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FERNANDO DELGADO
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SÍNTESIS BIOGRÁFICA DEL
GENERALÍSIMO
FRANCISCO
DE MIRANDA
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A LOS DOSCIENTOS CINCUENTA AÑOS
DE SU NACIMIENTO (1.750 - 2.000)
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28 de Marzo de 2.000
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PRESENTACIÓN
Después de los cientos de trabajos realizados sobre la biografía
de Miranda, algunos de ellos exquisitas muestras del arte histórico de biografiar, y aún cuando todavía
hay mucho que decir e investigar sobre nuestro personaje, sería pretencioso siquiera inaceptable para un
no especializado de competir con tan preciados autores quienes se han ocupado de él.
Lo que presentamos acá es producto de una admiración
afectiva que data de nuestra infancia, cuando jugábamos a la sombra de su estatua, en la placita del Panteón
Nacional y, sobre todo, cuando dentro del Panteón mismo, contemplábamos la desesperanza de su cenotafio.
De jóvenes leímos varias obras sobre Miranda, de los más diversos autores, muchas de ellas bastante
voluminosas, en la vieja sede de la Biblioteca Nacional.
La experiencia cotidiana nos ha enseñado en la madurez que los jóvenes
de hoy, merced al mundo que los rodea, son poco proclives a leer. Por eso creímos que haríamos una
valiosa cooperación al sintetizar lo que conocemos de nuestro personaje. Es, desde luego, un humilde homenaje,
hecho a la medida de su autor, quien no pretende hacer historia y mucho menos biografía, sino condensar
en pocas páginas toda una vida cargada de martirio, siempre orientada por la noble causa de la Libertad,
con la finalidad de orientar a las generaciones venideras en ese gran venezolano.
En la reciente celebración del XX aniversario del Parlamento Andino,
aquí en Caracas, (octubre de 1999) a pocos metros de la hermosa casa donde él viera la luz, destruida
y transformada en un edificio feo y mal oliente, todos los expositores nombraron a Bolívar como el adalid
de la Integración Latinoamericana, como en efecto lo es, pero el espíritu de Miranda aleteaba en
el auditórium y más aún, estaba allí, de pie, en el pabellón de tres repúblicas
que utilizan como su sagrado emblema la bandera que él diseñó y uno de los cuales se llama
Colombia, nombre bajo el cual que él cobijó a toda la América entonces española, antes
que pensador alguno.
Miranda es universal y debe ser reconocido como el Precursor no sólo de la Independencia sino de la Integración
de toda América Latina.
San Antonio de Los Altos, 29 de marzo de 2000
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Ilustración: Retrato de Miranda en la plenitud de su gloria,
al servicio de la República francesa, hecho por el autor de este trabajo, en 1964. La técnica usada
es pastel sobre papel. "... Mi mayor gloria es haber sido general de Francia." Expresión leída
por el Mariscal Pierre Koenig (1898-1970> en un discurso pronunciado en la Universidad de la Sorbonne el 14
de julio de 1.966, en el 150 aniversario de la muerte del Precursor de la Independencia y la integración
Económica de Latinoamérica
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INDICE
I: Infancia y Juventud
II: Melilla
III: Independencia de Estados Unidos
IV: Cuba
V: Nuevamente Estados Unidos
VI: Londres y Europa Oriental
VII: Rusia
VIII: De nuevo en Londres
IX: La República Francesa
X: Nuevamente Londres
XI: De nuevo Francia
XII: Otra vez Londres
XIII: Estados Unidos
XIV: El "Leander"
XV: La Bandera Tricolor
XVI: El 19 de abril de 1810
XVII: ¡Al fin Venezuela!
XVIII: La Capitulación de San Mateo
XIX: ¡Bochinche!
XX: ¿Vuelta a la Patria?
XXI: Bibliografía Recomendada
XXII: La Fundación Cultural "Los
Altos"
XXIII: El Autor
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I.- Infancia y juventud
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Cuando nació Sebastián Francisco de Miranda, el 28 de marzo de
1750, (hijo de Don Sebastián de Miranda y Ravelo, canario, llegado en su temprana juventud a Venezuela,
y Francisca Antonia Rodríguez Espinosa, caraqueña hija de caraqueños), su ciudad natal, estaba
muy lejos de ser una ciudad pequeña y tranquila medio aislada del mundo. En plena era colonial, la población
bullía dividida desde muchos puntos de vista, no sólo el racial, sino hasta por la procedencia. Así
entre los blancos los había peninsulares, blancos criollos y blancos "de orilla".

Los peninsulares eran los nativos de la península Ibérica, orgullosos y vanidosos que se creían
blancos puros nada más que por razones de ubicación geográfica, siendo la realidad que los
españoles eran y son un pueblo mestizo, crisol mezcla de muchísimas sangres decantado a lo largo
de no mucho tiempo. Eso sí, enemigos del trabajo. Los blancos criollos eran los hijos de los peninsulares
nacidos en nuestra América y aunque el régimen colonial no les permitía acceder a grandes
cargos políticos (que se reservaban para los peninsulares), eran ricos pues heredaron de sus padres el fruto
de la explotación inmisericorde de la riqueza de América y entre nosotros de la explotación
agrícola con los indígenas y los negros actuando como esclavos en el cultivo del cacao, café,
añil y otros productos. Como era de esperarse, tampoco los criollos eran afectos al trabajo, pues las herencias
de sus padres les libraba de tal necesidad. Es más, consideraban la riqueza proveniente del trabajo como
algo deshonroso, algo que necesitaban quienes no tenían estirpe. Los blancos "de orilla" eran
los canarios provenientes, como su nombre lo indica, del archipiélago africano de Las Canarias. Eran tratados
como gentes de segunda categoría y, por haber venido después de la dominación de nuestro país,
carecían de los "títulos nobiliarios" obtenidos durante la dominación de América,
por tanto, no tenían nada qué heredar, por lo que debían trabajar, lo que permitió
a muchos de ellos llegar a la abundancia.
Precisamente ese fue el caso de Don Sebastián, quien era un acaudalado comerciante, que por sus "servicios
al Rey" había recibido el título de Capitán de Milicias, más honorífico
que militar, pero una distinción al fin y al cabo. Esa riqueza le permitió a su hijo caraqueño
no poco del disfrute de sus viajes sin preocupaciones económicas, al menos en las primeras etapas de su
estancia en Europa.
El hecho de ser "blanco de orilla" no permitía abrigar esperanzas a los Miranda sobre el futuro
de Francisco en Venezuela. Así, en 1771, partió para España, entrado, irónicamente,
por el puerto de Cádiz, donde le esperaba un corresponsal cliente de Don Sebastián quien proveyó
los gastos de estadía en España producto de las ganancias netas producidas por la exportación
de cacao. En marzo de ese año llegó a la ciudad de Madrid. Durante todo ese tiempo se dedicó
a cultivarse, a aprender francés y matemáticas y a recorrer palacios y museos. Pasó más
de un año en este proceso de asimilación de la "madre patria" y en noviembre de 1772 hizo
su primera solicitud de ingreso al ejército de España, con el título de Coronel y además
adquirió el título de Conde de Miranda (al menos pagó el precio). En esa época cambia
su nombre de Sebastián Francisco por el de Francisco a secas, pues un hermano menor del mismo nombre, Francisco
Antonio, había fallecido en Caracas.

