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5 de Agosto de 1988 LA TUMBA DE MANUELA SÁENZPor: Juan de Dios Sánchez
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Cuando los trabajadores de la Beneficencia del Puerto de Paita, puerto y ciudad ubicada al noroeste de la República del Perú, cumplían con sus trabajos en los terrenos de uno de los cinco camposantos del poblado cerrado en 1920 localizaron el área donde estaba enterrado Manuela Sáenz, la mujer que en esta tierra ha estado más cerca de las angustias, amores y realidades humanas de Simón Bolívar. Las tareas de ubicación del cementerio donde pudiera estar Manuela tropezaban con varias descomunales contrariedades: hay en Paita cinco cementerios y, a ella, la habían enterrado por su carácter de concubina notoria del Libertador fuera del área del campo santo, muy cerca de la pared exterior.- Usando todos los documentos disponibles así como la tradición se empezó a trabajar. Los obreros fueron encargados de limpiar las áreas de los cementerios hasta que trabajando en uno que fue abierto en 1807, según se pudo verificar por la tumba, intacta y fácil de identificar, de un señor ingles que era marinero de un barco que murió en 1808, llamado Hopee Jackson y que fue cerrado en 1920 según se pudo comprobar en libros del Ayuntamiento, se preciso que habiendo muerto Manuela en el año 1859 cuando estaba en funcionamiento el Camposanto y no habiendo otro en servicio en el Puerto de Paita, no había duda que el ángel tutelar del Libertador esta enterrada, extramuros del Cementerio según nutridas informaciones que suministraron descendientes de la Morita, una de las damas de compañía de Manuela en sus últimos años a la orilla del mar, viendo más allá de las luces y de las sombras su vida y su verdad, mientras el reumatismo, la vejez y el tifus fueron secando los hermosos rasgos, borrando el brillo de los ojos preciosos, apagando la brillantes de su risa y amargándole el fin de su vida la envidia y el odio que se alzaba contra su grande y único amor en este mundo.- Cuando Manuela se enteró, en el pueblito colombiano de Guaduas, por una carta de Perú de la Croix de la muerte de Bolívar, quiso suicidarse pero no logró su propósito y dedicó toda su energía a conservar y hacer eterna la gloria y la reputación del Libertador. A ello y a sus recuerdos dedicará su vida recibiendo de vez en cuando visitas de admiradores del hombre cuya obra empieza a ser ya inmedible. Ha debido sentirse feliz la noble hembra cuando le hablaban de Bolívar y ella lo recreaba en sus horas intimas y gratas; ha debido sentirse plena cuando llegaban cansados a sus lado, los mensajeros que le daban las noticias de la gloria a la que llegaba ya el Libertador. Los vientos hablaban de los días dorados de La Magdalena y de los viajes, de los bailes. La sombra gloriosa la anima. Quizás Dios perdonó todos los muchos pecados que se vivieron juntos. Deben ser del mismo Dios aquellos dolores y aquellos sufrimientos porque en ellos sintió la huella, el sonido, el quejarse, el dormir, el despertar del Libertador que, liberado para siempre del mundo mortal, la esperó en las veredas del insondable abismo para besarle las manos, hermosas otra vez.- |
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© Copyright Johannes W. de Wekker junio, 2004 |