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MIER y BOLÍVAR
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| SEGUNDA PARTE. | ||||||
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Por: Jorge Mier Hoffman |
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LOS MIER EN MEXICO Desde que los Mier llegaron al Nuevo Mundo, el linaje se expandió dentro del clero y la administración burocrática y militar del norte de México, donde se congregaban las mayores fortunas, y por ser los negocios más rentables para los colonizadores… Los Mier se establecieron primeramente en Santa Marta y luego lo hicieron en México… Francisco de Mier Noriega llegó a Monterrey en 1710, acompañando a su primo Francisco de Mier Torre, como secretario, quien iba a ocupar los cargos de Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León… Desde entonces y hasta el presente, la familia Mier queda vinculada al Estado de Nuevo León y a la ciudad de Monterrey, en donde nació Servando Mier el 18 de octubre de 1765, a quién la historia conocerá como Fray Servando Teresa de Mier. |
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En año del nacimiento de Servando Mier, Francia, España e Inglaterra, firmaron la paz con el Tratado de París, mediante el cual los británicos se apoderaron de la Florida y del territorio de Belice; y en compensación, los españoles recibieron a cambio la inmensa Luisiana francesa con 2.100.000 km2, territorios que pasarían nuevamente a manos de Francia con la invasión de Napoleón en 1804, y que éste a su vez vendió a los Estados Unidos de Norteamérica por 15 millones de dólares, con lo cual, prácticamente la nación del Norte duplicaba su extensión territorial con las regiones que comprenden los actuales estados de: Arkansas, Missouri, Iowa, la zona de Minnesota al este del río Mississippi y al este con la ciudad de Nueva Orleáns, Dakota del Norte y Sur, Nebraska, Oklahoma, la mayor parte de Kansas, Wyoming, y el territorio de Colorado al este de las montañas Rocosas.
Para el siglo XVII el linaje de los Mier ya era conocido en La Habana y Cartagena de Indias… Los primeros Mier llegaron a la América septentrional en el siglo XVIII. Tres de ellos alcanzaron nombre en la Nueva España: Cosme Mier y Trespalacios, alcalde del crimen en la Real Audiencia de México en 1776, caballero de la Orden de Carlos III en 1797 y protector fiscal de Indias; el padre Juan Mier, canónigo en las catedrales de Guadalajara y México, fue un inquisidor que cuestionaba las posiciones revolucionarias de su sobrino José Servando Teresa de Mier, el más célebre de la casta “Mier” en México. |
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Convertido al catolicismo, Fray José Servando Teresa de Mier fue un enigmático personaje relacionado con la Revolución de Independencia… Fue un insigne admirador de Bolívar, y el 13 de marzo de 1824, ante el Congreso Mexicano, pronunció un polémico discurso en honor al Libertador Simón Bolívar, ensalzando sus valores patrios, su gallardía para conducir la guerra contra España, y su indiscutible liderazgo para cautivar al pueblo… palabras que contrariaron la curia pontificia fiel al Papa y el adoctrinamiento del Vaticano a favor del Rey Fernando VII… Años antes, en julio de 1801, estando en París, Servando conoció al maestro de Bolívar, Simón Rodríguez… Ambos instalaron una Academia para la enseñanza de la lengua castellana, y compartieron ideales revolucionarios en contra de la monarquía europea… Con el tiempo, Servando, al igual que Bolívar, será compañero masón… Se inició en la Sociedades Secretas impartida por la Logia que, en Cádiz, fundó el venezolano Francisco de Miranda; mientras que Bolívar se iniciará en la Logia Saint Alexandre D'Escosse de París.
