MIER y BOLÍVAR
Dos Blasones en la Historia

PRIMERA PARTE.

Por: Jorge Mier Hoffman

Un e-mail dirigido a J. W. de Wekker Vegas, líder y conductor de la Web Simón Bolívar, el hombre, dejó esta nota:

 “Soy biznieto de Joaquín Mier y Benítez. Mi abuelo fue Francisco Mier. Mi padre fue el general Raúl Mier (nacido en Santa Marta, Colombia). Yo soy Enrique Mier Quirós, médico nacido en Santa Marta el 21-X-1928. Escribo para protestar, ya que muy pocas veces se cita a Joaquín Mier, quien dio cobijo al Libertador en sus últimos días”

ESTA ES LA HISTORIA

“Yo estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, hostigado y mal pagado. Yo no pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor; por desgracia, es lo que no consigo…

 

Yo he venido aquí a Cartagena, un poco malo, atacado de nervios, de la bilis y del reumatismo. No es creíble el estado en que se encuentra mi naturaleza. Está casi agotada y no me queda esperanza de restablecerme enteramente en ninguna parte y de ningún modo… Dentro de dos días me iré para Santa Marta con la mira de visitar ese país, que no he visto nunca… Espero que dentro de ocho días estaré un poco mejor para poder seguir a Santa Marta a tomar aires mejores y buenos baños; si allí no recibo mejoría, quién sabe lo que hago, pues no tengo un médico que me aconseje, ni una persona digna de ser oída en materia de salud…

 

¡..Quién sabe si yo me estoy matando por no hacer nada y siguiendo un régimen errado..!

 

Aunque he deseado irme a Santa Marta, por gozar de todas sus conveniencias y de las bondades del señor Mier, me es imposible ejecutarlo porque mis males van empeorando y realmente no creo que pueda hacer el viaje. Desde antes de salir de Cartagena había empezado a sentir dolores en el bazo y en el hígado, y yo creía que era efecto del clima a estas partes delicadas, y mi bilis ha llegado a tal punto que ya me tiene descompuesto todo el estómago. También el reumatismo me aflige un poco, de manera que estoy inconocible.

 

Necesito con mucha urgencia un médico y de ponerme en curación formal para no salir tan pronto de este mundo”…

Simón Bolívar


“Ha muerto el sol de Colombia”… Así se expresaba el general Luque, comandante de armas de la Plaza de Cartagena, para anunciar a sus compatriotas granadinos y grancolombianos la dolorosa noticia de la muerte del Libertador.

Simón Bolívar muere en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830 a la 1:07 de la tarde, cuando las nuevas autoridades políticas celebran la expatriación de su Libertador… 

Fueron diecisiete años de lucha contra el enemigo imperio español, y el destino quiso que precisamente fuera un español, quién le tendiera una mano amiga en los últimos diecisiete días de vida…

Al momento de su muerte, cinco de sus oficiales presenciaron el último suspiro, acompañado por su médico, Alejandro Próspero Reverend, y un español de apellido Mier, a quien la historia bolivariana le tiene una deuda inmortal por los favores, halagos, atenciones, comodidades y aportes económicos, que procuró a Simón Bolívar en los últimos instantes de su existencia, y cuando más lo necesitaba un cuerpo enfermo que sobrevivía en la tristeza de un espíritu moribundo…  La noticia se conoció en Venezuela el 21 de enero de 1831, por intermediación del gobernador de la Provincia de Maracaibo, Juan Antonio Gómez, nefastos personajes que integraba la conspiración “paecista-santanderista”, empeñada en destruir la obra de Bolívar…

… y aunque parezca increíble, de inmediato hubo júbilo y celebración por la infausta noticia… y así quedó reseñado en un patético documento que, a la óptica actual, debe ser tomado como una demostración del fundamentalismo político a que puede llegar la inconsciencia de algunos sectores ajenos a todo interés nacional, que pensando sólo en su interés personal, actúan como testaferros de imperios extranjeros que hacen lo imposible por destruir la obra de Bolívar… Así escribió Juan A. Gómez: 

“Anoche ha llegado a esta ciudad el capitán inglés Phil Ritton, de la corbeta de guerra “La Rosa”, procedente de Jamaica, salida el 6 del presente mes de aquella isla. Trae la noticia de la confirmación de la muerte del General Simón Bolívar en la villa de Soledad, Provincia de Cartagena, de cuyo acontecimiento no hay ya la más pequeña duda, pues todos los informes y noticias sobre el particular son cónsonos.

