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| El país espera ser explorado por los venezolanos | ||||||
HUMBOLDT EN VENEZUELA |
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Un paseo al estilo del
barón en el siglo XX Un año para regresar sobre los pasos de Humboldt |
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Por: Marta Aguirre |
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Caracas.- Cuando el barón Alejandro de Humboldt llegó a estas tierras en 1799, España dominaba el territorio y Simón Bolívar era un joven de apenas 16 años. Hoy, doscientos años después, los ecos de la expedición del alemán aún resuenan en Europa, oportunidad que sirve para que los venezolanos también descubramos la Venezuela que él vio para el mundo. |
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Humboldt y su amigo Aimée Bonpland
pasaron 16 meses en tierras venezolanas, explorando su fauna, su flora, su
hidrogafía y también interesándose en su gente, especialmente en los
indígenas. La investigadora venezolana Elida Salazar, que hizo el recorrido
siguiendo la minuciosa descripción del explorador alemán en su obra Viaje a
las regiones equinocciales del Nuevo Continente, coincide con otros
investigadores extranjeros en que la realidad que Humboldt percibió continúa
viva para el interesado en redescubrirla. Hoy día el recorrido se puede hacer dividiéndolo en varias etapas, y podrían ser las mismas autoridades estatales las que emprendiesen la tarea de organizar tours turísticos y didácticos que facilitaran la realización en sus regiones de la ruta del sabio explorador. Con la guía de Eduardo Rohl se pueden seguir los pasos de Humboldt desde su llegada por Cumaná, recorrer sus alrededores y visitar la península de Araya, para contemplar la formación de la sal. Otra vez desde Cumaná pasar al valle de Caripe, pernoctar y continuar hacia la cueva del Guácharo, que por la clásica descripción de Humboldt es conocida como una de las maravillas del universo. El explorador llegó a La Guaira por mar, vía Cumaná-Barcelona, y ya en el litoral central siguió a lomo de mula hacia Caracas por el antiguo camino de herradura que pasa por El Guayabo. Desde la capital, admirando su clima de 'eterna primavera', asciende junto a Bonpland el pico del Avila, realizando su memorable excursión a la Silla de Caracas. Días más tarde sigue por el antiguo camino hacia los valles de Aragua y el lago de Valencia. Admirado al contemplar el histórico samán de Güere, y de paso hacia Puerto Cabello, por Guacara y Valencia, se detiene en las fuentes termales de Las Trincheras, que estudia detenidamente por considerarlas las más cálidas del mundo. Al adentrarse por los Llanos, describe: 'Cuando se han pasado los campos embellecidos por la suave y transparente verdura de la caña de azúcar de Tahití o el sombreado follaje de los cacaoteros, los ojos se reposan hacia el sur, sobre las llanuras que parecen elevarse en el horizonte, con sus bordes de una lejanía indecible'. Embarcan en el río Apure para dirigirse hacia el Orinoco, el cual remontan salvando los terribles raudales de Atures y Maipures, internándose en sus confines hasta la apartada y solitaria Misión de Esmeralda, al pie de los raudales de los Guaharibos, punto que hoy, con las comodidades de la época, es de difícil llegada. 'Nosotros nos alejamos en silencio de la caverna de Ataruipe. Era una de esas noches frescas y serenas que son tan comunes bajo la zona tórrida. Las estrellas brillaban con una luz dulce y planetaria. Su centelleo era apenas sensible en el horizonte, que parecía aclarado por las grandes nebulosas del hemisferio austral. Una multitud innumerable de insectos esparcían en el aire una luz rojiza. El suelo, obstruido de vegetales, resplandecía de ese fuego viviente y móvil, como si los astros del firmamento hubieran venido a abatirse sobre la sabana' Caracas.- Cuando el barón Alejandro de Humboldt llegó a estas tierras en 1799, España dominaba el territorio y Simón Bolívar era un joven de apenas 16 años. Hoy, doscientos años despues, los ecos de la expedición del alemán aún resuenan en Europa, oportunidad que sirve para que los venezolanos también descubramos la Venezuela que él vio para el mundo. Humboldt y su amigo Aimée Bonpland pasaron 16 meses en tierras venezolanas, explorando su fauna, su flora, su hidrogafía y también interesándose en su gente, especialmente en los indígenas. La investigadora venezolana Elida Salazar, que hizo el recorrido siguiendo la minuciosa descripción del explorador alemán en su obra Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, coincide con otros investigadores extranjeros en que la realidad que Humboldt percibió continúa viva para el interesado en redescubrirla. Hoy día el recorrido se puede hacer dividiéndolo en varias etapas, y podrían ser las mismas autoridades estatales las que emprendiesen la tarea de organizar tours turísticos y didácticos que facilitaran la realización en sus regiones de la ruta del sabio explorador. Con la guía de Eduardo Rohl se pueden seguir los pasos de Humboldt desde su llegada por Cumaná, recorrer sus alrededores y visitar la península de Araya, para contemplar la formación de la sal. Otra vez desde Cumaná pasar al valle de Caripe, pernoctar y continuar hacia la cueva del Guácharo, que por la clásica descripción de Humboldt es conocida como una de las maravillas del universo. El explorador llegó a La Guaira por mar, vía Cumaná-Barcelona, y ya en el litoral central siguió a lomo de mula hacia Caracas por el antiguo camino de herradura que pasa por El Guayabo. Desde la capital, admirando su clima de 'eterna primavera', asciende junto a Bonpland el pico del Avila, realizando su memorable excursión a la Silla de Caracas. Días más tarde sigue por el antiguo camino hacia los valles de Aragua y el lago de Valencia. Admirado al contemplar el histórico samán de Güere, y de paso hacia Puerto Cabello, por Guacara y Valencia, se detiene en las fuentes termales de Las Trincheras, que estudia detenidamente por considerarlas las más cálidas del mundo. Al adentrarse por los Llanos, describe: 'Cuando se han pasado los campos embellecidos por la suave y transparente verdura de la caña de azúcar de Tahití o el sombreado follaje de los cacaoteros, los ojos se reposan hacia el sur, sobre las llanuras que parecen elevarse en el horizonte, con sus bordes de una lejanía indecible'. Embarcan en el río Apure para dirigirse hacia el Orinoco, el cual remontan salvando los terribles raudales de Atures y Maipures, internándose en sus confines hasta la apartada y solitaria Misión de Esmeralda, al pie de los raudales de los Guaharibos, punto que hoy, con las comodidades de la época, es de difícil llegada. 'Nosotros nos alejamos en silencio de la caverna de Ataruipe. Era una de esas noches frescas y serenas que son tan comunes bajo la zona tórrida. Las estrellas brillaban con una luz dulce y planetaria. Su centelleo era apenas sensible en el horizonte, que parecía aclarado por las grandes nebulosas del hemisferio austral. Una multitud innumerable de insectos esparcían en el aire una luz rojiza. El suelo, obstruido de vegetales, resplandecía de ese fuego viviente y móvil, como si los astros del firmamento hubieran venido a abatirse sobre la sabana' |
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