un hermoso y poético artículo titulado "Elogio de Cecilio Acosta", escrito por aquel también ungido por la historia como apóstol de su pueblo, José Martí, publicado en el número dos y último de la "Revista Venezolana", el día 15 de julio de 1.881, nos dice de su amigo y colega: " El, que pensaba como profeta, amaba como mujer. Quien se da a los hombres, es devorado por ellos, y él se dio entero; pero, es la ley maravillosa de la naturaleza que sólo esté completo el que se da; y no se empieza a poseer la vida hasta que no vaciamos sin reparo y sin tasa en bien de los demás la nuestra... Cuando tenía que dar, lo daba todo: y cuando nada ya tenía, daba amor y libros." De esta entrega sabía hasta la saciedad, quien más tarde sería el Libertador de Cuba.
Cecilio Acosta, hombre nacido para servir a la libertad, habla de ella con ansiedad y pasión, a la vez que se muestra ante sus contemporáneos como alumno de Montesquieu y Rousseau, de quienes dijo haber aprendido sus ideas políticas.
La libertad, lo sabe es intrínseca al hombre, pero alerta, así mismo, sobre el libertinaje, "... el abuso de toda libertad es la muerte de ella misma," dice en su análisis sobre " La libertad de imprenta" (publicado en El Centinela de la Patria, 1.846), " ...para qué se ha inventado la imprenta sino para ilustrar, y no para revolver,... enseñar la virtud y no para predicar el vicio." Y siendo más incisivo se interroga "¿... qué haría la voluntad por sí sola? ", para responderse pedagógicamente: " Se lanzaría al robo, al asesinato, a la expropiación, a la confusión de los demonios, al crimen, y haría muy en breve del hombre una fiera y de la sociedad un caos..." Conoce que el ejercicio de la libertad requiere estar cimentado en la instrucción elemental; que el pueblo debe conocerla, amarla y respetarla, hacerla suya como el pan de cada día, y así llegar a sus destinos.
Como Bolivariano que es, no olvida lo expresado por el Libertador ante el Congreso de Angostura: " La libertad indefinida, la Democracia absoluta, son los escollos a donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas" Por eso insiste en la educación cívica y la instrucción académica de los pobladores de aquella Venezuela que. “es un país pobre,... con artes por aprender..."
Pienso que en política social y económica, el arte del saber definir es eje donde gira la libertad. Ella requiere de moldes, de paradigmas, de leyes, de hombres justos y cultivados, y ciudadanos capaces de discernir ante las situaciones remolineadas de las naciones. La libertad, bien definida, no es gratuita; nos exige sacrificios, respeto, apego a la Constitución y a las leyes; amor hacia nuestros semejantes, ser, en síntesis, ciudadanos de bien dedicados al trabajo creador, tenido éste como la única fuente de superación, claro que hoy es mucho lo que tiene que enseñarnos Cecilio Acosta. Nos corresponde a nosotros aprender de su esclarecido pensamiento. Lastima que no tengamos la fe puesta en este manantial que nos riega el aprendizaje, y, por lo contrario, lo tengamos olvidado, sujetado a un pilar olvidado de nuestra historia, desterrado, diría yo, en un exilio sin retorno.
Ojalá muchos de nuestros conciudadanos, hoy en función gerencial, tanto pública como privada, puedan picotear el "suelo que al lado de su casita blanca" nos legara para beneficio de todo su pueblo. Ojalá buscáramos, afanosamente, en las entrelineas de su discurso, el anhelo por ver a su Venezuela anchurosa, despierta, y brillando ante el mundo por nuestra unidad en la pluralidad y la pluralidad en la unidad. " Trabajemos de consumo por unirnos -exclama-, y para ello por borrar y olvidar denominaciones desacreditadas que no debieran figurar ya, porque son despojos de tumba. No mintamos odios que tenemos en los labios sin tenerlos en el corazón y acordémonos que somos venezolanos, hijos de la tierra dotada de la índole más dulce que tiene el globo."
Con este corto recorrido a través de la personalidad y obra de Cecilio Acosta, no trato de homenajear al hombre, que bien se lo merece, busco ir más allá.
Quisiera, como él también lo hubiera querido, llegar hasta los oídos más sordos y hasta las conciencias más adormiladas y hacerlas despertar y escuchar el clamor del pueblo venezolano que ya cansado pide justicia. No ya la caridad cristiana que se muestra huidiza y recóndita. Los venezolanos estamos exigiendo justicia social..., ¡ya basta tan indiferencia!, ¡ya basta tanta demagogia!, ¡ya basta de democracia superflua y hueca!, ¡ya basta de indefiniciones!