 

Un acontecimiento de tanta magnitud y que debe producir bienes innumerables a la causa de la libertad y al bien de los pueblos, es el que me apresuro a comunicar al gobierno por conducto del señor Usía, y por medio de un Oficial que sólo lleva esta comunicación: Bolívar, el genio del mal, la tea de la discordia, o mejor diré, el opresor de la patria, ya dejó de existir y de promover males que refluían siempre sobre sus conciudadanos.

 

Su muerte, que en otras circunstancias y en tiempo del engaño pudo causar el luto y la pesadumbre de los colombianos, será hoy sin duda el más poderoso motivo de sus regocijos, porque de ella dimanan la paz y el avenimiento de todos… Qué desengaño tan funesto para sus partidarios, y que lección tan impresita a los ojos de todo el mundo, al ver y conocer la protección que por medio de este suceso nos ha prestado el Supremo Hacedor… Me congratulo con Usía por tan plausible noticia… Dios guarde a Usía”

Ciertamente, Páez y la cofradía de aduladores, traidores, mercenarios y apátridas, quienes se habían confabulado con la oligarquía neogranadina y potencias imperialistas extranjeras, celebraban el triunfo de su conjura para destruir a Bolívar; puesto que él y sólo él, era capaz de evitar que en la Gran Colombia se impusiera la cultura de la corrupción y el saqueo de los recursos naturales, en perjuicio de la voluntad de la mayoría de sus conciudadanos… Bolívar representaba el sentimiento de una revolución, la personalidad y la inteligencia que todo lo puede y todo lo hace;  como lo supo interpretar el escritor Juan Montalvo:

“En sus ojos, tenía Bolívar el don domador de la insolencia, pues verle airado era morirse el atrevido. Estaba su corazón formado de influido celestial, y no era mucho que su fuego saliera afuera ardiendo en la mirada y en la palabra. La fuerza física nada puede contra este poder interno que obra sobre los demás, por medio tan misterioso como irresistible. Los hombres extraordinarios en los ojos tienen rayos que alumbran y animan, aterran y pulverizan. Pirro agonizante, con una mirada hace caer de la mano la espada que iba a cortarle la cabeza… Qué mirada..! eléctrica y espantosa: en ella fulguraban el cielo y el infierno. Mario pone en fuga el cimbro que viene a eliminarte, sin moverse, con sólo echarle la vista; se dice que la mirada de Cesar Borgia era cosa imposible de sostener. El General Páez hablaba de los ojos de Bolívar, encareciendo el vigor de su luz profunda, la viveza con que centellaban en ocasiones de exaltación… Y si no: ¿..Por dónde había de verse el foco que arde en el pecho de ciertos hombres amasados de fuego y de inteligencia..? La medianía, la frialdad y la estupidez miran como la Luna, y aun pudieran no tener ojos… Júpiter mueve los suyos y todo el firmamento se nubla. Homero sabía lo que convenía a los inmortales… Así miraba Bolívar

 

La persecución política no se hizo esperar..!

 

Como decía Páez: “Muerto el perro se acabó la rabia”… Todo aquel acusado de colaborar con Bolívar era apresado y sus bienes confiscados… Los más allegados al Libertador tuvieron que exilarse en las islas vecinas para evitar ser fusilados por traición; tal fue el caso de Rafael Urdaneta que se embarca a Curazao, perseguido por las hordas paecistas y santanderistas que exterminaban el Ideal Bolivariano… Por el contrario, los enemigos de Bolívar son recibidos como héroes; tal fue el caso de José María Obando, quien es protegido por Páez en Venezuela, no obstante de ser cómplice en el frustrado atentado por asesinar a Bolívar el 25 de septiembre de 1828, y uno de los autores intelectuales del asesinado de Antonio José de Sucre el 4 de junio de 1830 en las montañas de Berruecos.

 

Como aves de rapiña la clase política y militar se repartían la obra bolivariana

 

Los generales que con Bolívar sufrían la austeridad que exigía la moral pública bolivariana, ahora sin Bolívar hacían gala de un derroche de lujo y opulencia execrable, propia de la inmoralidad pública y la corrupción… Páez, Arismendi y Mariño ostentaban inmensas haciendas mal habidas, que celebraba la oligarquía colombiana, teniendo como Presidente, a quién fue desterrado por asesino, Francisco de Paula Santander, quien a su regreso, instauro una política de persecución y exterminio para desterrar el ideal bolivariano, comenzando por Manuelita Sáez y Simón Rodríguez, quienes fueron declarados: “Enemigos de Nueva Granada”. 