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Imagen: Acta de bautismo de Sebastián Francisco, el 5 de abril
de 1.750, quien naciera el 28 de marzo de ese año
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II.- Melilla
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Don Sebastián, desde Caracas, contrató los servicios de un Cronista
de la Corte, quien hizo aparecer a los Miranda como descendientes de magníficos guerreros a los cuales debía
mucho España. Este impresionante documento, obra de la fantasía del cronista, más ocho mil
pesos, obraron el efecto esperado y Francisco obtuvo su adhesión al ejército español como
capitán de un batallón del Regimiento de Infantería de la Princesa (7 de diciembre de 1772).
Sin embargo el inquieto Capitán Miranda no estaba contento con su pequeño cargo y aprovechó
el reclutamiento de oficiales para servir en Melilla, fortaleza española ubicada entre Oran y Ceuta (actuales
Argelia y Marruecos), en el norte de África. La fortaleza fue sitiada por los árabes entre el 9 de
diciembre de 1774 y el 16 de marzo de 1775. Pese a que vio dura acción al punto que su mosquete (especie
de fusil) resultó perforado por tres balas enemigas y salvó milagrosamente la vida, sus superiores
no k consideraron digno de mérito especial alguno.
Decepcionado, formuló duros comentarios contra la estrategia española, lo cual va a iniciar su eterno
pleito contra España. Se dedicó a visitar fortalezas extrajeras y a trabar amistad con oficiales
extranjeros, sobre todo ingleses, lo cual le valió en 1777 su encarcelamiento por desacato, en Cádiz.
Mientras tanto, el joven militar aprendía a leer a los clásicos latinos y griegos en sus idiomas
e iba acrecentando una sólida cultura que será la base de su éxito en Europa.
Al año siguiente, 1778, un amigo de Miranda, Juan Manuel de Cagigal file designado Coronel del Regimiento
de la Princesa, quien al destacarlo con su amistad, hizo notoria la formación intelectual del joven venezolano
dentro del Regimiento. Pero, pronto Cagigal file reemplazado de su cargo y sustituido por el coronel Juan Roca,
hombre poco inteligente y envidioso, quien formuló una serie de cargos militares contra Miranda e incluso
lo hizo arrestar bajo la acusación de manejar en forma inconveniente los fondos asignados al regimiento
(1799). No obstante, al año siguiente sus superiores militares aprobaron las cuentas de Miranda, lo que
no le libró de la saña del su creciente número de enemigos españoles.

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III.- Independencia de Estados Unidos
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En 1780, la guerra de independencia de las trece colonias (Estados Unidos) contra
Inglaterra, obliga a España a dejarse arrastrar por Francia, que combatía del lado de los americanos.
Miranda se alista como voluntario y llega a Martinica entre unos diez mil soldados españoles, también
voluntarios. Esta vez había sido pasado al Regimiento de Aragón y designado edecán de su antiguo
amigo, el ahora general Cagigal. Protegidos por la flota francesa llegaron los españoles a La Habana y desde
allí partieron hacia Luisiana y Florida, donde vuelve a relucir, como en Melilla, el arrojo y el brillo
militar de Miranda en el asalto a Pensacola. Ello le valió el ascenso a Teniente Coronel concedido por su
superior el General Cagigal.
De regreso a Cuba, siempre bajo las órdenes de Cagigal, Gobernador de la isla, éste decide ayudar
un ataque de los estadounidenses contra la Bahamas (New Providence). Sitiada la ciudad, los ingleses se rinden
y Miranda es designado para recibir la capitulación y las Bahamas van a parar a manos de España.

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IV.- Cuba
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Mientras tanto, la saña española de la cual ya nunca se librará,
lo califica de pro británico. Y, en verdad, nuestro héroe ya se perfila como un hombre superior,
aficionado a la filosofía, a la teoría política a las artes y a las ciencias, por lo que aparecía
muy por encima de cualquier otro oficial español. Así, por ejemplo, durante su estadía en
Estados Unidos aprovechó para conocer y cultivar la amistad de los hombres más prominentes de la
revolución de ese país, Alexander Hamilton, John Knox, Thomas Paine y Thomas Jefferson, con quienes
mantendrá correspondencia el resto de su vida.
Le espera en Cuba un nuevo incidente con España: un oscuro negocio mezcla de espionaje y tráfico
de armas, a favor de la propia España, es tergiversado y denunciado por oficiales españoles de La
Habana, contra Cagigal y Miranda, mientras ambos están ausentes, en las Bahamas.
Para esa época, el futuro Mariscal de Francia no ha olvidado a su patria y mantiene contacto con los "mantuanos"
de Caracas, entre otros con el padre del Libertador, Don Juan Vicente Bolívar, con Martín de Tovar
y con el Marqués de Mixares, por quienes se entera de la situación económica de Venezuela
en manos de los vascos de la Guipuzcoana (que controlará el monopolio de las exportaciones de Venezuela
hasta 1784). Mientras, los espías españoles tratan de capturarlo en La Habana, lo que le obliga a
fugarse a Filadelfia (Estados Unidos), con la idea para pedir desde allí un salvo conducto al Rey de España
para hacerse presente en Madrid, "aclarar" su situación y demostrar su honestidad. Mientras tanto
viaja y estudia y hace contactos con la flor y nata de los liberales de las trece colonias.

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V.- Nuevamente Estados Unidos
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No obstante ello, mantiene constante contacto con el embajador de España
y envía frecuente correspondencia a la Corte pidiendo ser oído en su propia defensa. Pese a la evidente
simpatía que inspiraba al embajador, éste fue advertido desde Madrid que Miranda constantemente vituperaba
de España y del régimen colonial (información cierta obtenida por una labor de espionaje contra
nuestro personaje, gracias a la cual Madrid estaba al tanto de sus opiniones).
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VI.- Londres y Europa Oriental
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En noviembre de 1784 el futuro Precursor abandona a las trece Colonias y desde
Boston viaja a Londres. Llegado allí se comunica con el Embajador de España, siempre insistiendo
en su deseo de que se le garantice su defensa en Madrid. El embajador, del Campo, ya sabe la determinación
del Conde de Floridablanca, el Primer Ministro del Rey Carlos III, de negar el acceso de Miranda a Madrid para
su defensa. Sólo lo quieren preso y encadenado, pues políticamente tiene ideas "peligrosas"
contra Carlos III y su imperio. Por el contrario, del Campo envía nuevos chismes de la vinculación
de Miranda con personajes ingleses y su trato cotidiano, lo que era realmente cierto. La inocultable admiración
por la Gran Bretaña y los británicos y su sistema político interno, había comenzado.
Sin embargo, en Londres tropieza con el Coronel norteamericano W. S. Smith, a quien ya conocía desde la
guerra de las trece colonias y quien para el momento era Secretario de la Embajada americana en Londres. Con Smith,
un espíritu ansioso d cultura como él, deciden un viaje por Europa, esquivando a Francia, en ese
momento aliada de España. Visitan Berlín y algunos principados germánicos: Prusia, la cuna
del militarismo, donde se da cuenta de lo que supone una verdadera disciplina militar, al presenciar maniobras
del ejército prusiano, conoce al brillante general Höllendorf y al francés Lafayette con quien,
pese a haber coincidido en la guerra de independencia de Estados Unidos, no había logrado conocer allá.
Siempre acompañado de Smith vistan Sajonia donde presencian la batalla de Maxen entre los ejércitos
austriaco y prusiano (1759). Luego marchan a Viena la capital musical del mundo de entonces. Allí se hace
asiduo de Francisco José Haydn, el mayor músico de su época, y participa con éste en
veladas nocturnas interpretando la flauta, cuyo dominio parece le es indiscutible, tocando cuartetos para viento
escritos por Haydn, para un selecto grupo de melómanos. Tener acceso a Haydn demuestra que ya Miranda ha
solidificado su formación cultural, y ello, unido a su elegancia personal y a proceder de un remoto país
del todo desconocido, la abre las puertas de Europa. Durante este período debe valerse de su simpatía
y prestigio para obtener pasaportes de países europeos, pues España se los niega.
De Austria pasa a las ciudades italianas: Florencia, Venecia y otras ciudades de similar importancia cultural.
En Roma descubre la presencia de un grupo de jesuitas que habían sido expulsados por el Rey de las colonias
españolas de América (1767) por sus ideas separatistas, peligrosas para el Imperio. No se sabe con
certeza si conoció al peruano Vizcardo y Guzmán, pero sí leyó su carta dirigida a los
"españoles americanos" opiniones que comulgaban plenamente con el ideario mirandino, y ello refuerza
sus convicciones.
Posteriormente continúa sus viajes, visita a Grecia y llega hasta Egipto, incorporando cuidadosamente a
su inseparable diario opiniones sobre personajes, costumbres, pueblos y, sobre todo, manifestaciones de arte, junto
con sus propios criterios de hombre ya definitivamente cultivado. De Egipto se devuelve a Constantinopla y, gracias
a cierta picardía, no siendo musulmán, logra penetrar y admirar la antigua y espectacular Basílica
de Santa Sofía, convertida ahora en Mezquita y por tanto vedada a los "infieles". Desde Constantinopla
pasa a Crimea, donde su destino le lleva a conocer al Príncipe Potemquin, antiguo favorito de la ya casi
sexagenaria Emperatriz Catalina II de Rusia. De hecho en Crimea se esperaba la visita de la Emperatriz y el Príncipe
se encontraba allí por ello. No obstante la Emperatriz desistió del viaje. El Príncipe Potemqum,
cautivado por la fuerte personalidad y cultura de Miranda, le invita a unirse al cortejo que partía de Crimea
en busca de la Zarina. En aquella época en la Corte rusa sólo se hablaba en francés, lo que
facilitó la comunicación con los altos personeros rusos. En la comitiva estaban además embajadores
de Inglaterra, Francia, Austria y el actual favorito de la Emperatriz, Conde Aliexandr Mamonov.

