El 28 de Febrero de 1.761 la alegría
del Sargento Mayor Don José María España contagia
a todos los de la casa, pues, Doña Anastacia
Rodríguez (ambos españoles) han traído al mundo
un varoncito, el cual llevará su mismo nombre: José
María. . .
El joven va creciendo con inclinaciones militares como su
padre, llegando desde muy joven a figurar en las milicias de su tierra
nativa, La Guaira, actividad que comparte con la de estudiante,
lo cual le permite adquirir una buena cultura, aprovechando los recursos
que el medio le permite, convirtiéndose así en un
aficionado de la lectura y el estudio de obras de
Filosofía y Política. Según se cuenta, en 1.796,
ya poseía, en La Guaira, una pequeña biblioteca y tenía
reputación de hombre ilustre.
Llegan a sus manos libros que hablan
de las alteraciones ocurridas en Francia como consecuencia de la
Revolución Francesa, y celebra, en la guaira arriba , en unión
de sus amigos , todos los pasos favorables hacia el establecimiento
de la república . la lectura de estos libros , en
1793, le permiten conocer más de cerca la guerra entre
España y Francia, así como de las ideas y planteamientos
de los filósofos y enciclopedistas del momento.
Contrae
matrimonio con la guaireña
DOÑA JOAQUINA SÁNCHEZ
BASTIDAS, mujer de temple heroico , quien
también comparte sus ideas y sus
acciones. dos de sus hijos: prudencio y
José María , fueron cadetes del
ejército republicano.
Las lecturas realizadas por José María
España despiertan su espíritu rebelde , y empieza a buscar
la manera de emular a Venezuela los pasos dados por Francia
contra España.
Estas ideas se enriquecen con la llegada al puerto de la guaira, procedentes
de Santo Domingo, de varios prisioneros y numerosos emigrantes revolucionarios llegando
a la realización de propagandas subversivas contra el gobierno
español imperante en Venezuela.
Cuando ejercía el cargo de Justicia Mayor
de Macuto, llegan a La Guaira, procedentes de España, cuatro reos de
Estado: Juan Bautista Picornell, Manuel Cortés, Sebastián Andrés y
José Lax. Inmediatamente entra en contacto con ellos y ayuda
de manera decisiva a la fuga de estos prisioneros de la cárcel
de La Guaira, escondiéndolos en su propia casa, con el fin de planificar
y ejecutar las acciones necesarias para el derrocamiento del régimen
español en nuestro territorio.
Al lado de Manuel Gual y con la ayuda de los reos fugados, pone en juego
todos los recursos posibles a su alcance, aprovechando su cargo de Justicia Mayor de Macuto y su
simpatía y prestigio entre la "gente de color" para
influir sobre algunos oficiales descontentos y en el pueblo, a
los cuales reúne secretamente en su casa de La Guaira. Fomenta
reuniones en las playas de Macuto y en El Guamacho. Reproduce y distribuye copias de la Constitución,
de los cantos patrióticos y de los discursos que redactan.
Luego de La Guaira, esconde a los reos
fugados en su propia casa de Macuto. Allí realiza
reuniones preparatorias de la revolución armada que están
por emprender. El 26 de Julio de 1.797, José María
España da, como Corregidor, licencia para salir a pescar, al dueño
de una lancha, para que embarque en la playa de su
casa a Picornell rumbo a la isla Guadalupe en
búsqueda de ayuda para llevar a cabo sus planes.
El 13 de Julio es descubierta la conspiración debido a
las "imprudencias " de Don Manuel Montesinos Rico que llevaron
al Doctor Don Andrés de Manzanares, en compañía
de Don Marcos José Soto a denunciar lo previsto
ante el Teniente Don Joaquín Zubillaga, y el día
15 de ese mes es comisionado el Doctor Francisco Espejo
para que capture a José María España. Este mismo
día hubo una reunión en su casa con el interés
de levantar a los esclavos de la región costeña,
donde anuncio que si no podía llevar a cabo sus
planes procedería a embarcarse para la vecina antilla de
Curazao. Este mismo día por la noche, el Doctor Espejo
se dirigió a Macuto en búsqueda de España donde, según
el informe oficial, "se sintió claramente que una persona calzada pasó
por la escalera de una vivienda anexa a su casa" . Doña
Joaquina se asomo al balcón informando que no abría la
puerta porque su marido estaba ausente, lo cual dio
tiempo a España para escapar a Curazao.
