MIER y BOLÍVAR
Dos Blasones en la Historia

SEGUNDA PARTE.

Por: Jorge Mier Hoffman

“Espero que dentro de ocho días estaré un poco mejor para poder seguir a Santa Marta a tomar aires mejores y buenos baños; si allí no recibo mejoría, quién sabe lo que hago, pues no tengo un médico que me aconseje, ni una persona digna de ser oída en materia de salud…

 

¡..Quién sabe si yo me estoy matando por no hacer nada y siguiendo un régimen errado..!

 

Aunque he deseado irme a Santa Marta, por gozar de todas sus conveniencias y de las bondades del señor Mier, me es imposible ejecutarlo porque mis males van empeorando y realmente no creo que pueda hacer el viaje”…

Simón Bolívar

LOS MIER EN MEXICO 

Desde que los Mier llegaron al Nuevo Mundo, el linaje se expandió dentro del clero y la administración burocrática y militar del norte de México, donde se congregaban las mayores fortunas, y por ser los negocios más rentables para los colonizadores… Los Mier se establecieron primeramente en Santa Marta y luego lo hicieron en México… Francisco de Mier Noriega llegó a Monterrey en 1710, acompañando a su primo Francisco de Mier Torre, como secretario, quien iba a ocupar los cargos de Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León… Desde entonces y hasta el presente, la familia Mier queda vinculada al Estado de Nuevo León y a la ciudad de Monterrey, en donde nació Servando Mier el 18 de octubre de 1765, a quién la historia conocerá como Fray Servando Teresa de Mier.

En año del nacimiento de Servando Mier, Francia, España e Inglaterra, firmaron la paz con el Tratado de París, mediante el cual los británicos se apoderaron de la Florida y del territorio de Belice; y en compensación, los españoles recibieron a cambio la inmensa Luisiana francesa con 2.100.000 km2, territorios que pasarían nuevamente a manos de Francia con la invasión de Napoleón en 1804, y que éste a su vez vendió a los Estados Unidos de Norteamérica por 15 millones de dólares, con lo cual, prácticamente la nación del Norte duplicaba su extensión territorial con las regiones que comprenden los actuales estados de: Arkansas, Missouri, Iowa, la zona de Minnesota al este del río Mississippi y al este con la ciudad de Nueva Orleáns, Dakota del Norte y Sur, Nebraska, Oklahoma, la mayor parte de Kansas, Wyoming, y el territorio de Colorado al este de las montañas Rocosas.

 

Para el siglo XVII el linaje de los Mier ya era conocido en La Habana y Cartagena de Indias… Los primeros Mier llegaron a la América septentrional en el siglo XVIII. Tres de ellos alcanzaron nombre en la Nueva España: Cosme Mier y Trespalacios, alcalde del crimen en la Real Audiencia de México en 1776, caballero de la Orden de Carlos III en 1797 y protector fiscal de Indias; el padre Juan Mier, canónigo en las catedrales de Guadalajara y México, fue un inquisidor que cuestionaba las posiciones revolucionarias de su sobrino José Servando Teresa de Mier, el más célebre de la casta “Mier” en México.


El Padre Mier,
pintura anónima del 1825

Convertido al catolicismo, Fray José Servando Teresa de Mier fue un enigmático personaje relacionado con la Revolución de Independencia… Fue un insigne admirador de Bolívar, y el 13 de marzo de 1824, ante el Congreso Mexicano, pronunció un polémico discurso en honor al Libertador Simón Bolívar, ensalzando sus valores patrios, su gallardía para conducir la guerra contra España, y su indiscutible liderazgo para cautivar al pueblo… palabras que contrariaron la curia pontificia fiel al Papa y el adoctrinamiento del Vaticano a favor del Rey Fernando VII… Años antes, en julio de 1801, estando en París, Servando conoció al maestro de Bolívar, Simón Rodríguez… Ambos instalaron una Academia para la enseñanza de la lengua castellana, y compartieron ideales revolucionarios en contra de la monarquía europea… Con el tiempo, Servando, al igual que Bolívar, será compañero masón… Se inició en la Sociedades Secretas impartida por la Logia que, en Cádiz, fundó el venezolano Francisco de Miranda; mientras que Bolívar se iniciará en la Logia Saint Alexandre D'Escosse de París.

 

El 26 de octubre de 1763, Servando Mier fue bautizado con los nombres propios de José Servando de Santa Teresa Ingresó en la Orden de Santo Domingo, adquiriendo en ella la fama de elocuente orador sagrado, por lo que era conocido con el sobrenombre de “pico e plata” y, a causa de ello, en 1794 se le encomendó el sermón de la festividad de la Virgen de Guadalupe, que cada año se reservaba al predicador más sobresaliente de la Orden religiosa; reconocimiento que supuso para el padre Mier el comienzo de sus desgracias y de su existencia errante, aventurera y revolucionaria, ya que en el famoso sermón, hizo afirmaciones sacrílegas que no fueron del gusto de las autoridades eclesiásticas, y mucho menos de las civiles, quienes lo condenaron de por vida, ya que sus palabras ponían en duda la historia santificada y milagrosa de la virgen de Guadalupe, como un invento de la curia para esclavizar a los inocentes nativos aztecas.

En su discurso, Fray Servando Mier aseguró que la imagen de la Virgen no se había estampado sobre la tilma del indio Juan Diego, como afirmaba la iglesia, sino sobre la capa del mismísimo Santo Tomás, el apóstol que tenía que ver para creer y que éste había predicado en México bajo el nombre de Quetzalcoatl; de lo que se deducía que el culto guadalupano era prehispánico y muy anterior a la llegada de los españoles a México.