San Mateo, 14 de abril de 1838

 

Excelentísimo Señor General Carlos Soublette

 

Muy señor mío:

 

Mi hermano Simón dejó dispuesto en su testamento o última voluntad que sus restos mortales fuesen depositados en Caracas, en la capilla de la Santísima Trinidad. Cerca de ocho años hace que falleció; sus cenizas yacen en países extranjeros, no porque nosotros sus hermanas no hayamos hecho toda especie de gestiones y esfuerzos por cumplir con un deber sagrado, sino porque siempre hemos encontrado un obstáculo, casi insuperable, en las circunstancias políticas que en diferentes épocas han agitado a Venezuela.
 

Creo que el tiempo transcurrido desde el fallecimiento de Simón, hasta la fecha, es más que suficiente para que se hayan calmado, si no extinguido, las pasiones de los hombres; y yo por mi, y a nombre de los demás herederos, hago a usted con encarecimiento la súplica de que nos conceda el permiso de trasladar a Caracas las cenizas de mi hermano, sirviéndose dar, para que no se nos estorbe o coarte el uso de aquel, las órdenes que usted crea más oportunas y convenientes; protestándoles que ninguna consideración nos mueve, más que la que se deriva de un sentimiento de fraternidad y del deseo de llenar una obligación de cuyo cumplimiento no resulta a la sociedad el más leve inconveniente, y en que se interesan la gratitud, la piedad y la justicia.
 

Soy de usted muy atenta y S. S.

MARIA ANTONIA BOLÍVAR

De nada servían las súplicas que una y otra vez hacían los familiares y amigos del Libertador

 

El temor al Ideal Bolivariano hacía temblar a la oligarquía imperialista… Un temor que surgió desde el primer momento en que se supo la noticia de su muerte… Mientras la persecución política se sucedía en Colombia, en Venezuela, a seis meses de la muerte del Libertador, a mediados de junio de 1831, la Cámara de Representantes por solicitud de las hermanas de Bolívar, ya había planteado el traslado de sus restos mortales desde Santa Marta a Caracas, materia que el gobernador de la provincia de Caracas, General Ramón Ayala, aludía en Oficio del 2 de abril, que le fue dirigido al Secretario del Interior, don Antonio Leocadio Guzmán: 

“Habiendo dispuesto el General Simón Bolívar por la disposición 10 de su Testamento que sus restos sean depositado en esta ciudad de Caracas, su país natal, según lo persuaden la inserción que de él se hizo en la Gazeta de gobierno  del 27 de febrero último 8, y las diligencias que, entiendo, están practicando sus deudos para cumplir esta parte de su última voluntad, he creído conveniente ocurrir a su excelencia, el Presidente del Estado (José Antonio Páez), para que se sirva decirme la conducta que deba observarse en este caso… y si los gastos de traslación de aquella Villa hasta el lugar en que han de depositarse, que son considerables porque hay que pagar derechos parroquiales a los templos por donde pase, los sufre el Tesoro público o los cubre su familia”

Conforme a los planes del imperialismo, los asesore de Páez le aconsejaban no traer a Bolívar… “Por ningún motivo se debe mencionar el nombre del Libertador”… Existía el peligro de alimentar la llama de la revolución, que aún palpitaba en los corazones de un pueblo que clamaba por un nuevo liderazgo inspirado en el ideal Bolivariano… Ya para ese momento, la diplomacia estadounidense se había instalado en Colombia para incitar un sentimiento separatista de Panamá que le permitiría a los Estados Unidos apropiarse de la construcción y administración del Canal que conectara los dos océanos; mientras que en Venezuela, grupos asesores controlaban el gobierno de Páez, con la finalidad de asegurarse la explotación de las inmensas riquezas del país, fortalecer a la oligarquía que fue víctima de la independencia, y a tal efecto, aconsejan:

 

“…borrar el nombre de Simón Bolívar de la cotidianidad popular y desterrar a todos sus seguidores…”

 

Persecución que llegó hasta los familiares del propio Libertador, quienes se vieron obligados a mantener un perfil bajo en el reclamo por la repatriación de sus restos mortales… e inclusive, había quienes pedían la expropiación de la minas de Aroa, como el único bien material que dejó Bolívar… 