El 28
de Agosto de 1797, el Capitán
General de Venezuela, Pedro Carbonell
informa al gobierno de España que
suponiendo a JOSÉ
MARÍA ESPAÑA en
Guadalupe lo ha reclamado eficazmente a los agentes del directorio
de la república francesa ; pero que habiendo transitado
por Curazao el Teniente Coronel Don José Vázquez Téllez
, comandante de la plaza de la guaira, le aseguró
que el fugitivo estaba en dicha isla .
Inmediatamente destinó otra embarcación a reclamarlo
, cuyos tripulantes fueron insultados por una multitud de jóvenes que los
apedreo . Y se sabe que no fue a Guadalupe ya que el directorio
de Francia, en esta isla, respondió al capitán general de Venezuela negándose
a entregar a España , en caso que este llegase a ella
.
Con motivo de la persecución de José
María España , nos quedo la siguiente descripción hecha por
el propio Pedro Carbonell en una carta que envía al
virrey de santa fe con el objeto de que lo identifiquen
y capturen:
"ALTO DE CUERPO , UN POCO
CARGADO DE ESPALDAS , COLOR TRIGUEÑO , OJOS CHICOS Y SUMIDOS ,
CERRADO DE BARBA, LOS JUANEYES DE
LA CARA BASTANTE SACADOS Y CHUPADO
DE CARRILLOS".
Según una nota del 27 de Diciembre de 1797, se conoce que
un espía enviado a Curazao por el intendente, regreso con la noticia
de que Gual y José María España habían pasado
a la isla de Guadalupe y desde Caracas se llego a ofrecer , entonces , hasta 929
pesos de recompensa por cada uno vivo o muerto .
Pero suponemos que quedaron en Curazao ya
que España quería , en esta isla , junto con Picornell
, Cortés y Gual, afirmar el punto de reunión de todos los que pudiesen
atraer a su proyecto, para así entrar a Venezuela por las
dilatadas costas entre puerto cabello y Maracaibo con un pequeño grupo
de gente armada , que levantando el grito de libertad atrajese a los
esclavos y gentes de color por todos los pueblos hasta el Reino de Santa Fe.
Desde Curazao, pasa José María España a Trinidad
y se supone que desde aquí pasa a Martinica con
el fin de realizar desde allí una expedición
armada hacia Venezuela.
Realiza gestiones en Guadalupe, San Bartolomé,
San Thomas, Santa Cruz, Martinica y Trinidad, desde la cual, viendo
frustrados sus esfuerzos, no en volver temerariamente al Puerto
de La Guaira. Desde Trinidad es conducido por un marino de
apellido Chazin a
Barcelona, donde le solicita pasaje para Unare en una canoa
que se dirigía a aquella costa a pescar.
A sabiendas de su persecución del
ofrecimiento de buenas sumas de dinero al que le entregase
vivo o muerto, España llega a La Guaira el 27 de enero de
1799 y permanece escondido en El Cardonal en la casa del negro libre
Félix
Farfán. Intenta, entonces, llevar a cabo su plan revolucionario
y libertador con cuantas precauciones pudo tomar para no ser descubierto.
Para seguir la rebelión realizo reuniones, giró instrucciones revolucionarias para
excitar y conmover los ánimos de los vasallos del
Rey a romper el juramento de fidelidad, y a trastornar el
sistema establecido y las leyes de la Monarquía.
Posteriormente nuestro mártir pasa a ocultarse
en su casa de Macuto. Se comienza a sospechar de su presencia en
esta casa ya que Doña Joaquina Sánchez manifiesta algunos síntomas
de embarazo, lo cual alarmó a una de las criadas,
puesto que se suponía a su marido ausente. Lo manifestó
al resto del personal de la casa, y como era lógico
el rumor llego a oídos de las autoridades españolas
procediendo a interrogarla ya que su estado era síntoma
de que José María España debía estar presente
en la vivienda, a lo que Doña Joaquina, valientemente, respondió:
" No es José María el único hombre que
hay en Macuto", pasando así como infiel y salvando
al esposo de ser capturado.
CAPTURA Y
EJECUCIÓN DE ESPAÑA
En abril de 1799, Don Miguel Gerónimo de Pimentel, Corregidor
del Partido de Macuto, manifestó al Comandante de La Guaira que Rafael
España, negro esclavo, y mandador de la hacienda del reo
de Estado, España , y sus hermanos en el pueblo de
Naiguata le habían revelado que Doña Joaquina Sánchez,
mujer de su amo José , le llamo para persuadirlo sublevase a los
esclavos de dicha hacienda y de las inmediatas, que se unieran a los cimarrones avanzados
contra la Plaza.
