José Joaquín de Olmedo
visto bajo el concepto Bolivariano

Por: Jorge Mier Hoffman

Un amigo visitante, Guillermo Alemán, quien nos escribe desde Guayaquil en el Ecuador nos plasma la siguiente inquietud: 

“Una pequeña aclaración, José Joaquín de Olmedo no fue peruano, sino más bien fue un ilustre patricio independentista, político, estadista, visionario quien nació en Guayaquil, y fue el primer presidente de la Provincia Libre de Guayaquil y el creador de la primera Constitución Política del joven Estado.


Guayaquil se declaró independiente de España el 9 de Octubre de 1820, y precisamente la visión de esa naciente Patria no era precisamente la anexión a ningún estado, es por esto que es conocida la oposición de J. J. de Olmedo a Simón Bolívar quien de una manera dictatorial invadió la República Libre de Guayaquil y la anexó a la fuerza a la Gran Colombia; Olmedo combatió tenazmente a Bolívar mediante críticas realizadas a través de cartas dirigidas a este, hasta que en 1828 la Provincia Libre de Guayaquil expulsa a las autoridades colombianas e inicia , por decirlo así, una segunda independencia.


Olmedo es considerado en mi ciudad como el más grande gestor político de la independencia y como era un hombre extraordinario también manejaba con maestría las letras y la poesía.”

Amigo Guillermo

No es tema de discusión los excelsos valores personales del poeta y escritor José Joaquín de Olmedo. Su trayectoria y su obra revisten una inmensa importancia, porque establecen un paradigma de visión colectiva y comportamiento social. Su indiscutible aporte a la libertad y su desgastada vida por su pueblo, lo hacen, sin lugar a dudas, un hombre digno de llamarse amigo de Simón Bolívar, como muy pocos en esos veinte años de lucha por la independencia del Continente.

Ciertamente, José Joaquín Olmedo nació en la ciudad de Santiago de Guayaquil el 19 de marzo de 1780. Hijo del Capitán Miguel Agustín de Olmedo y Troyano, y la ilustre dama perteneciente a la burguesía porteña, doña Ana Francisca Maruri y Salavarría. Fue primogénito, y tuvo solamente una hermana a la que quiso con todas sus fuerzas. En 1789, con solo nueve años de edad, se trasladó a la ciudad de Quito para estudiar en el colegio San Fernando de los padres dominicos. Hasta los doce años realizó estudios en gramática castellana y principios de latín. En 1805 recibió el título de doctor en Jurisprudencia. Cuatro años después, recibió el titulo de iuris utriusqui magíster…

José Joaquín Olmedo compartió las luchas por la libertad de América, en momentos en que la llama de la independencia ardía en cada rincón del continente, donde destacaban las figuras de: Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O'Higgins, Antonio José de Sucre, José Mejía, Juan Pío Montúfar, José de Villamil, León de Febres Cordero, Miguel Letamendi, Luis Urdaneta, Francisco María Roca, José de Antepara, Francisco de Marcos, Lorenzo de Garaicoa, Francisco Lavayen y Rafael Casona; para asumir la tarea de hacer la revolución del 9 de Octubre de 1820, que lo inmortalizó como un librepensador y luchador por sus ideales de independencia.

OLMEDO Y BOLÍVAR

Decir que existió una rivalidad ideológica entre Olmedo y Bolívar es totalmente falso y evidencia un total desconocimiento de la sincera amistad que hubo entre estos dos grande hombre de nuestra gesta Sudamericana

El respeto, la admiración y la consideración que siempre existió entre Bolívar y Olmedo, está referido no en una, sino en docenas de cartas que ambos intercambiaron por más de quince años, como esta carta que Bolívar le escribe en Bucaramanga el 6 de junio de 828:

AL SEÑOR JOSÉ JOAQUÍN DE OLMEDO

Mí querido amigo:

He tenido mucha satisfacción al recibir la apreciable carta de Vd. del 5 de febrero, cuando se embarcaba Vd. en Londres para venir a saborear las delicias de padre y esposo. Ya lo conceptúo a Vd. al lado de cuanto hay de más amado en el mundo: esposa, patria, hija y amigos.

