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La Búsqueda |
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Por: Jorge Mier
Hoffman |
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AÑO DE 1830 |
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| La lluvia estrepitosa descarna la tierra, que en una avalancha de lodo tiñe de marrón las agitadas aguas del Magdalena… Los caminos son intransitables… Sólo los más osados son capaces de navegar por las tumultuosas aguas sembradas de remolinos y minas de árboles sumergidos, que llevados por la corriente, de pronto emergen con fuerza infinita, capaz de hundir frágiles embarcaciones… No hay caminos alternos… No hay manera de llegar a Santa Marta… Los derrumbes impiden el paso de las bestias y los carruajes hunden sus ruedas en el fango movedizo… En ese panorama aterrador de misterio intransitable… una mujer camina a paso aletargado, cubriendo su cara del zarpazo del viento que ruge como una fiera capaz de desgarrar la carne… Las tormentas del Pacífico compiten con fiereza incontenible con los huracanes del Caribe… los aldeanos lo saben… los nativos le temen… por ello no salen de sus casas hasta tanto no amaine la tempestad… pero la presencia de la mujer retando a la fuerza de la naturaleza, es un espectáculo que llama poderosamente la atención de los lugareños que se preguntan… Adónde se dirige..? Qué motivo la mueve a retar la fuerza del viento a costa de su propia vida..? | ||||||
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AÑO DE 1812 |
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Nueva Granada es un hervidero de pasiones políticas,
atentados y anarquía popular: Venezuela había fracasado en su prepotencia
de invocar la independencia con la capitulación de Miranda y la restauración
del gobierno español por parte de Monteverde… por su parte Nueva Granada
hacía lo imposible por mantener su libertad, luego que Napoleón Bonaparte
invadió España, para beneplácito de los virreinatos que controlaba la Corte
de los Reyes en América… En ese ambiente de conspiración política se
encuentra un joven de 28 años de edad, quién llegó a ese país exilado de
Venezuela… Es Simón Bolívar, quién pretende cautivar sus hermanos
colombianos para restaurar la independencia de su país…
El 27 de
noviembre, el joven venezolano se dirige al
poblado
de Tunja, donde se celebraría una reunión extraordinaria del Congreso de
Nueva Granada... Era un momento propicio para que el joven hiciera uso de su
elocuencia y diplomacia, en solicitar ayuda al gobierno... Bolívar
vociferaba en el recinto: “Sean ustedes los libertadores de sus hermanos
cautivos en Venezuela”… Pero sus ruegos y súplicas encuentran
resistencia en un gobierno ilegítimo, clasista y de poco liderazgo ante un
pueblo desconcertado.
Los
diputados veían con recelos la presencia de un joven idealista con un
discurso revolucionario… Sin embargo sus palabras causaron admiración entre
los presentes, lo cual fue recogido favorablemente por la
Gaceta de
Santafé
y el Semanario del Nuevo Reino de
Granada…
Bolívar sin desanimarse por la indiferencia del gobierno, se traslada a
Cartagena por invitación de
un amigo
holandés de nombre Mordehay… En esa casa de dos patios, un balcón de madera
y habitaciones con argollas para colgar la hamaca,
medita sobre el
futuro de su Patria..!
Desde su
habitación veía pasar a los negros descalzos que sufrían las penurias de una
esclavitud impuesta por una sociedad clasista, que vivía una utopía de
libertad, por haber cambiado su fidelidad a Francia en lugar de España… y a
lo lejos… su sufrida Venezuela que pagaba con su sangre la osadía de invocar
una auténtica independencia…
El 15 de
diciembre… cuando el sol declinaba en el horizonte… y la luz del candil
alumbra su mente… Bolívar escribe su primer “manifiesto”… texto que había
comenzado en Curazao, lugar que le dio asilo tras el fracaso de Miranda…
Allí deja escrito su desesperación por auxiliar sus hermanos, y una
melancolía por regresar a Caracas… Su Manifiesto lo titula “Memoria Dirigida
a los Ciudadanos de Nueva Granada por un Caraqueño”: con asombrosa claridad,
no usual para la manera de escribir en esa época, Bolívar narra y analiza
los aciertos, infortunios y errores que persiguieron a los patriotas... Con
dolor confiesa:
Bolívar
esperanzado por la ayuda del Gobierno, ante sus súplicas y alegatos
expuestos en su Manifiesto, como su mejor carta de presentación, recibe la
triste noticia de que sus plegarias no encuentran eco en el gobierno… y en
respuesta… es relegado a comandante de 70 oficiales en un olvidado pueblo de
Barranca en la selva infernal de la Guajira; alejado de la acción militar,
la dinámica política y la vida social capitalina a la cual siempre estuvo
acostumbrado... Hasta aquí llegaron sus sueños de independencia...
