Redefinir la Historia |
||||||
|
Una visión de Mariano Montilla en el entorno del Libertador |
||||||
|
La historia conocida es una falsificación. El Bolívar revolucionario es más profundo, radical y definido en sus ideales, que lo publicitado por la burguesía. El Bolívar humano que afronta la organización del gobierno y la sociedad en términos socialista-cooperativista es totalmente ignorado hasta por los comprometidos con el proceso bolivariano de nuestra hora. Han resaltado aspectos de un hombre a lo sumo “demócrata-liberal” inclinado por la socialdemocracia, permisivo con la Iglesia, con expresiones simplistas sin sustancia filosófica-metodológica, inútil para los cambios socio-radicales. Mientras que la historiografía moderna enaltece a los enemigos acérrimos del centralismo bolivariano como Mariano Montilla (1782-1851), quien con Fernando Bolívar asesina al Libertador-Presidente; tenemos pues criminales por héroes. La formación de Montilla es mantuana, de orientación federalista-capitalista, casado con los emergentes burgueses usureros del Norte. Veamos la opinión de historiadores y cronistas. Daniel Valois Arce en su libro Edifique en el Viento – Biografía de Bolívar, Tomo I. “Tipografía Vargas, S.A.”. Caracas pág. 110, afirma que durante los primeros movimientos de la Revolución, “Juan Vicente (Bolívar) indicó serenamente a Simón, como el hombre predestinado para esa alta misión; los concurrentes entre quienes estaban Montilla, Rivas (...) La rechazaron. Era el primer brote del largo duelo entre el mantuanismo caraqueño y Bolívar”. Ese duelo insurgió de nuevo en Sudamérica y da un golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. Felipe Larrazábal, en su Bolívar, Tomo I, Ediciones de la Presidencia de la República, 1983, Caracas, pág. 313, nos declara que habían “...enemigos personales de Bolívar, como Mariano Montilla y otros”; así también Mariano Montilla formó parte activa de la comitiva encabezada por Bolívar para prender a Miranda en quien veía también un enemigo de sus intereses de clase. Es importante aclarar que Bolívar se entera de la intención criminal de esa aristocracia autonomista criolla de juzgar y ejecutar sumariamente al Generalísimo Francisco de Miranda y piensa en la posibilidad de salvarlo sin comprometer su posición revolucionaria y poder continuar la lucha con el apoyo posible de los demás combatientes; entregando a Miranda al poder realista quizá lograría respeto por la vida del Precursor. La ejecución sumaria breve pretendida no residía en la supuesta “traición” al claudicar ante Monteverde y entregar la plaza de Valencia, sino porque el girondino constituía un insalvable obstáculo para los intereses federalistas de los adictos al capitalismo comercial de los gringos y es la persona más idónea para encabezar los destinos de la revolución independentista. En 1822, Montilla le envía a Bolívar para atender la liberación del Sur, tan arriesgada como temeraria, el armamento urgido con desesperada necesidad: fusiles de un calibre diferente al de las municiones; patraña urgida por las diferencias ideológicas de una espurias clase social impotente para detener el carro invencible de la revolución Dice Augusto Mijares en la pág. 308 de su libro El Libertador, Caracas, 1987, que era tal la inquina de Mariano Montilla contra Bolívar que “hizo cuanto pudo por hostilizarlo en los difíciles días de 1815 y 1816. Hasta parece que fue expresamente a la casa del Libertador a desafiarlo cuando éste preparaba la expedición de Los Cayos. Según Larrazábal la causa de tal actitud era la vanidad y la ambición de Montilla (...) y esta debilidad, que ya lo había convertido en enemigo irreconciliable de Miranda durante la primera República, vuelve a manifestarse en sus relaciones con Bolívar”. Ramón Díaz Sánchez (Bolívar El Caraqueño, Tomo I, Colección Libros Revistas BOHEMIA, Nº 41, pág. 143), también hace referencia al punto destacando que Montilla, entre otros, es quien se opone, a principio de febrero de 1815 (enemistado desde los sucesos de Cartagena y sufriendo reveses el Ejército Patriota), a que Bolívar asuma la dirección general de la lucha armada, postulado por Brion para jefe supremo de la nueva ofensiva revolucionaria planteada, y enérgicamente acusa a El Libertador de ser el causante de los fracasos sufridos, lo tilda de incapaz y cosas por el estilo... “He venido a decirle todo esto para que se bata conmigo. No veo cuáles son sus méritos para mandar esta expedición. Por su incapacidad nos hallamos aquí derrotados. Vamos, saque sus pistolas o su sable...”