Amigo Guillermo
No es tema de discusión los excelsos valores personales del poeta y escritor
José Joaquín de Olmedo. Su trayectoria y su obra revisten una inmensa
importancia, porque establecen un paradigma de visión colectiva y
comportamiento social. Su indiscutible aporte a la libertad y su desgastada
vida por su pueblo, lo hacen, sin lugar a dudas, un hombre digno de llamarse
amigo de Simón Bolívar, como muy pocos en esos veinte años de lucha por la
independencia del Continente.
Ciertamente, José Joaquín Olmedo nació en la ciudad de Santiago de
Guayaquil el 19 de marzo de 1780. Hijo del Capitán Miguel Agustín de Olmedo
y Troyano, y la ilustre dama perteneciente a la burguesía porteña, doña Ana
Francisca Maruri y Salavarría. Fue primogénito, y tuvo solamente una hermana
a la que quiso con todas sus fuerzas. En 1789, con solo nueve años de edad,
se trasladó a la ciudad de Quito para estudiar en el colegio San Fernando de
los padres dominicos. Hasta los doce años realizó estudios en gramática
castellana y principios de latín. En 1805 recibió el título de doctor en
Jurisprudencia. Cuatro años después, recibió el titulo de iuris utriusqui
magíster…
José Joaquín Olmedo compartió las luchas por la libertad de América, en
momentos en que la llama de la independencia ardía en cada rincón del
continente, donde destacaban las figuras de: Simón Bolívar, José de San
Martín, Bernardo O'Higgins, Antonio José de Sucre, José Mejía, Juan Pío
Montúfar, José de Villamil, León de Febres Cordero, Miguel Letamendi, Luis
Urdaneta, Francisco María Roca, José de Antepara, Francisco de Marcos,
Lorenzo de Garaicoa, Francisco Lavayen y Rafael Casona; para asumir la tarea
de hacer la revolución del 9 de Octubre de 1820, que lo inmortalizó como un
librepensador y luchador por sus ideales de independencia.
OLMEDO Y BOLÍVAR
Decir que existió una rivalidad
ideológica entre Olmedo y Bolívar es totalmente falso y evidencia un total
desconocimiento de la sincera amistad que hubo entre estos dos grande hombre
de nuestra gesta Sudamericana
El respeto, la admiración y la consideración que siempre existió entre
Bolívar y Olmedo, está referido no en una, sino en docenas de cartas que
ambos intercambiaron por más de quince años, como esta carta que Bolívar le
escribe en Bucaramanga el 6 de junio de 828:
AL SEÑOR
JOSÉ JOAQUÍN DE OLMEDO
Mí querido amigo:
He tenido mucha satisfacción al recibir la apreciable carta de Vd. del 5
de febrero, cuando se embarcaba Vd. en Londres para venir a saborear las
delicias de padre y esposo. Ya lo conceptúo a Vd. al lado de cuanto hay de
más amado en el mundo: esposa, patria, hija y amigos.
Un poeta como Vd. sabe bien apreciar estos deliquios de la naturaleza.
Reciba Vd., pues, mi parabién por tan venturosos momentos.
Me dice Vd. que viene resuelto a tomar una parte activa en los negocios de
la patria, que bien necesita la infeliz de amantes que la sirvan con
sentimientos denodados y amor puro. Viene Vd. al tiempo en que la nave de
la gran convención ha sido arrebatada por las tempestades que Vd.
presentía cuando me dijo que le inquietaba más que todas las tempestades
del mar: valerosa expresión de un poeta que se embarca para pasar el Cabo
de Hornos, este rasgo sólo es el elogio del espíritu y de la razón de Vd.