El arzobispo Núñez de Haro reaccionó de manera furibunda; y a consecuencia de ello, el padre Mier fue enviado a España para sufrir prisión, de donde se evadió en varias ocasiones… En 1802 abandonó temporalmente los hábitos, y en Roma consiguió secularizarse nuevamente, después de haber pasado por Francia, donde conoció a Simón Rodríguez… En 1804 volvió a España donde cumplió otros tres años de condena… Luego participó en la guerra de Independencia española al integrar movimientos subversivos... En 1816 acompañó a Francisco Xavier Mina (el Mozo), a quien había convencido para organizar una expedición libertadora de Nueva España. Hecho prisionero, fue enviado a las mazmorras de La Habana, de donde se fugó para exilarse en Filadelfia (Estados Unidos)… En 1822, ya consumada la independencia, volvió a México donde fue elegido diputado.

 

Servando Mier murió el 3 de diciembre de 1827 y sepultado en el Convento de Santo Domingo… 34 años después, en 1861, la comunidad religiosa se conmovió cuando se encontró su cuerpo sorprendentemente momificado… Aquí lo extraño..! 

El cuerpo momificado padre Mier fue comprado por un italiano que lo llevó a un lugar desconocido, sin que hasta la fecha se sepa de su destino, y quizás forme parte de las curiosidades de un excéntrico coleccionista.

Fray Servando Mier fue un factor decisivo en el pensamiento revolucionario que tuvo Bolívar en contra de la iglesia,  inspirado en su “Historia de la Revolución de Nueva España”… Obra que se convirtió en el libro de cabecera del Libertador, en momento que sufría su exilio en las Antillas cuando escribió la profética “Carta de Jamaica”.

 

Influenciado por los relatos del padre Mier, Simón Bolívar fue cautivado por la personalidad enigmática del Mesías Azteca llamado Quetzalcóatl, cuya religión fue determinante en el desarrollo de los pueblos mesoamericanos… Bolívar escribió:

 “Quetzalcóatl supone el nombre de culebra emplumada, el gran profeta de Yucatán en México... Los escritores católicos ha procurado alejar la idea  de que éste profeta fuese verdadero, porque ello significaría ver en este dios a Jesús..! La religión ha perdido mucho de su imperio, y quizás no lo recobrará en mucho tiempo, porque las costumbres están en oposición con las doctrinas sagradas. De suerte, que si un nuevo sistema de penas y castigo, de culpas y delitos, no se establece en la sociedad para mejorar nuestra moral, probablemente marcharemos al galope hacia la disolución universal”


EL CONQUISTADOR HERNÁN CORTES Y
EL MESÍAS QUETZALCÓATL

“Quetzalcóatl estableció una religión, cuyos ritos, dogmas y misterios tienen una admirable afinidad con la de Jesús y quizás es la más semejante a ella. No obstante, los escritores católicos han procurado alejar la idea de que éste personaje pueda ser Jesús o Santo Tomás, el apóstol de Cristo”

Simón Bolívar

LOS MIER EN SANTA MARTA

 

El primer conquistador en visitar estas tierras fue Alonso de Ojeda en 1499; veinticinco años después lo hizo Rodrigo de Bastidas, quien capituló la gobernación de Santa Marta desde el cabo de la Vela hasta la desembocadura del río Magdalena… En 1525 fundó la ciudad y puerto de Santa Marta, con gente traída de las islas de Cuba y La Española... Santa Marta se constituyó en bastión importante para el poblamiento de la costa y del interior de la región, para convertirse en un importante centro puerto comercial y de transporte, tanto fluvial por el río Magdalena, como marítimo a través del mar Caribe.

 

LOS HISTORIADORES NOS NARRAN
LA TRASCENDENCIA DE LOS MIER EN SANTA MARTA

 

Para el momento en que Santa Marta era ocupada por los europeos, estos territorios estaban habitados, entre otras, por las tribus chimilas, cuya organización social y carácter aguerrido hacía muy difícil su pacificación… Desde un comienzo las relaciones entre los españoles y los aborígenes de Santa Marta estuvieron marcadas por la violencia, en respuesta de los indígenas por la actitud avariciosa y criminal de los colonos, quienes, sólo mediante el empleo de la fuerza bruta, las filosas espadas, las armas de pólvora, los perros salvajes y los caballos, se apropiaban de las riquezas de los nativos y de su fuerza de trabajo… y en un ambiente de terror y sangre, intentaron convivir por 200 años españoles e indígenas, en un territorio minado de tribus ancestrales y accidentes geográficos que hacían muy difícil el crecimiento socioeconómico de la colonia.

 

A principios del siglo XVIII se radicaron en Mompox: José y Juan Bautista de Mier y de la Torre, de los cuales el segundo, por Real despacho del 13 de agosto de 1744, se le concedió el título de Marqués de Santa Coa… Pasado un tiempo, llegaron de España varios de sus sobrinos, entre los cuales destacan: Gonzalo José de Hoyos y Mier, Toribio de Trespalacios y Mier y José Fernando de Mier y Guerra.

 

Gonzalo José Mier recibió el título de Marqués de Torre Hoyos… José Fernando Mier y Guerra, descendiente del Marqués de Santa Coa, fue ascendido como Maestre de Campo; y así mismo le fue encomendado por parte del gobierno de Santafé de Bogotá, fundar pueblos en la Provincia de Santa Marta para “pacificar” a las tribus chimilas. 

Para la “pacificación” del territorio, José Fernando Mier y Guerra empezó a trasladar voluntarios para la nueva población. Primero se llevó a 28 familias de españoles acompañadas de sus correspondientes esclavos

Decía José Mier:

“los chimilas no hablaban de Dios, ni hacen memoria de su Majestad, ni del diablo y (...) no tienen ídolo. Cada hombre toma  la mujer que le pareciese, pero sólo una”

 Los nuevos colonos organizados por José Mier, se dedicaron a construir sus casas y al cultivo de trigo en las fértiles tierras del valle serrano de San Sebastián... Aunque los indígenas cultivaban este producto desde antes, el propósito era establecer una fuente constante de abastecimientos de harina para las ciudades de Santa  Marta, Cartagena y Mompox. Los recién llegados también cultivaron rocerías de maíz, plátanos, yuca y otros tubérculos en sitios aledaños, con el propósito de aprovechar la gran variedad de zonas climáticas del macizo. En 1753 todo salía a pedir de boca; así se expresó Antonio Galeano Marín en la visita que hizo a Santa Marta: "tal nueva fundación va siempre en aumento tanto de vecindario, casas, huertas, salud y buenos partos en las mujeres"  