…Pero nuevamente María y Juana ven fracasados sus esfuerzos de cumplir con la última voluntad de su hermano, de ser trasladado a su ciudad natal: Caracas… Un nuevo infortunio en la memoria de Bolívar, que se suma a la frustración de no haber podido estar al lado de su hermano, cuando se enteraron de su estadía en Santa Marta, donde convalecía su penosa enfermedad, gracias a las atenciones desinteresadas del español Joaquín Mier

Acción loable de este ilustre ciudadano de Santa Marta, natural de España, donde surgió el apellido Mier, que adquiere mayor relevancia, dada la delicada e inestable situación política que vivía el país, donde cualquier ayuda al Libertador era censurada por los políticos, la oligarcas y religiosos que querían su expatriación, como los tres poderes que dominaban el panorama militar, político y económico de Colombia… y a pesar de todo esto, a Joaquín Mier no le importó que su ayuda fuera tomada como una traición por los seguidores de Páez y Santander… En su objetiva percepción de los hechos históricos y la gallardía del hombre al que le tendía la mano, Joaquín Mier no dejaba de admirar a Simón Bolívar, y de rendirle los honores que merecía su alta investidura como Libertador y héroe indiscutible de la emancipación americana.

Las históricas ciudades de Honda y Mompox, cuyos habitantes una vez colmaron las calles para aclamar como su Libertador a un gallardo soldado venezolano en la célebre Campaña Admirable, ahora diecisiete años después, taciturnos dejaban entrever sus ventanales, para observar la desventura de Simón Bolívar, que transitaba con su séquito de oficiales desde su salida de Bogotá el 7 de mayo de 1830

La comitiva oficial viaja por el Magdalena rumbo a Turbaco, un pueblo cercano Cartagena, donde existen unas aguas termales que se dicen “milagrosas” para los lugareños… Bolívar, incrédulo de los milagros le dice al General Mariano Montilla: “…ya que insisten en esa tontería, accedo ir, pero sólo por tres días”…  La verdad, es que Bolívar gustaba bañarse en aguas heladas y repudiaba las calientes… y aún más las termales con su molesta carga acuífera de azufre, vapor y pestilencia a huevo podrido… Ayudado por su mayordomo, José Palacios, se dio unos baños a regañadientes donde el calor del agua apaciguaba la tos y calentaba su espíritu… y para su asombro, su estado de salud mejoró sustancialmente, por lo que decidió quedarse allí veintisiete días. 

Una aparente mejoría parecía recuperar su salud, cuando la noticia de la muerte del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, entierra la última esperanza en sus planes de integración americana

Fue un cobarde atentado por el camino de montaña de Berruecos, cuando el viernes 4 de junio se dirigía a Quito... El vil asesinato había sido fraguado por el temor que los planes de Bolívar se materializaran... Sus enemigos sabían de su poder de convocatoria, su perseverancia y tenacidad... Asesinar a Bolívar era imposible, pero con la muerte de Sucre se derrumbaron todos los planes en Venezuela y la Unión Bolivariana… A partir de la nota fatídica, el silencio de apoderó del Libertador... Ya nos se escuchaba la voz de mando que alentaba a su oficialidad, ni animaba a sus soldados a invadir a Venezuela... Sólo el transcurrir de las horas del día parecían ser eternas en la vida del Libertador.

Ante la pesadumbre que colmaba su espíritu, en Turbaco recibe a un primo lejano, don Pedro Juan de Visual, quien le extiende una invitación para hospedarse en el poblado de Soledad, donde pasará otros 26 días que poco le ayudaron en su salud, ya que la brisa y la humedad afectan sus pulmones envenenados por la aflicción anímica.

 

En Cartagena, Juan Pavageau le recomienda al médico de Santa Marta, Alejandro Próspero Reverend, para que le atendiera su quebrantado estado de salud… De inmediato, el general Mariano Montilla ordena todos los preparativos para su traslado a la histórica ciudad portuaria, y para tal fin, se puso en contacto con don Joaquín Mier y Benítez, acaudalo e influyente personaje de la sociedad samaria, que sirvió bajo sus órdenes en los albores de la independencia, y que recién había adquirido el grado de Coronel asimilado.

 

Joaquín Mier de inmediato escribió al Libertador ofreciendo su ayuda desinteresada, gesto que Bolívar agradeció con cautela, y quizás con reserva por su nacionalidad española siempre fiel a los designios del rey Fernando VII; pero sobre todo, porque Santa Marta se caracterizó por su fidelidad y sumisión al rey de España... Una segunda carta de Joaquín Mier acompañada de cerveza, vino, víveres y libros, motivó al Libertador conocer más sobre ese desconocido, que resultó ser un patriota que sirvió a la causa revolucionaria, y decidieron la suerte del Libertador en aceptar la cordial invitación. 