Un poeta como Vd. sabe bien apreciar estos deliquios de la naturaleza. Reciba Vd., pues, mi parabién por tan venturosos momentos.

Me dice Vd. que viene resuelto a tomar una parte activa en los negocios de la patria, que bien necesita la infeliz de amantes que la sirvan con sentimientos denodados y amor puro. Viene Vd. al tiempo en que la nave de la gran convención ha sido arrebatada por las tempestades que Vd. presentía cuando me dijo que le inquietaba más que todas las tempestades del mar: valerosa expresión de un poeta que se embarca para pasar el Cabo de Hornos, este rasgo sólo es el elogio del espíritu y de la razón de Vd. y veo ahora que es indigno de su carácter el oficio de apuntador. Yo me engañé en el consejo que di a Vd. de no tomar puesto en la escena, pero tal era el humor de que yo estaba poseído entonces y que no he perdido todavía, que no tengo una idea ni un sentimiento que sea noble. Yo he vuelto a entrar en mi antiguo oficio de pobre diablo: ya todos mis gustos son plebeyos, enemigos del poder y de la gloria. He vuelto, en fin, a mi ser antiguo que era lo que llaman los franceses un vaurien. Si amigo, me he convertido al camino del cielo: me estoy arrepintiendo de mi conducta profana, cansado de imitar a Alejandro ando en pos de Diógenes para robarle su tinaja, o su tonel o su casa. De todo se cansa uno en este mundo: esta es culpa de la naturaleza a quien no tengo derecho de improbar ni de reformar. Es tiempo, pues, de que entren otros héroes a representar sus papeles, que el mío ha terminado, porque Vd. sabe muy bien que la fortuna como todas las hembras, gusta de mudanzas, y como mi señora se ha cansado de mí yo también me he fastidiado de ella.

BOLIVAR

Nótese el verbo que utiliza Bolívar en esta comunicación, que inspira respeto y consideración a quién Bolívar llamaba “mí querido amigo

Es por ello que en lo personal, me es chocante, irritante y antipático escuchar esa falsa afirmación que usted escribe fidedignamente:

Olmedo combatió tenazmente a Bolívar mediante críticas realizadas a través de cartas dirigidas a este, hasta que en 1828 la Provincia Libre de Guayaquil expulsa a las autoridades colombianas e inicia, por decirlo así, una segunda independencia”

Falso de toda falsedad… Bolívar siempre se preocupó por la fortuna de su amigo Olmedo, y fue su más acérrimo defensor en cuanto a su manera de pensar, aún cuando no compartía su empeño de crear una República en Guayaquil; como demuestra esta carta, un año después de la fecha que usted señala, donde precisamente Bolívar se preocupa de su amigo Olmedo, y así lo hace saber al Presidente del Perú:

Garzal, 9 de octubre de 1829.

EL GRAN MARISCAL AGUSTÍN GAMARRA,
PRESIDENTE DEL PERÚ.


Mí estimado Presidente:

Me permitirá Vd. que llegue a molestar su atención en un asunto que por su naturaleza es fastidioso porque causa bastantes embarazos. Voy a hablar a Vd. de nuestro amigo el señor Olmedo.

Vd. sabrá que yo soy el promotor de sus desgracias con su marcha a Europa, en la cual ha perdido la mayor parte de sus pocos haberes por varios accidentes de su comisión.

Durante su permanencia en aquel país opulento, gastó lo suyo y su crédito; y como parece que ha traído deudas muy urgentes, no puedo menos que interesarme por un amigo tan benemérito ahora afligido de sus acreedores, por haberme complacido en ir a Inglaterra a servir al Perú.

Es, pues, el caso, que yo ruego a Vd. con el más vivo encarecimiento para que dé sus órdenes relativas al pagamento de lo que se le debe al señor Olmedo, muy particularmente la cantidad de diez mil pesos, que le exigen de una manera horrorosa. Por lo demás el esperará a que le paguen mensualmente alguna suma con tal que salga desde luego del empeño en que se halla.

