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Manuelita Sáenz
Monografía

Por: Carlos Álvarez Saa

3. El encuentro con Bolívar

Simón Bolívar entra (en Quito) a la cabeza de sus batallones y, a su derecha, Antonio José de Sucre; los jefes, oficiales y tropa con los mejores uniformes y condecoraciones. El pueblo de Quito los recibe con alegría, música, flores y arcos triunfales. Con verdadera algarabía, todos quieren ver y tocar a los héroes que les han dado la independencia.

En la noche, en el baile de la victoria organizado en honor del Libertador, Manuela asiste en compañía de su madrastra y su hermano José María, derrochando elegancia y distinción e impresionando a Bolívar. Es presentada por el anfitrión don Juan Larrea y, en un ambiente propicio para dar cabida a los sentimientos, se encuentran los espíritus solitarios de Manuela y Simón, iniciando una relación afectiva que por su apasionado amor convertirá a los dos protagonistas en una de las parejas más célebres de la historia romántica universal, llamada "los amantes inmortales".

Bolívar permanece 18 días en Quito, lapso en el que se repiten los encuentros con Manuela y tiempo suficiente para conocerse y tratar temas políticos, militares, estratégicos y diplomáticos. Dentro de estas conversaciones, Manuela se manifiesta sobre "el asunto de Guayaquil", que considera delicado. Mientras los patricios guayaquileños pretenden la independencia para transformar Ja provincia y ciudad en un micro-estado, el Protector San Martín, se propone arreglar con Bolívar la anexión de este territorio al Perú.

Terminantemente, Manuela expresa a Bolívar: "... Vaya usted en persona e impresione a esos indecisos, acójalos bajo la protección de la República de Colombia y encárguese usted mismo del mando militar y político de ese Puerto y de su Provincia...". (1)

Manuela aduce que para el desarrollo económico del Departamento de Quito se necesita Guayaquil como puerto de salida al exterior, en tanto que Bolívar considera que Colombia tiene derechos sobre Guayaquil ya que fueron sus tropas al mando de Antonio José de Sucre quienes completaron su liberación.

El Libertador llega a Guayaquil el 13 de julio de 1822 y toma posesión política y militar de esta plaza, mientras Manuela arriba a la hacienda "El Garzal" el 19 de julio para instalarse en ella gracias a una invitación de amigos de Bolívar y para pasar unos días con él.

La entrevista entre Bolívar y San Martín se desarrolla los días 25, 26 y 27 de julio de 1822 y termina, con la integración de Guayaquil al territorio colombiano. De inmediato, Bolívar se traslada a la hacienda "El Garzal" donde la pareja disfruta de días de gran felicidad. Ambos comparten preocupaciones militares y responsabilidades políticas, produciéndose así un proceso simbiótico. En lo posterior, no se concebiría a Manuela sin Bolívar o Bolívar sin Manuela. Ella encuentra la felicidad, que siempre le fue adversa, en la comprensión, el amor y el respeto de un hombre de la talla de Bolívar, con quien comparte estrechamente un mismo compromiso con la historia.

Transcurren alrededor de 45 días en la hacienda "El Garzal", tiempo inusitadamente largo para la pareja, que nunca más se repetirá. Bolívar parte hacia Cuenca y Loja (a principios de septiembre) y Manuela regresa a Quito. Posteriormente, Bolívar realiza varios viajes por los territorios que actualmente conforman la República del Ecuador y coincidencialmente, pasa cortas temporadas en Quito donde se reúne con Manuela. Entre septiembre de 1822 y agosto de 1823, sus encuentros no sobrepasan de 30 a 40 días.

Notas :

1. Diario de Paita.

El sitio http://members.fortunecity.com/manuela_saenz/, de donde se tomaron estos apuntes de Carlos Álvarez Saa fue creado por Nicolás Palacios, en Bogotá, Colombia.
Este Web master no logro contactar a ningún responsable del sitio; cualquier información sobre el autor o el sitio será bien recibida; mientras tanto trataremos de cumplir, con respeto a las normas, con la autoría y al origen de este formidable trabajo.

Visite en Quito el "Museo de Manuelita Sáenz", Calle Junín 709 y Montufar

Manuela, la libertadora del Libertador...

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© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004