| El episodio de Plativilca |
Introducción: Bolívar se encontraba en tierras del Perú, corría la |
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Por fin, tantas angustias y las penalidades sufridas en la campaña
doblegaron su organismo. Desde el principio de las operaciones en
el norte no había querido volver a Lima, temeroso de agravar con su
presencia las maquinaciones, rozamientos y maledicencias que tenían como
centro aquella capital; ni lo tentaban tampoco los halagos que en ella
pudiera recibir, y que quizá tendría que pagar afrontando nuevas
calumnias. Se creyó, sin embargo, obligado a regresar cuando ya no
era posible de otra manera arbitrar los recursos que necesitaba; y en
contraste una vez más con aquellas alturas donde se halaban sus cartas,
tomó el desolado y ardiente camino de la costa, "formado por un desierto
de arena de 500 leguas de longitud y cuya anchura varía desde siete
hasta cincuenta millas" Nuevamente, ocurrió lo que era lógico de temer: al llegar a Plativilca, pueblecito situado a tres jornadas de Lima, cayó sin conocimiento y se le declaró una fiebre muy alta que le hacía delirar y él tomaba por ataques de demencia.
Sin embargo, a pesar de que en esa carta anunciaba su propósito de regresar a Bogotá, en cuanto pudiera poner a Sucre al frente del ejército, y se mostraba también dispuesto a abandonar también a Colombia y dejar el servicio público, apenas comenzó a reponerse recuperó su temple ordinario; volvió a aparecer en él el hombre que veía en aquellas pruebas su destino inevitable, su martirio y su gloria. Precisamente en aquellos días llegó a visitarle don Joaquín Mosquera, Ministro de Colombia ante los gobiernos de Perú, Chile y Buenos Aires y narraba después: "...encontré al Libertador ya sin riesgo de muerte, pero tan flaco y extenuado que me causó su aspecto una muy acerba pena. Estaba sentado en una pobre silla de vaqueta, recostado contra la pared de un pequeño huerto, atada la cabeza con un pañuelo blanco, y sus pantalones de jin que dejaban ver sus rodillas puntiagudas, sus piernas descarnadas, su voz hueca y débil y su semblante cadavérico. Tuve que hacer un grande esfuerzo para no largar lágrimas y no dejarle ver mi pena y mi cuidado por su vida. "Usted recordará que en aquella época el ejército peruano, fuerte de seis mil hombres, se había disipado sin batirse; y que el ejército auxiliar de Chile nos había abandonado regresando a su país. Todas estas consideraciones se me presentaron como una falange de males para acabar con la existencia del héroe medio muerto, y, con el corazón oprimido, temiendo la ruina de nuestro ejército Pregunté:
"Entonces, avivando sus ojos huecos y en tono decidido, me contestó:
En tal estado de miseria física había quedado el Libertador, que cuando quiso acompañar en trecho del camino a Mosquera, que se despedía, tuvo que tomar "Una mula mansa", y mientras aquél esperaba su equipaje en un lugar "a la entrada del desierto de Haarmei", Bolívar se acostó "sobre un capote de Barragán". Sin embargo, en aquella misma entrevista había expuesto a Mosquera el plan de campaña que realizaría:
Y a Sucre le había escrito:
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Fin Capítulo XXIX |
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Capítulo: XXIX "Triunfar" EL LIBERTADOR Augusto Mijares |
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