Pero pacificar el territorio ancestral de las tribus indígenas, era menester para la tranquilidad de los colonos y la obtención de esclavos que requerían las plantaciones de los nuevos pobladores venidos de Santafé de Bogotá

A partir de 1756 José Mier organizó expediciones, o "entradas" como las llamaron por entonces, cuando con cierta periodicidad se internaba con grupos de colonos armados en la región chimila, con el propósito de castigar a los indígenas:

Cuando los nativos estaban de cacería, los españoles destruían sus plantaciones, quemaban sus chozas y capturaban a sus mujeres y niños... Los misioneros capuchinos participaban de la barbarie, con el fin de capturar indios que, en calidad de esclavos, eran obligados a trabajar en las misiones de católicos diseminadas en varias partes del territorio…

Con esta práctica de esclavitud, poco a poco fueron diezmando y pacificando el territorio de Santa Marta, que era convertido en prósperas haciendas productivas a cargo de los españoles y misioneros, gracias a la mano de obra de los chimilas convertidos en esclavos.


Joaquín Mier y Benítez

En el año de 1791, desembarcó en Cartagena de Indias Manuel Faustino Mier y Terán, nieto de Clara de Mier, hermana del célebre Maestre de Campo José Fernando de Mier y Guerra, el pacificador de los chimilas… Lo acompaña su esposa, también gaditana, María Teresa Benítez, y su único hijo, de 4 años, Joaquín Mier nacido en Cádiz el 15 de abril de 1787… Manuel Faustino Mier y Terán nació en ese mismo puerto español veintiún años atrás, el 16 de febrero de 1766… Llega a Cartagena para asumir el cargo de Alcalde Corregidor; y con el tiempo obtuvo el grado de Coronel de Milicias Reales de Santa Marta.

Pero en lo comercial Manuel Mier no obtuvo igual fortuna, pues a principios del siglo XIX sufrió su primera quiebra en Cartagena, por lo que se vio obligado a emigrar con su familia a Santa Marta, donde se recuperó económicamente gracias al prestigio de los Mier.

 

En el año 1800 ya se encontraba Manuel Mier radicado en Santa Marta… Al año siguiente compró una casa en el centro de la ciudad, y en 1803 se desempeñaba como alcalde de la misma... En 1808 por la exorbitante suma de 11.773 pesos en oro, compra una hacienda muy cerca de Santa Marta… Era una importante extensión de tierra fértil que fue fundada por Francisco Godoy y Cortesía hacia la década de 1648 el día de San Pedro Alejandrino, cuando le dio nombre a este exuberante lugar con estas palabras:

 

“Hasta donde la vista alcance serán mis dominios la floresta de San Pedro Alejandrino”

Desde su fundación, la florida de San Pedro Alejandrino tuvo 39 dueños. Los terrenos de la hacienda, en gran parte de su historia, fueron dedicados al cultivo de la caña de azúcar y a la explotación ganadera… y en los albores del siglo XlX llego hacer el más grande ingenio de caña en la costa norte de Colombia con 953 hectáreas… Pero para Manuel Mier no fue una buena inversión, puesto que a los pocos meses se declaró en quiebra. 

Ante el revés sufrido, las autoridades le embargaron su hacienda para saldar deudas de sus acreedores…  Como resultado del juicio, al final, el Tribunal de la Diputación Consular de Santa Marta adjudicó la hacienda a Joaquín de Mier y Benítez, único hijo de Manuel Faustino Mier… La hacienda contaba con una buena siembra de caña de azúcar, y tenía un trapiche muy bien montado para hacer panelas de papelón en lo que trabajaban numerosos esclavos indígenas chimilas, quienes a diferencia de otros hacendados, eran bien tratados y atendidos por su amo Mier… y así transcurría el tiempo de esclavitud en Santa Marta, hasta que:

A finales de 1812, la revolución libertadora entraba en su momento crítico, con la pérdida de la Primera República de Venezuela y el destierro de Simón Bolívar a Cartagena, quien en su ímpetu juvenil e ideales de justicia, trasladó la revolución a Mompox y las riberas del Magdalena, para iniciar una invasión a su país natal, que logrará la instauración de la Segunda República

siete meses después

La revolución de independencia condenó a los afectos al rey de España… tal fue el caso de Manuel Mier, reconocido como colaborador de la causa española, quien fue apresado y llevado a Cartagena… Confinado en el Hospital Militar, mantenía un contacto permanente con su esposa e hijo, hasta que las cartas dejaron de llegar... Manuel murió de manera misteriosa… Temeroso por el resentimiento libertador que estaba en el ambiente de pueblo y esclavos, Joaquín Mier abandonó la hacienda, dejándola al cuidado de los sirvientes... Hasta 1816 Joaquín permaneció en Jamaica, mientras que su madre, doña Teresa Benítez de Mier se refugió en su hacienda de Santa Marta…De regreso a Santa Marta, se le acercó uno de los esclavos que le servía de mayordomo en San Pedro Alejandrino... 

Para sorpresa de Joaquín Mier, el indio no iba a pedirle, sino darle el dinero que ahorraron los esclavos durante todo el tiempo en que él y su padre dejaron la hacienda

Fue una lección que, sin lugar a dudas, debió cambiar el ímpetu esclavista que siempre acompaño al apellido Mier, desde que los nativos de Santa Marta fueron sometidos por uno de sus ancestros.