Concientes estamos de la crisis y la sabemos producto del abandono y sumisión en brazos de la iniquidad y desidia, pero, esfuerzos habremos de hacer para superarla, siendo el camino del diálogo Ja mejor arma para deslastrarnos de los males que amenazan a las instituciones. Juzgamos que esta crisis como diría Arturo Uslar Pietri, es la de mayor magnitud, incluso más capital que la producida por la guerra de la independencia, pero si ella es grave, también es ardua e impostergable la búsqueda de soluciones.
Este conflicto se presenta y nos reta, no para evadirlo y negarlo como una gran pena, es, por lo contrario, medio para las relaciones firmes llevadas a cabo a través de la armonía.
"Las naciones, así como los individuos -escribe Acosta- tienen sus crisis; verdaderas épocas de transición y regeneración, no tiene nada de extraño el que los elementos viejos, que se arrancan para despedirse, y los nuevos que pugnan por entrar y colocarse, ocasiones violencias, trastornos, desazones de todo género."
Corresponde, pues, asumir la responsabilidad, porque ella es del que tiene el deber, y el deber del que tiene el encargo.
Forjar un rumbo común que se apoye en la visión plural, no sectaria, y reconstruir sobre las rumas, ya aplicado el tratamiento profiláctico, un pais para todos. Edificar también sobre nuevos horizontes para que la frescura de las generaciones presentes tengan también su encargo y su deber. Abrir el sistema democrático hacia la participación, pero, no sólo aquella que llama al pueblo al sufragio, sino la participación amplia de la sociedad civil, y fundando una nueva institución que puja por entrar: la opinión pública. A ella hay que oírla, respetarla y sopesarla. No olvidar jamás que la soberanía descansa en el pueblo, quien otorga su poder para que sea administrado con conciencia y madurez.
El país necesita que sea manejado científicamente, no pueden tener cabida en , la administración pública los aventureros y mal preparados, no se trata de crear una índole especial de tecnócratas, se requiere también, en ellos, la sensibilidad humana pues tendrán que manejar una nación de gentes y no de borregos.
Cuánto tendríamos que hurgar en el pensamiento de Cecilio Acosta para ver con claridad los acontecimientos que hoy nos alejan de la propia civilización. ¿No es acaso esta crisis que padecemos, el producto de habernos alejados de la práctica del derecho, o lo que es lo mismo, por hacer de los hombres que tienen en su manos la administración de justicia lacayos al servicio de particularidades y las bajas pasiones?
¿Podríamos afirmar, por otra parte, que nada tiene que ver la pérdida de la moral y la ética, con el olvido de nuestras responsabilidades cristianas-esperanza y caridad- y fe religiosa?
¿ No está la sociedad cada día más alejada del raciocinio, cuando permite que la hambruna asesine a millones de seres humanos, mientras unos pocos egoístas se bañan en la riqueza putrefacta y mal habida ?
Las lecciones que nos legara Cecilio Acosta nos habla con claridad sobre lo que él llamó la lucha de la trinidad espiritual y moral para destruir otra trinidad material, su antagonista, la cual es engendrada por la fuerza. Esto nos plantea la lucha contra los desafueros, contra la barbarie, contra la ignorancia, a quienes debemos oponer, la equidad, la caridad y la ciencia, que son el resultado respectivamente del derecho, la religión y la filosofía.
También la educación del pueblo fue uno de sus mayores anhelos, por esto fue maestro y profesor universitario. Esta pasión que lo acompañaría siempre y el amor inmenso que sentía por su Madre, Doña Margarita, quizás fue lo que le impidió casarse y dejar descendencia, pero, Acosta prefirió legarnos hijos distintos: sus letras, sus enseñanzas y sus virtudes morales, que hoy estoy recordando con placer y orgullo venezolano.
" La enseñanza, decía, debe ir de abajo para arriba, y no al revés como se usa entre nosotros, porque no llega a su fin, que es la difusión de las luces." Quien sí comprendió este mensaje y la " escuela-taller" fue el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, cuando emprendió la creación del INCE, pero, y a pesar de los buenos frutos de allí extraídos, no ha evolucionado mayormente por el afán de los partidos políticos que han convertido a este Instituto en un reducto de la excesiva burocracia que corroe a todos los organismos públicos.
