UNA AFRENTA A BOLÍVAR |
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Con Sordina BELLO Y BOLÍVAR.
Por: Nicanor Navarro
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Todavía hay en nuestra tierra quien de pábulo
a la antiquísima e infamante conseja que nos relataban en la escuela
primaria acerca de la cobardía de Andrés Bello por haberse ausentado del
suelo patrio cuando comenzaron a brotar las primeras asonadas
independentistas. Y crecimos con la idea de que Bello era, en realidad, un
cobarde convicto y confeso, porque así lo propalaban nuestros maestros de la
escuela primaria.
Todavía en bachillerato oímos el mismo cuento. Nuestro profesor de Historia de Venezuela se deshacía de chismes contra Bello; pero al llegar al mes de noviembre todo el liceo empapelaba con la efigie y poemas de Andrés Bello. Y era que toda aquella última semana del mes de Noviembre de fiesta se declaraba el Liceo para hablar de Bello poeta, Bello filólogo, Bello gramático, Bello historiador , Bello jurisconsulto, Bello humanista, Bello maestro, etc, etc. Y en el acto central de aquella semana dedicada a Bello, era el profesor de Historia de Venezuela quien subía el entarimado para que bronca voz recitarnos: “Rompe el león soberbio la cadena/ con que atarle creyó la felonía/ y sacude con noble bizarría/ sobre el robusto cuello su melena....” Cierto que no tuvimos oportunidad de asistir a la Universidad, en donde tal hubiéramos tenido que calarnos la misma chismografía histórica; pero ello no ha sido obstáculo para autodidácticamente llegar al conocimiento cierto de que lo que se pretendía con tal conseja era exhibir a Bolívar por encima de todo lo que irradiara algún hilo de luz en el sentir de los venezolanos, obra esta de los propulsores del culto a Bolívar, que tanto daño ha hecho a la humana imagen de El Libertador y como la verdad histórica siempre aflora espontáneamente , tan solo tuvimos que esperar en casa a que el tiempo transcurriera para que se desvaneciera tal conseja, por lo que ahora vemos, no sin asombro. Como es la obra de Bello la que irradia luz sobre todos los campos del saber humano y la de Bolívar la que se va extinguiendo como se extingue la luz del día cuando el sol declina. Basta con exhibir a Bolívar como guerrero y a Bello como humanista. Lo que es lo mismo: un Bolívar misántropo y un Bello filántropo. Tal verdad puede palparse sin forzar mucho la vista ni descocarse tanto el cerebro. A Bolívar le cobra la historia infinidad de muertes, como le cobra a Hitler su “holocausto” y a Truman su genocidio en Hiroshima y Nagasaky ¿Qué diferencia podría establecerse humanamente entre estos tres seres y el Torquemada español del Siglo XVI ? Contra Andrés Bello la historia no guarda rencor alguno. Entonces ¿por qué exhibirlo como un cobarde? Cobarde es quien asesina por capricho, cual es el caso del ajusticiamiento de Piar, la matanza de la llamada “Guerra o Muerte” y otros tantos crímenes cometidos por Bolívar en su afán de parecerse cada día más a Napoleón. Bello jamás actuó en la vida irracionalmente. Desde un principio intuyó la tragedia que viviría Venezuela de desatarse una guerra civil, como la que efectivamente se desató y a la calladita se ausentó del país. En Chile hizo nido; allá cultivó su talento y sembró su obra, la misma que ahora reclama Venezuela para exponerla como honra y prez de uno de sus hijos , tal vez mas esclarecido de cuantos hayan nacido en su suelo. ¿Qué Bolívar logró independizarnos del yugo español? ¡falso!. Apenas si logró el destete de nuestra administración pública de la Corona para usufructo de los que se hicieron llamar “Próceres de la Independencia” y ello ha sido la causa del desastre administrativo que hasta hoy hemos padecido; pues, por los demás, todavía hablamos y escribimos en idioma castellano, rezamos el rosario antes de llevarnos el pan a la boca, nos santiguamos al pasar frente a un templo cristiano, nuestras ciudades tienen los mismos nombres de las españolas, nuestros pueblos y villorrios sembrados están de templos, capillas y cruces, herencia que nos legaron aquellos santos misioneros que con la espada y la cruz de la Inquisición arremetieron contra nuestros fetiches toda nuestra Literatura es española; nuestra Semana Santa es Sevillana; a España le decimos “Nuestra Madre Patria”, nuestra estructura estatal es española y cada 31 de diciembre a medianoche nos reunimos en casa para saborear un turrón español y las doce uvas de la noche triste, como en los mejores tiempos de Castilla la Vieja. Y algo más risible todavía: en Margarita
hay una escuela que lleva el nombre de Isabel La Católica; en Los Robles se
le rinde culto a Juana la Loca y en La Asunción a los “Machuca”, apodo de
una familia española de apellido Vargas que ganó fama en la guerra contra
los moros por haber masacrado a unos cuantos de éstos machucones, según
relata Cervantes en “Don Quijote”. Entonces ¿en donde está esta tal
independencia?