En este asunto me intereso tanto más, cuanto que hay algo de egoísmo de mi parte, por hallarse mi nombre comprometido en las deudas del señor Olmedo, que fué a Londres en calidad de ministro mío y por mi orden.

En fin, mi general, suplico a Vd. me perdone esta desagradable molestia y espero que así lo hará a su atento servidor y respetuoso amigo Q. S. M. B.

BOLIVAR

El problema de Olmedo, como muchos otros dignos personajes de nuestra gesta emancipadora continental, fue su visión de país de "patria chiquita” hasta donde podían ver sus cinco sentidos

Es la “patria chiquita” que tanto daño nos ha causado y nos está causando a nuestra identidad territorial, porque en algún momento de nuestra historia republicana, algunos personeros, como sucede ahora, no pensaron en la unidad y la integración que sí vio el Libertador Simón Bolívar… Es precisamente en este punto donde Bolívar sobresale como estadista y filósofo americanista, con una visión continental integracionista que no tuvieron Olmedo, O´Higgins y San Martín.

Recordemos, que el momento histórico del continente que vivió Bolívar al enfrentar a la nación más poderosa del planeta, obligaba a la unidad… unidad… y más unidad, como vociferaba Bolívar en sus discursos

Pero mientras Bolívar llamaba a la unidad y la integración a través de un Congreso Anfictiónico en Panamá, los demás dedicaban sus esfuerzos a solucionar sus problemas domésticos, y le daban la espalda al problema del continente… Y mientras los demás se dedicaban a sus asuntos internos, Bolívar organizaba a los pueblos para expulsar a los españoles del continente, para que Quito, Guayaquil, Perú y el Alto Perú, lograran no sólo su independencia, sino para que Chile y Argentina mantuvieran su precaria situación de libertad, ante la amenaza inminente de un poderío militar que destrozó el ejército de Simón Bolívar.

Recordemos también, que mientras Bolívar estaba en todas partes para atender a todo el continente, San Martín invocaba la monarquía para salvar al Perú de la arremetida española y la Santa Alianza; O´Higgins agotó sus fuerzas en Chile, y Olmedo buscaba convertir a Guayaquil en una República, sin percatarse del poder del enemigo que amenazaba la desestabilización del continente y la aniquilación de sus habitantes; es por ello, que Bolívar refirió aquellas célebres palabras:
“que una ciudad y un río no pueden constituir una nación”… Palabras que escribió a Olmedo, pero que han sido especuladas por los historiadores, para darle un contexto de sarcasmo a algo tan serio que pretendió Olmedo al invocar la República de Guayaquil, y que también han sido usadas para inventar un enfrentamiento de Olmedo y Bolívar.

Cali, 5 de enero de 1822.

A EL GENERAL SANTANDER

Mí querido general:

Mucho he sentido que no hayan copiado mis cartas particulares al señor Olmedo y a Sucre, como previne a los escribientes; pero me acuerdo de algunas de las razones más fuertes.

Digo al señor Olmedo, después de algunos cumplimientos, que me es sensible molestar a un amigo a quien ya amo, pero los intereses de Guayaquil y los derechos de Colombia lo exigen; que la independencia de Guayaquil no sería más que el señalamiento de un campo de batalla a dos estados belicosos; que una ciudad y un río no pueden constituir una nación;

Que Guayaquil ha sido una dependencia de la presidencia de Quito y esta de la Nueva Granada; que muchas ciudades, en épocas diferentes, han tomado la misma resolución que Guayaquil de arrojar sus enemigos, pero no han mostrado deseos ni pretensiones tan extravagantes; que Maracaibo ha imitado a Guayaquil en resolución, pero no en las pretensiones; que Túmbez es el límite natural del Perú, y Guayaquil está fuera de él; que Colombia, en medio de sus propios ahogos, ha mandado sus tropas para su defensa; que si no hubiera empleado las tropas del general Sucre en defender a Guayaquil, ya estaría libre Quito; que por las tropas de Colombia ha conservado su libertad Guayaquil, pues de otro modo, en manos débiles y sin energía, y divididas las opiniones, la habrían ocupado los españoles; que Colombia no perderá el fruto de sus sacrificios, ni permitirá, en agravio de sus derechos, que Guayaquil se incorpore a ningún otro gobierno, pues en América no hay poder ante el cual ceda Colombia; que esperaba que, antes de ir yo, se declararan por nuestro gobierno, pues no era ni justo ni decoroso el que yo fuera a un país extraño etc. y otras muchas de que no me acuerdo.