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VII.- Rusia
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Vestido de Coronel español (en efecto lo era) y presentándose como
Conde de Miranda, fue presentado a la Zarina Catalina II (la grande) el 25 de febrero de 1787 (según el
calendario occidental).
En su diario hace constar Miranda cómo mantuvo una larga conversación con Catalina y cuántas
preguntas ésta le formuló sobre su lejana patria, sobre España y la tiranía que ésta
ejercía sobre aquélla. Pronto el caraqueño fue el centro de la atención de la Corte
rusa, sobre todo porque se comentaba su inquebrantable afecto por su patria y su determinación de organizar
un ejército para liberarla de España, además de su extensa cultura. España no podía
estar ajena al episodio y acusó a Miranda de impostor pues, afirmaba el Embajador de Su Majestad Católica
Carlos III, ni era Coronel ni mucho menos Conde español. Lo primero, evidentemente lo era, pues no había
sido dado de baja del ejército para poder tratarlo como militar desertor. En cuanto a lo segundo, al parecer
se trataba de una verdad a medias. Miranda había cumplido los requisitos, durante su residencia en Madrid,
para comprar el título de Conde, pues la Corona española, escasa de recursos vendía los títulos.
Al parecer Miranda cumplió estrictamente con el pago correspondiente, pero las autoridades no le otorgaron
el condado.
Por toda respuesta, la Zarina contestó al Embajador de España que el coronel Miranda era su protegido
y, además, le confirió el coronelato del ejército ruso, con el derecho a uso del uniforme
correspondiente y pasaporte diplomático de ese país, con obligación a todos los funcionarios
rusos en Europa de darle protección como privilegiado ciudadano ruso.
La permanencia de Miranda en la Corte de San Petersburgo (Piotrograd), pese a lo amena y cómoda, pero, no
obstante los ruegos de la Zarina por considerar imposible la empresa, duró hasta agosto de 1787, cuando
provisto de diez mil rublos, dos letras de cambio a su favor contra el gobierno ruso por un mil libras esterlinas
cada una, pasaporte y protección rusa, se dirige a Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Suiza, siempre
proclamando su cometido: la independencia de su patria del yugo español. Para esa época es reo de
Estado del Imperio español y es perseguido también por la policía francesa.

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VIII.- De nuevo en Londres
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E n 1789 se encuentra de nuevo en Londres, donde inicia un intenso asedio a los
Ministros de Su Majestad Británica para convencerlos en ayudarlo a independizar a Colombia, a cambio de
un comercio de libre mercado exclusivamente a favor de Inglaterra. Económicamente, ello es impecablemente
un buen negocio para los británicos, pero las constantes querellas entre las naciones europeas les impiden
ver las ventajas que aseguraba Miranda. Para esta época, en su concepto, la patria de Miranda ya no es sólo
Venezuela, sino "Colombia": un país que se extiende desde el norte de México hasta el Cabo
de Hornos (Argentina y Chile), excluyendo a Brasil, es decir, toda la América de habla castellana.
Los ingleses, con su amabilidad característica sólo dan esperanzas al Precursor, y en efecto, una
que otra vez se discuten detalles como las características de la expedición que comenzaría
por Venezuela. Hasta se discutió el diseño de un uniforme militar especial para una campaña
en plena zona tórrida.
El 14 de julio 1789 había estallado la Revolución Francesa que derroca a la Monarquía y proclamar
la República y los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Automáticamente todas las monarquías
de Europa rompen con Francia y se coaligan contra la recientemente creada República. Pese a lo que pudiera
pensarse, a Miranda le entusiasma la Revolución, pero permanece en Inglaterra. Al parecer la razón
de esta actitud tibia responde a una lógica cartesiana: Francia, rodeada de enemigos no tiene cómo
ofrecerle la ayuda que él necesita y, por otro lado, Miranda pensaba que la independencia de Colombia no
podía resolverse en una república, sino en una monarquía, porque éramos pueblos habituados
al despotismo, y lo que implica una república hubiese terminado en libertinaje y en el caos y posiblemente
nuevamente a manos de España, según estuviese el ajedrez de la política europea.

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IX.- La República Francesa
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Sin embargo, el continuo juego de los ingleses termina
por obstinarlo y en 1792, el 23 de marzo llega a París a ofrecer su espada a la República, a cambio
de la ansiada ayuda a Colombia. Francia, sitiada por sus enemigos acepta gustosa el servicio que le ofrece el caraqueño,
quien de inmediato simpatiza con los girondinos, a cuyo partido se afilia, colocándose un aro distintivo
en la oreja izquierda. ¿Por qué los girondinos? Por que en materia de política exterior los
girondinos desean desmantelar el Imperio Español separando a la Metrópolis de la América española.
Miranda es acogido en el ejército de la República con el rango de Mariscal de Campo y lo destinan
a los ejércitos del Norte (Bélgica y Holanda) bajo el mando del General Dumouriez. Después
de escribir su testamento, tal es su resolución de morir por la libertad, marcha al frente norte. Dumouriez,
el futuro traidor, recibe al nuevo Mariscal con toda cordialidad y los coloca al mando del ala derecha de los ejércitos.
Acá es preciso aclarar que la Revolución, en la práctica, había casi desmantelado al
ejército francés, y en ese momento éste se encuentra integrado en su gran mayoría por
bisoños voluntarios, sin disciplina militar, ni mucho menos experiencia. Con todo y ello, el sólo
fervor revolucionario y la defensa del territorio de la Patria les hace enfrentarse a las grandes monarquías.
Por lo que al sector del Mariscal Miranda respecta, enfrenta a uno de los más poderosos y mejor conformados
ejércitos del mundo, el archidisciplinado ejército prusiano, al mando del Conde Brunswick. El primer
choque importante ocurre en la colina de Valmy (donde hoy existe una escultura de nuestro héroe, hecha por
el artista venezolano Eloy González). La victoria es para los franceses. Desde el lado prusiano, la derrota
de Valmy hizo decir al gran escritor alemán Wolfgang Göthe, quien se hallaba en el vivac prusiano al
lado de Brunswick, que después del fracaso prusiano cualquier cosa podía ocurrir en el mundo de las
armas, de Valmy en adelante. La noticia de la victoria francesa hizo a Pétion, Presidente de la Convención
Nacional dirigir al suramericano una correspondencia donde dice: "Miranda se ha comportado como un oficial
de experiencia y excelente ciudadano que sabe cómo merecer la confianza de los soldados que están
bajo su mando" y agrega el propio Pétion: "no se trata tan sólo de asegurar la libertad
de Francia sino la del mundo entero. Nunca lucharemos por una causa más grande o más noble. Que le
vaya bien. Le abrazaremos después de la victoria". En efecto, la Convención había declarado
para siempre la abolición de la Monarquía en Francia el día anterior a Valmy.
Entre los jefes militares girondinos Miranda conoce a Brissot a quien comunica sus planes para liberar a Colombia.
Este general francés enseguida se entusiasma con ellos. Pero para él es preciso invadir a España
para proclamar la república al mismo tiempo que se hace lo mismo con América. Brissot propone el
inmediato envío de Miranda a la isla de Santo Domingo (entonces totalmente en manos de Francia), en calidad
de Gobernador, allí podría reclutar un gran ejército formados por colonos de las islas francesas
y voluntarios norteamericanos. Sin embargo el Mariscal rechaza la idea. El sólo hecho de su presencia en
América pondría en guardia a todo el ejército de España. Sería pues, una señal
de alarma tanto para Madrid como para Londres que pudiera hacer fracasar una empresa tan grande. Por otro lado,
piensa Miranda ¿cómo un caudillo de la libertad va a comenzar su empresa siendo gobernador de una
colonia?
Entre tanto, la guerra sigue y Francia asciende a Miranda a Teniente General y pasa a comandar una división
Se trata ahora de incorporar a Holanda a la Revolución. Ya los franceses han derrotado a los austriacos
en Jemappes lo que les abre las puertas de Holanda. Los franceses dividen sus ejércitos en tres alas: izquierda
al mando de Valence, centro, al mando de Dumouriez y derecha al mando de Miranda. Antes éste había
recibido instrucciones de atacar Mástritch. El 25 de febrero de 1793 ya la ciudad ardía por cinco
partes. Sin embargo, el general Valence, que debía apoyar la División Miranda, es sorprendido por
los austriacos y desalojado de sus posiciones de apoyo, lo que obligó al venezolano a levantar el sitio
so pena de quedar aislado entre enemigos.
Las autoridades superiores francesas piden a Dumouriez que regrese a Bélgica y concentre allí todas
sus flierzas, mientras que la vanguardia francesa hace retirar a los austriacos hacia Neerwinden. Es preciso ahora
atacarlos allí. Dumouriez ataca: el ala izquierda corresponde a Valence y la derecha a Miranda, quien debía
tomar la población de Léau. Sin embargo las tropas austriacas logran poner en desbandada a los voluntarios
de Miranda, quien sable en mano, trata de hacerlos volver al frente. La desbandada del ala derecha afecta a la
izquierda y se pierde la batalla, cuya pérdida, según Dumouriez recae en la derrota del ala derecha
(18 de marzo de 1793). La acusación de Dumouriez contra Miranda no se hizo esperar, pues la amistad de ambos
se habían distanciado debido a que el francés había propuesto al venezolano avanzar sobre
París y restaurar la monarquía y Miranda se había negado rotundamente a ello, manteniéndose
al lado de la República.

