Batallón de Guardia en Carabobo

Los hijos de Bolívar
 Por: José Antonio Gámez Escalona.
 

EL UNIVERSAL,
Caracas, jueves 18 de marzo, 1999


Ya hace varias semanas que comenzó el Plan Cívico-Militar que tiene el acertado nombre Bolívar 2000. 

Es indudable que un apoyo de las Fuerzas Armadas en la llamada emergencia social es fundamental para lograr los objetivos que se han propuesto. La vocación social de la organización castrense viene dada por su mismo origen, tantas veces mencionado en los discursos de nuestras efemérides: la vocación de servicio de las Fuerzas  Armadas nació de un deseo de libertad. 

Históricamente el proceso emancipador independentista tuvo un origen revolucionario, y es difícil negar hoy en día las trágicas consecuencias que este origen acarreó para el proceso de nuestra identidad y unificación como país. Por espacio de más de un siglo nuestra población sufrió las consecuencias de la guerra de independencia y de la terrible guerra federal. Es posible que todavía suframos algunas consecuencias de ese siglo en los próximos años. 

De cualquier forma, nuestra independencia y vida republicana nacieron en ese siglo y los grandes próceres de nuestra historia, la gran mayoría militares de carrera o de circunstancia, fueron hombres de guerra, de hacer la guerra. De hacer la guerra para la libertad. De todos ellos nació la Patria. Especialmente del más grande de todos: El Libertador. De allí el título de Padre de la Patria. De alguna forma los que nacimos en libertad y en este pueblo soberano somos hijos del Libertador. Por eso pareciera acertado nombrar Bolívar a un plan que tiene el fin de ayudar en la emergencia social. 

Lo que me llama poderosamente la atención es la poca voluntad que se nota en que esto se haga en verdadera libertad. No han sido pocos los sacrificios y el tiempo transcurrido para lograr la libertad de que ahora disfrutamos, y que en unos pocos meses gran parte de nuestros derechos y deberes ciudadanos se vean atropellados de una manera que dista bastante de lo que podríamos llamar civilizada. 

Desde la misma noche del 6 de diciembre en la que el ciudadano presidente de la República anunció la incorporación de los militares a la vida civil uno no podía dudar de una sana preocupación social y de reforma de lo que hasta entonces habían sido las relaciones entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil. Pero al oír el anuncio y ver la aplicación de ciertas medidas, no cabe duda de que las buenas intenciones desaparecen.

Aplicar operativos que en nada promueven la participación y la organización social no hace más que recordar el famoso plan del 58. La herencia de este tipo de medidas está a la vista de todos: el gran cinturón marginal que rodea nuestras principales ciudades y especialmente a Caracas. 

En el caso de la esterilización 'voluntaria' de mujeres, es bien conocido que desde hace no pocos años, intereses foráneos y protocolos secretos, que no son los de nuestra sociedad, han movido sus hilos para promover un descenso real en la natalidad de la población venezolana. Pero que esto lo hagan como plan de atención a la emergencia social y además como iniciativa de las personas en las que la sociedad organizada ha puesto su confianza, resulta paradójico y hasta terrorífico. Parece que no se nos podía ocurrir una mejor manera de tratar a la gente que más espera de este proceso de cambios fundamentales que mutilándola. No se sabe si la idea la copiamos de FCR o del FMI, quién sabe si del BM, pero en cualquier caso difícilmente se puede ver un deseo real de que los niños venezolanos crezcan en libertad e igualdad de derechos si ni siquiera se les deja nacer. 

Hijos de Bolívar somos todos los venezolanos y esperamos seguir siéndolo. Sin embargo parece que del Bolívar 2000 no podrán nacer ya más hijos.


 Por: José Antonio Gámez Escalona.
EL UNIVERSAL, Caracas, jueves 18 de marzo, 1999

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© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004