Al general Sucre le digo que obre con energía; que pida cuanto necesite, y si no se lo dan, que lo tome; que pida el reconocimiento del gobierno de Colombia; y que, por ningún caso, permita que Guayaquil se incorpore a otro gobierno.

Dije también a Olmedo que lo que el derecho más lato permitía en las asociaciones, era la igualdad de representación en la asamblea nacional, y que éste lo tendría Guayaquil, que toda otra pretensión era injusta etc.

Soy de Vd. amigo verdadero que lo ama.

BOLÍVAR

Esta percepción integracionista que hizo Bolívar a Santander, también se la había hecho llegar a su admirable amigo Olmedo tres adías antes:

Cali, enero 2 de 1822.

AL SEÑOR JOSÉ JOAQUÍN DE OLMEDO.

Muy estimado amigo y señor:

No puede Vd. imaginarse con que placer me acerco a la patria de Vd., más por conocer a su digno Jefe que por otro motivo alguno. Sin atender a los muchos informes favorables de Vd. que todos dan, las comunicaciones confidenciales, y aun públicas, le pintan como Vd. es, franco, noble y generoso. Las cartas que Vd. se ha servido dirigirme me han llenado siempre de satisfacción: un verdadero ingenio las marca como de una pluma tan sencilla como elevada y de un hombre que tiene la bondad por carácter y lo sublime por divisa. Mucho me duele tener al mismo tiempo que molestar a un amigo que ya amo. Hablo de las comunicaciones que dirijo tanto al Gobierno como al general Sucre. Por ellas verá Vd. que exijo el inmediato reconocimiento de la República de Colombia, porque es una Galimatía la situación de Guayaquil. Mi entrada en ella en tal estado sería un ultraje para mí y una lesión a los derechos de Colombia.

Vd. sabe amigo que una ciudad con un río no puede formar una Nación

Que tal absurdo seria un señalamiento de un campo de batalla para dos estados belicosos que lo rodean. Vd. sabe los sacrificios que hemos hecho en medio de nuestros propios apuros por auxiliar a Guayaquil, que Colombia ha enviado allí sus tropas para defenderla; mientras que el Perú ha pedido auxilios a ella. Quito no puede existir sin el Puerto de Guayaquil, lo mismo Cuenca y Loja. Las relaciones de Guayaquil son todas con Colombia. Tumbes es limite del Perú y por consiguiente la naturaleza nos ha dado a Guayaquil. Que no se diga que una insurrección espontánea ha variado los derechos: en muchas épocas muchas ciudades han hecho otro tanto, y no mostraron deseos extravagantes. Maracaibo ha dado el ejemplo de lo que se debe hacer y no ha imitado a Guayaquil

Todo lo que el derecho más lato permite a un Pueblo comprendido bajo una asociación, o bajo límites naturales es la completa y libre representación en la Asamblea Nacional. Toda otra pretensión es contraria a los derechos sociales. Además la política y la guerra tienen sus leyes, que no se pueden quebrantar sin dislocar el orden social. Por estas y otras muchas consideraciones me he determinado a no entrar en Guayaquil, sino después de ver tremolar la bandera de Colombia, y yo me lisonjeo que Vd. empleará todo el influjo de su mérito, saber y dignidad, para que no se de a Colombia un día de luto, sino por el contrario sea Guayaquil para nuestra Patria el vínculo de la libertad del Sur, y el modelo más sublime de una profunda política y de una moderación inimitable.

El general Sucre comunicará a Vd. las órdenes que tiene para aprontar los preparativos de la próxima campaña. Este será el último y el más glorioso esfuerzo de los Pueblos de Colombia para conseguir los únicos bienes, paz, gloria y libertad.

Soy de Vd. con la mayor consideración, su más atento y afmo. servidor.
 