y veo ahora que es indigno de su carácter el oficio de apuntador. Yo me
engañé en el consejo que di a Vd. de no tomar puesto en la escena, pero
tal era el humor de que yo estaba poseído entonces y que no he perdido
todavía, que no tengo una idea ni un sentimiento que sea noble. Yo he
vuelto a entrar en mi antiguo oficio de pobre diablo: ya todos mis gustos
son plebeyos, enemigos del poder y de la gloria. He vuelto, en fin, a mi
ser antiguo que era lo que llaman los franceses un vaurien. Si amigo, me
he convertido al camino del cielo: me estoy arrepintiendo de mi conducta
profana, cansado de imitar a Alejandro ando en pos de Diógenes para
robarle su tinaja, o su tonel o su casa. De todo se cansa uno en este
mundo: esta es culpa de la naturaleza a quien no tengo derecho de improbar
ni de reformar. Es tiempo, pues, de que entren otros héroes a representar
sus papeles, que el mío ha terminado, porque Vd. sabe muy bien que la
fortuna como todas las hembras, gusta de mudanzas, y como mi señora se ha
cansado de mí yo también me he fastidiado de ella.
BOLIVAR
Nótese el verbo que utiliza
Bolívar en esta comunicación, que inspira respeto y consideración a quién
Bolívar llamaba “mí
querido amigo”
Es por ello que en lo personal, me es chocante, irritante y
antipático escuchar esa falsa afirmación que usted escribe fidedignamente:
“Olmedo
combatió tenazmente a Bolívar mediante críticas realizadas a través de
cartas dirigidas a este, hasta que en 1828 la Provincia Libre de Guayaquil
expulsa a las autoridades colombianas e inicia, por decirlo así, una
segunda independencia”
Falso de toda falsedad…
Bolívar siempre se preocupó por la fortuna de su amigo Olmedo, y fue su más
acérrimo defensor en cuanto a su manera de pensar, aún cuando no compartía
su empeño de crear una República en Guayaquil; como demuestra esta carta, un
año después de la fecha que usted señala, donde precisamente Bolívar se
preocupa de su amigo Olmedo, y así lo hace saber al Presidente del Perú:
Garzal, 9 de octubre de 1829.
EL GRAN MARISCAL AGUSTÍN GAMARRA,
PRESIDENTE DEL PERÚ.
Mí estimado Presidente:
Me permitirá Vd. que llegue a molestar su atención en un asunto que por su
naturaleza es fastidioso porque causa bastantes embarazos. Voy a hablar a
Vd. de nuestro amigo el señor Olmedo.
Vd. sabrá que yo soy el promotor de sus desgracias con su marcha a Europa,
en la cual ha perdido la mayor parte de sus pocos haberes por varios
accidentes de su comisión.
Durante su permanencia en aquel país opulento, gastó lo suyo y su crédito;
y como parece que ha traído deudas muy urgentes, no puedo menos que
interesarme por un amigo tan benemérito ahora afligido de sus acreedores,
por haberme complacido en ir a Inglaterra a servir al Perú.
Es, pues, el caso, que yo ruego a Vd. con el más vivo encarecimiento para
que dé sus órdenes relativas al pagamento de lo que se le debe al señor
Olmedo, muy particularmente la cantidad de diez mil pesos, que le exigen
de una manera horrorosa. Por lo demás el esperará a que le paguen
mensualmente alguna suma con tal que salga desde luego del empeño en que
se halla.
En este asunto me intereso tanto más, cuanto que hay algo de egoísmo de mi
parte, por hallarse mi nombre comprometido en las deudas del señor Olmedo,
que fué a Londres en calidad de ministro mío y por mi orden.
En fin, mi general, suplico a Vd. me perdone esta desagradable molestia y
espero que así lo hará a su atento servidor y respetuoso amigo Q. S. M. B.
BOLIVAR
El problema de Olmedo, como
muchos otros dignos personajes de nuestra gesta emancipadora continental,
fue su visión de país de "patria chiquita” hasta donde podían ver
sus cinco sentidos
Es la “patria chiquita”
que tanto daño nos ha causado y nos está causando a nuestra identidad
territorial, porque en algún momento de nuestra historia republicana,
algunos personeros, como sucede ahora, no pensaron en la unidad y la
integración que sí vio el Libertador Simón Bolívar… Es precisamente en este
punto donde Bolívar sobresale como estadista y filósofo americanista, con
una visión continental integracionista que no tuvieron Olmedo, O´Higgins y
San Martín.