En ese mismo año Simón Bolívar iniciaba su gesta libertadora que transcurrirá por 14 años para llevar la felicidad a un Continente… tiempo durante el cual, Joaquín Mier no sólo se desempeñó como exitoso hacendado y hombre de negocios, sino también incursionó en el oficio de la navegación, con embarcaciones que viajaban a diferentes sitios del Caribe para transportar mercancías


Joaquín Mier y Benítez

Sobre la vida de este personaje muy poco se ha escrito, no obstante la importancia que tuvo para el Libertador cuando más necesitaba de un verdadero amigo… José Mier, uno de los descendientes de Joaquín Mier, nos hace el siguiente relato: 

“Como era de esperarse en los albores de la revolución, los Mier eran afectos al Rey de España; razón por la cual el padre de Joaquín fue apresado y muerto en extrañas circunstancias… Con la reconquista de Nueva Granada por parte de los realistas, quedó restablecido el Virreinato en 1816 en la persona del capitán general del Nuevo Reino de Granada, Francisco Montalvo…. Al año siguiente, el 5 de mayo de 1817, el virrey Francisco de Montalvo le confiere a Joaquín Mier el despacho de Capitán del Regimiento de Infantería de Voluntarios de Santa Marta, con instrucciones precisas de enfrentar a los revolucionarios que seguían la causa libertadora de Simón Bolívar. 

Qué ironía… Joaquín Mier fue primero enemigo de la Revolución Bolivariana para luego convertirse en un excelso amigo y admirador de su máximo líder, el Libertador

 

En 1817 se sucede un cambio en el gobierno, y Juan de Sámano es nombrado Virrey… pero se vio precisado a huir de Santafé de Bogotá el 7 de agosto de 1819, al conocerse la victoria contundente de Simón Bolívar en Boyacá.

Ese mismo año Joaquín Mier había contraído matrimonio con Isabel Rovira y Dávila, natural de Supía de la provincia de Popayán, hija de don Pascual Rovira y Pico, y doña María Bernardina Dávila, ambos provenientes de España, de cuya unión hubo 8 hijos… Santa Marta fue el último reducto realista que resistió la Nueva Granada afecta al rey de España… Finalmente, el 10 de noviembre de 1820, acosados por el ejército patriota, el general realista, Porras, abandona la ciudad, y los habitantes se rinden ante el ejército patriota que encabezan José María Carreño, Hermógenes Maza, Mariano Montilla y José Padilla.

 

El 26 de noviembre las autoridades de Santa Marta reconocen al nuevo gobierno Bolivariano, por lo que Joaquín Mier se suma a la causa Republicana… y a partir de ese momento, inicia sus servicios a ella con aportes financieros y material de guerra para el ejército de Simón Bolívar

 

Para entonces Joaquín Mier es un próspero comerciante que ha logrado una importante flota naval para comercializar por el Caribe, flota que pone a la disposición de la causa libertadora, comprometiéndose con el coronel Mariano Montilla a entregar 6.000 fusiles y 800 quintales de plomo; para lo cual envía sus naves a Puerto Rico y Saint Thomas en busca de tales elementos de guerra.

 

Los servicios de Joaquín Mier a la Revolución Bolivariana eran ampliamente conocidos por el alto gobierno en Bogotá, como lo evidencia esta comunicación que Montilla envía a Santander: 

“Estoy seguro de que aunque le retardemos el pago en algunos días, no se incomodará el señor Mier, pues además de ser un caballero, desea acreditar su adhesión al sistema Republicano”

En 1822, ante la amenaza contra Maracaibo por los realistas, el Coronel Montilla hace planes para enfrentar la situación, y con tal fin nombra a Joaquín Mier comandante de Milicias Regladas; a tal efecto dice Montilla a Santander: 

“Mier es el hombre que conviene como Jefe del Batallón. Mozo, buena presencia, adorado por todos, respetados de los indios  y acostumbrados a obedecerle; rico, entusiasta y muy comprometido: Yo suplico a Usted que confirme el nombramiento, porque el bien de la patria así lo exige y la justicia”

No sólo el Consejo de Gobierno acepta la propuesta, sino que Mier es ascendido al cargo de Teniente Coronel efectivo de Milicias de Infantería y Comandante de las Regladas de Santa Marta… Tal designación cambió el rostro de la milicias en esa ciudad tradicionalmente afecta al rey de España, y Mier se dedicó de lleno a su función militar… Así lo refiere Montilla: 

“…ya dije a usted que era necesario darle el mando del batallón: no puede usted figurarse el interés que ha tomado por el cuerpo y los efectos de guerra que ha encargado para la banda de música; Mier está aquí adorado por todos”

El 31 de diciembre de 1822 se produce en Santa Marta un alzamiento armado mandado por Francisco Labarcés, y para el 4 de enero de 1823 la ciudad había sido tomada… La normalidad fue restablecida con la intervención de las fuerzas del Coronel Montilla con el apoyo naval de José Padilla... Debido a la actuación del batallón de milicias, débil e indeciso en momentos en que se esperaba una respuesta militar contundente, su comandante, Joaquín Mier solicita ante Santander su licencia del ejército, alegando que «...su delicadeza se resiente de estar a la cabeza de dicha unidad...» Aun cuando no le fue concedida la licencia, se mantuvo alejado del mando, pero siempre ayudando a la causa republicana con su apoyo financiero y logística naval”

 

Con Joaquín Mier el Magdalena se convirtió en una arteria de tráfico comercial que le dio vida a los aldeanos y lugareño

 

Sus primeras embarcaciones remontaban sus velas por el Caribe mar… La Santamarteña fue una de las primeras a la que siguieron: Nuestra Señora de la Caridad y los bergantines: La Samaria, Concepción, Competidor, Transit, China Samaria, Joyel y Manuel, entre otros, que utilizó el empresario para importar mercancías desde el Caribe y de algunos puertos europeos… Pero Joaquín Mier fue aún más allá, al pretender participar del rentable y novedoso negocio del vapor, cuyos barcos ya fondeaban en puertos norteamericanos… Un buen día… los nativos y pobladores del Magdalena fueron sorprendidos por una estela de humo negro que se movía en el horizonte… es el barco a vapor Fidelidad, propiedad del alemán Juan Bernardo Elbers, a quien el vicepresidente Francisco de Paula Santander, en un claro acto de corrupción, le otorgó en 1823 el privilegio de la navegación a vapor por el río Magdalena… Elbers tenía el permiso y la exclusividad por veinte años para transportar carga y pasajeros por el río Magdalena en vapores fluviales, sin que el gobierno cumpliera los estrictos procesos de licitación que exigía el Presidente Simón Bolívar… Para ese momento, el Libertador se encontraba luchando en el Sur por la emancipación del continente.