BOLÍVAR.

Recordemos que Joaquín Olmedo fue diputado en las Cortes de Cádiz, Magistrado, Ministro plenipotenciario en Londres y París, primer vicepresidente del Ecuador, candidato a la presidencia, y se puso al servicio de la gloria del general Juan José Flores, primero de los presidentes del Ecuador independiente de Gran Colombia, proclamación que él mismo hizo el 13 de mayo de 1830, siete meses antes de la muerte del Libertador, cuando Venezuela había proscrito a Bolívar y había declarado su intención de separarse de Colombia.

En fin, estamos hablando de un hombre de cualidades excepcionales, que es importante señalar, porque este ilustrísimo hijo de Guayaquil, escribió nada más y nada menos que el Canto a Junín, una de las obras poéticas más importantes del siglo XIX, y que fue escrita para honrar a su amigo Simón Bolívar

La batalla duró cuarenta y cinco minutos, donde no se disparó un solo tiro pólvora, y enfrentó las Caballerías de Gran Colombia, Perú y Argentina, comandadas por el Libertador en persona, mientras que la Caballería española estaba comandada por el francés General Canterac.

Junín fue una batalla que inmortalizó al Libertador como guerrero, al enfrentar al enemigo cuerpo a cuerpo, y donde la destreza de la espada y el uso de las mortales lanzas de tres metros, hicieron estragos en la caballería y la infantería enemiga

A pocos días de recibir el texto que inmortaliza esa heroica Batalla de Junín de manos de su amigo Olmedo, el Libertador responde con una carta, que deja ver la inspiración poética de Simón Bolívar y la admiración recíproca de esos valeros héroes de la independencia americana, que la ignorancia de algunos iletrados, la mala intención de la conspiración ideológica y la estrategia de los infiltrados en nuestros asuntos sudamericanos, quieren tergiversar y desvirtuar, para alimentar la discordia bolivariana y mantener la disolución de la Gran Colombia, que en un momento dado hacía temblar los imperios del continente… Al respecto del poema que le escribió Olmedo, Bolívar le respondió:

"La carta son de un político y un poeta; pero el poema es de un Apolo… Todos los calores de la zona tórrida, todos los fuegos de Junín y Ayacucho, todos los rayos del Padre de Manco Cápac, no han producido jamás una inflamación más intensa en la mente de un mortal. Usted dispara donde no se ha disparado un tiro; usted abraza la tierra con las ascuas del eje y de las ruedas de un carro de Aquiles, que no rodó jamás en Junín; usted se hace dueño de todos los personajes: de mí forma un Júpiter; de Córdoba, un Aquiles; de Necochea, un Patroclo y un Ayax; de Miller, un Diomedes; y de Lara, un Ulises. Todos tenemos nuestra sombra divina y heroica, que nos cubre con sus alas de protección como ángeles guardianes. Usted nos hace a su modo poético y fantástico, y, para continuar en el país de la poesía la ficción de la fábula, usted nos eleva con su deidad mentirosa, como el águila de Júpiter levantó a los cielos a la tortuga para dejarla caer sobre una roca que le rompiese sus miembros rastreros; usted, pues, nos ha sublimado tanto que nos ha precipitado al abismo de la nada, cubriendo con una inmensidad de luces el pálido resplandor de nuestras opacas virtudes.

Así, amigo mío, usted nos ha pulverizado con los rayos de su Júpiter, con la espada de su Marte, con el cetro de su Agamenón, con la lanza de su Aquiles y con la sabiduría de su Ulises.

Si yo no fuese tan bueno, y usted no fuese tan poeta, me avanzaría a creer que usted había querido hacer una parodia de la Ilíada con los héroes de nuestra pobre farsa. Más no; no lo creo. Usted es poeta, y sabe bien, tanto como Bonaparte, que de lo heroico a lo ridículo no hay más que un paso, y que Manolo y el Cid son hermanos, aunque hijos de distintos padres.

Un americano leerá el poema de usted como un canto de Homero, y un español lo leerá como un canto del facistol de Boileau.