El 26 de octubre de 1763, Servando Mier
fue bautizado con los nombres propios de José
Servando de Santa Teresa… Ingresó en la Orden de Santo Domingo, adquiriendo en ella la fama de
elocuente orador sagrado, por lo que era conocido con el sobrenombre de
“pico e plata” y, a causa de ello, en 1794 se le encomendó el sermón de
la festividad de la Virgen de Guadalupe, que cada año se reservaba al
predicador más sobresaliente de la Orden religiosa; reconocimiento que
supuso para el padre Mier el comienzo de sus desgracias y de su existencia
errante, aventurera y revolucionaria, ya que en el famoso sermón, hizo
afirmaciones sacrílegas que no fueron del gusto de las autoridades
eclesiásticas, y mucho menos de las civiles, quienes lo condenaron de por
vida, ya que sus palabras ponían en duda la historia santificada y milagrosa
de la virgen de Guadalupe, como un invento de la curia para esclavizar a los
El arzobispo Núñez de Haro reaccionó de manera furibunda; y a consecuencia de ello, el padre Mier fue enviado a España para sufrir prisión, de donde se evadió en varias ocasiones… En 1802 abandonó temporalmente los hábitos, y en Roma consiguió secularizarse nuevamente, después de haber pasado por Francia, donde conoció a Simón Rodríguez… En 1804 volvió a España donde cumplió otros tres años de condena… Luego participó en la guerra de Independencia española al integrar movimientos subversivos... En 1816 acompañó a Francisco Xavier Mina (el Mozo), a quien había convencido para organizar una expedición libertadora de Nueva España. Hecho prisionero, fue enviado a las mazmorras de La Habana, de donde se fugó para exilarse en Filadelfia (Estados Unidos)… En 1822, ya consumada la independencia, volvió a México donde fue elegido diputado.
Servando Mier murió el 3 de diciembre de 1827 y sepultado en el Convento de Santo Domingo… 34 años después, en 1861, la comunidad religiosa se conmovió cuando se encontró su cuerpo sorprendentemente momificado… Aquí lo extraño..!
Fray Servando Mier fue un factor decisivo en el pensamiento revolucionario que tuvo Bolívar en contra de la iglesia, inspirado en su “Historia de la Revolución de Nueva España”… Obra que se convirtió en el libro de cabecera del Libertador, en momento que sufría su exilio en las Antillas cuando escribió la profética “Carta de Jamaica”.
Influenciado por los relatos del padre Mier, Simón Bolívar fue cautivado por la personalidad enigmática del Mesías Azteca llamado Quetzalcóatl, cuya religión fue determinante en el desarrollo de los pueblos mesoamericanos… Bolívar escribió:
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LOS MIER EN SANTA MARTA
El primer conquistador en visitar estas tierras fue Alonso de Ojeda en 1499; veinticinco años después lo hizo Rodrigo de Bastidas, quien capituló la gobernación de Santa Marta desde el cabo de la Vela hasta la desembocadura del río Magdalena… En 1525 fundó la ciudad y puerto de Santa Marta, con gente traída de las islas de Cuba y La Española... Santa Marta se constituyó en bastión importante para el poblamiento de la costa y del interior de la región, para convertirse en un importante centro puerto comercial y de transporte, tanto fluvial por el río Magdalena, como marítimo a través del mar Caribe.
LOS HISTORIADORES NOS NARRAN
Para el momento en que Santa Marta era ocupada por los europeos, estos territorios estaban habitados, entre otras, por las tribus chimilas, cuya organización social y carácter aguerrido hacía muy difícil su pacificación… Desde un comienzo las relaciones entre los españoles y los aborígenes de Santa Marta estuvieron marcadas por la violencia, en respuesta de los indígenas por la actitud avariciosa y criminal de los colonos, quienes, sólo mediante el empleo de la fuerza bruta, las filosas espadas, las armas de pólvora, los perros salvajes y los caballos, se apropiaban de las riquezas de los nativos y de su fuerza de trabajo… y en un ambiente de terror y sangre, intentaron convivir por 200 años españoles e indígenas, en un territorio minado de tribus ancestrales y accidentes geográficos que hacían muy difícil el crecimiento socioeconómico de la colonia.
A principios del siglo XVIII se radicaron en Mompox: José y Juan Bautista de Mier y de la Torre, de los cuales el segundo, por Real despacho del 13 de agosto de 1744, se le concedió el título de Marqués de Santa Coa… Pasado un tiempo, llegaron de España varios de sus sobrinos, entre los cuales destacan: Gonzalo José de Hoyos y Mier, Toribio de Trespalacios y Mier y José Fernando de Mier y Guerra.
