El episodio de Plativilca
    Introducción: Bolívar se encontraba en tierras del Perú, corría la segunda mitad de 1823; andaba muy mal de recursos; las tropas de la alianza argentino-peruano-chilena habían sido derrotadas por los realistas al mando de Canterac, el gobierno del Perú había enviado cuatro delegaciones a solicitarle la ayuda de Colombia; se retrazaba la autorización de la ayuda; habían luchas intestinas en Lima; Riva Agüero conspiraba con el Virrey; en el Congreso de Colombia se dedicaban a la politiquería;  Bonpland había sido preso en Paraguay... comienza 1824... y así las cosas...:

Tomado de:
EL LIBERTADOR
de Augusto Mijares

Viene...
    Por fin, tantas angustias y las penalidades sufridas en la campaña doblegaron su organismo.  Desde el principio de las operaciones en el norte no había querido volver a Lima, temeroso de agravar con su presencia las maquinaciones, rozamientos y maledicencias que tenían como centro aquella capital; ni lo tentaban tampoco los halagos que en ella pudiera recibir, y que quizá tendría que pagar afrontando nuevas calumnias.  Se creyó, sin embargo, obligado a regresar cuando ya no era posible de otra manera arbitrar los recursos que necesitaba; y en contraste una vez más con aquellas alturas donde se halaban sus cartas, tomó el desolado y ardiente camino de la costa, "formado por un desierto de arena de 500 leguas de longitud y cuya anchura varía desde siete hasta cincuenta millas"

    Nuevamente, ocurrió lo que era lógico de temer: al llegar a Plativilca, pueblecito situado a tres jornadas de Lima, cayó sin conocimiento y se le declaró una fiebre muy alta que le hacía delirar y él tomaba por ataques de demencia.

<<<"Es ---Explicaba a Santander--- una complicación de irritación interna y de reumatismo, de calentura y de un poco de mal de orina, de vómitos y dolor cólico.  Todo eso hace un conjunto que me ha tenido desesperado y me aflige todavía mucho.  Yo no puedo hacer un esfuerzo sin parecer infinito.  Ud. no me conocería porque estoy muy acabado y muy viejo; y en medio de una tormenta como ésta, represento la senectud.  Además, me suelen dar, de cuando en cuando, unos ataques de demencia aun cuando estoy bueno, que pierdo enteramente la razón, sin sufrir el más pequeño ataque de enfermedad y de dolor.  Este país con sus soroches en los páramos me renueva dichos ataques cuando los paso al atravesar las sierras.  Las costas son muy enfermizas y molestas porque es lo mismo que vivir el la Arabia Pétrea.">>>

    Sin embargo, a pesar de que en esa carta anunciaba su propósito de regresar a Bogotá, en cuanto pudiera poner a Sucre al frente del ejército, y se mostraba también dispuesto a abandonar también a Colombia y dejar el servicio público, apenas comenzó a reponerse recuperó su temple ordinario; volvió a aparecer en él el hombre que veía en aquellas pruebas su destino inevitable, su martirio y su gloria.

    Precisamente en aquellos días llegó a visitarle don Joaquín Mosquera, Ministro de Colombia ante los gobiernos de Perú, Chile y Buenos Aires y narraba después:  "...encontré al Libertador ya sin riesgo de muerte, pero tan flaco y extenuado que me causó su aspecto una muy acerba pena.  Estaba sentado en una pobre silla de vaqueta, recostado contra la pared de un pequeño huerto, atada la cabeza con un pañuelo blanco, y sus pantalones de jin que dejaban ver sus rodillas puntiagudas, sus piernas descarnadas, su voz hueca y débil y su semblante cadavérico.  Tuve que hacer un grande esfuerzo para no largar lágrimas y no dejarle ver mi pena y mi cuidado por su vida.

   "Usted recordará que en aquella época el ejército peruano, fuerte de seis mil hombres, se había disipado sin batirse; y que el ejército auxiliar de Chile nos había abandonado regresando a su país.  Todas estas consideraciones se me presentaron como una falange de males para acabar con la existencia del héroe medio muerto, y, con el corazón oprimido, temiendo la ruina de nuestro ejército Pregunté:

"---¿Y qué piensa usted hacer ahora?

"Entonces, avivando sus ojos huecos y en tono decidido, me contestó:

<<<"---¡Triunfar!".>>>

    En tal estado de miseria física había quedado el Libertador, que cuando quiso acompañar en trecho del camino a Mosquera, que se despedía, tuvo que tomar "Una mula mansa", y mientras aquél esperaba su equipaje en un lugar "a la entrada del desierto de Haarmei", Bolívar se acostó "sobre un capote de Barragán".

   Sin embargo, en aquella misma entrevista había expuesto a Mosquera el plan de campaña que realizaría: 

<<<"Tengo dadas las órdenes para levantar una fuerte caballería en Trujillo; he mandado a fabricar herraduras en Cuenca, Guayaquil y Trujillo; he ordenado tomar para el servicio militar todos los caballos buenos del país, y he embargado todos los alfalfales.  Luego que recupere mis fuerzas iré a Trujillo.  Si los españoles bajan de la cordillera, infaliblemente los derroto con la caballería; si no bajan, dentro de tres meses subiré la cordillera y los derrotaré".>>>

Y a Sucre le había escrito:

<<<"El cuadro es horroroso, pero no me espanta, porque estamos acostumbrados a ver muy de cerca fantasmas más horribles, que han desaparecido al acercarnos a ellos".>>>

Fin Capítulo XXIX

Parte del Capítulo: XXIX
"Triunfar"

EL LIBERTADOR
Augusto Mijares
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© Copyright Johannes W. de Wekker  abril, 2003