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La Excalibur del Libertador |
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Por: Jorge Mier
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Cuenta la historia que en las tierras de Avalón, mítica isla de los Santos en la leyenda céltica, los nobles acudieron al Jefe Supremo del lugar, Merlín, para encontrar al monarca sucesor. El mago hizo aparecer una espada clavada en la piedra, con una leyenda que decía:
Son elementos mágicos de la Excalibur: la isla, el Jefe Supremo del lugar, la espada de la libertad, y el héroe de la leyenda; como también lo son: la isla de Haití, Alexander Petión como Jefe Supremo del lugar, la “Espada Libertadora”, y los héroes Francisco de Miranda y Simón Bolívar. El puerto de Jacmel en la costa de Haití dio asilo, protección y cariño a dos de los más ilustres hijos de Venezuela: Miranda y Bolívar… Extraña coincidencia, la que más allá del tiempo parecía querer unir, en la libertad y el heroísmo, a las naciones de Haití y Venezuela a través de la “Espada Libertadora”… El 12 de marzo de 1806, Alexander Petión, colaborador del entonces presidente Jean Jacques Dessalines, hace entrega a Miranda de la “Espada Libertadora”, símbolo de la independencia y la lucha por la liberación de su pueblo, para que en su puño sirviera de estandarte de la independencia que pretendía llevar a Venezuela… Al momento de recibir tan significativo objeto, Miranda la eleva hacia el cielo para dirigir a sus hombres palabras de efervescente patriotismo: “Juro ser fiel y leal al pueblo libre de Suramérica, independiente de España, y servirle honrada y lealmente contra todos sus enemigos y opositores”... La “Bacchus” y la “Bee” eran otras dos embarcaciones que acompañaban al “Leander” capitaneada por Francisco de Miranda con destino a las costas de Ocumare. Los españoles ya sabían de la incursión del venezolano, puesto que tenían un espía italiano de nombre José Covachich, que seguía los pasos de Miranda.
El 3 de agostote 1806, el tricolor patrio, la bandera que Miranda hizo confeccionar en la heroica isla de Haití para anunciar la llegada de los libertadores, ahora ondea en suelo venezolano… Miranda clava la “Espada Libertadora” en la playa de Ocumare en gesto de desafío..! “Han llegado los Libertadores”… así anuncian la llegada los primeros en desembarcar… pero..! la población se ha esfumado, y cuando Miranda hace su entrada a la ciudad empuñando la “Espada Libertadora”, sólo se encuentra con un silencio sepulcral de calles desoladas, casas deshabitadas, y negocios cerrados… es como si en lugar de un libertador hubiera hecho presencia el propio Satanás, porque así lo anunciaban los curas desde las iglesias en sus homilías… Volantes con la palabra “hereje” yacían esparcidos por las calles y lo acusaban como agente de los ingleses para vender a Venezuela… En Caracas, ante el anuncio de la llegada de Miranda a la Vela de Coro, mantuanos y burgueses notables demuestran su más completa lealtad a la Corona Española, y cuando ponen precio a su cabeza y lo queman en un muñeco de trapo relleno con paja, el Cabildo de la capital lo califica de “monstruo abominable” mientras el pueblo ignorante gritaba en la Plaza Mayor: traidor… vende Patria..! Una horrible decepción debió experimentar ese hombre de fama universal, que desde hacía veinte años se esforzaba en combatir a España y en predicar la independencia de América..! Un Miranda inmerso en la total frustración parte hacia Aruba, y de allí a Trinidad, para luego regresar a Londres; pero antes de partir, con una nota de agradecimiento eterno, le devuelve al líder haitiano la “Espada Libertadora” que no logró su cometido de libertar a su pueblo, la cual esperará en esa heroica isla la llegada de un nuevo héroe, como la Excalibur del mago Merlín, que permaneció incrustada en la dura roca en espera del joven Arturo, quien se convertiría en el mítico Rey de Inglaterra. Miranda fracasó en empuñar la “Espada Libertadora”, como fracasaron