Gonzalo José Mier recibió el título de Marqués de Torre Hoyos… José Fernando Mier y Guerra, descendiente del Marqués de Santa Coa, fue ascendido como Maestre de Campo; y así mismo le fue encomendado por parte del gobierno de Santafé de Bogotá, fundar pueblos en la Provincia de Santa Marta para “pacificar” a las tribus chimilas.
Decía José Mier:
Los nuevos colonos organizados por José Mier, se dedicaron a construir sus casas y al cultivo de trigo en las fértiles tierras del valle serrano de San Sebastián... Aunque los indígenas cultivaban este producto desde antes, el propósito era establecer una fuente constante de abastecimientos de harina para las ciudades de Santa Marta, Cartagena y Mompox. Los recién llegados también cultivaron rocerías de maíz, plátanos, yuca y otros tubérculos en sitios aledaños, con el propósito de aprovechar la gran variedad de zonas climáticas del macizo. En 1753 todo salía a pedir de boca; así se expresó Antonio Galeano Marín en la visita que hizo a Santa Marta: "tal nueva fundación va siempre en aumento tanto de vecindario, casas, huertas, salud y buenos partos en las mujeres"
A partir de 1756 José Mier organizó expediciones, o "entradas" como las llamaron por entonces, cuando con cierta periodicidad se internaba con grupos de colonos armados en la región chimila, con el propósito de castigar a los indígenas:
Con esta práctica de esclavitud, poco a poco fueron diezmando y pacificando el territorio de Santa Marta, que era convertido en prósperas haciendas productivas a cargo de los españoles y misioneros, gracias a la mano de obra de los chimilas convertidos en esclavos. |
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En el año de 1791, desembarcó en Cartagena de Indias Manuel Faustino Mier y Terán, nieto de Clara de Mier, hermana del célebre Maestre de Campo José Fernando de Mier y Guerra, el pacificador de los chimilas… Lo acompaña su esposa, también gaditana, María Teresa Benítez, y su único hijo, de 4 años, Joaquín Mier nacido en Cádiz el 15 de abril de 1787… Manuel Faustino Mier y Terán nació en ese mismo puerto español veintiún años atrás, el 16 de febrero de 1766… Llega a Cartagena para asumir el cargo de Alcalde Corregidor; y con el tiempo obtuvo el grado de Coronel de Milicias Reales de Santa Marta. |
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Pero en lo comercial Manuel Mier no obtuvo igual fortuna, pues a principios del siglo XIX sufrió su primera quiebra en Cartagena, por lo que se vio obligado a emigrar con su familia a Santa Marta, donde se recuperó económicamente gracias al prestigio de los Mier.
En el año 1800 ya se encontraba Manuel Mier radicado en Santa Marta… Al año siguiente compró una casa en el centro de la ciudad, y en 1803 se desempeñaba como alcalde de la misma... En 1808 por la exorbitante suma de 11.773 pesos en oro, compra una hacienda muy cerca de Santa Marta… Era una importante extensión de tierra fértil que fue fundada por Francisco Godoy y Cortesía hacia la década de 1648 el día de San Pedro Alejandrino, cuando le dio nombre a este exuberante lugar con estas palabras:
“Hasta donde la vista alcance serán mis dominios la floresta de San Pedro Alejandrino” |
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Desde su fundación, la florida de San Pedro Alejandrino tuvo 39 dueños. Los terrenos de la hacienda, en gran parte de su historia, fueron dedicados al cultivo de la caña de azúcar y a la explotación ganadera… y en los albores del siglo XlX llego hacer el más grande ingenio de caña en la costa norte de Colombia con 953 hectáreas… Pero para Manuel Mier no fue una buena inversión, puesto que a los pocos meses se declaró en quiebra. Ante el revés sufrido, las autoridades le embargaron su hacienda para saldar deudas de sus acreedores… Como resultado del juicio, al final, el Tribunal de la Diputación Consular de Santa Marta adjudicó la hacienda a Joaquín de Mier y Benítez, único hijo de Manuel Faustino Mier… La hacienda contaba con una buena siembra de caña de azúcar, y tenía un trapiche muy bien montado para hacer panelas de papelón en lo que trabajaban numerosos esclavos indígenas chimilas, quienes a diferencia de otros hacendados, eran bien tratados y atendidos por su amo Mier… y así transcurría el tiempo de esclavitud en Santa Marta, hasta que:
siete meses después La revolución de independencia condenó a los afectos al rey de España… tal fue el caso de Manuel Mier, reconocido como colaborador de la causa española, quien fue apresado y llevado a Cartagena… Confinado en el Hospital Militar, mantenía un contacto permanente con su esposa e hijo, hasta que las cartas dejaron de llegar... Manuel murió de manera misteriosa… Temeroso por el resentimiento libertador que estaba en el ambiente de pueblo y esclavos, Joaquín Mier abandonó la hacienda, dejándola al cuidado de los sirvientes... Hasta 1816 Joaquín permaneció en Jamaica, mientras que su madre, doña Teresa Benítez de Mier se refugió en su hacienda de Santa Marta…De regreso a Santa Marta, se le acercó uno de los esclavos que le servía de mayordomo en San Pedro Alejandrino...
Fue una lección que, sin lugar a dudas, debió cambiar el ímpetu esclavista que siempre acompaño al apellido Mier, desde que los nativos de Santa Marta fueron sometidos por uno de sus ancestros. |
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Sobre la vida de este personaje muy poco se ha escrito, no obstante la importancia que tuvo para el Libertador cuando más necesitaba de un verdadero amigo… José Mier, uno de los descendientes de Joaquín Mier, nos hace el siguiente relato:
Con Joaquín Mier el Magdalena se convirtió en una arteria de tráfico comercial que le dio vida a los aldeanos y lugareño
Sus primeras embarcaciones remontaban sus velas por el Caribe mar… La Santamarteña fue una de las primeras a la que siguieron: Nuestra Señora de la Caridad y los bergantines: La Samaria, Concepción, Competidor, Transit, China Samaria, Joyel y Manuel, entre otros, que utilizó el empresario para importar mercancías desde el Caribe y de algunos puertos europeos… Pero Joaquín Mier fue aún más allá, al pretender participar del rentable y novedoso negocio del vapor, cuyos barcos ya fondeaban en puertos norteamericanos… Un buen día… los nativos y pobladores del Magdalena fueron sorprendidos por una estela de humo negro que se movía en el horizonte… es el barco a vapor Fidelidad, propiedad del alemán Juan Bernardo Elbers, a quien el vicepresidente Francisco de Paula Santander, en un claro acto de corrupción, le otorgó en 1823 el privilegio de la navegación a vapor por el río Magdalena… Elbers tenía el permiso y la exclusividad por veinte años para transportar carga y pasajeros por el río Magdalena en vapores fluviales, sin que el gobierno cumpliera los estrictos procesos de licitación que exigía el Presidente Simón Bolívar… Para ese momento, el Libertador se encontraba luchando en el Sur por la emancipación del continente.
Joaquín Mier sufrió un duro golpe en su ambición comercial de la navegación al vapor
Al año siguiente llegaron dos nuevos vapores, a los que Elbers llamó por adulación: Santander y el Gran Bolívar… y en 1828 encargó un nuevo vapor al norteamericano Silas E. Burrows, el cual bautizaría como El Libertador… Con la incorporación de estos nuevos vapores, el monopolio del alemán amenazaba con quebrar la flota a velas de Joaquín Mier…
Cuando el vapor El Libertador llegó a Santa Marta en agosto de 1829, Burrows le vendió el barco al comerciante Joaquín Mier… Fue un día que festejó toda la familia Mier.