Los comisarios de la Convención Nacional en Bélgica acusaron a Miranda quien fue encarcelado en París
en espera de juicio. Mientras Dumouriez se fugó de Francia, lo cual hizo protestar al venezolano ante la
evidencia de quién era el traidor. Se dirigió al Tribunal en los términos más enérgicos.
Finalmente el juicio tuvo lugar siendo el abogado de Miranda el jurista Cheveau Lagarde, quien más tarde
se haría famoso en su defensa de Maria Antonieta. Los testigos fueron inconsistentes y contradictorios y
Miranda fue declarado inocente y le fueron regresados sus haberes, salvo su uní-forme militar porque se
le declaró cesante. A los pocos días los girondinos fueron desalojados del poder por el partido de
los Montañeses (Jacobinos). Ya no era lo mismo para nuestro héroe.
Sin embargo, Miranda se había "encariñado" con Francia y decidió residenciarse en
París donde se instaló en un lujoso apartamento e hizo trasladar su ya inmensa biblioteca y sus obras
de arte. De pronto la policía allanó su apartamento y Miranda debió comparecer de nuevo ante
los Tribunales, para ser de nuevo absuelto. Sin saberlo, Miranda tenía un temible enemigo oculto: Maximilien
Robespierre, quien era miembro del "Comité de Salud Pública", comité de carácter
político el cual ordenó una nueva prisión de Miranda, (época conocida como el Segundo
Terror). Esta vez acompañado de los demás jefes girondinos, pues se trata de eliminarlos físicamente,
pues los Jacobinos los consideraban, parejamente, traidores a la Revolución. La orden era guillotinarlos
y el conocimiento que de nuestro héroe tenía el jacobino Fouquier-Tinville hizo aplazar en varias
oportunidades la orden de guillotinarlo. Finalmente, por órdenes de Robespierre, se fijó la fecha
para el día 12 de Termidor (según el calendario de la Revolución), 5 decir el 30 de julio
de 1794. Desde su celda, Miranda, con pasmosa paciencia, mantenía correspondencia de contenido artístico
con el arquitecto Quatreme're de Quincy, quien se hallaba oculto pues era pro monárquico.
No obstante, el 9 de Termidor (27 de julio de 1794), los moderados se sublevan y guillotinan a Robespierre y a
sus cómplices, terminándose así "el Terror" y salvándose Miranda de la muerte.
Sin embargo, aun cuando mucho presos girondinos que quedaban en las cárceles parisinas fueron liberados
Miranda permaneció detenido todavía algún tiempo más, hasta el 16 de enero de 1795,
cuando, por fin, fue liberado. Al parecer su reclamación monetaria contra el Gobierno republicano por los
daños patrimoniales que le ocasionó "el Terror' obtuvo éxito, lo cual le permitió
alquilar una habitación lujosamente amoblada. Allí le conoció Napoleón Bonaparte, el
futuro emperador, quien opinó sobre nuestro héroe que tenía "fuego sagrado en las venas".

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Ilustración: (1) Retrato de Miranda en la plenitud de su gloria,
al servicio de la República francesa; (2) Miranda toma el mando como Mariscal de Campo en combate
contra
los prusianos. Su nombre se encuentra en el Arco de Triunfo de París entre las glorias de la República
y el Imperio franceses.
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X.- Nuevamente Londres
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En 1797, (año de la conspiración de Gual y España en el
litoral venezolano) debe abandonar Francia con motivo de la alianza de ésta con España. Regresa a
Londres y su hogar se convierte en un centro de conspiración de los latinoamericanos contra España.
Aprovechando que estalla la guerra de Inglaterra contra España, somete a los diversos ministros y funcionarios
británicos a una fuerte presión en pro de sus ideales. Sus constantes reuniones con el Primer Ministro
William Pitt le hacen el líder natural de los hispanoamericanos, quienes siguen sus instrucciones y se presentan
a sí mismos como enviados del General Miranda. Antes ha sido designado "principal agente de las colonias
hispanoamericanas" por una Junta de diputados que representan a México, Perú, Chile, Río
de La Plata, Nueva Granada y Venezuela. Sin embargo, el Gobierno británico está indeciso, por cuanto
lord Grenville, el canciller, no cree en los planes del venezolano.
Este, trata de interesar a los prohombres de Estados Unidos, pero todos ellos, incluso Hamilton han enfriado su
ánimo por la Revolución de las Colonias Españolas, dado el tiempo transcurrido. Incluso las
autoridades británicas ponen restricciones a sus movimientos y no le permiten salir del país, lo
que no impide al General mantener asidua correspondencia con Manuel Gual, escapado milagrosamente a Trinidad y
donde pronto va a morir envenenado por los espías españoles.
En 1799 arriba a Londres el joven chileno Bernardo O'Higgins. Para ese momento Miranda ha elaborado y cambiado
infinidad de planes para la invasión, y ha crecido tanto el número de sus seguidores, que para justificar
sus reuniones se hacen pasar por masones que fundan la "Logia Lautaro". Se ha especulado que la acción
libertadora del General José de San Martín se inspiro en algunos de los planes conspiradores de la
"Logia", aún cuando es poco probable que el Libertador argentino conociese a Miranda o fuese miembro
de la Logia, como tampoco lo fue Bolívar.
Ese 1799 Miranda recibe una correspondencia donde su antiguo jefe Cagigal le comunica que la Corte española
ha fallado a su favor y a favor de Miranda, el viejo asunto de La Habana, declarando al venezolano "súbdito
fiel de Su Majestad Católica". Se trata, evidentemente, de una maniobra para apresar a Miranda, quien
durante todos estos años ha estado constantemente vigilado por espías españoles quienes conocen
sus planes. La ingenua trampa fracasa y nuestro héroe permanece en Londres.