. En abril de 1830 es Montilla quien lo recibe en Cartagena en su viaje por el Magdalena y quien le consigue hospedaje en Santa Marta; en diciembre, intencionadamente le informaría del asesinato de Sucre asestándole un rudo golpe moral en pleno apogeo de una enfermedad mortal que, en todo caso, requería sosiego y tranquilidad. Es Montilla, el 5 de diciembre de 1830, quién ubica la persona que atendería a Bolívar, de inmediato hace venir al doctor a su casa para asegurarse de la opinión de Réverénd: “...cuál es su concepto de la enfermedad del Libertador” fue el abordaje directo, a lo que el médico le responde que la enfermedad había llegado a su último grado terminal y sólo era cuestión de días el trágico desenlace. Podría verse aquí una preocupación por asegurarse que el galeno no opondría resistencia a los planes homicidas ya que no estaba calculado el surgimiento de Réverénd por “propia voluntad” a última hora, así podrían cuidarse las espaldas y desembarazar al doctor McNight y la posible sospecha de participación del gobierno político de los del Norte que había enviado una nave de guerra, el Grampus, para escoltar a Bolívar desde Sabanilla hasta Santa Marta, de lo que se desprende que estaban enterados de los pasos que daba El Libertador y se cuidaban por tener todo bajo su control y evitar escapase la presa. Encontramos al mismo caballero siendo testigo junto a José Laurencio Silva (cuñado de Fernando Bolívar a raíz de solicitud realizada por el mismo Libertador para tal enlace) de la inspección del cadáver. Es también Montilla, después de los funerales, quien le ofreció ¿sobornó? al doctor (de 32 años de edad) el cargo de Cirujano Mayor del Ejército de la Unión por sus “servicios” según lo afirma Réverénd en su Diario, (cita de Gabriel H. Pineda, pág. 17) que es rechazado pero insiste y le dice: “¿Aceptaría usted siendo ad honorem el despacho?”, honor aceptado por Réverénd, pero nuestro caballerito es sitiado en Cartagena y tiene que viajar a Jamaica después de haber capitulado y no se confirma el puesto. Doce años después (en 1842) Montilla se excusa y no asiste a la exhumación para el reconocimiento de los restos, estando ausente asimismo durante la repatriación de los despojos. Quizá el peso sobre la conciencia se lo impide. Mariano Montilla de un puñetazo al reloj de la habitación detuvo las manecillas a la una y siete minutos de la tarde. Aparentemente fue un arranque de profunda tristeza y desahogo por la muerte del gran amigo; sin embargo, tal expresión es poco lógica porque ya todos conocían sobradamente el inminente desenlace y, además, pudo golpear en cualquier otro lugar, pero quería dejar bien establecida la clave de fecha y hora determinadas de la supuesta muerte tuberculosa: 17, 1:07 (en el Boletín Nº 33 afirman la una en punto) y ese empeño de los conspiradores es porque un 17 de diciembre Bolívar decretó la Unión (socialista) de la República de Colombia. Un 17 de diciembre el Ministro estadounidense, Herbert Bowen recibe plenos poderes para arreglar el conflicto entre Venezuela vs. las grandes potencias europeas (el Reino Unido de la Gran Bretaña, el Reino de Italia y el Imperio Alemán) cuya flota aliada había bloqueado las costas venezolanas hundiendo embarcaciones y cañoneando puertos y fortalezas nuestras y hasta tratan de franquear la barra de Maracaibo en un intento expansionista a la guisa de lo realizado en el siglo XV cuando las naciones europeas se repartieron el mundo a su antojo para recrearlo a su imagen y semejanza. Intervención presurosa para conjurar una nueva revolución popular de alcances continentales que necesariamente, redimensionaría el bolivarianismo: Perú había llamado a todas las Repúblicas para la defensa de Venezuela, los bolivianos y salvadoreños se solidarizan también y en Guayaquil se producen manifestaciones públicas contra la intervención del imperialismo europeo. Diecisiete heridas de bala presentó el cadáver de Salvador Allende, primer presidente socialista del Continente Sudamericano elegido por el pueblo en votación libre y universal y sacrificado por militaristas al servicio del imperialismo. Diecisiete fueron los Oficiales de la invencible Legión Británica que rindieron la vida cumpliendo heroicamente con su deber en la Batalla Campal de Carabobo. Es saludable sean expuestas otras opiniones, diferentes criterios y enfoques incluso opuestos. Lo que tenemos del pasado documental no es una estructura inalterable; lo que movió a aquella gesta heroica sólo está vedado para aquellas personas con criterios petrificados, de corazones gélidos; para quienes ven la Revolución Bolivariana el paso ineludible de nuestro proceso social hacia una superior sociedad continental es cuestión de comprometida conciencia personal y hacia el resto de los hombres. |
||||||
|