Por todo esto, Joaquín Mier tenía mucho que agradecer a Simón Bolívar… Su honestidad en el manejo de los asuntos de gobierno, no sólo lo salvó de una quiebra inminente, sino que le permitió participar del rentable negocio de los barcos de vapor… Estos hechos recientes debieron influir en el ánimo de Mier para arriesgar su prestigio político, su tranquilidad comercial, y hasta la confianza del nuevo gobierno, indispensable para continuar sus negocios, los cuales pudieran estar amenazada por los detractores del Libertador, en represalia, por brindarle la hospitalidad y las atenciones para quien estaba desterrado de su propia patria…
Bolívar había sido declarado enemigo de Colombia..! |
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Su salud empeoraba… Aires frescos le pedían sus dañados pulmones infectados… La Sierra Nevada parecía ser el lugar ideal para alojar al enfermo… Dejar el antiguo edificio de Aduanas era inminente… El doctor Reverend aprueba el traslado del enfermo, poco a poco, o como decía Montilla: “de rancho en rancho”… La hacienda San Pedro de Alejandrino, muy cerca de Santa Marta, será la primera escala en su viaje hacia la Sierra, para lo cual se le ordena al general Sarda: “Levantar una choza en Maringa, pequeña aldea a dos leguas de Santa Marta, por ser la temperatura más fresca que la de la costa”
LUNES 6 DE DICIEMBRE
Anota el Dr. Reverend: “La noche pasada no fue buena, y a pesar de seguir con los mismos remedios ya indicados, pasó el día más molesto que los antecedentes”… El Libertador requería de más tranquilidad, y así lo hizo saber Joaquín Mier cuando ofreció su hacienda, donde el enfermo podría encontrar la paz y el sosiego que requería su espíritu agitado por el calor y el bullicio del puerto; invitación que incluía a más de 100 hombres que conformaban el séquito de oficiales y soldados.
Cuando el sol poniente anuncia la llegada de la noche, la comitiva oficial emprende el viaje a la hacienda… Bolívar viaja en la berlina tirada por caballos que, en su amortiguación, hace más placentero el viaje por el accidentado camino de tierra… Lo acompaña el doctor Reverend y don Mier… En el transito por la ciudad, Joaquín Mier lleva al Libertador a su casa para saludar a su mujer, la granadina, doña Isabel Rovira y Dávila, que como la mayoría de los pobladores, sentían un agradecimiento infinito a quién lo había sacrificado todo por sus conciudadanos, y cuyos relatos fantásticos colmaban los diarios. Aún en ese momento de dolor, cuando el desasosiego embargaba su espíritu combativo, Bolívar no perdía su diplomacia y galanteo hacia el sexo femenino
Fue un momento de angustia para Joaquín Mier, que sabía de su enfermedad, de su quebranto, de su debilidad, y del esfuerzo que hacía para halagar a su esposa. Impresionada con el gesto de caballerosidad que expresaba un hombre moribundo, doña Isabel subió al coche para acompañarlo en el viaje a la hacienda San Pedro Alejandrino, donde llegaron ya caída la noche. |
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Los siguientes días son de una letanía de remedios, desenfados y desesperación para sus oficiales, que veían como se iba apagando esa luz que había iluminado los cielos de América… Joaquín Mier lo colmaba de atenciones y con su compañía; y vigilaba personalmente para que al Libertador se le cumplieran todos sus deseos, y se le prestaran los requerimientos al doctor Reverend… Refiérase una vez Reverend, que el Libertador curioseando por la pequeña biblioteca de Joaquín Mier, le preguntó al español:
Ricardo Palma, el cronista peruano, nos narra una de esas anécdotas inolvidables del Libertador, cuando una tarde yacía sentado en un sillón de vaqueta, amenizado por el canto de los pájaros que se posaban en un frondoso tamarindo que además del fruto, refrescaba el ambiente con su sombra esplendorosa, y bajo el cual Bolívar gustaba meditar… Joaquín Mier, desde la ventana de su biblioteca observa al moribundo de inmortal renombre, que se apagaba en su deseo de vivir… Sumergido en un trance de meditación, Bolívar es advertido por su médico que se acerca para palpar su pulso, al momento que, sin abrir los ojos, responde a su presencia:
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Para el 12 de diciembre, la realidad se hacía patética en la salud de Bolívar; y ante el desagravio que declaraban las autoridades locales, era necesario hacer los preparativos para el desenlace inminente… y aunque parezca increíble..! para costear los funerales del Libertador de cinco naciones, presidente de la Gran Colombia, redentor de millones de personas en un continente, y quien fue uno de los hombres más ricos del continente, hubo que hacer una colecta pública en “pesos” entre sus amigos y soldados, cuya mayor contribución la hizo José Manuel Valdés y Joaquín Mier con 16 pesos, la cual fue refrendada por su amigo don Manuel Ujueta Bizáis.