 

Joaquín Mier sufrió un duro golpe en su ambición comercial de la navegación al vapor

 

Al año siguiente llegaron dos nuevos vapores, a los que Elbers llamó por adulación: Santander y el Gran Bolívar… y en 1828 encargó un nuevo vapor al norteamericano Silas E. Burrows, el cual bautizaría como El Libertador… Con la incorporación de estos nuevos vapores, el monopolio del alemán amenazaba con quebrar la flota a velas de Joaquín Mier… 

Hasta que en julio de 1829, el presidente y dictador Simón Bolívar, dispuesto a limpiar la corrupción instaurada por Santander, revocó el privilegio de navegación que había sido concedido al alemán, permitiendo el libre tránsito de barcos por el Magdalena

Cuando el vapor El Libertador llegó a Santa Marta en agosto de 1829, Burrows le vendió el barco al comerciante Joaquín Mier… Fue un día que festejó toda la familia Mier. 

… y el 10 de septiembre, Joaquín Mier registró el barco “Libertador” bajo bandera Grancolombiana, como de su propiedad; y el día 17 del mismo mes, el vapor zarpó para entrar al Magdalena y surcar sus aguas. Ya no había monopolio… Ni para Elbers ni para más nadie

Por todo esto, Joaquín Mier tenía mucho que agradecer a Simón Bolívar… Su honestidad en el manejo de los asuntos de gobierno, no sólo lo salvó de una quiebra inminente, sino que le permitió participar del rentable negocio de los barcos de vapor… Estos hechos recientes debieron influir en el ánimo de Mier para arriesgar su prestigio político, su tranquilidad comercial, y hasta la confianza del nuevo gobierno, indispensable para continuar sus negocios, los cuales pudieran estar amenazada por los detractores del Libertador, en represalia, por brindarle la hospitalidad y las atenciones para quien estaba desterrado de su propia patria…

 

Bolívar había sido declarado enemigo de Colombia..!


Casa de Aduana que hospedó al Libertador,
propiedad de Joaquín Mier

Su salud empeoraba… Aires frescos le pedían sus dañados pulmones infectados… La Sierra Nevada parecía ser el lugar ideal para alojar al enfermo… Dejar el antiguo edificio de Aduanas era inminente… El doctor Reverend aprueba el traslado del enfermo, poco a poco, o como decía Montilla: “de rancho en rancho”… La hacienda San Pedro de Alejandrino, muy cerca de Santa Marta, será la primera escala en su viaje hacia la Sierra, para lo cual se le ordena al general Sarda: “Levantar una choza en Maringa, pequeña aldea a dos leguas de Santa Marta, por ser la temperatura más fresca que la de la costa”

 

LUNES 6 DE DICIEMBRE

 

Anota el Dr. Reverend: “La noche pasada no fue buena, y a pesar de seguir con los mismos remedios ya indicados, pasó el día más molesto que los antecedentes”… El Libertador requería de más tranquilidad, y así lo hizo saber Joaquín Mier cuando ofreció su hacienda, donde el enfermo podría encontrar la paz y el sosiego que requería su espíritu agitado por el calor y el bullicio del puerto; invitación que incluía a más de 100 hombres que conformaban el séquito de oficiales y soldados.

 

Cuando el sol poniente anuncia la llegada de la noche, la comitiva oficial emprende el viaje a la hacienda… Bolívar viaja en la berlina tirada por caballos que, en su amortiguación, hace más placentero el viaje por el accidentado camino de tierra… Lo acompaña el doctor Reverend y don Mier… En el transito por la ciudad, Joaquín Mier lleva al Libertador a su casa para saludar a su mujer, la granadina, doña Isabel Rovira y Dávila, que como la mayoría de los pobladores, sentían un agradecimiento infinito a quién lo había sacrificado todo por sus conciudadanos, y cuyos relatos fantásticos colmaban los diarios. 

Aún en ese momento de dolor, cuando el desasosiego embargaba su espíritu combativo, Bolívar no perdía su diplomacia y galanteo hacia el sexo femenino

Al detener el carruaje, doña Isabel le dice a su marido:

“Tráeme al Libertador para conversar con él

Imposible –

contestó Mier

¿..No ves su estado..? No puede dar un paso

– y para su sorpresa, Bolívar insistió en bajarse de la berlina para estrechar la mano de doña Isabel y rendirle su respeto

- Señora, aún me quedan fuerzas para ir a besar a usted la mano” 

Fue un momento de angustia para Joaquín Mier, que sabía de su enfermedad, de su quebranto, de su debilidad, y del esfuerzo que hacía para halagar a su esposa.

Impresionada con el gesto de caballerosidad que expresaba un hombre moribundo, doña Isabel subió al coche para acompañarlo en el viaje a la hacienda San Pedro Alejandrino, donde llegaron ya caída la noche.

Los siguientes días son de una letanía de remedios, desenfados y desesperación para sus oficiales, que veían como se iba apagando esa luz que había iluminado los cielos de América… Joaquín Mier lo colmaba de atenciones y con su compañía; y vigilaba personalmente para que al Libertador se le cumplieran todos sus deseos, y se le prestaran los requerimientos al doctor Reverend… Refiérase una vez Reverend, que el Libertador curioseando por la pequeña biblioteca de Joaquín Mier, le preguntó al español:  

¿..Qué obras tiene usted aquí, señor Mier..? Pocas, general, contestó Mier – mi biblioteca es muy pobre – al momento en que el Libertador sonríe y exclama – Pobre..! y tiene usted aquí en dos libros nada más que la historia de la humanidad: Gil Blas, el hombre como es; y el Quijote, el hombre como debiera ser..!

