Manuelita Sáenz
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Por: Carlos Álvarez Saa |
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9. La vida en Paita.- |
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La muerte de Bolívar cambia radicalmente la situación política, económica y social de Manuela: la Libertadora queda desamparada en Bogotá y a merced de sus enemigos. Es despojada de su grado militar y, sin renta correspondiente, expulsada de Colombia. Se traslada a Jamaica, llegando a tal situación de pobreza que se ve obligada a realizar menesteres humildes para ganarse el sustento, tales como envolver cigarrillos. No siendo suficientes esos ingresos decide vender parte de sus pertenencias. Emprende viaje al Ecuador para arreglar su situación económica con el cobro de deudas pendientes y hacerse cargo de la hacienda "Catahuango". No llega a Quito y nunca entra en posesión de su hacienda ni de otras pertenencias. El presidente constitucional Vicente Rocafuerte supone que su regreso tiene por objeto tomar venganza por el asesinato de su hermano José María a manos de las tropas del Gobierno; asimismo le preocupa el poder político y militar de Manuela, hecho por el cual la destierra sin consideración alguna. Manuela sólo logra llegar hasta Guaranda donde es aprisionada por las autoridades y trasladada inmediatamente a Guayaquil para su ulterior destierro a Paita, Perú. Al llegar a Paita, Manuela es recibida por los habitantes con cariño y afecto, quienes organizan en su honor varios festejos populares, además, de la entrega de un pergamino conmemorativo firmado por los principales de este puerto. En Paita realiza grandes esfuerzos para sobrevivir, recurriendo a la preparación de dulces y confites, tejidos de crochet, venta de cigarrillos, tramitaciones aduaneras y traducciones inglés-español. No obstante las circunstancias adversas, Manuela sigue siendo una mujer extraordinaria. Se cuenta que muchos niños fueron bautizados bajo su madrinazgo, con la única condición de que se llamasen Simón o Simona. A pesar de su situación política, la Libertadora no se desvincula de los sucesos de su tierra natal. Constantemente escribe al general Juan José flores dando cuenta de las actividades de sus enemigos en el sur del Ecuador ya que Paita fue el refugio de opositores políticos de los regímenes de turno y de desterrados del Ecuador. Manuela estuvo siempre dispuesta a colaborar con sus coterráneos, entre ellos, el mismo Gabriel García Moreno a quien ayudó a conseguir casa de habitación. A pesar del cariño que Manuela recibió de los vecinos de Paita, se sintió sola al no tener familia ni amigos cercanos y, lo que era mucho más, sin el amor de Simón Bolívar; solamente su gran fuerza de carácter la hace sobrevivir ante el total desamparo. En largos momentos de reflexión, Manuela recuerda su vida a través de los diarios, cuyas páginas son de profundo contenido filosófico, recordándose unas veces con tristeza y, otras, con burla, de ciertas situaciones y de sí misma. Queda encendido su amor y veneración para Bolívar: "...Qué señor mío este Simón para robar mis pensamientos, mis deseos, mis pasiones. Lo amé en vida con locura, ahora que está muerto lo respeto y lo venero...". (1) Los diarios de Manuela resaltan su capacidad de heroína y, si cabe de mártir, lo cual le confiere un sitio destacado en la historia por derecho propio. Ningún detractor ha podido comprobar que Manuela tuviese un romance antes de conocer a Bolívar o mientras tuvo relaciones afectivas con éste; y al haber muerto El Libertador, Manuela mantiene incólume su fidelidad. Las difamaciones de las que fue objeto no pudieron comprobarse nunca. Manuela no realizó acto alguno que la avergonzara o ridiculizara ante El Libertador; mientras estuvo en Paita, donde transcurrió la última etapa de su vida, fue ejemplo de dignidad y corrección para todos aquellos que la conocieron. Como distracción y, jocosamente vengativa, Manuela tenía una jauría de perros a los cuales puso los nombres de los generales que fueron contrarios a ella y que habían traicionado a Bolívar: Páez, Córdova, Santander y Lamar. Durante la estancia de Paita, Manuela recibe constantes visitas de personalidades políticas de aquella época, como la de Giuseppe Garibaldi (25.7.1840). En su diario narra con exquisito gusto el grato encuentro en el cual éste le dedica un verso de Dante, escrito de su puño y letra. (2) En febrero de 1843, Manuela recibe la visita de Simón Rodríguez, tutor de Simón Bolívar, quien deseaba conversar con alguna persona que recordara al Libertador. El 7 de febrero de 1855, llega don Carlos Holguín, joven político colombiano, con quien recuerda temas y pasajes de la vida del Libertador, que nunca antes había comentado con nadie. Recibe también, el homenaje de personajes como Ricardo Palma y otros. Durante 1855 y 1856, Manuela continúa en el puerto sin incentivos que la ayuden a salir de la tristeza y abandono en que se halla. Ya no escribe cartas a sus familiares y amigos de Quito, puesto que se cansó de pedir favores y recibir ingratitudes. Esta situación merma su férrea vitalidad y la sume en la soledad, propia de grandes personajes en el ocaso de sus días. Al llegar noviembre de 1856, el puerto de Paita es asolado por una epidemia de difteria. La peste se propaga con tal virulencia que la mayor parte de la población sucumbe. En casa de Manuela, todas se enferman. Jonathás, quien fuera su sirvienta y compañera desde la niñez en travesuras y campañas militares, muere el 23 de noviembre de 1856. Pocas horas después, Manuela Sáenz cierra los ojos para siempre. Mientras los restos mortales de Manuela son sepultados en el cementerio general de la ciudad y, después de varios años, exhumados y depositados en el olvido de una fosa común, las autoridades sanitarias ordenan la incineración de las casas infectadas por el mal. Cuando las llamas se apoderan de la casa de Manuela, el general Antonio de la Guerra se hace presente en el sitio y recupera entre los escombros, con la ayuda de dos de sus sirvientes, un arcón semi-quemado, que contiene documentos personales, objetos y recuerdos de Manuela. Muerta Manuela, se podría pensar que se respetara su memoria y que terminaran las tergiversaciones apresuradas y mentiras sobre su conducta, muchas de ellas, inventadas por enemigos políticos o escritores fantasiosos en busca de éxito. Sin embargo, ni en vida ni en muerte cesaron las infamias. La batalla de Ayacucho consolidó la independencia de América Latina y Manuela fue la heroína de esta contienda: por ende, su fama y prestigio deberían ser continentales; mas, no sucedió así. Sus detractores y enemigos políticos se cebaron en los vituperios y maledicencias, motivados por egoísmos y resentimientos creados por la envidia de verla en el poder y la gloria junto a Bolívar. Por ésta y otras obscuras razones, las cartas Intimas, diarios y documentos históricos y políticos de Manuela Sáenz y Simón Bolívar fueron ocultados durante más de 130 años. Querían sus detractores, que la historia ignorara y no reconociera los altísimos méritos de la heroína. Este conjunto de documentos, que se encuentran bajo mi custodia y que me pertenecen gracias a que, en los últimos años, he tenido la suerte de rescatar este invalorable patrimonio histórico ecuatoriano demuestran, que no lograron su objetivo. |
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Notas : 1. Sáenz Manuela, Diario de Paita. |
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Fin de la Monografía de Manuelita Sáenz |
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Visite en Quito el "Museo de Manuelita Sáenz", Calle Junín 709 y Montufar |
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