En víspera de la muerte de Bolívar, su edecán, Luis Perú de Lacroix, le escribe el dramático relato a Manuela Sáenz, la dama quiteña que amó apasionadamente al Libertador.
Justo al borde de su cama cuando el
destino de Bolívar estaba en manos de la Providencia, se encuentra el
hidalgo español don Joaquín Mier, compañero inseparable durante esos 17 días
de agonía, quien le abrió la hospitalidad de Santa Marta, y le corresponderá
cerrar sus ojos al momento de su último suspiro.
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El cadáver de Simón Bolívar permaneció en la quinta San Pedro Alejandrino donde se le practicó la autopsia, y hasta poco antes de las nueve de la noche, cuando fue conducido a Santa Marta, a la antigua casa de Aduana donde fue expuesto en capilla ardiente.
El 29 de abril de 1842 el Congreso de la República de Venezuela aprueba el Decreto que autoriza el traslado de los restos mortales del Bolívar a Caracas, conforme a su Testamento:
El presidente, José Antonio Páez, estableció el 17 de diciembre de ese mismo año para el acto protocolar, fecha en que se conmemora un año más del fallecimiento del Padre de la Patria… Pedro Alcántara desde Colombia, decretó la exhumación y los honores del Libertador. |
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El 16 de noviembre entró en la bahía de Santa Marta la “Constitución”, goleta de guerra venezolana, destinada a llevar a bordo las cenizas del Libertador… Los actos de exhumación fueron anunciados al pueblo samario el día domingo 20 de noviembre de 1842, a las 5 de la tarde, cuando la tranquila ciudad de Santa Marta despierta ante el estallido de tres cañonazos, el repique de las campanas de la Catedral, y una salva de artillería desde la “constitución”, que movió al pueblo aglomerarse para presenciar a los comisionados del gobierno, de los miembros del Concejo, de los comandantes y oficiales de los buques de guerra, y de las altas personalidades civiles, militares y eclesiásticas de la ciudad que recorrían las calles, donde destacaba la presencia de Joaquín Mier, quien tuvo la honra de tener como huésped al Libertador en sus últimos diecisiete días de vida.
El acto de exhumación tuvo lugar en la Catedral de Santa Marta… Al día siguiente, ya terminada la ceremonia del funeral religioso, y en medio del dolor de los ciudadanos que lloraban a su Libertador, el ataúd fue llevado con todos los honores al embarcadero, y entregado a la Comisión venezolana presidida por el Dr. José María Vargas, y acompañada por: Carmelo Fernández para dejar un registro gráfico de la ceremonia, don Mariano Ustáriz (hijo), el doctor Miguel Cipriano Sánchez, y el general de división José María Carreño, quien llevaba puestas las charreteras y bandas que pertenecieron a Simón Bolívar… Así reza parte del informe de la Comisión:
Debido a que la sepultura del Libertador sufrió la inclemencia de un terremoto, y luego el vandalismo de los enemigos de la revolución que obligó a cambiarla de posición en dos oportunidades, hubo necesidad de verificar las cenizas, lo cual hizo el Dr. Reverend:
Todo lo que sigue es historia… Después de la muerte de Bolívar, Nueva Granada se separó de la Gran Colombia, al igual que Venezuela y Ecuador… Una nueva realidad política surgía en Colombia, durante el cual, Joaquín Mier fue varias veces concejal de Santa Marta, y en algunas ocasiones presidió el cuerpo edilicio. En 1849 fue reconocido cónsul del reino de Cerdeña en Santa Marta. En ese mismo año se presentó en la ciudad una epidemia de cólera asiático, y Joaquín de Mier desplegó gran actividad en la ayuda que era menester. Para 1854 se hallaba retirado de las tareas mercantiles y agrícolas, reducidas como consecuencia de la revolución de José María Melo, y en 1860 sufrirá los rigores del sitio de Santa