Recordemos, que el momento histórico del continente que vivió Bolívar
al enfrentar a la nación más poderosa del planeta, obligaba a la unidad…
unidad… y más unidad, como vociferaba Bolívar en sus discursos
Pero mientras Bolívar llamaba a la unidad y la integración a través de un
Congreso Anfictiónico en Panamá, los demás dedicaban sus esfuerzos a
solucionar sus problemas domésticos, y le daban la espalda al problema del
continente… Y mientras los demás se dedicaban a sus asuntos internos,
Bolívar organizaba a los pueblos para expulsar a los españoles del
continente, para que Quito, Guayaquil, Perú y el Alto Perú, lograran no sólo
su independencia, sino para que Chile y Argentina mantuvieran su precaria
situación de libertad, ante la amenaza inminente de un poderío militar que
destrozó el ejército de Simón Bolívar.
Recordemos también, que mientras Bolívar estaba en todas partes para
atender a todo el continente, San Martín invocaba la monarquía para salvar
al Perú de la arremetida española y la Santa Alianza; O´Higgins agotó sus
fuerzas en Chile, y Olmedo buscaba convertir a Guayaquil en una República,
sin percatarse del poder del enemigo que amenazaba la desestabilización del
continente y la aniquilación de sus habitantes; es por ello, que Bolívar
refirió aquellas célebres palabras:
“que una ciudad y un río no
pueden constituir una nación”…
Palabras que escribió a Olmedo, pero que han sido especuladas por los
historiadores, para darle un contexto de sarcasmo a algo tan serio que
pretendió Olmedo al invocar la República de Guayaquil, y que también han
sido usadas para inventar un enfrentamiento de Olmedo y Bolívar.
Cali, 5 de enero de 1822.
A EL GENERAL SANTANDER
Mí querido general:
Mucho he sentido que no hayan copiado mis cartas particulares al señor
Olmedo y a Sucre, como previne a los escribientes; pero me acuerdo de
algunas de las razones más fuertes.
Digo al señor Olmedo, después de algunos cumplimientos, que me es sensible
molestar a un amigo a quien ya amo, pero los intereses de Guayaquil y los
derechos de Colombia lo exigen; que la independencia de Guayaquil no sería
más que el señalamiento de un campo de batalla a dos estados belicosos;
que una ciudad y un río no pueden constituir una nación;
Que Guayaquil ha sido una dependencia de la presidencia de Quito y esta de
la Nueva Granada; que muchas ciudades, en épocas diferentes, han tomado la
misma resolución que Guayaquil de arrojar sus enemigos, pero no han
mostrado deseos ni pretensiones tan extravagantes; que Maracaibo ha
imitado a Guayaquil en resolución, pero no en las pretensiones; que Túmbez
es el límite natural del Perú, y Guayaquil está fuera de él; que Colombia,
en medio de sus propios ahogos, ha mandado sus tropas para su defensa; que
si no hubiera empleado las tropas del general Sucre en defender a
Guayaquil, ya estaría libre Quito; que por las tropas de Colombia ha
conservado su libertad Guayaquil, pues de otro modo, en manos débiles y
sin energía, y divididas las opiniones, la habrían ocupado los españoles;
que Colombia no perderá el fruto de sus sacrificios, ni permitirá, en
agravio de sus derechos, que Guayaquil se incorpore a ningún otro
gobierno, pues en América no hay poder ante el cual ceda Colombia; que
esperaba que, antes de ir yo, se declararan por nuestro gobierno, pues no
era ni justo ni decoroso el que yo fuera a un país extraño etc. y otras
muchas de que no me acuerdo.
Al general Sucre le digo que obre con energía; que pida cuanto necesite, y
si no se lo dan, que lo tome; que pida el reconocimiento del gobierno de
Colombia; y que, por ningún caso, permita que Guayaquil se incorpore a
otro gobierno.