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XI.- De nuevo Francia
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En el verano de 1800, Miranda trata de salir de Inglaterra, pero no se lo permiten,
por lo cual tiene que pasar clandestinamente a Francia donde Napoleón controla la situación como
Primer Cónsul. Escribe al futuro Emperador que sus sacrificios por Francia lo hacen ciudadano francés.
En noviembre llega a Ambères (Bélgica), escenario de su gran victoria, y desde allí escribe
al famoso Fouché, jefe de la policía francesa, solicitándole respuesta de Napoleón.
Fouché le invita a ingresar a Francia y allí se le acusa de espía británico y se encuentran
entre sus bienes algunos recuerdos de Luis XVI. Se le acusa de espionaje y correspondencia con enemigos del Estado
y va nuevamente a prisión. Bajo el alegato de haber sido Teniente General de la República y ser Mariscal
de Francia logra su libertad con lo que puede regresar a Londres.

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XII.- Otra vez Londres
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En Inglaterra ahora el Primer Ministro es Addington. Este no atiende a su correspondencia,
pero envía en su lugar a Vansittart con quien Miranda mantiene largas conversaciones, pero no logra nada
concreto. Sus planes comienzan a disolverse en el tiempo.
Pero su admirable tenacidad no ceja: los primeros años del siglo XIX 10 ven en reuniones con diferentes
funcionarios ingleses, organiza planes conspirativos, futuras acciones de guerra y, sobre todo, escribe y escribe
a todo aquel a quien crea posible la realización de sus planes independentistas. Redacta constituciones
para Colombia (la América de habla castellana entera) eso sí, nada de repúblicas: la francesa,
el ideal de muchos políticos, agoniza ante los avances de Napoleón.
Había muchas razones para que Miranda desconfiara de la república: los criollos se habían
mostrado sumisos a España, salvo raras excepciones: las misiones jesuitas del Paraguay (hasta 1767>, el negro Miguel
(minas de Buría, Venezuela 1553) Túpac Amaru (Perú, 1579>, los Comuneros del Socorro (Nueva
Granada, 1781), y la de Gual y España (Venezuela, 1797> ya mencionada. De la sumisión no se pasa
a la libertad plena sin serios tropiezos de todo tipo, como en efecto los hubo. El Incanato, la fórmula
monárquica de Miranda, muy a la inglesa era, según él creía, mucho más asimilable
a nuestros pueblos Quizás la república vendría con el tiempo, pero el cambio de régimen
de una monarquía española a una criolla era un tránsito infinitamente más suave para
nuestros incultos ciudadanos. En Brasil ocurrió después, en 1822: el Imperio del Brasil se independizó
de Portugal, con un Emperador portugués, Pedro 1, y no hubo necesidad de una sangrienta guerra para llegar
a la república. Decidir que el Incanato de Colombia hubiese sido más exitoso que declarar la República
directamente, nunca lo sabremos. Pero Miranda indudablemente tenía razones de peso. Sólo que los
hechos lo envolvieron y las ideas políticas predominantes eran las francesas: las republicanas.
Inglaterra, temerosa de una ataque naval por parte de España difiere y difiere una expedición contra
las costas de Venezuela, donde según se le ha hecho creer a Miranda que una vez pise tierra de su país
natal, todo el país se alzará en armas contra España. En 1805 surge un incidente entre Estados
Unidos y España, por violación de un Tratado referente a la Luisiana.

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Figura: Residencia en Londres en donde se forjan los proyectos más
audaces y completos: Sara Andrews es la testigo de tan vehemente efervescencia.
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XIII.- Estados Unidos
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El General Miranda se traslada a Washington, donde trata de interesar al gobierno
de ese país en su proyecto, a finales de ese año.
En Estados Unidos encuentra viejos amigos cuya amistad ha mantenido a través de correspondencia: el Presidente
Jefferson, el Vicepresidente George Clinton el Secretario de Estado Madison. Sin embargo, un ex Senador por New
Jersey Jonathan Dayton da cuenta al embajador de España, el Marqués de Casa Yrujo, de las numerosas
conversaciones de Miranda, con los altos dignatarios estadounidenses, pero el Embajador no capta el sentido de
las reuniones.
Miranda, sin importarle los chismes de los españoles, a través de su antiguo compañero de
viajes por Europa, Smith, traba amistad con Samuel Odgen, comerciante, consumado liberal. De éste, nuestro
héroe obtiene un préstamo de veinte mil dólares para armar y abastecer un barco de ciento
ochenta toneladas; el "Leander" y otros dos barcos más pequeños: "Emperor" e
"Indostan". Tal es el entusiasmo de Odgen, que dispensó a Miranda de cualquier descalabro económico
de la expedición.

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XIV.- "El Leander"
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El 14 de febrero el caraqueño hizo los
primeros nombramientos de los oficiales del "Ejército de Colombia" e izó la bandera tricolor
a la cual hizo jurar fidelidad a toda la marinería (a pesar de que los doscientos eran todos mercenarios
y aventureros). Fue entonces, al zarpar el Leander, cuando el Marqués de Casa Yrujo se dio cuenta de la
seriedad de los planes de Miranda y puso en guardia a todas las autoridades Españolas.
Cuando, después de muchas peripecias, Miranda arriba a las costas de Puerto Cabello, el Gobernador y Capitán
General Guevara Vasconcelos, estaba más que suficientemente enterado y preparado por lo que presentó
batalla con una gran superioridad naval, que debió ser esquivada por el Leander y las goletas Bacchus y
Bee (que habían reemplazado con desventaja al Emperor y al Indostaní en Jacqmel, Haití, por
órdenes de un oficial Inglés llamado Armstrong). Ambas goletas, menos veloces fueron alcanzados por
los españoles y apresada la tripulación. Fueron acusados de asesinos, filibusteros y rebeldes. La
"clemencia" de Guevara Vasconcelos no se hizo esperar: diez oficiales fueron ahorcados y los demás
condenados a diez años de prisión: unos en Puerto Rico y otros en Cartagena.
El Leander tomó rumbo a Trinidad, posesión inglesa, pero fue interceptada por una nave británica
que los confundió, tal era el aspecto del Leander, con un barco pirata. Por el jefe de la corbeta inglesa llamada Lily,
se enteró Miranda de la muerte de su esquivo amigo el ministro Pitt. Ambas embarcaciones siguieron hacia
Grenada y Barbados. Aquí conoce Miranda a uno de los más celebres marinos británicos, Lord
Coclirane. Enterado de los planes del venezolano y de las beneficiosas consecuencias para Inglaterra de un triunfo
de éste, le permitió reclutar marineros en las colonias inglesas y escolta de navíos británicos
al Leander: siete naves inglesas al mando del Capitán Campbell, quedan adscritas al Leander.