Inmediatamente el negro Rafael, Doña Joaquina
y su domestica María Rufina Acosta fueron interrogados y
luego trasladados a la capital. La casa fue custodiada, y
un centinela de guardia sintió ruidos mayores al que podían
provocar los hijos de España, que habían quedado con la
criada; el soldado dio parte a su Sargento, quien lo
traslado al mismo Comandante. Este, con la mayor precaución y
rapidez acudió con tropas a examinar la novedad.
La criada Rufina fue interrogada y muy
nerviosa por la inesperada visita contesto que su amo José
María España estaba en la casa; entonces se procedió
a la requisa , y estando en esto se le aviso al Comandante que corría por las calles un
hombre perseguido de otro. Una parte de la tropa se dirigía
a la calle y otra permaneció en la revisión de
la casa hasta que fue descubierto un agujero por donde se
introdujo Don Antonio Moreno, Capitán del Batallón Veterano, y continuando
el examen logro que España se desprendiera de la chimenea
de la casa inmediata en la cual se ocultaba, lográndose
su captura, supuestamente, por la denuncia de la señora Josefa Herrera,
puesto que el 24 de Mayo de 1799 dicha señora pide el premio ofrecido por la captura
del reo en la cocina de su casa.
España fue capturado en la noche del
29 de Abril de 1799, y en la noche del 30, en presencia
del Capitán General, comenzó a rendir su declaración
indagatoria. El día 6 de mayo, los señores Presidente,
Regente y Oidores de la Real Audiencia de Caracas dictan
la siguiente sentencia de muerte.
". . precedidas sin la menor dilación
las diligencias ordinarias conducentes a su alma, sea sacado de
la cárcel arrastrado a la cola de una bestia de albarda,
y conducido a la horca, publicándose por voz de pregoneo
su delito: que muerto naturalmente en ella por mano del
verdugo, le sea cortada la cabeza, y descuartizado su cuerpo;
que la cabeza se lleve a una jaula de fierro al Puerto
de La Guaira, y se ponga en el extremo alto de
una viga de 30 pies que se fijara en el suelo a la
entrada de aquel pueblo por la Puerta de Caracas; que se ponga
en otro igual palo uno de sus cuartos en la entrada
en la entrada del pueblo de Macuto en donde oculto a
otros gravísimos reos de Estado, a quienes saco de la cárcel de La
Guaira y proporciono la fuga; otro en la Vigía de Chacón, en
donde tuvo ocultos los citados reos de
Estado; otro en el sitio llamado Quinta-Calzón, río
arriba de La Guaira, en donde recibió
el juramento de rebelión contra el Rey; y otro en
la Cumbre donde proyectaba reunir las gentes que se proponía
mandar. Que se confisquen los bienes que resulten ser suyos
y se ejecuté; y ejecutado, tráigase el proceso para
lo demás que corresponda en justicia por lo respectivo
a los demás reos."
"El 8 de mayo de 1799, la ciudad de Caracas
estaba como vestida de luto: las ventanas y puertas de las casas
se hallaban cerradas, y la voz llorosa de las mujeres que
rezaban adentro, el tañido de las campanas que tocaban agonía,
y el aire pavoroso de los unos, graves y apresurado de los
otros, anunciaban un acontecimiento singular y terrible."
"Poco pueblo, alguna tropa y niños
precedidos por sus maestros, ocupaban la Plaza Mayor, y veían
salir con ansiedad extraña, desde la cárcel publica,
un grupo confuso que se acercaba lentamente, compuesto de soldados
y de frailes de todas las ordenes, rezando estos, presta
las armas aquellos; y de Hermanos de la Caridad y de
Dolores con vino y agua en las manos, o con un
platillo en que recogían limosna, al fúnebre son
de estas palabras: Hagan bien para hacer bien por un hombre que esta
por ajusticiar. Venia realmente un bulto indefinible sobre una manta
levantada por unos hermanos y tirada de vil caballo, con
quien hablaban alternadamente dos sacerdotes, y que parecía escuchar
con entereza y dejarse ir voluntariamente hacia donde lo llevaban. Era
Don José María España, que era arrastrado al ultimo
suplicio. Tendría como 40 años; y sin la blanca mortaza
que le envolvía, habriase admirado un hombre de ademan resuelto,
de agradable y gentil presencia. Por entre el ruido monótono
de las armas, la salmodia del clero, los dobles de las
iglesias, el dolorido acento de los que pedían por su
alma, resonaba la dura voz del pregonero, que iba delante
pregonando la sentencia: . . . y se ejecute, digno castigo de quien
tramo contra el orden publico, sin detenerse en la consideración
de los males gravisimos que debía esperar de semejante empresa.