La introducción del canto es rimbombante: es el rayo de Júpiter que parte a la tierra a atronar a los Andes que deben sufrir la sin igual fazaña de Junín. Aquí de un precepto de Boileau, que alaba la modestia con que empieza Homero su divina Ilíada; promete poco y da mucho. Los valles y las sierras proclaman a la tierra: el sonsonete no es lindo; y los soldados proclaman al general, pues que los valles y la sierra son los muy humildes servidores de la tierra. [...]

Confieso a Vd. humildemente que la versificación de su poema me parece sublime: un genio lo arrebató a Vd. a los cielos. Vd. conserva en la mayor parte del canto un calor vivificante y continuo; algunas de las inspiraciones son originales; los pensamientos nobles y hermosos; el rayo que el héroe de Vd. presta Sucre es superior a la cesión de las armas que hizo Aquiles a Patroclo. La esfrofa 130 es bellísima: oigo rodar los torbellinos y veo arder los ejes: aquello es griego, homérico. En la presentación de Bolívar en Junín se ve, aunque de perfil, el momento antes de acometerse Turno y Eneas. La parte que Vd. da a Sucre es guerrera y grande. Y cuando habla de La Mar, me acuerdo de Homero cantando a su amigo Mentor: aunque los caracteres son diferentes, el caso es semejante; y, por otra parte, ¿no será La Mar un Mentor guerrero? [...]”



 

La Batalla de Junín fue tan sublimen desde un punto de vista militar, que el propio realista José de Canterac con respecto a la batalla que destrozó a su ejército, escribirá a favor del genio militar de Bolívar: “... sin poder imaginarme cual fue la razón, Bolívar volvió grupas nuestra caballería y se dio una fuga vergonzosa; dando al enemigo una victoria que era nuestra”… Sobre esta célebre batalla escribió Lecuna: “Ni en las campañas del Perú, ni en las de Chile, ni en ninguna otra de nuestra América, la caballería española tuvo ocasión de adquirir la consumada pericia y la fuerza alcanzada por los llaneros colombianos en diez años de combate en los llanos de Venezuela y Casanare”... Al describir el desarrollo de esta histórica batalla donde prevaleció la destreza de la espada, la habilidad de los lanceros patriotas y la fuerza arrolladora de la táctica militar inventada por Bolívar, O´connor escribe: “Las cargas de nuestros llaneros y el galope de los briosos caballos, hacían temblar la tierra. El brillo de la espada de Bolívar es el vivo reflejo de la gloria”


RESUMEN

Amigo Guillermo, no seamos voceros de una estrategia imperialista empeñada en hacernos enemigos, ni contribuyamos a destruir el ideal de Simón Bolívar, que no sólo es el Padre de la Patria venezolana, sino el redentor de un continente.

Recuerda, que gracias a Bolívar, hoy Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, constituyen naciones libres y con identidad, ya que su lucha rompió las cadenas de la opresión, y permitió que hombres como Olmedo, San Martín y O´Higgins, lograran también romper el cerco enemigo que se había disperso, gracias a que Bolívar independizó la Nueva Granada, impidiendo la comunicación del continente que tanto requería el imperio español.

Te recomiendo leer las cartas de Olmedo a Simón Bolívar y viceversa; y te aseguro que tendrán una visión muy distinta de esa campaña histórica que ha logrado algo que parecía imposible:

Hacer que Sucre, el héroe de Pichincha, sea visto como un asesino en Pasto, a pesar de que precisamente en tierras de Pastos fue vilmente asesinado en Berrueco… Convertir a Bolívar en un enemigo en el Perú, no obstante de ser el país al que el Libertador dedicó más años de su vida militar y política, mientras allí se alaba a San Martín, que como se sabe, los abandonó cuando su deseo de crear una monarquía no fue aceptada por Bolívar en esa famosa entrevista en Guayaquil… y finalmente, desconocer la obra de Bolívar en Guayaquil, al extremos de inventarse una enemistad entre dos grandes amigos como lo fueron Bolívar y Olmedo el héroe de Guayaquil.

Saludos cordiales,

Jorge Mier Hoffman
tedejo@cantv.net

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