aquellos caballeros medioevales que, en su empeño de asumir el trono que estaba destinado para el rey Arturo, no pudieron extraer la Excalibur de la dura piedra de Avalón, destinada sólo a los hombres de corazón inmaculado. Diez años más tarde, otro será el héroe que empuñará la “Espada Libertadora”… El 21 de diciembre de 1816 Simón Bolívar se encuentra en Jacmel para dirigirse a Venezuela, al igual que lo hizo su compatriota Francisco de Miranda desde este mismo puerto… Bolívar: “Perdida Venezuela y la Nueva Granada, la isla de Haití me recibió con hospitalidad: el magnánimo Presidente Petión me prestó su protección y bajo sus auspicios formé una expedición de trescientos hombres comparables en valor, patriotismo y virtud a los compañeros de Leonidas”…
Ya el Libertador había fracasado en su
primer intento desde Los Cayos de San Luis cuando, al igual que Miranda, no
pudo invadir a Venezuela a través del puerto de Ocumare… Por segunda vez
Alexander Petión, hijo de padre francés y madre mulata, ahora presidente de
Haití, le presta por segunda vez a Bolívar toda la colaboración para la
nueva expedición; no sólo le aporta los recursos financieros, sino la fuerza
moral y anímica que necesita el Libertador para emprender la aventura…
Petión presiente el triunfo de Bolívar, no obstante el rechazo que inspiraba
entre algunos de sus oficiales, incluyendo a los coroneles Mariano Montilla
y Bermúdez, quienes inclusive lo retaron a un duelo a muerte, siendo
necesaria la intervención de Petión para condicionar el apoyo del gobierno
de Haití, siempre y cuando el Libertador comandara la nueva expedición
militar… Antes de la partida, Petión quién se había convertido en personaje
determinante en la emancipación americana, hace llamar a Bolívar para
hacerle un ruego: “Pido a
“No era una espada de oro ni llevaba piedras preciosas, como la que la municipalidad de Lima obsequió a Bolívar a raíz de la victoria de Ayacucho, y conocida desde entonces como la “Espada del Perú” y más tarde “Espada del Libertador”, cuya belleza y esplendor hacen de ella una deslumbrante joya de alta orfebrería, tal vez la más bella espada del mundo”… Esta era más bien una “escuálida espada” sin mayores detalles ornamentales; pero sí de un vil metal de excelente filo y calibrado peso conocida como Durandal… Su hoja de acero puro sin grabados de Damasco, pero con algunas decoraciones, desnuda y luminosa, ya mostraba las cicatrices de varios combates en mano de su dueño haitiano… Es una espada-sable de hoja de acero de 0,84 cm de largo y 0,035 cm de ancho; lleva en su empuñadura de bronce el escudo de Haití, y la cabeza de un león. La vaina es de bronce con el escudo de Haití y motivos alegóricos a la guerra en alto relieve. En sus caras tiene dos armellas para sujetar al cinto. Es la EXCALIBUR DEL LIBERTADOR que lo inmortalizará como insigne guerrero y lo acompañará durante nueve años de duro batallar: la que combatirá en la Guayana y en la célebre Angostura, la que se elevará en los recintos de los Congresos en emotivos discursos, la que atravesará la temible cordillera blanca del Páramo de Pisba para liberar a Nueva Granada, la que vencerá en Pantano de Vargas, la que destrozará en Boyacá al ejército español para entrar victoriosa a Bogotá, la que peleará en Carabobo para lograr la independencia e Venezuela, la que triunfará en Bomboná para consolidar la liberación del Ecuador, la que hará historia en la célebre batalla de Junín que junto a la de Ayacucho lograrán la independencia del Perú; pero sobre todo, será la espada temible de Bolívar que pondrá de rodillas a la Corona Española y hará correr despavorido a los más aguerridos ejércitos … en fin, ésta es sin lugar a dudas la auténtica “Espada Libertadora” que logro en nueve años la emancipación de: Nueva Granada, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia… Es la misma espada que usó Simón Bolívar en más de trescientos combates, la que intercambió en signo de paz con Pablo Morillo para lograr el armisticio que