Dije también a Olmedo que lo que el derecho más lato permitía en las
asociaciones, era la igualdad de representación en la asamblea nacional, y
que éste lo tendría Guayaquil, que toda otra pretensión era injusta etc.
Soy de Vd. amigo verdadero que lo ama.
BOLÍVAR
Esta percepción integracionista
que hizo Bolívar a Santander, también se la había hecho llegar a su
admirable amigo Olmedo tres adías antes:
Cali, enero 2 de 1822.
AL SEÑOR JOSÉ JOAQUÍN DE OLMEDO.
Muy estimado amigo y señor:
No puede Vd. imaginarse con que placer me acerco a la patria de Vd., más
por conocer a su digno Jefe que por otro motivo alguno. Sin atender a los
muchos informes favorables de Vd. que todos dan, las comunicaciones
confidenciales, y aun públicas, le pintan como Vd. es, franco, noble y
generoso. Las cartas que Vd. se ha servido dirigirme me han llenado
siempre de satisfacción: un verdadero ingenio las marca como de una pluma
tan sencilla como elevada y de un hombre que tiene la bondad por carácter
y lo sublime por divisa. Mucho me duele tener al mismo tiempo que molestar
a un amigo que ya amo. Hablo de las comunicaciones que dirijo tanto al
Gobierno como al general Sucre. Por ellas verá Vd. que exijo el inmediato
reconocimiento de la República de Colombia, porque es una Galimatía la
situación de Guayaquil. Mi entrada en ella en tal estado sería un ultraje
para mí y una lesión a los derechos de Colombia.
Vd. sabe amigo que una ciudad con un río no puede formar una Nación
Que tal absurdo seria un señalamiento de un campo de batalla para dos
estados belicosos que lo rodean. Vd. sabe los sacrificios que hemos hecho
en medio de nuestros propios apuros por auxiliar a Guayaquil, que Colombia
ha enviado allí sus tropas para defenderla; mientras que el Perú ha pedido
auxilios a ella. Quito no puede existir sin el Puerto de Guayaquil, lo
mismo Cuenca y Loja. Las relaciones de Guayaquil son todas con Colombia.
Tumbes es limite del Perú y por consiguiente la naturaleza nos ha dado a
Guayaquil. Que no se diga que una insurrección espontánea ha variado los
derechos: en muchas épocas muchas ciudades han hecho otro tanto, y no
mostraron deseos extravagantes. Maracaibo ha dado el ejemplo de lo que se
debe hacer y no ha imitado a Guayaquil
Todo lo que el derecho más lato permite a un Pueblo comprendido bajo una
asociación, o bajo límites naturales es la completa y libre representación
en la Asamblea Nacional. Toda otra pretensión es contraria a los derechos
sociales. Además la política y la guerra tienen sus leyes, que no se
pueden quebrantar sin dislocar el orden social. Por estas y otras muchas
consideraciones me he determinado a no entrar en Guayaquil, sino después
de ver tremolar la bandera de Colombia, y yo me lisonjeo que Vd. empleará
todo el influjo de su mérito, saber y dignidad, para que no se de a
Colombia un día de luto, sino por el contrario sea Guayaquil para nuestra
Patria el vínculo de la libertad del Sur, y el modelo más sublime de una
profunda política y de una moderación inimitable.
El general Sucre comunicará a Vd. las órdenes que tiene para aprontar los
preparativos de la próxima campaña. Este será el último y el más glorioso
esfuerzo de los Pueblos de Colombia para conseguir los únicos bienes, paz,
gloria y libertad.
Soy de Vd. con la mayor consideración, su más atento y afmo. servidor.
BOLÍVAR.
Recordemos que Joaquín Olmedo
fue diputado en las Cortes de Cádiz, Magistrado, Ministro plenipotenciario
en Londres y París, primer vicepresidente del Ecuador, candidato a la
presidencia, y se puso al servicio de la gloria del general Juan José
Flores, primero de los presidentes del Ecuador independiente de Gran
Colombia, proclamación que él mismo hizo el 13 de mayo de 1830, siete meses
antes de la muerte del Libertador, cuando Venezuela había proscrito a
Bolívar y había declarado su intención de separarse de Colombia.