Marta, impuesto por Julio Arboleda… Un hijo de don Joaquín de Mier, Manuel Julián Mier, heredó la hacienda San Pedro Alejandrino, la cual era constantemente visitada por amigos y admiradores del Padre de la Patria, quienes querían ver la última morada del Libertador, por lo que poco a poco dejó de ser una hacienda productiva, abandonada al pillaje y el saqueo a que fue expuesta por varias décadas… Para hacer posibles las visitas de peregrinos a la última morada de Bolívar, el gobierno de Colombia compró las 200 hectáreas de la hacienda por la suma de 24.000 pesos en oro, y luego de su restauración, el 2 de febrero de 1891, la hacienda fue declarada monumento nacional… Sin embargo, los enemigos de la Revolución Bolivariana hacían lo imposible por ocultar sus recuerdos, al extremo de criticar la Quinta San Pedro Alejandrino, la cual era visitada asiduamente por el pueblo.
Con motivo de las exequias referidas al traslado de los restos mortales del Libertador, fue momento propicio para que el Concejo Municipal de Caracas, dirija a Joaquín Mier la siguiente comunicación:
Al respecto de estos reconocimientos de eterna gratitud, Joaquín Mier responderá:
Un familiar del Libertador, don Simón Camacho Bolívar, quien asistió en 1842 a Santa Marta a los actos de exhumación, expresó:
Mier fue el mejor amigo de Bolívar, porque lo fue en la desgracia” |
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En 1929 una revista de la oligarquía colombiana publica el estado de la Quinta San Pedro Alejandrino:
La finalidad del escrito, restar importancia a un lugar emblemático de la gloria del Libertador, y para que su memoria no pudiera ser venerada por millones de americanos que aún lloran a Bolívar, como lo hizo un Joaquín Mier aquel memorable 17 de diciembre en Santa Marta, y que lo único que tenía en común con Bolívar: Un sello de la realeza emblemática de la monarquía, como dos blasones en la historia de España |
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Joaquín Mier fue una energía glorificante de valor y abnegación en los últimos días del Libertador, cuando su espíritu derrotado clamaba por una esperanza desinteresada de vida… Mier puso a la disposición de Bolívar su bergantín “Manuel” para trasladarlo a Santa Marta; por 6 días le acondicionó una habitación especial en el edificio de Aduanas, también de su propiedad; por 11 días fue su huésped en su hacienda San Pedro Alejandrino; cubrió todos los gastos para la manutención de Bolívar, su séquito de oficiales y ejército; sufragó también los gastos del funeral y entierro; por tres días el cuerpo del Libertador fue velado en su propiedad; formó parte de la Comisión Presidencial para la exhumación de los restos, y fue quien le proporcionó la inmortalidad, cuando le cerró los ojos al momento de su último suspiro; tal cual creía Bolívar en su análisis de la existencialidad del hombre:
“agradezcamos estos instantes de vida en la inmortalidad de la existencia del Ser”
Para hacer honor a quien honor merece, un Mier fue la mano generosa que supo agradecer la inmortal obra de Bolívar, como ninguno de los apellidos que con arrogancia y distinción, desde siempre han acompañado al Padre de la Patria en los sitiales de honor en discursos, placas, estatuas, monumentos y condecoraciones… y como siempre digo, como un ejemplo aleccionador que nos enseña la vida:
Gesto que nos obliga a recordar a Bolívar como decía un poeta:
“Bolívar tenía la valentía del que ciñe una espada; tenía la cortesía del que lleva una flor; y entrando en los salones arrojaba la espada; y entrando en los combate arrojaba la flor”
Esta historia finaliza con unas palabras de José Mier:
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Por: Jorge Mier Hoffman |
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