ayudó a la independencia del continente, la que saludó a San Martín en la célebre entrevista de Guayaquil, la que utilizó el Libertador para conducir su ejército implacable, la que izo en signo de gloria cuando era recibido por los pueblos jubilosos… y será la espada que siempre conservará Bolívar hasta la última de las batallas por la independencia. En 1825, cuando la independencia del continente ya era cuestión de organización y Bolívar se prepara a consolidar su obra libertadora con la naciente República de Bolivia, en un acto de gran pomposidad recibe de las autoridades de Lima la invalorable “Espada del Perú”, símbolo de la riqueza, la libertad y la paz duradera en tierras incas… Atrás quedaba el tiempo del guerrero incansable para dar paso al estadista y conductor de naciones… Es el momento de colgar la espada guerrera y tomar la pluma para dar forma a las cinco naciones que surgían con la Gran Colombia… Bolívar conciente de la inmensa responsabilidad que tenía sobre sus hombros, se despide de su arma guerrera que lo inmortalizará en la historia: En un acto de gran significación y nostalgia, entrega la heroica “Espada Libertadora” al barquisimetano y compatriota General de División Jacinto Lara, a quién Bolívar llamaba “El Ulises de Colombia” por sus destacadas actuaciones en las batallas de Junín y Ayacucho, y héroe indiscutible de la independencia. La “Espada Libertadora” más nunca regresará a Venezuela… Jacinto Lara la obsequiará al venezolano coronel Pedro Guas, también héroe de Ayacucho. Luego pasó a manos del coronel Juan Rubina; este a su vez la dio al Conde José Carrillo y Albornoz quien la incorporó a su Museo de la calle de la Presa N° 685 en Lima, Perú, el 3 de octubre de 1867. Al morir, su bisnieta, Adelaida Schmidt la donó en 1927 al Senado de la República del Perú, y hoy se conserva en el Museo Nacional de Historia, Sala XI consagrada a la memoria del Libertador, Simón Bolívar. Simón Bolívar con su ferviente concepción democrática sustentada en la soberanía popular, contraria a la monarquía que imperaba en Europa, se negó a ceñirse la corona que con vehemencia imploraban sus colaboradores; razón por la cual su Excalibur tuvo una evolución histórica contraria a la del rey Arturo de Inglaterra, pero sin embargo ambas “Espadas” adquirieron dimensiones de leyenda… Es por ello, que esa copla popular que retumba en todos los rincones del continente americano, más que una consigna revolucionaria contra el imperialismo explotador, es un himno a la “Espada Libertadora” que el mago de la revolución Alexander Petión, entregó al joven Simón Bolívar para coronarse como libertador de todo un continente, como una vez hizo el mago Merlín al coronar al rey Arturo en la mítica leyenda.
Las espadas Ornamentales del Libertador
Páez hizo mención de una espada de doble filo que le obsequió el Libertador con las siguientes notables palabras: “La espada redentora de los humanos..! Ella en mis manos no será jamás sino la espada de Bolívar: su voluntad la dirigirá, mi brazo la llevará. Antes pereceré cien veces, y mi sangre será perdida, que esta espada salga de mi mano, ni atente jamás a derramar la sangre que hasta ahora ha libertado. Conciudadanos: la espada de Bolívar está en mis manos; por vosotros y por él iré con ella a la eternidad”. Esa espada se convirtió en una “Espada de Damocles” para el propio Bolívar, ya que tiempo después, Páez lideraría la separación de Venezuela de Colombia y por ende la disolución de la obra del Libertador: La Gran Colombia.
Bolívar fue homenajeado de mil maneras; y los sables y las espadas eran los regalos por excelencia. Cada espada en su ornamento y belleza eran autenticas joyas, donde una era más lujosa que su anterior, las cuales el Libertador a su vez regalaba a sus oficiales.
Más que una espada de combate, es una lujosa joya de orfebrería: la vaina es de oro macizo de 18 quilates y su pomo está formado de oro, brillantes y diamantes; su valor incalculable representa el heroísmo desplegado en el Perú.