Soledad, 17 de octubre de 1830

 

Señor Joaquín Mier

Mí estimado amigo y señor:
 

        He tenido el placer de recibir la bondadosa carta de Ud. en la cual se sirve ofrecerme su casa de campo, y honrarme con las expresiones afectuosas de su benevolencia. Reciba Ud., señor, por esta generosidad, las gracias más expresivas de mi parte.

 

        No me había adelantado a escribir a Ud. antes, por no tener el placer de conocerle, pero el señor general Montilla, a quien le encargué, lo mismo que al coronel Adlercreutz, de hablar con Ud. sobre su casa de verano, le habrán dicho cuál era mi deseo de molestar a Ud. lo menos que me fuere posible y los motivos que me animaban a usar de esa franqueza.

 

        Yo quiero seguir pronto para esa ciudad y desde luego, acepto la oferta de Ud. aunque sea por unos pocos días.

 

        Entre tanto, reciba Ud. las expresiones de mi consideración y aprecio.

 

Simón Bolívar

Satisfecho por la carta del Libertador, Joaquín Mier no escatimó recursos para agradar a Bolívar, enviando su bergantín “Manuel” para trasladarlo desde Sabanilla… Pero en su terquedad y aversión a los médicos y los medicamentos, Bolívar hace su propio diagnóstico de sus males, y exige al capitán del barco navegar sin rumbo fijo por el litoral, para provocar las nauseas que por mareo siempre le produce la navegación por mar… y así lo anuncia al General Montilla: 

“Es posible que yo siga a Santa Marta después que haya arrojado toda mi bilis, más como un moribundo que como un viajero, pues estoy seguro que voy a quedar en un estado de flaqueza impresionante”…

Simón Bolívar

Don José Ignacio Méndez, en su obra “El Ocaso de Bolívar”, describe así aquel momento crucial de su vida: El primero de Diciembre, a las siete y media de la noche, desembarcó Bolívar, pero en qué estado..! lívido, descarnado, con pupilas apagadas – esas pupilas que fulguró como un rayo en Junín… Parecía un cadáver escapado de su fosa… No podía tenerse en pie. Lo desembarcaron en una silla de mano y lo condujeron a la antigua casa del Consulado Español y Tribunal de Comercio. Sin embargo, hizo un esfuerzo para sonreír y agradecer el cordial recibimiento de los samarios que lo acompañaron, aclamándolo hasta la casa en la que se le había preparado alojamiento, que fue la misma que permaneció su cadáver, en capilla ardiente, tres días, del 18 al 20 de aquel mismo mes.

 

MIERCOLES 1° DE DICIEMBRE

 

Efectivamente, el pueblo aglomerado espera con impaciencia, al momento que don Joaquín Mier, acaudalado comerciante y la personalidad más importante de la región, se sube al barco de su propiedad para dar la bienvenida a tan ilustre visitante… Es Simón Bolívar, quién atendiendo la invitación de Mier, aceptó instalarse en Santa Marta en busca de la tranquilidad, el reposo y la atención médica que exigía su delicado estado de salud… No pudo bajarse por sus propios medios… Una tos intermitente anunciaba la gravedad de la enfermedad que dejaba ver su rostro pálido y contextura muy delgada… Sentado sobre una silla de vaqueta, es cargado por soldados que lo conducen al edificio de Aduanas, también  propiedad del adinerado don Joaquín Mier, donde se le había preparado una cómoda habitación, al momento que los habitantes vitorean con júbilo, respeto y admiración: 

Viva el Libertador… Viva Bolívar..!

Santa Marta es una ciudad portuaria a orillas de una profunda bahía en el mar Caribe, en la desembocadura del río Magdalena, que tiempos a tras fue testigo de la extraordinaria Campaña Admirable que le otorgó a Bolívar el título de Libertador… Fundada en 1525 por Rodrigo de Bastida, es la ciudad más antigua de Colombia, y asiduamente saqueada por el almirante inglés sir Francis Drake en 1586 y en 1596… Allí en la soledad del Caribe mar, llegó el médico Reverend dos años atrás, procedente de la isla de Jamaica. Nacido en Francia en la localidad de Falaise, contaba apenas 32 años de edad, donde estableció su negocio de farmacia, ubicado en la casa número 11 de la calle de la Cárcel… actividad comercial que complementaba con la atención médica a domicilio.