Por: Nicanor Navarro
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Con Sordina Páez y Bolívar
Por: Nicanor Navarro
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Los dos se embarcaron en la misma aventura de
la independencia de Venezuela. Hasta hace pocos días después de la Batalla
de Carabobo la suerte, el optimismo y el ensueño de la ambición de poder los
había unido en cuerpo y alma. Y no fue ya sino en la postrimería de su
existencia cuando a Bolívar se le alborotó el ego y comenzó a soñar con la
creación en el país de un partido militar que le permitiera convertirse en
dictador perpetuo de lo que llamaría la Gran Colombia, con lo que no estuvo
Páez de acuerdo y desde entonces lo dio por conspirar contra tal
megalomanía. El mismo Páez así lo expone en su autobiografía: “(…)
abroquelado con su nombre se alzaba altanero y arrogante el partido militar
que pretendía sancionar sus excesos con la aprobación del Libertador”. Y más
adelante expone:“Graves escándalos presenció entonces la República, los
cuales no siendo castigados por el Libertador dieron margen a creer que los
perpetradores contaban con su aprobación.
El coronel José Bolívar, su ayudante de campo, desyuntó públicamente los dedos con que se toma la pluma al Doctor Vicente Azuero. Los coroneles Ferguson y Luque entraron violentamente en la imprenta del Zurriago, destruyeron los tipos, maltrataron a los operarios y finalmente quemaron como en auto de fe los números del periódico a presencia del batallón Vargas formado en plaza pública. El mismo Ferguson, edecán de Bolívar, acompañado del referido Luque, hizo lo mismo con la imprenta del Incompatible, diciendo mientras repartía sablazos a los operarios: “Conviene tratar así a esta gente”. La voz pública acusaba entonces al general Diego Ibarra, edecán de Bolívar de haber maltratado en las calles de Caracas al Doctor Diego Mérida. Toda esa arrogancia de los militares dio bastante fuerza a los rumores que habían circulado muy en descrédito del Libertador, de que pensaba gobernar el país militarmente…” En evidencias ya las ambiciones dictatoriales de El Libertador, unánime fue el apoyo que recibiera Páez en la totalidad del país, a objeto de que asumiera él las riendas del poder. Entre tantas manifestaciones he aquí algunas: El acta de Puerto Cabello dice, entre otras consideraciones (…)Ni tenemos que temer, ni con los tiranos se puede transigir y un sabio ha dicho que aquel que aspira a un poder perpetuo en un país que ha gozado de libertad, debe llamarse y considerarse un tirano (…) Que se desconozca la autoridad del General Simón Bolívar y que su nombre se condene al olvido…” La de Valencia terminaba con esta sugerencia (…) Que S.E. Jefe Superior no permita de ningún modo que vuelva el general Bolívar al territorio de Venezuela”. De Calabozo le decían: “que su S.E., el benemérito José Antonio Páez sea el Jefe de estos departamentos…”. De Nirgua: “que se separe de hecho Venezuela y se encargue del mundo S.E. benemérito José Antonio Páez… Que S.E. el general Páez no permita en modo alguno la presencia del general Bolívar en el territorio de Venezuela”. Veamos lo que dicen los barceloneses: “(…). Se separa del gobierno de Bogotá y desconoce la autoridad de S.E. el general Simón Bolívar. Que S.E. el benemérito general José Antonio Páez sea el jefe de Venezuela…” . La villa de Mantecal también se sumó a las protestas contra Bolívar con estas palabras: “¿Cuándo han confesado los tiranos sus enormes y frecuentes crímenes? Ya casi al final de estos testimonios, en su autobiografía, dejó dicho José Antonio Páez para la posteridad: “Si Bolívar, consecuente con los principios que había públicamente proferido, no hubiera hecho oposición a los deseos que su patria había con tanta solemnidad manifestado, si no se hubiese dejado arrastrar por algunos de sus amigos hasta el punto de amenazarla con una invasión a mano armada, Bolívar habría muerto tranquilo en su patria y sería tal vez uno de los pocos hombres ilustres, que gozando de las simpatías de sus compatriotas murieron en la tierra que los vio nacer, rodeados de los testigos de su gloria. Parece fatalidad que persigue a los hombres políticos la de no saber retirarse a tiempo del teatro donde les cupo en suerte brillar en primer término; error en que tal vez ha tenido siempre más parte de la voluntad de otros que la del mismo interesado”. Y ahora la pregunta a que nos obliga la misma Historia: ¿Se retiró Páez a tiempo de la política para no caer en la misma megalomanía que tanto afectó a Bolívar? |
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Bolívar ante la HistoriaPor: Jorge Mier Hoffman |
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Un investigador de nombre Guillermo Sherwell, quien estuvo dispuesto
a descarnar la realidad de la Epopeya Bolivariana que tantos elogios
registra la historia, luego de leer miles de cartas escritas por el
Libertador, miles de impresiones dejadas por quienes lo conocieron, y miles
de escritos plasmados por otros escritores, en 1921 resumió toda su
experiencia de varios años en pocas palabras:“El que estudia a Bolívar
siente al terminar su tarea, la misma reverencia que se experimenta al dejar
un lugar sagrado, donde el espíritu ha estado bajo la influencia de lo
sobrenatural y lo sublime”… |
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Por: Jorge Mier
Hoffman |
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