El jurisconsulto se preocupa porque Venezuela sea dotada de los instrumentos legales, "leyes secundarias" -las llama- que complemente a la constitución para "poder vivir cónsone con la civilización". Es así como prepara una Reseña Histórica y Prospecto del Código Penal, materia que para él ocupa un lugar de preferencia
La dirección del país tiene que ser moderna, pues frente a las complicaciones creadas por el porvenir, debemos responder con políticas bien formuladas, cuidadosamente planificadas, con controles efectivos y revisiones, y evaluaciones que demarquen la toma de decisiones. Venezuela es nuestra mayor empresa y los venezolanos su capital insustituible. Sabemos que la tarea no es fácil, pero, ¿quién la quiere simple ?, si la podemos aderezar con el sudor de nuestra fatiga y teniendo a nuestro favor la índole más dulce que tiene el globo. |
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Por: Lic. Teodoro A. Corona Ch. Miembro del Centro de Estudios Políticos, Sociales y Económicos "Camino " 8 de julio de 1.985 Ensayo no publicado.
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APUNTES BIOGRÁFICOS |
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| Acosta, Cecilio | ||||||
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Escritor, periodista y humanista. Hijo de Ignacio Acosta y de Juana Margarita Revete Martínez.
Su nacimiento en el seno de una familia aldeana y en el ambiente bucólico que rodeaba a la Caracas de entonces ha permitido a los fervorosos intérpretes de Cecilio Acosta establecer el nexo entre el temperamento sosegado del intelectual y la poesía de tendencia horaciana de la que es un ejemplo antológico su poema La casita blanca.
De familia pobre, situación que caracteriza su vida estudiantil, profesional y pública, su primera formación estuvo a cargo del presbítero Mariano Fernández Fortique, posteriormente famoso como orador, escritor y prelado. Por la fecha de su nacimiento, Acosta pertenece con Juan Vicente González, Fermín Toro y Rafael María Baralt a la generación intelectual de la Independencia y la República. En busca de una mejor educación se traslada a Caracas.
Ingresa al Seminario Tridentino de Santa Rosa (1831) en donde inicia la carrera sacerdotal, el conocimiento de los clásicos, el dominio de la lengua latina y una serie de lecturas decisivas en la gestación de su pensamiento. Al abandonar los estudios eclesiásticos (1840), pasa a la Universidad Central de Venezuela para cursar filosofía y derecho. A las penalidades de la pobreza, se unen los constantes quebrantos de salud.
Con el título universitario no cambia su suerte económica de profesor y abogado pobre. En 1846 sale a la palestra dando a conocer en los periódicos La Época y El Federal sus reflexiones sobre la tensa realidad de un país dividido en bandos aparentemente irreconciliables. A partir de entonces y hasta su muerte, teje las líneas de un pensamiento humanista y liberal.
Sus temas son la industria, la propiedad, la inmigración, la electricidad, la imprenta, el vapor, el telégrafo, así como los trabajos de síntesis histórica y discernimiento jurídico cuyo eje es la meditación sobre el progreso y lo civilizado, así como el análisis de la instrucción que requiere Venezuela para alcanzarlos. Obtiene el título de abogado en 1848. Secretario de la Facultad de Humanidades de la UCV (1848), dicta las cátedras de Economía Política y de Legislación Universal Civil y Criminal (1853). Por su temperamento, formación y gustos estéticos vive apartado de la política. En 1856, publica uno de sus más celebrados ensayos sobre la educación: Cosas sabidas y cosas por saberse.
En 1857, sostiene una polémica con Ildefonso Riera Aguinagalde sobre la doctrina liberal. Asimismo, cristaliza su pensamiento estético, en particular, su meditación sobre la lengua castellana y los géneros literarios. Mantiene una nutrida correspondencia con notables de Latinoamérica, España y Venezuela. A la vez, ejerce un ascendiente moral sobre las nuevas generaciones. En los años de 1870, época guzmancista, aunque en la Universidad de Caracas soplan las tempestades doctrinales del positivismo y del determinismo, Acosta es un norte para los jóvenes y un puente entre la tradición humanista de Andrés Bello y las nuevas estéticas en ebullición. Así lo atestigua el afecto de Lisandro Alvarado, científico humanista y el homenaje que le rinde José Martí a su paso por Caracas (1881). Muere en la pobreza. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 5 de julio de 1937. Su obra queda dispersa hasta 1908 cuando se intenta una primera recopilación; pero es sólo a partir de 1940, cuando se procede a la divulgación de sus páginas por medio de varias antologías. En 1981 la Fundación La Casa de Bello preparó la edición de sus Obras completas |
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Por: O.R.O. |
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| Síntesis Biográfica tomado de: Historia de Venezuela, Fundación Polar. |
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