Casa de Aduana que hospedó al Libertador,
propiedad de Joaquín Mier

El edificio de Aduanas, precariamente acondicionado por Joaquín Mier, se convertirá en la residencia del Libertador por cinco noches… Reverend fue presentado ante el Libertador por intermediación del Monseñor Estévez, amigo de Bolívar… Así escribió Reverend: 

“La primera impresión que recibí del Libertador fue muy grata para mí, pues al verme, me dijo: Por mi amigo, el señor Juan Pavajeau, de Cartagena, sé que puedo tener confianza en usted; y a pesar de mi repugnancia a los auxilios de la medicina, tengo la esperanza de que usted me pondrá bueno, por ser mi cuerpo virgen de remedios”


Alejandro Próspero Reverend
Médico del Libertador
durante su estadía
en Santa Marta

Continúa Reverend:

En esa primera conversación que tuvo lugar, ya en castellano, ya en francés, me enteré que él había desdeñado la asistencia de los médicos al principio de su enfermedad, que comenzó en Cartagena, curándose él mismo como lo acostumbraba, mediante un tratamiento de higiene que siempre llevaba consigo; y que él había venido embarcado para desocupar su estomago cargado de bilis por medio del mareo… Error funesto, pues estas violentas contracciones del estomago irritaron y fatigaron su temperamento esencialmente nervioso, aumentando mas bien la flogosis de los pulmones”

Convaleciendo en el edificio de Aduanas, Bolívar permanecía en su aposento… y de vez en cuando se asomaba al balcón para ver pasar a la gente humilde, que, con su acostumbrado gesto de reverencia inclinando su cuerpo hacia delante, saludaba al Padre de la Patria que hacía extraordinario esfuerzo por devolver el saludo… Durante todos esos días, Joaquín Mier se mantuvo al lado del Libertador, compartiendo experiencias, conversando de la cotidianidad del puerto, de los negocios, de la historia colonial, y escuchando de primera fuente la ardua lucha de la emancipación americana. 

No es una especulación suponer, que ambos hicieron gala de sus honorables blasones, cuya estirpe española llegó a América en los primeros albores de la colonización

Los orígenes del escudo son tan antiguos como la historia misma; ya se encuentran en forma de símbolos en monumentos asirios, egipcios e incluso de otros pueblos que los precedieron, y cuya práctica no sólo se limitó a identificar a las familias y a la monarquía, sino que usaron congregaciones de individuos, la iglesia, militares, localidades, embarcaciones y hasta las naciones… 

Es decir, el escudo es una manera de identificarse con arrogancia y distinción, cuyos diseños han evolucionado en los llamados “logos”, muy populares en productos, empresas y el comercio en general…

Conocidos como blasones, se basan en la antigua arma defensiva que los guerreros sujetaban con el brazo izquierdo para resguardarse de los golpes de lanza y otras armas de sus enemigos… Su uso y diseño inspira respeto y jerarquía, propio de los estatus sociales más relevantes… El blasón fue sinónimo de valor, lealtad y arrojo… Los hombres de guerra acostumbraban a pintar en la parte externa de sus escudos figuras y jeroglíficos, que identificaba sus orígenes, características más predominantes y ornamentos, para constituir toda una ciencia que estudia la Heráldica.

 

En cuanto a la evolución ornamental de los blasones, ya en tiempos de Roma se utilizaba el escudo. Esta leyenda así lo atestigua: 

"El año 48 de la fundación de Roma, 706 años antes de Jesucristo, la peste se extendió por toda Italia y no cesó hasta que se vio caer del cielo un escudo de cobre”

Numa Pompilio consultó a la ninfa Egeria, quien le contestó que de la conservación del escudo dependía la suerte del Imperio pues sería la égida de Roma contra todo suceso desgraciado que pudiera sobrevenir…

 

¿..Por qué es importante esta información..?