Ricardo Palma, el cronista peruano, nos narra una de esas anécdotas inolvidables del Libertador, cuando una tarde yacía sentado en un sillón de vaqueta, amenizado por el canto de los pájaros que se posaban en un frondoso tamarindo que además del fruto, refrescaba el ambiente con su sombra esplendorosa, y bajo el cual Bolívar gustaba meditar… Joaquín Mier, desde la ventana de su biblioteca observa al moribundo de inmortal renombre, que se apagaba en su deseo de vivir… Sumergido en un trance de meditación, Bolívar es advertido por su médico que se acerca para palpar su pulso, al momento que, sin abrir los ojos, responde a su presencia:  

“¿..Sabe Ud. doctor, lo que me atormenta al sentirme ya próximo a la tumba..? La idea de que, tal vez, he edificado sobre arena movediza y arado en el mar

un suspiro brotó de lo más íntimo de su alma

y volvió a hundirse en su meditación,

recriminándose con estas palabras:

¡..Ah, redención..! ¡..Los redentores..!

¿..Sospecha Ud. doctor, quienes han sido los tres más insignes majaderos de este mundo..?

- Ciertamente que no, mi general

- Acérquese Ud. y se lo diré al oído…

Los tres más grandes majaderos del mundo hemos sido: Jesucristo, Don Quijote y yo”


Pintura que evoca ese momento:
“Los Tres majaderos

Para el 12 de diciembre, la realidad se hacía patética en la salud de Bolívar; y ante el desagravio que declaraban las autoridades locales, era necesario hacer los preparativos para el desenlace inminente… y aunque parezca increíble..! para costear los funerales del Libertador de cinco naciones, presidente de la Gran Colombia, redentor de millones de personas en un continente, y quien fue uno de los hombres más ricos del continente, hubo que hacer una colecta pública en “pesos” entre sus amigos y soldados, cuya mayor contribución la hizo José Manuel Valdés y Joaquín Mier con 16 pesos, la cual fue refrendada por su amigo don Manuel Ujueta Bizáis.

 

En víspera de la muerte de Bolívar, su edecán, Luis Perú de Lacroix, le escribe el dramático relato a Manuela Sáenz, la dama quiteña que amó apasionadamente al Libertador.  

"Llegué a Santa Marta el día 12, y al mismo momento me fui para la hacienda de San Pedro donde se halla el Libertador. Su Excelencia estaba ya en un estado cruel y peligroso de enfermedad; pues desde el día 10 había hecho el testamento y dado una proclama a los pueblos en la que se está despidiendo para el sepulcro. Permanecí en San Pedro hasta el día 16, que me marché para esta ciudad (Cartagena) dejando a su Excelencia en un estado de agonía, que hacía llorar a todos los amigos que lo rodeaban. A su lado estaban los generales Montilla, Silva, Portocarrero, Carreño, Infante y yo; y los coroneles Cruz, Paredes, Wilson, capitanes Ibarra, teniente Fernando Bolívar y algunos otros amigos.

 

Sí mi desgraciada Señora, el grande hombre estaba para quitar esta tierra de la ingratitud y pasar a la mansión de los muertos, a tomar asiento en el templo de la posteridad y de la inmortalidad, al lado de los hombres que más han figurado en esta tierra de miseria. Lo repito a usted, con el sentimiento del más vivo dolor, con el corazón lleno de amargura y de heridas: dejé al Libertador el día 16 ya en los brazos de la muerte; en una agonía tranquila, pero que no podía durar mucho. Por momentos estoy aguardando la fatal noticia, y mientras tanto, lleno de agitación, de tristeza lloro ya la muerte del Padre de la Patria, del infeliz y grande Bolívar, matado por la perversidad y por la ingratitud de los que todo le debían, que todo habían recibido de su generosidad. Tal es la triste y fatal noticia que me veo en la dura necesidad de dar a usted.

 

Ojala el Cielo, más justo que los hombres, echase una ojeada sobre la pobre Colombia; viese la necesidad que hay de devolverle a Bolívar e hiciese el milagro de sacarlo del sepulcro en que casi lo he dejado.

 

Permítame usted, mi respetable Señora, de llorar con usted la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y habrá sufrido toda la República; y prepárese usted a recibir la última y fatal noticia.

 

Soy de usted admirador y apasionado amigo, y también su atento servidor que sus manos besa…

Luís Perú de Lacroix"

El 17 de diciembre el gran héroe americano dejó la vida terrenal… Así lo describió su médico en el Boletín Nº 33: 

“A las doce empezó el ronquido, al momento que me dirigí a los presentes que esperaban pacientemente fuera de la habitación, para advertirles:

 

Señores: si queréis presenciar los últimos momentos y postre aliento del Libertador, ya es tiempo…

 

…y a la una y siete minutos expiró el Excelentísimo señor Libertador, después de una agonía larga pero tranquila”

Justo al borde de su cama cuando el destino de Bolívar estaba en manos de la Providencia, se encuentra el hidalgo español don Joaquín Mier, compañero inseparable durante esos 17 días de agonía, quien le abrió la hospitalidad de Santa Marta, y le corresponderá cerrar sus ojos al momento de su último suspiro.

Para Bolívar fueron 17 años de vida revolucionaria, mientras que para Mier 17 días de agonía… Para Bolívar todo comenzó en 1813 cuando el Magdalena fue testigo de su Campaña Admirable para vencer a los españoles, y ahora en 1830, el mismo río lo lleva a encontrarse con un español que irónicamente se convertirá en su mejor amigo, su fiel compañero, su mayor colaborador y confidente

Esos últimos instantes de vida, de ansiedad, de angustia, de frustración y de tristeza, fueron descritos por el Dr. Reverend en misticismo y poesía:

“Un desfile de sombras llena la estancia. Apenas se escucha el estertor del moribundo, que va apagándose, hasta su final suspirante, como el vasto rumor de una ola que viene de lejos a romperse leve en la playa. Todas las cosas cobran fulgor imprevisto que le da un tono de misterio al ambiente. Los árboles se tornan más solemnes y graves, mientras la tenue brisa del campo entra por la ventana abierta a acariciar la frente del héroe.