En fin, estamos
hablando de un hombre de cualidades excepcionales, que es importante
señalar, porque este ilustrísimo hijo de Guayaquil, escribió nada más y
nada menos que el Canto a Junín, una de las obras poéticas más importantes
del siglo XIX, y que fue escrita para honrar a su amigo Simón Bolívar
La batalla duró cuarenta y cinco
minutos, donde no se disparó un solo tiro pólvora, y enfrentó las
Caballerías de Gran Colombia, Perú y Argentina, comandadas por el Libertador
en persona, mientras que la Caballería española estaba comandada por el
francés General Canterac.
Junín fue una batalla que
inmortalizó al Libertador como guerrero, al enfrentar al enemigo cuerpo a
cuerpo, y donde la destreza de la espada y el uso de las mortales lanzas
de tres metros, hicieron estragos en la caballería y la infantería enemiga
A pocos días de recibir el texto
que inmortaliza esa heroica Batalla de Junín de manos de su amigo Olmedo, el
Libertador responde con una carta, que deja ver la inspiración poética de
Simón Bolívar y la admiración recíproca de esos valeros héroes de la
independencia americana, que la ignorancia de algunos iletrados, la mala
intención de la conspiración ideológica y la estrategia de los infiltrados
en nuestros asuntos sudamericanos, quieren tergiversar y desvirtuar, para
alimentar la discordia bolivariana y mantener la disolución de la Gran
Colombia, que en un momento dado hacía temblar los imperios del continente…
Al respecto del poema que le escribió Olmedo, Bolívar le respondió:
"La carta son de un político y
un poeta; pero el poema es de un Apolo… Todos los calores de la zona
tórrida, todos los fuegos de Junín y Ayacucho, todos los rayos del Padre
de Manco Cápac, no han producido jamás una inflamación más intensa en la
mente de un mortal. Usted dispara donde no se ha disparado un tiro; usted
abraza la tierra con las ascuas del eje y de las ruedas de un carro de
Aquiles, que no rodó jamás en Junín; usted se hace dueño de todos los
personajes: de mí forma un Júpiter; de Córdoba, un Aquiles; de Necochea,
un Patroclo y un Ayax; de Miller, un Diomedes; y de Lara, un Ulises. Todos
tenemos nuestra sombra divina y heroica, que nos cubre con sus alas de
protección como ángeles guardianes. Usted nos hace a su modo poético y
fantástico, y, para continuar en el país de la poesía la ficción de la
fábula, usted nos eleva con su deidad mentirosa, como el águila de Júpiter
levantó a los cielos a la tortuga para dejarla caer sobre una roca que le
rompiese sus miembros rastreros; usted, pues, nos ha sublimado tanto que
nos ha precipitado al abismo de la nada, cubriendo con una inmensidad de
luces el pálido resplandor de nuestras opacas virtudes.
Así, amigo mío, usted nos ha pulverizado con los rayos de su Júpiter, con
la espada de su Marte, con el cetro de su Agamenón, con la lanza de su
Aquiles y con la sabiduría de su Ulises.
Si yo no fuese tan bueno, y usted no fuese tan poeta, me avanzaría a creer
que usted había querido hacer una parodia de la Ilíada con los héroes de
nuestra pobre farsa. Más no; no lo creo. Usted es poeta, y sabe bien,
tanto como Bonaparte, que de lo heroico a lo ridículo no hay más que un
paso, y que Manolo y el Cid son hermanos, aunque hijos de distintos
padres.
Un americano leerá el poema de usted como un canto de Homero, y un español
lo leerá como un canto del facistol de Boileau.
La introducción del canto es rimbombante: es el rayo de Júpiter que parte
a la tierra a atronar a los Andes que deben sufrir la sin igual fazaña de
Junín. Aquí de un precepto de Boileau, que alaba la modestia con que
empieza Homero su divina Ilíada; promete poco y da mucho. Los valles y las
sierras proclaman a la tierra: el sonsonete no es lindo; y los soldados
proclaman al general, pues que los valles y la sierra son los muy humildes
servidores de la tierra. [...]