Bolívar siempre esperó pacientemente un reconocimiento a su gallardía
militar, que le permitiera conducir un ejército revolucionario. En su
Patria, fue Miranda quién se llevó los honores, y aquí en Nueva Granada lo
echan al olvido… A no ser por su iniciativa en desalojar a los españoles, en
su obsesión de penetrar las fronteras de su país, Bolívar nunca hubiera
pasado a la historia...
Su imponente personalidad
contrastaba con su pequeña estatura de 1,67 m, lo que hacía más
impactante su presencia en cualquier escenario...
Desde el primer momento se hizo sentir con autoridad para adoctrinar a los
soldados bajo su mando, para luego vencer y aniquilar al enemigo... Los
soldados que hasta ese momento se limitaban a pescar, jugar cartas, beber,
echar cuentos y dormir, ahora pasaban horas de entrenamiento…
Las jóvenes se peleaban por conocer al héroe del Magdalena, y competían en insinuaciones convidándole a bailar… momento propicio para que Bolívar fijara su atención en Anita Lenoit, una jovencita de 18 años… Ambos cruzaron miradas… gesto más que suficiente para que el experimentado amante cautivara el corazón de la francesita, atraída por la energía glorificante que envolvía el aura del venezolano… Luego… las melodías envolventes de un vals que bailaron toda la noche, terminaron por consolidar una noche de pasión… Una noche fue suficiente para esclavizarla al futuro Libertador… A la mañana siguiente, Bolívar visitó la casa de la familia Lenoit para encontrarse nuevamente con Anita… Cuentan que Bolívar escuchaba embelesado su conversación, que en un contraste de español y francés tenía un encanto especial; por su parte Anita observaba maravillada a aquel bizarro joven de 28 años, de marcial continente, cuyas vivas miradas revelaban su carrera militar como futuro Libertador… Los amores de Bolívar y Anita se cuchicheaban por todos los rincones de Salamina, colocando a la joven al escarnio social, hecho que afecto de tal manera a sus padres, que abandonaron por algún tiempo el puerto, hasta tanto las tropas de Bolívar continuara su marcha.
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AÑO DE 1830 |
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La prensa
anuncia en grandes titulares: LA RENUNCIA DE BOLÍVAR… El Libertador se
separaba del gobierno con un emotivo discurso: “Compatriotas: escuchad mi
última voz al terminar mi carrera pública... os pido, os ruego que
permanezcan unidos, para que no seáis los asesinos de la Patria y vuestros
propios verdugos”… Bogotá 20 de enero de 1830… Sus palabras recorrieron
todos los rincones del Continente… El pueblo desconcertado no entendía tal
decisión y menos de cómo un Congreso que hasta ayer festejó sus triunfos,
ahora le daba la espalda a su único Libertador… La noticia de que Bolívar
abandonó a su compañera Manuella Sáenz y que viajaba sólo con sus fieles
edecanes, recorrió todos los rincones… Anita que seguía los pasos de
Bolívar, apresuró los preparativos para lograr los recursos suficientes que
le permitieran ir en auxilio del hombre que la había hecho mujer… Su
perseverancia la llevó a todo tipo de humillaciones, y hasta en la
enfermedad, continuaba trabajando, ahorrando sin importar las privaciones y
sacrificios, con tal de disponer del dinero necesario para viajar al lado de
Bolívar… Cuando al fin logró lo suficiente, se lanzó a la aventura de
revivir aquellos tiempos de romanticismo al lado del Libertador… Lejos
estaba Bolívar de pensar, que en la soledad de su espíritu y la traición que
lo llevaba a Santa Marta donde moriría, sus pasos eran seguidos por una
mujer apasionada, capaz de darle todo el amor y la vitalidad que él
necesitaba…
Anita al colarse entre la aglomeración que iba y venía del interior con pañuelos en los ojos, un silencio sepulcral invadía el ambiente funerario: mujeres ataviadas de un negro azabache con un velo de igual color que cubría sus rostros, lloraban en silencio mientras sus labios oraban al ritmo de rosario… Candeleros en llamas advertían la capilla ardiente, y una guardia de honor custodiaba el mesón de caoba labrado donde yacía tendido los restos mortales del Libertador…
El hombre más poderoso de América, a quién millones de personas y generaciones futuras le debían la libertad luego de 300 años de esclavitud, estaba tendido sobre una vulgar mesa de madera, en un lúgubre edificio de oficina de paredes mal pintadas, de piso rústico, y una escuálida iluminación que disimulaba la tristeza del deteriorado recinto… Allí, en la miseria del Caribe, estaba nada más y nada menos que la personalidad más importantes del planeta..! Ni siquiera la iglesia pudo ser habilitada para un acto de tanta solemnidad como exigía el funeral del Padre de la Patria… Tan precario fue el funeral, que el Dr. Reverend apenas pudo embalsamar el cuerpo por la falta de químicos, lo que obligó extender el velorio sólo hasta el 20 de diciembre, o sea, apenas tres días de su muerte… y al momento de vestir el cadáver, Bolívar usó una camisa prestada, ya que la suya estaba rota.