Sencillamente, porque en Roma nació un amigo inseparable del blasón: el Apellido… Con anterioridad, el conocimiento de las distintas personas se llevaba a cabo únicamente con el nombre y, si acaso, por el mote o apodo. Así, aquel que poseía un pelo rojo era designado como "el Rojo", los que sufrían un defecto físico, y por este eran llamados: “El Cojo", "El Tuerto", “El Manco”, etc… Los árabes e israelitas añadían el lugar de nacimiento para identificar a la persona, lo cual se hacía muy complicado en localidades muy pobladas; así surge Jesús de Nazaret, Jesús de Arimatea… Sin embargo en Roma se adoptó añadir al nombre propio, el de la tribu o familia a la que pertenecía la persona. Como ejemplo, el del propio Tito (nombre propio), al que se añade el perteneciente a la familia (Livio), componiendo nombre y apellido: Tito Livio… Práctica que evolucionó al llamado "patronímico", es decir, detrás del nombre propio se añade el del padre, anteponiéndolo al apellido propiamente dicho, cuya práctica fue asimilada de los moros; mientras que en España, de influencia árabe, combinó el nombre de la familia con la región o el lugar de nacimiento…

ASÍ SURGIERON LOS MIER Y LOS BOLÍVAR

DOS BLASONES EN LA HISTORIA

De la noble casa de los “Bolibar”, surgió el escudos que comenzaron a utilizar como distintivo familiar a partir del 1096, identificado con vivos colores: Oro, como el primer de los metales que inspira nobleza, fuerza, fe y pureza; Verde, como la esperanza, la abundancia, libertad, fe, amistad, servicio, respeto, constancia, intrepidez, honra; Rojo que inspira valor, atrevimiento, intrepidez, fortaleza, honor, osadía; y Plata, como el segundo de los metales, que identifica pureza, integridad, obediencia, firmeza, vigilancia, elocuencia… El árbol representar el viejo roble de la Villa de Guernica, bajo cuya sombra juraban los reyes los fueros de Vizcaya, y se reunía la Junta del Señorío para la defensa de privilegios y libertades. El Yelmo o casco es el ornamento principal de las armerías. Los Lambrequines son trozos de tela cortados en forma de hojas y flores del mismo esmalte del escudo, que arrancando desde el yelmo como símbolo de la guerra, y en color amarillo, caen en caprichosas vueltas a ambos lados del escudo o blasón.

 

De la Puebla de Bolívar en el Valle de Ondarroa, en una pradera del Monte Oniz de las montañas de Vizcaya, partió el primer Bolívar (El Viejo). Un lugar muy cerca del mar, a tan sólo 5 km de Cenarruza, lugar que en el año 1300, Diego López de Haro fundó un caserío, de donde partió el primer Bolívar, llevando consigo el Escudo Familiar que lleva representado la “Pradera de Molino” que emulaba el paisaje vasco español de donde se originó el apellido “Bolívar”… Ese primer Bolívar que llegó a América en 1588, y que la historia identificará como Bolívar (el Viejo), tenía como dato curioso, que su apellido se escribía con la “b” labial, y por error del escribano la cambió por la “v” labiodental cuando nació en Santo Domingo su hijo Simón Bolívar (el Mozo), como el primer Bolívar nacido en América, de la unión conyugal con una dominicana de nombre Ana Hernández de Castro


Maqueta de la Puebla de Bolívar en Vizcaya

En homenaje a tan digna estirpe bolivariana, en la plaza de Andrés Ponce se levantó un monumento a los “Bolíbar”, frente al edificio que fue el Palacio de los Bolibar-Jáuritegui y de la Casa consistorial del poblado. A un costado se encuentra la iglesia rústica de Santo Tomás, donde reposa la estirpe de los “Bolíbar” representados en los apellidos: Rementerías, Ibarguenses, Ochoas y Andixpes, cuya edificación religiosa se encuentra a pocos metros de la casería de Ochoa de la Rementería, la de los molinos de los antecesores paternos del Libertador, de cuyo objeto de viento para moler el grano, se deriva el nombre “Bolibar” =  “Pradera  de Molino”. 

Bilbao es un pintoresco pueblo ubicado en un valle rodeado por los montes Arnotegui, Miravilla, Archanda y Abril… Fue fundado en el siglo XIII; y en 1334 recibió privilegios municipales por Alfonso XI. La urbe fue creciendo en torno a un caserío en la orilla derecha del Nervión, que se fue conectando por varios puentes con un distrito moderno de finales del siglo XIX, en la orilla izquierda… La ciudad pronto se convirtió en uno de los principales puertos marítimos de España, por lo que en el siglo XVI se creó en la ciudad un consulado mercantil… Hoy es la capital de la provincia de Vizcaya, en la comunidad autónoma del País Vasco, y una de las diez ciudades más pobladas del Estado español.


