En la Caracas colonial cuya población no sobrepasaba unos treinta mil habitantes,
Simoncito creció como todos los niños de su rango social; mecido en los brazos de una esclava negra
llamada Hipólita.
Su nodriza, es quien amaba como a una segunda madre, acompañando a sus padres en sus
oficios religiosos, jugando con otros niños de su edad en el patio perfumado de granadas de su casa natal
y recibiendo las enseñanzas de sus primeros maestros.
Los Valles de Aragua eran entonces las tierras más fértiles de Venezuela.
allí en la pequeña población de San Mateo, la familia Bolívar poseía una hacienda.
Los cuatro hermanos solían viajar ha ella de vez en cuando. Les gustaba ver como cantaban en los terneros
o fiestas patronales.
Juan Vicente Bolívar y Ponce, padre de el Libertador, murió el 19 de Enero de
1.786, a la edad de 60 años y su esposa Maria de la Concepción Palacios de Bolívar, falleció
después el 6 de Julio de 1.792, a la temprana edad de 34 años. De consiguiente, Simón Bolívar
tenía apenas dos años y medio de edad cuando perdió a su padre y 9 cuando quedó huérfano
al perder también a su Madre.
Simón a pesar de ser el menor siempre era lider o cabecilla. Preferiría irse
con los esclavos y mestizos que trabajaban en la plantación. Con ellos se bañaba en el río
y con ellos jugaba al trompo y subía a los árboles. Allí también aprendió a
montar a caballo. A los 8 años tenía ya fama de ser estupendo jinete.
Pero a pesar de estos respiraderos la infancia de Simón fue muy dolorosa. Un día,
estando en Caracas la Mamá se pone muy triste. Los niños reciben orden de no alborotar en casa. Se
entornan las ventanas. El médico de la familia va diariamente para tratar la enfermedad del Papá.
María Antonia la mayor lo comprende antes que los otros.
Papá está muriendo - dice en voz bajita a los demás hermanos.
Toda la familia se vistió de lutos. Los numerosos amigos
y parientes desfilaron antes del féretro. Doña Concepción reunió a los cuatro hijos.
Los besó en silencio y luego con lágrimas muy limpias en los ojos les dice:
Papá ha muerto. Papá ha ido al cielo. Desde ahora yo sabré darles el
cariño de su ausencia.
Quizá el pequeño Simón no logra entender la muerte de su padre apenas
tenía 3 años.
Don Feliciano Palacios, padre de Doña María de la Concepción queda como
tutor de los niños, pero murió al año siguiente. Después de la muerte del abuelo Simón
quedó bajo el cuidado de su tío Carlos Palacios, quien se hace cargo de el y sus hermanos. El ambiente
familiar termina desmoronándose con el casamiento de sus hermanas y la salida de Juan Vicente al cargo de
otro tutor.
Este cambio de ambiente influye sobre Simón, quien al poco tiempo huyó
de la casa del tío y pretendió vivir en la casa de su hermana Maria Antonia. Esta dio origen a un
pleito judicial entre su tutor y el matrimonio Clemente Bolívar; la pareja alegó todas las razones
que le asistían a fin de que la Real Audiencia permitiera que el joven viniera con ellos, pero la Audiencia
falló en favor del tío Carlos Palacios, y Simón debió obedecer, no sin antes dejar
en claro su opinión sobre el hecho, la cual fue asentada en el expediente del juicio, dijo, entre otras
cosas "si a los esclavos se les permite cambiar de dueño cuando eran objeto de malos tratos, ¿Por
qué no se le permite a él vivir con la gente que más le agradaba?; que el tribunal podía
disponer de sus bienes, mas no de una persona.
A raíz de este incidente, el joven Simón ha sido confiado a Simón Rodríguez
quien dirigía en esa época una escuela de primeras letras en Caracas. Pedagogo Liberal y excéntrico,
de vasto pensamiento universalista, supo sembrar en el alma de su alumno el germen de las ideas nuevas "Usted
formó mi corazón para la libertad, para la grandeza, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que
usted me señaló; escribió Bolívar a su maestro Rodríguez muchos años
más tarde. Otros de sus profesores que el célebre Andrés Belo, conocido como el maestro de
América y el más grande humanista del continente.
A los 14 años, Simón ingresó con el rango de Cadete en el batallón
de milicias de Blancos de los Valles de Aragua, y un año más tarde era ascendido a Sub Teniente.
Su hoja de sus vicios rezaba entonces: "Valor: conocido: aplicación sobresaliente" pero no será
nunca militar de escuela. El lo será de todas y su arte de la guerra, a pesar de todos los manuales que
había leído y asimilado saldrá más bien del fulgor de su genio de su constancia de
sus cualidades de caudillo excepcional que conducirá a la victoria a las multitudes enardecidas por su verbo,
por su patriotismo y por su amor a la libertad.