Confieso a Vd. humildemente que la versificación de su poema me parece
sublime: un genio lo arrebató a Vd. a los cielos. Vd. conserva en la mayor
parte del canto un calor vivificante y continuo; algunas de las
inspiraciones son originales; los pensamientos nobles y hermosos; el rayo
que el héroe de Vd. presta Sucre es superior a la cesión de las armas que
hizo Aquiles a Patroclo. La esfrofa 130 es bellísima: oigo rodar los
torbellinos y veo arder los ejes: aquello es griego, homérico. En la
presentación de Bolívar en Junín se ve, aunque de perfil, el momento antes
de acometerse Turno y Eneas. La parte que Vd. da a Sucre es guerrera y
grande. Y cuando habla de La Mar, me acuerdo de Homero cantando a su amigo
Mentor: aunque los caracteres son diferentes, el caso es semejante; y, por
otra parte, ¿no será La Mar un Mentor guerrero? [...]”

La Batalla de Junín fue tan
sublimen desde un punto de vista militar, que el propio realista José de
Canterac con respecto a la batalla que destrozó a su ejército, escribirá a
favor del genio militar de Bolívar:
“... sin poder imaginarme cual
fue la razón, Bolívar volvió grupas nuestra caballería y se dio una fuga
vergonzosa; dando al enemigo una victoria que era nuestra”…
Sobre esta célebre batalla escribió Lecuna:
“Ni en las campañas del Perú, ni
en las de Chile, ni en ninguna otra de nuestra América, la caballería
española tuvo ocasión de adquirir la consumada pericia y la fuerza alcanzada
por los llaneros colombianos en diez años de combate en los llanos de
Venezuela y Casanare”...
Al describir el desarrollo de esta histórica batalla donde prevaleció la
destreza de la espada, la habilidad de los lanceros patriotas y la fuerza
arrolladora de la táctica militar inventada por Bolívar, O´connor escribe:
“Las cargas de nuestros
llaneros y el galope de los briosos caballos, hacían temblar la tierra. El
brillo de la espada de Bolívar es el vivo reflejo de la gloria”
RESUMEN
Amigo Guillermo, no
seamos voceros de una estrategia imperialista empeñada en hacernos enemigos,
ni contribuyamos a destruir el ideal de Simón Bolívar, que no sólo es el
Padre de la Patria venezolana, sino el redentor de un continente.
Recuerda, que gracias a Bolívar, hoy Colombia, Venezuela, Ecuador,
Perú, Bolivia y Panamá, constituyen naciones libres y con identidad, ya que
su lucha rompió las cadenas de la opresión, y permitió que hombres como
Olmedo, San Martín y O´Higgins, lograran también romper el cerco enemigo que
se había disperso, gracias a que Bolívar independizó la Nueva Granada,
impidiendo la comunicación del continente que tanto requería el imperio
español.
Te recomiendo leer las cartas
de Olmedo a Simón Bolívar y viceversa; y te aseguro que tendrán una visión
muy distinta de esa campaña histórica que ha logrado algo que parecía
imposible:
Hacer que Sucre, el héroe
de Pichincha, sea visto como un asesino en Pasto, a pesar de que
precisamente en tierras de Pastos fue vilmente asesinado en Berrueco…
Convertir a Bolívar en un enemigo en el Perú, no obstante de ser el país
al que el Libertador dedicó más años de su vida militar y política, mientras
allí se alaba a San Martín, que como se sabe, los abandonó cuando su deseo
de crear una monarquía no fue aceptada por Bolívar en esa famosa entrevista
en Guayaquil… y finalmente, desconocer la obra de Bolívar en
Guayaquil, al extremos de inventarse una enemistad entre dos grandes amigos
como lo fueron Bolívar y Olmedo el héroe de Guayaquil.
Saludos cordiales,
Jorge Mier
Hoffman
tedejo@cantv.net |