Anita despertó a la realidad de un sueño inalcanzable, cuando decidió ir en busca del Padre de América… Comprendió que Bolívar pertenecía a todos los corazones del Continente… era como un caballo salvaje que vivía intensamente la aventura, la libertad, y que nunca podría ser domado… y al igual que toda la multitud que peregrinaba para admirar al héroe, bajó la mirada y elevó sus plegarias al cielo… Anita permaneció los dos días restantes al lado de cadáver junto con los fieles edecanes, hasta las cinco de la tarde del día 20, cuando comenzaron los actos fúnebres de la sepultura… Apenas lo que quedaba del Batallón de Pichincha marchó para conducir el cuerpo hasta la Iglesia Catedral, donde inclusive fue notorio la ausencia del Obispo, quien se disculpó por supuestos problemas de salud… El ataúd era conducido por los caballos del difunto general, vestidos en su lomo con caparazones negros que tenían bordados las iniciales SB… Detrás del cadáver, el comandante general del departamento, el comandante de armas de la plaza con sus respectivos estados mayores; luego la guardia de Su Excelencia, compuesta por el batallón Pichincha… Mientras el cortejo recorría las calles de Santa Marta, los pobladores arrojaban flores al catafalco, en remembranza a la célebre Campaña Admirable, cuando el Brigadier Simón Bolívar era recibido por los pueblos agradecidos quienes llenaban de pétalos la marcha libertadora. Luego que los restos mortales fueron colocados en un sepulcro prestado de la familia Díaz Granado, todos se olvidaron de Bolívar... La ruptura de la unión bolivariana, cambios profundos en la manera de gobernar, y las concesiones extranjeras a naciones que hasta ayer eran enemigas de la Patria, mantenían a la población ocupada en sus propios problemas, mientras los políticos desmembraban la obra bolivariana…
El recuerdo de Bolívar la acompañó por siempre... Curiosos y turistas que llegaban a la localidad de Tenerife, visitaban a esa dulce señora de pelo blanco, que con dulzura infinita y de voz pausada, narraba las proclamas y discurso del Libertador, que en sus años de gloria, retumbaron de gritos y aplausos los recintos de cinco Congresos americanos..! Cornelio Hispano escribió: “El que navega hoy el río Magdalena después de pasar por las bocas de Tacaloa, donde el Cauca rinde majestuosamente sus aguas, distingue en un recodo de promontorios salientes que forman pequeñas ensenadas de aguas dormidas, blanca aldea coronada de palmeras y dominada por antiguos fuertes de ruinas, rojos en otros tiempos de sangre ibera y donde los patriotas más de una vez cubrieron de gloria… Allí… a la orilla del río, sentado en una silla del convento, con el sable cruzado sobre la pierna, semejante a Plutón con su bidente, en los infiernos, impávido, sentenciaba Hermógenes Maza a cuantos prisioneros españoles le iban presentando con esta fórmula sencilla: A la horca..! Es Tenerife, la de heroicos recuerdos, lugar de despedida de Bolívar y la francesita, y donde se inició una búsqueda por el amor… En su cementerio, sobre una losa medio oculta entre las zarzas y carcomida por el tiempo, aún hoy se puede leer este nombre: ANITA LENOIT” |
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Por: Jorge Mier
Hoffman |
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