En la edición especial del Periódico Ilustrado que realizó Alberto Urdaneta con motivo del centenario del nacimiento de Simón Bolívar el 24 de julio de 1883, se describen dos espadas ornamentales que pertenecieron al Libertador: Una espada de campaña, que regaló en 1822 al nativo de Popayán, Rafael Arboleda, acompañada de la siguiente carta: “Japio, 29 de Diciembre de 1829. Estimado amigo y señor: Usted ha deseado tener un documento por el que conste que la espada que usé en la campaña del Sur de Colombia en el año de 1822, es la misma que tuve el gusto de presentar a usted como un gaje de mi estimación y verdadera amistad, en Guayaquil, cuando entré en aquella ciudad en el mes de agosto de 1822”… Otra, un sable de caballería que regaló al general Rafael Urdaneta quien a su vez se la regaló a su primo Francisco Urdaneta. La espada de la discordia del Libertador
La llamada Quinta de Bolívar, por diez años fue el lugar de residencia del Libertador cuando estaba en Santafe de Bogotá. La habitó por primera vez en 1821 como un obsequio que le hacía la ciudad a su libertador… Bolívar vivió en ella 423 días; aunque no fueron consecutivos, constituyen la estancia más prolongada que haya tenido Simón Bolívar en lugar alguno durante su gesta emancipadora. Este hecho le confiere a este lugar campestre un sentido histórico que no posee ningún otro monumento bolivariano, sólo compartido con su casa natal en Caracas. En el inventario del año 1922 que se encuentra en los archivos de la Quinta de Bolívar, donde se relacionan detalladamente los objetos y piezas históricas que provenían del Museo Nacional, no hay ninguna mención a la “Espada de Bolívar” que por cincuenta años se expuso en un pequeño cuarto de la Quinta en Bogotá. Fue la opinión de los estudiosos del caso que envuelve los orígenes de la espada: “por lo tanto se descarta definitivamente la posibilidad de que esta pieza hubiera provenido de los objetos originales vendidos por el Sr. Carlos Ospina y del Museo Nacional”. El 11 de junio de 1923, en la sesión de la Junta Conservacionista de la Quinta de Bolívar, encareció el Doctor Raimundo Rivas: “que se informaran sobre la existencia de objetos de la época boliviana, y que tuvieran relación con el Libertador, a fin de hacer las gestiones de adquisición, para la formación y enriquecimiento del Museo de la Quinta”… Tres meses más tarde la Junta había resuelto: “que los objetos históricos que se comprarán para el Museo, se harán por conducto de la Academia Nacional de Historia, por ser este el mejor medio”… y el 3 de Diciembre de 1924, fueron designados los académicos Doctores José Manuel Marroquin, Eduardo Restrepo Sáenz y Gerardo Arrubla, como miembros de la comisión encargada de juzgar los objetos que fueran a adquirirse. Es a partir de esta comisión designada, cuando en el inventario manuscrito del año 1924 que reposa en la Quinta de Bolívar, se hace mención de: “una espada con empuñadura dorada y vaina de cobre que se cree perteneció al Libertador”... es decir, que a pesar de utilizarse la palabra “se cree perteneció al Libertador”, la misma fue adquirida por la Junta de la Quinta, y en los siguientes inventarios de 1932 y 1933, aparece relacionada en un lugar exacto de exhibición: “en el salón del piano, dentro de una vitrina de nogal imitación estilo antiguo que contiene piezas de uniformes del Libertador, y entre ellos una espada de empuñadura dorada con su vaina de cobre”… La inconsistencia en cuanto a si la espada perteneció o no al Libertador, se fundamenta en la falta de un cuestionario que señale: a quién perteneció… cómo fue ubicada… cuánto costó...? todo un misterio que bien podría hacer pensar: Fue en verdad una de las espada de Bolívar..? o la necesidad del Museo en exponer el objeto más emblemático de un guerrero que peleó en más de 400 batallas para liberar un continente..!
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Por: Jorge Mier
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