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Ilustración: (1) Tricolor de Miranda de 1800, diseñada
para identificar el <<Ejército de Colombia>>;
(2) .Distintivo de la nave de guerra donde ostentaba un gallardete rojo donde se leía: "Muera la tiranía, Viva la libertad"
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XV.- La bandera tricolor
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El 1° de agosto de 1806 llega Miranda frente a Coro. Un mar encrespado impidió
el desembarco que se realizó el día 3. La vanguardia Mirandina (todos oficiales ingleses) ponen en
fuga a los españoles quienes dejan un cañón abandonado en la playa coriana. Pronto es dominado el fuerte de La Vela,
arriada la bandera española y sustituida por la de Colombia. El general emite una proclama dirigida a los
colombianos, que recuerda mucho el pensamiento del jesuita Vizcardo, y llama a las armas a todos los hombres entre
16 y 55 años a respaldar la bandera de Colombia.
A todas éstas, los venezolanos no hicieron el menor caso, lo que hizo que Miranda pidiera ayuda a lo ingleses
quienes también la negaron. Guevara Vasconcelos avanza con un ejército de cuatro mil realistas hasta
Valencia y declara como traidor al Rey a todo aquel que apoye la invasión. Esta carece de filturo y Miranda,
una vez más debió abandonar la acción y trasladar al Leander a Grenada.
El fracaso del héroe es interpretado por los historiadores de diversa manera: para unos, el antiguo desdén
de los grandes cacaos contra un blanco de orilla; para otros lo aventurado de la expedición. Pero la verdad
histórica se impone: Miranda quiso dar un ejemplo práctico con su invasión, contando con las
equivocadas referencias que muchos latinoamericanos le daban: los americanos sólo esperaban su presencia
para alzarse en armas. Por otra parte la verdad militar se imponía, aun Venezuela, una provincia totalmente
ignorada por España, contaba con una fuerza capaz de proteger los intereses económicos españoles,
especialmente por el cacao, fruto entonces muy apreciado. No tanto como el oro o la plata, pero productivo al fin
y al cabo, que era lo que interesaba a la "madre patria".
Mas Gran Bretaña también tenía sus propios planes. Poco le interesa al gobierno inglés
el libre comercio con un imperio americano irrealizable. Más concreta es la acción directa, y en
junio de 1806 ataca al puerto de Buenos Aires, al cual toma por la ineptitud de las autoridades españolas.
Sin embargo, los criollos argentinos, sabiendo que es peor depender de Inglaterra que de España, se empeñan
en una feroz lucha hasta expulsar a los británicos. Estas noticias llegan tarde a Miranda quien después
de un periplo por las colonias inglesas en el Caribe, llega a Londres al 28 Grafton Street, donde le esperan su
mujer, Sarah Andrews y sus hijos Leandro, nacido en 1803 y Francisco nacido en 1805. Es el último día
de 1807.
En 1808, el infatigable caudillo continúa su nutrida correspondencia y nuevos intentos proclaman el ardiente
deseo de los americanos por su independencia de España. Aquí aparece una nueva faceta del héroe
(en su expedición a Venezuela había llevado la primera máquina de imprenta), quien finida
en Londres "El Colombiano" cuyos primeros cinco números comienzan a circular en 1810.

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Ilustración: Tricolor Venezolana, Bandera Madre (12 de marzo
de 1.806) izada en tierra firme venezolana por primera vez el 4 de agosto de 1.806 en el Fortín de San Pedro
en La Vela de Coro.
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XVI.- El 19 de abril de 1810
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En Venezuela, como en el resto de América Latina el poder español,
cada vez más ficticio y alejado de nuestra realidad, produce como efecto natural de que los criollos, los
dueños del poder económico aspiren al poder político. Ya Haití se había separado
de Francia, pero de una manera diferente, en 1801. En Venezuela estalla la Revolución el 19 de abril de
1810, con el pretexto de que el Rey de España se había sometido a Napoleón y abdicado en Bayonne,
a favor del hermano del Emperador, José. Los criollos venezolanos enmascaran la independencia con la constitución
de una "Junta Conservadora de los Derechos de Femando VII", para movilizar a los más tímidos.
Como reguero de pólvora siguen otros movimientos en capitales y ciudades importantes de nuestra América,
pues la idea era la misma en todos: los criollos al poder. Caracas envía a los hermanos neogranadinos como
su emisario, al sacerdote chileno Cortés de Madariaga, a Estados Unidos a Juan Vicente Bolívar, Telésforo
Orca y a José Rafael Revenga. A Londres envía a Simón Bolívar, Luis López Méndez
y a Andrés Bello. Este último grupo no lleva instrucciones expresas de comunicarse con Miranda, aunque
éste ya ha sido enterado del movimiento por el Marqués del Toro. Estando en Londres, Bolívar
toma de su cuenta esa iniciativa. ¡Cuán conmovedor debió resultar el encuentro de los tres
más ilustres caraqueños de todos los tiempos: Miranda, de la generación precedente y Bolívar
y Bello de la generación ascendente!

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Ilustración: Acontecimientos del 19 de abril de 1.810, cuadro
interpretativo de Arturo Michelena
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XVII.- ¡Al fin Venezuela!
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El precursor inicia la labor de contactar a los bisoños embajadores venezolanos
con toda persona políticamente importante hay en Londres, sin olvidar las caminatas culturales a museos,
bibliotecas, los grandes centros de cultura británicos. Bolívar, cumplida su misión, regresa
a Venezuela a mediados de septiembre, Pero Miranda es impedido de salir por el gobierno inglés, y sólo
lo logra, valiéndose de subterfugios y amigos, el 10 de octubre.
Es recibido en La Guaira por el propio Bolívar, designado a ese propósito por el Secretario de la
Junta de Gobierno, Juan Germán Roscio. La familia Bolívar le presta alojamiento en su casa. Pero
al parecer pocas cosas han cambiado en esta ciudad. Los mantuanos siguen viendo de reojo al ahora cargado de gloria
Mariscal de la República Francesa. Roscio, apenas oculta su desconfianza por sexagenario héroe, ya
demasiado cansado para continuar luchando contra la tremenda duda que le rodea y que él trata de obviar
por el bien supremo de Venezuela.
Sin embargo, se convierte en el más ferviente animador de la declaratoria de la Independencia, pero es tal
la inquina de los criollos que apenas el gran amigo de Jefferson, Hamilton, Knox, el filósofo Bentham, el
músico Haydn, el Teniente General de la República Francesa logra la diputación por el diminuto
pueblo de El Pao de Barcelona y así firma el Acta de Declaración de la Independencia de las siéte
provincias de Venezuela, el 5 de julio de 1811. El poder ejecutivo está integrado por tres criollos, nadie
recuerda que él, más que nadie, merece presidir ese triunvirato. Apenas se le comisiona para algo
que ya ha hecho: diseñar la bandera nacional que será hasta hoy la misma de tres repúblicas
bolivarianas, con ligeras variantes.

El clero criollo apenas lo soporta porque le endilgan el calificativo de masón (el aro girondino, que aún
conserva como recuerdo de una de sus mayores glorias, es mal interpretado como símbolo masónico)
o el de libre pensador y ateo. Los grandes cacaos le envidian descaradamente, Roscio, por ejemplo, le mira con
sospecha, desagrado, odio (y, acaso, envidia), salvo la familia Bolívar, Cortés de Madariaga, Francisco
Antonio (Coto) Paúl y otras figuras de más luces dentro de la Sociedad Patriótica tratan de
entender al anciano general. Pero, sobre todo molesta, su acento marcadamente francés, pues ya para esa
época el héroe, a fuerza de hablar cotidianamente ese idioma y el inglés, piensa en ellos
para después "traducir" al castellano. En una palabra: ¡se le considera un extranjero entrometido!
Sin embargo, el pretendido extranjero hace traer del exterior su mayor tesoro: sus baúles cargados de correspondencia,
mapas, proyectos de Constituciones y leyes y hasta un método para optimizar la siembra del cacao.
El "bochinche" no se hace esperar: continuos alzamientos armados han de ser atendidos: canarios, criollos,
pardos y blancos realistas, todos bajo el pretexto de que el pobre Rey de España ha sido desplazado y sometido
a la Francia Imperial. A seis días de la independencia los canarios se alzan a nombre del Rey y de la Santa
Inquisición contra los "traidores" en la propia Caracas, en la sabana del Teque (hoy La Pastora).
Afortunadamente se trataba de gente sin apoyo y en pequeños grupos que eran rápidamente reducidos.
El peligro real estaba en Valencia y en la propia Caracas, además de que Coro, Maracaibo y Guayana no pertenecían
a las "Provincias Unidas de Venezuela" y no se adhirieron a ellas. Sin embargo, el movimiento atrajo
a un grupo de extranjeros que traían nuevas ideas al país y comenzaron a llegar a finales de 1811.

