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Era una mañana totalmente nebulosa y una menuda llovizna caía por
toda la ciudad. En la plazoleta de San Callos, construida bajo el reinado de Carlos IV y también llena de
leyendas, "cuando España era todavía dueña de sus destinos y tenia la indiscutida posesión
de subreinos de ultramar" un grupo de personas muy bien abrigadas y como haciendo caso omiso a la intemperie,
leían y comentaban unos volantes impresos que se encontraban regados en muchas partes de la plazoleta.
Y bien ¿qué sucede? -se dejó oír una voz en la habitación del Libertador. Fergusson
que hablaba con O´Leary, ambos miembros de la Legión Británica y dilectos amigos de Bolívar.
De particular nada, a no ser esos pasquines los cuales ruedan según el viento por las calles. Porque, la
verdad, hasta aquí no han llegado aún.
¿Y qué dicen esos malditos papeluchos, los cuales ahora parecen bocados exquisitos para unos cuantos?
preguntó el doctor Moore quien acababa de entrar un poco preocupado por una carta anónima que acaba
de recibir en la cual decía que todos los fieles amigos de Bolívar serían asesinados en sus
propias habitaciones.
Lo de siempre, - que matemos al tirano - balbuceó Fergusson con una marcada inquietud. Luego añadió
como presintiendo que su muerte no estaba muy lejana:
"Acaso sea yo uno de los primeros en morir en mí propia habitación, lo que me disgustaría
mucho, pues así. sin pena ni gloria, creo que ningún soldado que se estime, quiere morir.
O´Leary miró fijamente a los ojos de Fergusson y exclamó conmovido:
¡Qué cosa esa de pensar en la muerte!
"Pocos minutos después, entraba Bolívar al patio donde se hallaba el hermoso surtidor y los
lindos claveles que con delicado esmero hacía cuidar José Palacios, el leal servidor de Bolívar.
iba acompañado del teniente Andrés Ibarra: llevaba uniforme azul y oro y en su paso lento denotaba
el cansancio y la apatía que muchas veces invadió su alma.
¿Ves con qué misterio parece saltar el agua? - dijo el libertador - parado junto al borde de la fuente,
al que ahora le servia de edecán. - pero eso no es nada -continuó Bolívar al fijarse que llegaban
el doctor Moore y O'Leary - el misterio de esta Fuente es espectacular. Cuando después del triunfo de Boyacá
entré aquí, con el uniforme roto y sucio las duras campañas anteriores, lo primero que se
me ocurió fue meterme de cabeza en esta fuente. No lo pensé mucho y lo hice. Y el resultado fue magnífico.
No sé ustedes - continuó el Libertador - el "milagro" que se operó en mi mente y
en mi físico. Una fuerza extraña se apoderó de mi ser, luego sentí como si una voz
interior me decía: "Bajo esta fuente hay un tesoro fabuloso enterrado, lo cuidan gigantescos leones
y poderosos genios venidos de otros mundos, algún día será de todos conocido", pero algo
más sucedió. cuando salí del agua, en vez de sentirme mojado, mi uniforme antes sudo y roto,
apareció totalmente seco y envuelto en un brillo singular; estaba como si lo acabara de estrenar. ¿Qué
le parece a usted Fergusson?
.Eso es bastante extraordinario y sobre todo cuando S.E.: lo experimentó - dijo Fergusson un poco con la
mirada triste y como si otro nuevo presentimiento invadiera su corazón. ¿Por qué hablaba así
el Libertador? ¿Qué razones lo movían a expresarse así? ¿Estaba acaso perdiendo
la lucidez?
"El doctor Moore y O´Leary, parecieron adivinar los pensamientos que pasaban por la mente del valiente
y decidido soldado de la emancipación americana.
¿Y qué dicen ustedes, piensan igual que Fergusson?
"Entonces el doctor Moore tomando la palabra miró a O´Leary y dijo:
No sabría contestar a S.E.: al respecto, pero en realidad no deja de ser tan extraño todo esto. Es
verdad que ya de esta fuente se han dicho muchas cosas, pero lo que a S.E. le pasó no cabe duda que es bastante
extraordinario. Tiene razón Fergusson.
Los días corrieron veloces y llenos de inquietudes. El atentado contra la vida de Bolívar se habla
llevado a cabo. Fergusson a quien con mamada insistencia se había dirigido el libertador en aquella ocasión,
ya no estaba en el mundo de los Vivos. Pero Bolívar no quería pensarlo así. Unas horas antes
de abandonar el Palacio de San Carlos (hoy Casa de Bolívar>, se detuvo en compañía de Jean-Baptista
Boussingault ante la hermosa fuente.
No olvidaré nunca este lugar coronel Boussingault - díjole el libertador - luego con honda tristeza
exclamó:
¡Aquí dejo un gran amigo! ¿No lo ve? Es Fergusson murió por mí. Por eso le digo
que está allí y que si no lo ve.
"Silenciosamente el Libertador y Boussingault se alejaron para siempre de aquel sido. Fergusson pasaba mucho
rato junto a aquella Fuente. Y hoy todavía en Palacio de San Carlos, muchos visitantes ven una sombra en
aquel sido y aseguran que es la sombra de un muerto. |