A la distancia se oye el rumor oceánico como un intermedio musical que hace más honda la miedosa claridad de la atmósfera

Los ojos fijos de los guerreros exageran su brillo hasta la explosión de las lágrimas. Alguien detiene el mecanismo del reloj para que señalen eternamente sus manecillas, el momento exacto que nos dejó el Padre de América”

El cadáver de Simón Bolívar permaneció en la quinta San Pedro Alejandrino donde se le practicó la autopsia, y hasta poco antes de las nueve de la noche, cuando fue conducido a Santa Marta, a la antigua casa de Aduana donde fue expuesto en capilla ardiente.

El 20 de diciembre de 1830 el ataúd del Libertador fue colocado en la bóveda de la familia Granados, para ocultar su ubicación de los enemigos que querían destruir la memoria de Bolívar… No se le colocó placa o lápida funeraria sobre su tumba… y en esa Catedral permaneció por doce años… Fueron 12 años de persecución política para los leales hombres de Bolívar, quienes tuvieron que exilarse hacia las Antillas, como el caso de Rafael Urdaneta, quien luego de dejar la presidencia provisional de Colombia emigró a Curazao… Fueron doce largos años, durante el cual estaba prohibido hablar de Bolívar: la prensa fue silenciada, en las escuelas nada se mencionaba, y el partido “Liberal” seguidor del Libertador, fue prohibido como organización política, y sus líderes también sufrieron el fascismo del partido “Conservador”, como organización política fiel a los principios imperialistas del paecismo-santanderismo, quienes entregaron a Estados Unidos e Inglaterra la explotación económica de los recursos mineros de Venezuela y Colombia.

Doce años después, la misma mano que firmó la proscripción del Libertador, presionado por el descontento popular, se vio obligado a firmar el Decreto que autorizó la traslación de sus restos

El 29 de abril de 1842 el Congreso de la República de Venezuela aprueba el Decreto que autoriza el traslado de los restos mortales del Bolívar a Caracas, conforme a su Testamento: 

“Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal”

 

Decreto: "Art. 2o. El gobierno hará trasladar sus cenizas desde Santa Marta a esta capital, con el decoro propio y previa participación al gobierno de la Nueva Granada”

El presidente, José Antonio Páez, estableció el 17 de diciembre de ese mismo año para el acto protocolar, fecha en que se conmemora un año más del fallecimiento del Padre de la Patria… Pedro Alcántara desde Colombia, decretó la exhumación y los honores del Libertador.


Traslado de las cenizas del Libertador en
Santa Marta Dibujo de Carmelo
Fernández, sobrino de Páez

El 16 de noviembre entró en la bahía de Santa Marta la “Constitución”, goleta de guerra venezolana, destinada a llevar a bordo las cenizas del Libertador… Los actos de exhumación fueron anunciados al pueblo samario el día domingo 20 de noviembre de 1842, a las 5 de la tarde, cuando la tranquila ciudad de Santa Marta despierta ante el estallido de tres cañonazos, el repique de las campanas de la Catedral, y una salva de artillería desde la “constitución”, que movió al pueblo aglomerarse para presenciar a los comisionados del gobierno, de los miembros del Concejo, de los comandantes y oficiales de los buques de guerra, y de las altas personalidades civiles, militares y eclesiásticas de la ciudad que recorrían las calles, donde destacaba la presencia de Joaquín Mier, quien tuvo la honra de tener como huésped al Libertador en sus últimos diecisiete días de vida.

 

El acto de exhumación tuvo lugar en la Catedral de Santa Marta… Al día siguiente, ya terminada la ceremonia del funeral religioso, y en medio del dolor de los ciudadanos que lloraban a su Libertador, el ataúd fue llevado con todos los honores al embarcadero, y entregado a la Comisión venezolana presidida por el Dr. José María Vargas, y acompañada por: Carmelo Fernández para dejar un registro gráfico de la ceremonia, don Mariano Ustáriz (hijo), el doctor Miguel Cipriano Sánchez, y el general de división José María Carreño, quien llevaba puestas las charreteras y bandas que pertenecieron a Simón Bolívar… Así reza parte del informe de la Comisión: 

“…todo lo que quedaba de ese extraordinario ser eran unos pocos fragmentos, su cráneo y algunas cenizas y pedazos del uniforme militar y las altas botas negras de campaña: El cráneo estaba aserrado horizontalmente, y las costillas por ambos lados cortadas oblicuamente como para examinar el pecho; los huesos de las piernas y pies estaban cubiertos con botas de campaña: la derecha todavía entera, la izquierda despedazada; a los lados de los huesos de los muslos, pedazos de galón de oro deteriorado y listas de color verde, como metal oxidado, fueron los únicos fragmentos de su vestido que se encontraron; todo lo demás se había pulverizado"

Debido a que la sepultura del Libertador sufrió la inclemencia de un terremoto, y luego el vandalismo de los enemigos de la revolución que obligó a cambiarla de posición en dos oportunidades, hubo necesidad de verificar las cenizas, lo cual hizo el Dr. Reverend: 

“… y el cuerpo fue verificado por una cicatriz en una costilla que le hice durante la autopsia”