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Ilustración: Firma del acta de la independencia de Martín
Tovar y Tovar, colección Concejo Municipal
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XVIII.- La Capitulación de San Mateo
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A comienzos del fatídico 1812, en febrero ocurre el alzamiento en Coro
de Domingo Monteverde, quien rápidamente ataca y el 23 de marzo es recibido como un héroe en Carora.
Tres días más tarde, ocurre un terremoto que afecta precisamente a las principales ciudades de las
Provincias Unidas: Caracas, Mérida, Trujillo, Puerto Cabello, Barquisimeto, San Carlos y San Felipe. Por
mera coincidencia el terremoto ocurre en día Jueves Santo, (Jueves Santo había sido el 19 de abril
de 1810). El Clero pro-realista, encabezado por Narciso Colí y Pratts anuncia "Jueves Santo la hicieron,
Jueves Santo la pagaron", atribuyendo el terremoto a la Justicia divina como castigo por la separación
de España (solamente Coro quedó indemne). Los realistas ocultos aprovecharon el hecho natural para
iniciar sus movimientos armados. Muchos patriotas habían muerto en las regiones afectadas y la superstición
hizo que anteriores patriotas abrazaran la causa del Rey de España.
El Congreso designó al Marqués Fernando Rodríguez del Toro, para enfrentar a Monteverde, pero
el jefe venezolano pronto demostró su incapacidad militar y fue derrotado por lo cual, a pesar 'de todo,
debieron acudir al experimentado Miranda. Ante el avance de Monteverde, los patriotas de Valencia abandonaron la
ciudad a la cual entró Monteverde como un salvador. Militarmente se trataba entonces de sitiar a la ciudad
plaza muy importante porque abría la ruta hacia Puerto Cabello, el bastión patriota.
En el ánimo de oficial europeo de Miranda no estaba tomar la ciudad directamente por la fuerza y por ello
dirigió una proclama a los valencianos para que ellos mismo expulsaran a Monteverde. Imbuido de los códigos
de honor militar de ejércitos como los de Francia, Austria, Prusia o Inglaterra, el anciano General llamó
a consulta a quienes le enviaron contra Valencia. El Presidente Francisco Espejo envió a Maracay, como su
representante nada menos que a Juan Germán Roscio, enemigo velado de Miranda. Mientras tanto, se otorgó
a éste el carácter de Dictador y Generalísimo de los ejércitos republicanos, quien
como tal fijó el centro de operaciones en La Victoria, acceso obligatorio hacia Caracas.
Mientras tanto la anarquía cundía. En Curiepe un alzamiento de esclavos atacaba por igual a patriotas
y a realistas, con la mayor saña, destrucción, violaciones rapiña. Para colmo, la plaza de
Puerto Cabello, la más importante de la República se pasó a los realistas aprovechando la
ausencia de su comandante, el Coronel Simón Bolívar (30 de junio de 1812) y la traición de
su segundo al mando, el canario Francisco Fernández Vinoni. Los realistas ocuparon Choroní y Ocumare
de la Costa. Al saber Miranda la caída de Puerto Cabello comentó textualmente "Tenez: Le Vénézuéla
est blesé au coeur" (Miren ustedes: Venezuela ha sido herida en el corazón).
Mientras el país se había anarquizado por completo, el 12 de julio se reúnen en La Victoria
Miranda y el Ejecutivo: Espejo, Roscio, José de Sata y Bussy, Ministro de Guerra, el Ministro de Hacienda,
el traidor Marqués de Casa León y el Ministro de Justicia "Coto" Paúl, para evaluar
la situación. Dadas las extremadamente difíciles condiciones del país Miranda propuso solicitar
un tregua a Monteverde y todos los presentes aceptaron expresamente.
La respuesta de Monteverde no se hizo esperar, ni podía sorprender a nadie: estaba dispuesto a la tregua,
pero sus tropas seguirían avanzando. Semejante concepto de tregua fue rechazado por Miranda, quien contra-propuso
un armisticio respaldado por árbitros ingleses (ya en camino) y comisionó a José de Sata y
Bussy y a Manuel Aldao para hablar directamente con el canario. La propuesta mirandina contenía la libertad
de todos los presos militares de ambos bandos, y el respeto a sus familias y propiedades; los ejércitos
no se moverían de sus posiciones, pero los civiles podían trasladarse de un lado a otro dentro o
filera del país en un lapso de tres meses a contar desde la fecha del armisticio. Margarita quedaría
fuera de la capitulación para que los patriotas que lo deseasen se instalasen en ella. Salvo por el arbitraje
inglés que quedó pendiente, Monteverde aceptó las condiciones de Miranda.
El campo patriota quedaba minado por una serie de dudas: la preferencia de Miranda por oficiales europeos, (existía,
por ejemplo, un cuerpo exclusivamente integrado por franceses bajo las órdenes del coronel republicano J.
Du Caylá) obviamente mejor preparados. A pesar de que el ejército patriota era teóricamente
mayor en número, los realistas crecían en número día a día; el país había
quedado envuelto en anarquía; muchos oficiales patriotas estaban convencidos de la derrota, sólo
los más jóvenes eran partidarios de seguir la lucha después del armisticio. Por último
Miranda debió percibir el ambiente de desdén, odio, intriga, envidia que le rodeaba, aun entre los
miembros de la Junta Suprema.
Aceptada la capitulación de San Mateo, por el Ejecutivo venezolano, Miranda abandonó su cuartel general y se dirigió
a Caracas, el 26 de julio. Como era normal en Europa, solicitó de Casa león, Ministro de Hacienda
el pago de sus servicios, los cuales en definitiva no fueron cobrados, al menos en su totalidad. A través
de su edecán, Carlos Soublette, escribió al teniente francés Pierre Antoine Leleux (cuya paternidad
se atribuía, falsamente, al Generalísimo, tanto así, que Leleux permaneció al lado
de Bolívar y siguió la causa patriota varios años) para que pusiera a buen recaudo sus más
preciados tesoros: sus baúles cargados de libros, cartas, mapas, proyectos, en un barco británico
que saldría de La Guaira (el Watson). Sus planes inmediatos eran la búsqueda de la protección
inglesa para la nueva república y la compra de armamentos y municiones.
Sin embargo, el 29 de julio llegó a La Guaira del bergantín de la Armada Británica "Sapphire",
a enterarse de los términos de la capitulación. Sin embargo, como era de esperarse, Monteverde, marino
trocado en bodeguero, carecía del concepto del honor militar, no había respetado la capitulación
y avanzaba sobre Caracas y La Guaira. Leleux embarcó los célebres baúles del General (que
las malas lenguas decían contenían dinero) con destino a Curazao a la Casa Robertson & Belt.
También depositó al capitán del bergantin veintidós mil Pesos propiedad del General.
Los jefes patriotas, fileron llegando a la Guaira, con la misma idea, retirarse estratégicamente del país.
Entre ellos, Bolívar, Gregor Mac Gregor, y José Antepara.

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XIX.- ¡Bochinche!
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Pese al consejo del Capitán del Sapphire en el sentido de que Miranda
durmiera en el barco, éste prefirió dormir en el puerto. Mientras dormía, Manuel Maria Casas,
Gobernador militar patriota" del puerto y Miguel Peña, Gobernador Civil instigaron a los jóvenes
venezolanos a entregar a Miranda, quien no era más que un traidor y que era preciso apresarlo. Así
los jóvenes Bolívar, Juan Paz del Castillo, Antepara, Tomás Montilla, Miguel Carabaño
y otros irrumpieron en la habitación donde el Generalísimo dormía y le conminaron a que se
entregara porque era un traidor. En buen castellano el anciano general replicó "bochinche, bochinche,
esta gente no sabe hacer sino bochinche".Los complotados lo entregaron a Casas. Esa misma mañana, 31
de julio Casas ordenó arriar la bandera patriota y sustituirla por la española. Recibió órdenes
del victorioso canario de no permitir la salida de ningún patriota. Sin embargo, al parecer Monteverde consideró
un favor la "entrega" del "Tirano" por lo que permitió a Bolívar salir del país.
Afortunadamente, los archivos ingleses guardan el inventario de los baúles marcados en bronce "FM",
que Leleux había enviado desde La Guaira y habían llegado a Curazao consignados a Robertson &
Co. y que desmienten la suspicacia criolla.
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Miranda en la Carraca
Arturo Michelena
[Pulsa para ver]
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A principios de 1813 Miranda file trasladado a Puerto Cabello y poco después
a Puerto Rico. De allí pasó en enero de 1814 a la fortaleza de "La Carraca" en Cádiz
(Cádiz de nuevo) donde murió ¡otra coincidencia! un 14 de julio (día del comienzo de
la Revolución Francesa) pero en 1816. |