La actual ciudad de Bilbao

De Bilbao es el escritor bolivariano Miguel de Unamuno, considerado uno de los precursores del movimiento filosófico existencialista, y quien fue uno de los mayores admiradores de Simón Bolívar, cuyos parientes hicieron de Bilbao su ciudad preferida:  

“Bolívar fue un maestro en el arte de la guerra y no un catedrático en la ciencia… Fue un guerrero más que un militar… Fue teatral y enfático, tal como es naturalmente y sin afectación su raza, nuestra raza, pero no fue un pedante. Bolívar era un hombre, todo un hombre, un hombre entero y verdadero, que vale más que ser sobre hombre que ser semi dios... todo semi o a medias es malo y ser semi dios equivale a ser semihombre. Bolívar era un maestro en el arte de la guerra, en crear patrias y hablar al corazón de sus hermanos, que no catedrático de la ciencia de la milicia, ni de la ciencia de la política, ni de la literatura. Era un hombre; era un hombre encarnado. Tenía un alma y su alma era de todos y su alma creó patrias y enriqueció el alma española, el alma eterna de la España inmortal y de la Humanidad con ella... Bolívar era de la estirpe de Don Quijote, el de los bigotes grandes, negros y caídos”…

 

Miguel de Unamuno

Mier es el apellido de un antiguo linaje del valle de Peñamellera en las montañas de Burgos, que antiguamente perteneció a Asturias de Santillana en España. En la remembranza de tan distinguida estirpe, los Mier proceden del famoso Conde don Vela, quien fue uno de los caballeros que se encargaron de la repoblación de Salamanca y un biznieto suyo, llamado don Payo Varela, pasó a Galicia para fundar Casa Solar no lejos de Santiago… En los últimos años de su vida, don Vela se retiró al mencionado valle de Peñamellera, siendo enterrado en la parroquia de San Pedro de Plenis, y sobre cuyo templo ejercieron el patronato los Mier, cuyo blasón muestra la majestuosidad de un árbol al igual que el escudo de los “Bolibar”; pero que en este caso no es el viejo roble de la Villa de Guernica, sino un frondoso pino de Sinople... El escudo de la familia Mier lleva el yelmo característico de la armería que vanagloriaba de valor y valentía a la estirpe asturiana, y está adornado con frondosas plumas de avestruz en vivos colores verde y rojo… Por cierto, de la ciudad asturiana de Gijón llegó José Tomás Rodríguez Boves, que sembró de sangre y miseria los campos venezolanos para derrotar la Segunda República instaurada por Simón Bolívar.

En tiempos de la reina doña Urraca, se celebraban en Oviedo unas Cortes, a las cuales asistían tres hermanos: Sancho Vela, Bernardo Vela y Martín Vela, como los descendientes del famoso Conde Vela. Sus descendientes se instalaron al sur de Asturias, en un lugar llamado “Mier y Noriega”, y vivieron en los pueblos: Tres Palacios, Guerra, Alles y Buelna, de donde adquirieron el apellido Mier; por lo tanto podemos decir, que el apellido “Mier” surgió de un lugar de la geografía asturiana, tal cual como el apellido “Mieres” surgió en el municipio homónimo español en la zona central del Principado de Asturias, situado en la cuenca del río Caudal y formado en Ujo por las confluencias de los ríos: Lena, Aller, Turón, Cuna, Duró y Miñera… En este lugar llamado “Mier y Noriega” no había iglesia parroquial, hasta que los Mier la costearon para fomentar la fe católica, cuyo más famoso representante fue fray Servando Teresa de Mier.

 

Al igual que los “Bolibar”, los “Mier” fueron cautivados por el Nuevo Mundo y sus extraordinarias aventuras contadas por los marineros: ciudades de oro que se hallaban en algún lugar distante en Venezuela que llamaban El Dorado, perlas más grandes que un huevo de paloma que esperaban en el fondo marino de Cubagua, pirámides fantásticas cubiertas de oro en México, cerros de plata en las cordilleras del Perú, maderas preciosas, plantas exóticas, esclavos, tierras fértiles, así como la “Fuente de la Eterna Juventud” que se suponía en algún lugar de los pantanos de Florida, constituyeron esos relatos fantásticos que inspiraba a los europeos para aventurarse a navegar a América, llevando consigo sus distinguidos blasones.

Continúa:

Mier y Bolívar – Dos Blasones en la Historia, Segunda Parte

Por: Jorge Mier Hoffman

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© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004