Todo lo que sigue es historiaDespués de la muerte de Bolívar, Nueva Granada se separó de la Gran Colombia, al igual que Venezuela y Ecuador… Una nueva realidad política surgía en Colombia, durante el cual, Joaquín Mier fue varias veces concejal de Santa Marta, y en algunas ocasiones presidió el cuerpo edilicio. En 1849 fue reconocido cónsul del reino de Cerdeña en Santa Marta. En ese mismo año se presentó en la ciudad una epidemia de cólera asiático, y Joaquín de Mier desplegó gran actividad en la ayuda que era menester. Para 1854 se hallaba retirado de las tareas mercantiles y agrícolas, reducidas como consecuencia de la revolución de José María Melo, y en 1860 sufrirá los rigores del sitio de Santa Marta, impuesto por Julio Arboleda… Un hijo de don Joaquín de Mier, Manuel Julián Mier, heredó la hacienda San Pedro Alejandrino, la cual  era constantemente visitada por amigos y admiradores del Padre de la Patria, quienes querían ver la última morada del Libertador, por lo que poco a poco dejó de ser una hacienda productiva, abandonada al pillaje y el saqueo a que fue expuesta por varias décadas… Para hacer posibles las visitas de peregrinos a la última morada de Bolívar, el gobierno de Colombia compró las 200 hectáreas de la hacienda por la suma de 24.000 pesos en oro, y luego de su restauración, el 2 de febrero de 1891, la hacienda fue declarada monumento nacional… Sin embargo, los enemigos de la Revolución Bolivariana hacían lo imposible por ocultar sus recuerdos, al extremo de criticar la Quinta San Pedro Alejandrino, la cual era visitada asiduamente por el pueblo.

 

Con motivo de las exequias referidas al traslado de los restos mortales del Libertador, fue momento propicio para que el Concejo Municipal de Caracas, dirija a Joaquín Mier la siguiente comunicación: 

“La grata sensación por la ternura con que asistieron al Libertador en sus últimos días y el respeto que constantemente han tributado a su memoria”

Al respecto de estos reconocimientos de eterna gratitud, Joaquín Mier responderá: 

“No he hecho otra cosa con respecto a su Excelencia, que ejercer deberes que me impusieron la hospitalidad, la amistad y la admiración a los relevantes méritos del finado”

Un familiar del Libertador, don Simón Camacho Bolívar, quien asistió en 1842 a Santa Marta a los actos de exhumación, expresó: 

“Tendióme la mano el franco español, lleno de bondad, y se la apreté con toda la efusión de mi corazón. Mírele el rostro con aquella admiración respetuosa con que se contempla a un hombre que vale, porque el señor Mier

vale mucho para mí.

 Mier fue el mejor amigo de Bolívar, porque lo fue en la desgracia

En 1929 una revista de la oligarquía colombiana

publica el estado de la Quinta San Pedro Alejandrino: 

La Quinta está regularmente cuidada por una patriótica Sociedad de señoras de Santa Marta y también por el Gobierno departamental, pero han cometido el error de hacer transformaciones inconsultas, como aquella de cambiar el tejado de forma piramidal de uno de los edificios, el que era de teja de barro rojo...  La pieza donde murió el Libertador tiene algunos muebles y otros objetos que se enseñan a los visitantes como auténticos, siendo sin embargo una vulgar mistificación. Tal sucede con el reloj de pared marcando la 1 y 7 minutos de la tarde, hora de la muerte del héroe, y que se dice es el mismo que allí existía en el supremo instante… Otro tanto sucede con la mesa sobre la que el médico Reverend hizo la autopsia del cuerpo del Libertador; y con una silla desvencijada, que muestra a los visitantes como aquella en que se sentó Bolívar en sus últimos días. Estos muebles no son auténticos, porque los que usó el Libertador en aquel asilo, fueron piadosamente recogidos por la familia del noble español Joaquín Mier, dueño de la Quinta en aquel tiempo, y hoy se hallan, según dicen, en poder de la familia Leiva, de Santa Marta, junto con las prendas y uniformes del Libertador.

La finalidad del escrito, restar importancia a un lugar emblemático de la gloria del Libertador, y para que su memoria no pudiera ser venerada por millones de americanos que aún lloran a Bolívar, como lo hizo un Joaquín Mier aquel memorable 17 de diciembre en Santa Marta, y que lo único que tenía en común con Bolívar:

Un sello de la realeza emblemática de la monarquía, como dos blasones en la historia de España

Joaquín Mier fue una energía glorificante de valor y abnegación en los últimos días del Libertador, cuando su espíritu derrotado clamaba por una esperanza desinteresada de vida… Mier puso a la disposición de Bolívar su bergantín “Manuel” para trasladarlo a Santa Marta; por 6 días le acondicionó una habitación especial en el edificio de Aduanas, también de su propiedad; por 11 días fue su huésped en su hacienda San Pedro Alejandrino; cubrió todos los gastos para la manutención de Bolívar, su séquito de oficiales y ejército; sufragó también los gastos del funeral y entierro; por tres días el cuerpo del Libertador fue velado en su propiedad; formó parte de la Comisión Presidencial para la exhumación de los restos, y fue quien le proporcionó la inmortalidad, cuando le cerró los ojos al momento de su último suspiro; tal cual creía Bolívar en su análisis de la existencialidad del hombre:

 

“agradezcamos estos instantes de vida en la inmortalidad de la existencia del Ser”

 

Para hacer honor a quien honor merece, un Mier fue la mano generosa que supo agradecer la inmortal obra de Bolívar, como ninguno de los apellidos que con arrogancia y distinción, desde siempre han acompañado al Padre de la Patria en los sitiales de honor en discursos, placas, estatuas, monumentos y condecoraciones… y como siempre digo, como un ejemplo aleccionador que nos enseña la vida: 

“Bienaventurados aquellos que honran a la grandeza y generosidad de los hombres, no en el ápices de su fortuna sino en el ocaso de su existencia”

 

Gesto que nos obliga a recordar a Bolívar como decía un poeta:

 

“Bolívar tenía la valentía del que ciñe una espada;

tenía la cortesía del que lleva una flor;

y entrando en los salones arrojaba la espada;

y entrando en los combate arrojaba la flor”

 

Esta historia finaliza con unas palabras de José Mier: 

“Con desprendimiento Joaquín Mier hace llegar al General Pedro Alcántara Herrán por intermedio de don Raimundo de Santa Marta, los únicos recuerdos que guardaba para sí: un pedazo del sepulcro y un paquetico con cabellos del Libertador.

 

…y así se cierra la páginas de servicios de Joaquín Mier al Libertador Simón Bolívar”

Por: Jorge Mier Hoffman

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