|
Durante los últimos años de su existencia, Simón Bolívar vivió
episodios tormentosos. Aunado a la disidencia creciente de muchos compañeros de armas, vilipendiado, desconocido
en su autoridad y proscrito por sus compatriotas, después de fallecido algunos sectores militares y políticos
lo continuaron odiando. Al pasar el tiempo la animadversión contra él amainó. Varias personalidades
venezolanas, interpretando su voluntad para traer los restos a Caracas, hicieron peticiones a las autoridades para
tal fin. En 1833, el general, José Antonio Páez, en su carácter de presidente de la República,
solicitó al Congreso Nacional decretar los honores a la memoria del Libertador. Luego, en 1834, el Dr. José
María Vargas pidió a la Diputación provincial el traslado de los restos a su ciudad natal.
Tampoco tuvo éxito. En 1838, su hermana María Antonia, hizo la petición en ese orden al general
Carlos Soublette, presidente para entonces de Venezuela. El hizo la solicitud al Congreso, la cual rechazó.
En 1840, sus hermanas María Antonia, Juana y su sobrino Fernando Bolívar, pidieron al gobierno de
Colombia la autorización para el traslado de los restos de Santa Marta hasta Caracas.
Pasadas estas vicisitudes, el 29 de abril de 1842 el Congreso de la República aprobó el decreto para
el traslado de los restos del Libertador a Caracas. El general José Antonio Páez fijó la fecha
del 17 de diciembre de ese año para celebrar el aniversario fúnebre en todo el país. El gobierno
neogranadino, presidido por el general Pedro Alcántara Herrán, decretó la exhumación
y honores de quien fuera su jefe. Por Venezuela fue nombrado presidente de la comisión el Dr. José
María Vargas.
Los actos de exhumación fueron
anunciados al pueblo samario el día domingo 20 de noviembre de 1842, a las 5 de la tarde, mediante tres
cañonazos consecutivos y el doblar de las campanas de la catedral. Estaban presentes el general Joaquín
Posada Gutiérrez, gobernador de Santa Marta y presidente de la comisión granadina encargada para
entregar los restos; el señor Joaquín de Mier y Benítez, propietario de la Quinta de San Pedro
Alejandrino; el Dr. José María Vargas, Mariano Ustáriz (hijo) y el general José María
Carrero, quien había perdido un brazo en la guerra, llevaba puestas las charreteras y bandas usadas por
Bolívar.
El 13 de diciembre la comitiva llegó al puerto de La Guaira. Tanto en este sitio como en Caracas se le rindieron
sendos homenajes póstumos. El 17 de diciembre, duodécimo aniversario de la muerte del Libertador,
fue saludado por un tronar de cañones, dando así comienzo al más hermoso y significativo homenaje
al líder indiscutible venezolano. La procesión partió de la capilla de la Trinidad, hasta
el templo de San Francisco. El féretro es conducido por las calles elegantemente adornadas. El carro fúnebre
es seguido por las autoridades respectivas, las delegaciones extranjeras, la tropa especialmente preparada para
la trascendental ceremonia y una gran cantidad de personas marchan en silencio al lado de los restos de tan preclaro
coterráneo. A las cinco de la tarde terminó el más precioso homenaje tributado a Bolívar.
Cinco días después sus restos fueron trasladados a la Iglesia Metropolitana, junto a los de sus padres
y esposa. Así se cumplió finalmente la última voluntad del Libertador.
|