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XX.- ¿Vuelta a la Patria?
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Sobre sus restos mortales se tejieron innumerables versiones. Finalmente una
comisión venezolana notó en el calabozo de La Carraca un cierto descuadre de las lozas del piso.
Removidas éstas, se encontraron un cajón que contenía los restos de un personaje, que el gobierno
venezolano sospechó podían ser los restos mortales del Generalísimo. Se les colocó
en una pieza funeraria con la bandera que el mismo Generalísimo diseñara y se especificó que
se esperaba que la ciencia algún día determinara si eran efectivamente los de Miranda. Ese día llegó
con la prueba del ADN (ácido desoxirribonucleico, presente en la sangre de todos los seres humanos y que,
como las huellas dactilares son diferentes en cada quién). Las pruebas tomadas de los restos de los padres
de Miranda que reposan en el cementerio de la Iglesia de San Francisco de Caracas y de su hijo Léandre (en
el cementerio de Pe're Lachaise en Paris) han demostrado medianté la aludida prueba que la mayoría
de las muestras óseas sometidas a examen en el Hospital Universitario de Lyon (Francia), pertenecen indudablemente
al Generalísimo, por lo cual, gracias a la ciencia, uno de sus grandes amores, podrán trasladarse
a su Caracas natal los restos del Precursor de la Independencia y de la Integración Latinoamericana para
ser enterrado, quizás en un monumento distinto del Panteón Nacional, donde estaría muy acompañado,
de personajes históricos de menores méritos para estar allí, sino en un monumento funerario
donde sólo estuviera con Bolívar, el Libertador, y con los restos o los cenotafios del Mariscal Sucre,
de Bello, de Simón Rodríguez , Rafael Urdaneta y el Dr. José María Vargas.

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Imagen: En el panteón nacional de Caracas se guarda simbólicamente
el lugar que debieron ocupar los restos de miranda, aparentemente perdidos en un osario común en Cádiz
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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
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Chacón Rodríguez, David:
Han sido identificados por el
ADN los restos de Francisco de Miranda. Revista Zeta Nº
1223, Caracas, 06-05-99, pp. 35 SS.
Edsall, John: Memorias de un recluta
de la expedición
Mirandina. (Traducción de José Nucete Sardi), Ediciones
Garrido, Caracas, 1954
Grisanti, Angel: Miranda juzgado
por los Funcionarios
Españoles de su Tiempo. Ediciones Jesús E Grisanti,
Caracas, 1954
Gálvez, Manuel: Don Francisco
de Miranda, el más
universal de los americanos. Emece editores, Buenos
Aires, 1946
Lavretski, José Grigulievich:
Miranda: la vida del
ilustre Precursor de la Independencia de América
Latina. Ediciones de la Contraloría, Caracas, 1974
Nucete Sardi, José: Aventura
y Tragedia de Don
Francisco de Miranda
Miranda, Francisco de: Archivo del
General Miranda:
Campaña de Venezuela, Prisión y Muerte del General
Miranda (1811-1816) Tomo XXIV, Editorial Lex, La
Habana, 1950
Parra-Pérez, Caracciolo:
Miranda y la Revolución
Francesa, Tomo I y II, Ediciones Culturales del Banco
del Caribe, Caracas, 1966
Robertson, William Spence: La vida
de Miranda, Banco
Industrial de Venezuela, Caracas, 1982
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FUNDACIÓN CULTURAL "LOS ALTOS"
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La Fundación Cultural Los Altos tiene como objetivo primordial contribuir
a la formación de niños y jóvenes de la zona de los Altos Mirandinos, especialmente del Municipio
Los Salias, aunque su actuación se extiende hasta otros municipios mirandinos y a Caracas. En ese sentido
realiza diversos actos como recitales, conferencias, ferias de artesanías de la zona y cada año un
concurso de pintura infantil donde participan alumnos de centros docentes del Estado y Privados, por igual. Cada
año se escoge un tema y los doce mejores trabajos, escogidos por especialistas, se premian con la publicación
en un calendario. Hasta ahora en la corta vida de la Fundación se han elaborado concursos y calendarios
sobre el Descubrimiento de América (1996), Los poemas de Andrés Eloy Blanco (1997), La evolución
de Venezuela en 500 años (1998), para el año 1999, el tema file Alejandro de Humboldt y para este
año 2000, obviamente, el Generalísimo Francisco de Miranda. La Fundación desea agradecer a
Femando Delgado, autor del presente trabajo el esfuerzo realizado en la elaboración del mismo, que no corresponde
a su especialidad, pero que sí se corresponde por su afecto por la figura de El Precursor.
San Antonio-de-Los-Altos, marzo de 2000

FUNDACIÓN CULTURAL LOS ALTOS
JUNTA DIRECTIVA
Gisela de Lara Presidente
Ilse de Delgado Vice-Presidente
Cuky Ríos Gerente de
Promoción
Carmen de Domínguez Coordinadora
Ejecutiva
Morelia de Aranguren Coordinadora
General
AGRADECIMIENTOS:
JUAN FERNÁNDEZ (Alcalde
del Municipio Autónomo "Los Salias")
I.A.C.E.M. (Instituto Autónomo
de Cultura del Estado Miranda)
Diseño Gráfico para
Web: J.W. de Wekker
Edición Cibernética: 2002
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EL AUTOR
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FERNANDO
DELGADO, Caracas, 1937 Abogado por la Universidad Central de Venezuela, graduado en 1961; realizó
sus estudios de doctorado en Derecho en la mención Derecho Constitucional y Teoría Política
en la misma Universidad (1963-1965), posteriormente obtuvo el titulo de Magister Scienfiaruin por la Universidad
Central de Venezuela (1977), en la especialidad Derecho Internacional Económico y de la Integración.
Profesor contratado sucesivamente, desde 1979, hasta la fecha de hoy en el Centro de Estudios de Post-Grado de
la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas la Universidad Central de Venezuela, como profesor
de diversos cursos de Derecho Internacional Público, Derecho Internacional Económico y especialmente
las cátedras de Derecho de la Integración Económica y Teoría de la Integración
Económica, (Uniones Aduaneras, Unión Europea y Comunidad Andina) actualmente dicta el semestre octubre
1999 - Febrero 2000. Es coautor, con Kiolis Diaz García del libro "Las Inversiones Extranjeras y los
Contratos sobre Tecnología en el Acuerdo de Cartagena". Editorial Libra, Caracas, 1990. Desde 1961
hasta 1991 abogado de libre ejercicio. El 16 de junio de 1991 designado Consultor Jurídico del Consejo Nacional
de la Cultura, cargo que desempeñó hasta el 1° de octubre de 1999. En la actualidad presta sus
servicios a la empresa de proyectos 100 K Consultores S.A., desde el 11 de octubre de 1999. Durante su permanencia
en el CONAC publicó la Ponencia "La reforma de la Ley del CONAC presentada ante el "1
Congreso Nacional de Cultura" (Puerto La Cruz 1997), publicada por el CONAC. ¿Puede el Congreso
Nacional otorgar subsidios? (Revista de Control Fiscal N0 135) y artículos para publicaciones especializadas
sobre subsidios culturales e industrias culturales. En diciembre de 1999 vio la luz, gracias a la Fundación
"La Casa de Bello" el libro "La Cultura en Venezuela. Su Entorno Jurídico", fruto de
estudios y dictámenes sobre distintos aspectos de la administración de la cultura y sus soluciones.
Idiomas: habla, lee y escribe: francés, italiano, portugués e inglés. Lee: latín. Conocimientos
de alemán y ruso.

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Nota del compilador: El presente trabajo fue escaneado
de la publicación original de la Fundación Cultural Los Altos, los errores que puedan en ella encontrarse
responden al método de obtención de los datos. Esta publicación cuenta con la
expresa autorización del autor para su publicación en "Simón
Bolívar, el hombre". Las ilustraciones utilizadas,
forman parte de la iconografía del compilador.
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© Copyright Johannes
W. de Wekker junio, 2004
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