. .
"Cuando hubo llegado España al pie de la horca,
el Doctor José Antonio Tinedo, su antiguo amigo y que era uno de los sacerdotes que le
auxiliaba, le hizo detener, con los ojos bajos, atadas las manos, entre un circulo
de oficiales, para que expiase cristianamente un movimiento de orgullo que había sorprendido
a los prestos de la muerte. Entonces, el cura de la Iglesia Metropolitana
subió con él las escaleras del elevado suplico, abrazándole
y cubriéndole amorosamente con sus hábitos. Aún no
había bajado y ya el reo de lesa majestad agonizaba
bajo el innoble peso del verdugo."
"El pueblo, humano, sencillo, aún no
acostumbrado a hacer un espectáculo de la muerte, quedo por algún tiempo
atónito, inmóvil; los niños, espantados, se apretaban los
unos con otros, alrededor de sus maestros; y muchos, entre los mismos actores, comenzaban a retirarse,
mudos, tristes, cuando el sacerdote que había sondeado hasta el fin
el espantoso misterio de la muerte, pálido, visiblemente consternado,
subió a una cátedra que estaba allí y en que
no había reparado nadie."
Era un hombre alto y grueso, de fisonomía
varonil y severa, templada por melancolía y paternal sonrisa. Su voz
imponente y grave, tornabase a veces en apacible y tierna; lagrimas venían frecuentemente
a sus ojos, y ya al terminar su peroración ardiente,
dirigió estas impetuosas palabras al frío cadáver,
demudado y cárdeno, pendiente de la horca:
"Dejad, cristianos, que para desahogar mi corazón, me despida
un momento del amigo de mis tiernos años, del compañero de mi
juventud, del que recogió las defunciones primeras de mi
amistad. Dejadme llorar, como David, al nuevo Absalon, que ha perecido
colgado de es árbol funesto: Absalon fili mi . . . ! Satisfecha
la vindicta de la majestad terrena, yo no debo acordarme sino
del amigo; esta ya en manos clementes de la justicia divina, que
le ha recibido en sus brazos al salir de los míos.
Qué le importa la manera con que murrio al que esta
en el cielo? Quizás, aun a los ojos del mundo,
en estos malos días en que la sangre de los
reyes mancha las manos del verdugo, el patíbulo venga
a ser el titulo de la gloria . . . Que te diré yo
, amigo mío, que dé paz sobre los caminos públicos
a tus huesos áridos, y lleve un consuelo a tu inconsolable
esposa. Que la mano del hombre no es la mano de Dios, que su balanza
no es la de los poderes de la tierra, y que mientras
hieren a aquel corona . . . Yo no debo detenerme aquí
en medio de la turbación que domina mi espiritu. Mi fe
es de mi rey; dejadme mis lagrimas para mis amigos."
El cuerpo de José María España
quedo pendiente de la horca desde las once de la mañana
hasta las cinco de la tarde, cuando llego el verdugo, que
lo era Agustín Blanco, provistos de los utensilios ( hacha, machete
y cuchillo) para dar cumplimiento a la segunda parte de la
sentencia, y llegada la noche sus partes fueron trasladadas a
La Guaira.
"La turba fue disipándose después
de las palabras elocuentes y patéticas, que habrían sido
temerarias en otros labios. . . Solo un joven ademan resulto, después
de haber oído con profunda atención al Doctor Vicente Echevarría
( el orador) presencio en la plaza, con aparente estoicismo, a
la barbara carnicería del verdugo, en cumplimiento de la sentencia.
Estaba el mozo en la flor de su años; era de
gallarda estatura, de figura marcial y seductora. A veces se amontonaba una tempestad
sobre su frente encapotada y sus ojos lanzaban relámpagos.
Al fin parecio turbarse, fijo la vista sobre el desnudo suplicio,
y como agitado de funesto presentimiento, soltó las riendas
a su caballo y corrió sombrío por las calles de
la ciudad."
Así nos cuenta un contemporáneo a
este fatal destino, la tragedia que puso fin a la conspiración
de Guál y España, así como la impresión profunda
que hizo en el espíritu impuesto del joven José Félix
Ribas.
Murió José María España
el 8 de mayo de 1799 pero dos de sus hijos, abanderados
del Batallón Caracas el 5 de julio de 1811 cuando
se proclamo la Independencia de Venezuela, fueron los primeros
en desplegar el Pabellón tricolor en el lugar donde muriera
su padre, en el mismo sitio donde esta hoy la
Plaza Bolívar de Caracas, dando cumplimiento así
a la profecía de su padre antes de morir: