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La verdadera historia de un gobierno que duró sólo horas por estar sustentado en los intereses particulares
y no en los del colectivo.
¿Qué pasó? ¿Porqué la rebelión popular parece disuelta en agua de borrajas?
La pregunta en labios de todos es de tan difícil respuesta, que muchos llegan a pensar que Carmona fue el
instrumento de un auto-golpe en el cual Chávez busca consolidarse. Esta fantasía pudiera parecer
sorprendente, pero la realidad es más sorprendente aún. Estamos frente a unos de los capítulos
más disparatados de nuestro país. Uno de esos casos en los cuales la realidad supera a la imaginación.
Para nadie es un secreto que en los últimos meses en el país se vivía un inaguantable clima
de tensión. Se buscaban salidas a un régimen conflictivo que en opinión de expertos estaba
arruinando al país. Un millón de desempleados nuevos, endeudamiento galopante con óptimos
precios petroleros, alza inmoderada del costo de vida.
BUSCANDO UNA SALIDA No había conspiración, pues los cuestionamientos se hicieron de manera abierta.
En las últimas semanas todo el mundo hablaba de cuál era la mejor forma de salir de Hugo Chávez.
Cada día las reuniones entre los distintos sectores de oposición eran más frecuentes. Las
más concurridas fueron monitoreadas por la DISIP y de ellas hablaba de forma indirecta el presidente Chávez
en sus cadenas. El círculo se fue estrechando y las reuniones decisivas se realizaron entre Carlos Ortega
(CTV) Pedro Carmona Estanca (FEDECÁMARAS) y militares que, utilizando la brecha de los militares que se
habían pronunciado por Chávez, a su vez se habían manifestado contra el régimen.
La idea del golpe fue desechada desde el primer momento. Se hablaba de "hacer entrar a Chávez en razón"
y obligarlo a renunciar. Pero la sociedad civil debía hacer dos cosas. La primera, demostrar que había
consenso entre los diferentes sectores, y la segunda, probar que la opinión de la mayoría era que
Hugo Chávez dejara la presidencia. De esta manera se ejercería el derecho a la rebelión popular
establecido en el artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
El acto de la Esmeralda, donde todos los sectores presentaron su proposición, mostró que sí
había consenso entre todos los sectores civiles de la sociedad venezolana. Después vino la discusión
para organizar la huelga general tras la cual se pediría la renuncia al presidente Chávez. Para la
huelga general Carlos Ortega era la pieza fundamental. Desde el 10 de Diciembre de 2001, cuando se realizó
el para nacional de 24 horas, el líder de la CTV recibía presiones de todo tipo para llamar a la
Huelga General, pero Ortega alegó que las condiciones no estaban dadas, pues había que llenar algunos
requisitos en cuanto a lapsos de conflictos laborales.
ISAAC PÉREZ: PROTAGONISTA Un joven de 32 años, Isaac Pérez Recao, acaudalado heredero de Isaac
Pérez Alfonso, interviene aquí como vocero de enlace de algunos militares que se querían alzar.
Fue él quien financió la mayoría de los manifiestos y quien cancelaba los honorarios de los
abogados defensores de los militares declarantes. Tenía a un grupo de estos militares, bajo su control,
además de subordinar al presidente de FEDECÁMARAS, Pedro Carmona Estanga, su empleado en VENOCO,
la empresa petrolera donde los Pérez Recao son accionistas determinantes. A esta dupleta militares/empresarios
le faltaba el componente laboral, por lo que buscaron la vía para llegarle a Ortega. Concertaron varias
reuniones en las que instaron a Ortega a ejecutar la huelga general para darle paso al apoyo de los militares.
El presidente de la CTV siempre se mantuvo reacio. En privado expresó que quería usarlo para un acto
irresponsable, inconstitucional, que daría paso a una dictadura de derecha. En todas la reuniones se habló
de que la junta que debía sumir la transición debería contar con el componente empresarial,
el laboral y el militar. Ortega se portó como el defensor de todos los partidos políticos, incluyendo
el MVR, que ante una eventual caída de Chávez debía formar parte de un consejo, en el que
debería tomarse en cuenta a la sociedad civil, los medios de comunicación y las ONG.
En una de las últimas reuniones en la casa de Pérez Recao, que se sostuvieron antes de la huelga
general, Pedro Carmona dictó una cátedra sobre las responsabilidades que todos tenían con
el país. Preocupado porque no se cometieran ilegalidades. Carlos Ortega expuso sus puntos y el de sus trabajadores,
insistiendo en el respeto a la Constitución, y acordaron reunirse de emergencia en un máximo de 2
días para presentar las listas de las personas civiles, que llevarían la transición después
de la renuncia de Chávez.
El enfoque de Isaac Pérez nunca fue del total agrado de Carlos Ortega, quien dejó esto claro en esa
misma reunión, cuando se dirigió al joven para decirle: "Tú me vas a disculpar, esta es tu
casa y si quieres me puedes botar de aquí después de lo que te voy a decir, pero yo tengo mucho que
aclarar. Tu interés es poner allí a Pedro para tú poder manejar muchas cosas y tratar de recuperar
todo lo que has dejado de percibir en estos tres años de gobierno de Chávez. Pero aquí todos
nos tenemos que sacrificar para poder salvar este país y dejar a un lado los intereses particulares. Los
trabajadores vamos a exponernos. Ustedes los empresarios ¿Qué van a poner? Aquí nos tenemos
que sacrificar todos y dejar a un lado los intereses particulares por el bien del país. Si yo tengo que
sacrificar la presidencia de la CTV y anularme luego, lo hago, pero igualmente lo tienen que hacer Ustedes con
sus aspiraciones".
Isaac respondió inmediatamente: "¡Sí, sí! Aquí tenemos que sacrificarnos todos,
no te preocupes que todo se hará pluralmente con el consenso de todos los sectores". Isaac Pérez
hizo todos los esfuerzos para que Ortega creyera su palabra. Siempre hablaba en nombre de Carmona. Aunque Ortega
asistía a todas las reuniones, su criterio de la situación siempre fue particular, Isaac Pérez
insistió en financiarlo, le ofreció hasta vehículos blindados y el presidente de la CTV jamás
aceptó. Paralelamente PDVSA entraba en una situación crítica por las decisiones que el Presidente
de la República había tomado sobre su junta directiva. Esto decidió a Ortega. Carmona tenía
momentos de pánico que Ortega lograba apaciguar, comunicándole confianza.
SE CAEN LAS MÁSCARAS La comunicación entre Pedro Carmona y Carlos Ortega continuaba fluidamente hasta
el Jueves 11 de Abril en la mañana en uno de los programas maratónicos de la televisión, la
conductora pidió entrevistar al mismo tiempo a Ortega y Carmona, pero uno de los directivos del canal lo
impidió con el siguiente argumento:"Carmona me pidió salir solo, porque ya quiere deslindarse de
Carlos Ortega" . Y era cierto. Ya Carmona, manejado por su empleador, Isaac Pérez; había tomado su
camino, excluyendo a todos los sectores de la vida nacional- incluida FEDECÁMARAS cuyos avisados patriarcas
encabezados por Alberto Paúl, produjeron a última hora una declaración, poco difundida, en
la cual advertían que los dueños de empresas no estaban ya en la línea de Carmona. El Jueves
11 se produce la mayor manifestación pública en la historia de Venezuela, cuando una multitud calculada
por la prensa extranjera en 500.000 personas marcha hacia Miraflores. Pistoleros del gobierno, identificados en
documento inapelable por las cámaras de televisión, disparan a mansalva sobre la multitud pacífica
e inerme. El inspector general de la Guardia Nacional denuncia formalmente que él vio como la fuerza pública,
cumpliendo instrucciones de Miraflores, no actuó para separar a los grupos enfrentados sino contra los manifestantes
de la oposición. En la madrugada del Viernes, el general Lucas Rincón al frente del alto mando militar
anuncia que Hugo Chávez ha renunciado. Para este momento, Carlos Ortega y Pedro Carmona se encontraban en
Venevisión, junto con otras personalidades nacionales que habían asistido al acto al cual Luis Miquilena
se separaba expresa y públicamente del régimen, como reacción ante la matanza perpetrada en
la tarde. Se formó una mesa redonda de hecho, con la presencia de personalidades de todos los sectores que
habían acudido a la invitación de Miquilena. Se habló de la Venezuela después de Chávez,
de la parte legal, del paso a dar y de la manera de conformar un gobierno representativo, con amplia participación
de todos los venezolanos. Algunas personas pidieron a Rafael Poleo tomar notas de las opiniones, para que redactara
un acta básica que todos firmaran. Ortega instó a mantenerse dentro del marco jurídico constitucional.
En determinado momento, Carmona dijo estar extremadamente fatigado y pidió se le permitiera dormir algunas
horas para continuar las conversaciones a la mañana siguiente. Algunas personas le acompañaron hasta
el ascensor. Allí, Poleo le preguntó sobre lo que era la preocupación de muchos, que los factores
fundamentales del episodio histórico, fueran detenidos en sus hogares. -¿Vas a dormir en tu casa?-,
preguntó Poleo.-No...Voy al (hotel) Four Seasons a bañarme y cambiarme...-¿Vas a dormir vestido?-,
le repuso el periodista, no se sabe sino con sorna o considerando que el caudillo gerencial quería estar
listo para cualquier eventualidad. Se fue Carmona y le siguieron otros concurrentes. Pocos quedaban cuando Poleo
recibió una llamada de Fuerte Tiuna. Cerrado el teléfono, el periodista dijo a los presentes que
la llamada era para informarle que Carmona estaba en Fuere Tina, en la oficina del general Vásquez Velasco,
comandante del Ejército, formando gobierno bajo la dirección de Isaac Pérez. Carmona les había
engañado.
REACCIÓN DE CARMONA -¡Ya nos jodió!-, profirió uno de los asistentes. Ortega marcó
números n su celular. Al otro lado Carmona:-¡Mire...! Yo creí que usted era un hombre serio!-,
tronó el sindicalista al empresario. Y continuó una dura reprimenda en la cual le hizo saber a Carmona
la gravedad de su traición y le advirtió que no contara con el movimiento sindical para lo que estaban
haciendo. Cortó Ortega secamente y volvió a marcar. A quien le atendió, le dijo que con ese
mismo celular lo pusiera con el general Vásquez. Por la respuesta a lo que se dijo del otro lado, se supone
que Vásquez Velasco le propuso irse a Fuerte Tiuna para participar del bizarro conciliábulo. -¡Yo
no voy a ninguna parte! ¡No me meto en eso y conmigo no cuenten!-, bramó, congestionado, Ortega. Cerró
el teléfono, se levantó, se paseó un rato, aparte hizo otras llamadas y volvió para
manifestar su deseo de retirarse. Alguien se atrevió a decirle:" ¿Y por qué no vas...? Están
formando gobierno..."
-No voy a cohonestar eso... Además, esa vaina no va a durar... En la mañana, el Consejo Directivo
de la CTV, presidido por Ortega, se reunió para acordar rechazo a la operación montada por Isaac
Pérez a través de Carmona.
EN LA COMANDANCIA En la sede de la Comandancia del Ejército, zona reservada al Jefe del Estado Mayor, se
habían instalado en un cubículo Pedro Carmona y su secretario Juancho Mejías, redactando la
alocución en la cual informarían que era el nuevo gobierno. En el cubículo de enfrente estaba
Allan Brewer Carías redactando a mano lo que luego sería el Acta Constitutiva del Gobierno de Transición.
Dos cubículos más delante de Pedro Carmona, estaba Isaac Pérez, Daniel Romero-secretario privado
de Carlos Andrés Pérez y futuro Procurador del gobierno de Carmona- y un tercero no identificado,
se alternaban en la corrección de los manuscritos de Brewer Carías. Afuera, impacientes, se encontraban
Eugenio Mendoza y José Rafael Revenga, quienes tímidamente se asomaban a los cubículos que
delicadamente les cerraban en sus narices. El General Usón Ramírez-quien antes de los hechos había
presentado su renuncia al presidente Chávez- entró al lugar varias veces para advertir que era preciso
dar garantías al presidente Chávez, habida cuenta de que negociaciones realizadas por los Generales
Rosendo y Hurtado Soucre con Chávez habían dejado claro que se le debía permitir la salida
del país en compañía de sus familiares, como condición para la firma del Decreto de
Renuncia a la Jefatura del Estado. El General Usón fue interrumpido por otro General que le dijo:"¡
No te metas en ese peo! Chávez ya está listo y aquí se queda!" Isaac Pérez y Daniel
Romero sentenciaron entonces: "Chávez no puede irse. Debe ser juzgado por la masacre de ayer" Mientras tanto,
un grupo de Generales entró a la oficina del Jefe del Estado Mayor, donde el General Enrique Mendoza Gómes
había llevado a Chávez y ya lo esperaba Monseñor Baltasar Porras, quien también había
abandonado la reunión en Venevisión. Allí conminan a Chávez a firmar la renuncia sin
la garantía de su salida del país. Chávez se negó rotundamente. La salida y entrada
de generales en perfecta fila y los apresurados pasos de los empleados de Isaac Pérez que lucían
pistolas, chalecos y armas especiales, decían claramente de la confusión que reinaba en el 5to piso
de la CGE. El general Usón manifestó en cuatro oportunidades más, que debía dejar a
Hugo Chávez salir del país si firmaba la renuncia, y que si éste no la firmaba, se estaba
ante un golpe de estado, lo cual era inadmisible para la tradición democrática del ejército.
Brewer Carías replicó:" ¡No importa la renuncia! ¡Ya Lucas rincón la va a anunciar
por televisión y eso será más que suficiente!" Seguidamente, Isaac Pérez, con Daniel
Romero sentado en la computadora, fue nombrado uno de sus ministros.
**A Ortega lo dejaron en su casa***Cecilia Sosa advirtió sobre los errores jurídicos***Todo el poder
para Isaac Pérez***Isaac Pérez desesperado se fue del país.
Amaneciendo...
Amaneciendo el viernes, todo el país se sintió confundido al ver en la televisión a un Presidente
de la República llamado Pedro Carmona Estanga que ofrecía una rueda de prensa, escoltado por el Alto
Mando Militar, pero sin Caros Ortega a su lado. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba
la otra cara de la moneda, la fundamental, la que acreditaba la naturaleza popular del movimiento basado en el
Artículo 350?
Las imágenes mostraban el primer anillo de seguridad del nuevo presidente, conformado por jóvenes
de aspecto caucásico, armados hasta los dientes y vestidos de camuflaje. Evidentemente, no eran militares.
Uno de ellos, el que protegía directamente la espalda de Carmona, es uno de los empleados de mayor confianza
de Isaac Pérez en su empresa de seguridad.
Pantomima en Palacio Carlos Ortega vio toda la escena desde su casa. No hubo más contactos ni intentos de
sentarse a conversar con él por parte de Pedro Carmona. Las ONGs nunca fueron llamadas. A los medios de
comunicación se les llamó cuando ya Carmona y su equipo estaban asentados en Miraflores (por cierto
que algunos mostraron una torpe avidez en esa rara asamblea donde esta reportera advirtió que hilaban en
el aire, porque al régimen le quedaban dos horas de vida ... en la práctica fueron cinco).A media
mañana del viernes 12, ya Ortega estaba reunido con el Comité Ejecutivo de la CTV explicándoles
su no participación y posición frente al golpe. Luego declaró ante el país como lo
que siempre había sido: el presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela.
El grupo de Carmona ya había tomado a Miraflores. Por allí paseaba Allan Brewer Carías. Cecilia
Sosa intentaba hacerle ver a Daniel Romero la cantidad de errores jurídicos y constitucionales que se estaban
cometiendo con los decretos que se leerían más tarde. Romero asumió la total responsabilídad
y dijo una frase histórica, de prócer:
-¡Eso se queda como está! Horas más tarde se efectuaba el acto de juramentación. Carmona
acompañado por su esposa y su hijo. Daniel Romero, traje Armani, corbata Sulka pinchada por perla de tamaño
heroico, pelo peinado con mousse, fue la emblemática imagen que condujo el acto. En el paneo que hacía
la televisión de los asistentes al acto no había caras conocidas. Isaac Pérez y Daniel Romero
habían llenado el foro con sus amistades más cercanas y la línea media de sus empresas. De
relleno estaban los eternos busca puestos, parte del folklore. Con la lectura de cada decreto, una euforia de los
presentes arrancaba a Romero una sonrisa de satisfacción. Carmona le coreaba con gestos impropios que sorprendían
a los televidentes. Lo más celebrado por la fauna asistente fue el nuevo cambio de nombre del país
y la eliminación de la Asamblea Nacional, este último el menos sostenible jurídicamente, como
Cecilia Sosa trató de hacerles ver, ganándose la sonrisa despectiva de Brewer y las groserías
de Romero. Nadie parecía darse cuenta de que en vez de una partida de nacimiento, Romero leía la
sentencia de muerte de un gobiernillo.
La pregunta era quién tomaría el juramento a Carmona. El nuevo Presidente se levantó de su
asiento y tomó con la mano derecha un papel con la inscripción del juramento. Levantó su mano
izquierda y se autoproclamó. Después vinieron a firmar el acta los personajes que supuestamente representarían
a todos los sectores de la sociedad. José Curiel representando a los partidos políticos, que se habían
retirado del acto, y el buen Miguel Ángel Martínez a los medios de comunicación, daban cuenta
de un absoluto desconocimiento de la realidad.
Todo el poder para Isaac El nombramiento del ministro de la Defensa fue lo primero que hizo temblar a los cuarteles.
Se suponía que el cargo era para el comandante del Ejército, Efraín Vásquez Velazco,
no sólo por su posición en el momento de la salida de Hugo Chávez del poder, sino por su antigüedad
y definitivamente porque la clave de un golpe es el Ejército.
El ministerio de Finanzas fue entregado a Leopoldo Martínez, joven prospecto del stud Lauría. En
una reunión previa al paro en la que se afinaban los acuerdos, Isaac Pérez le había dicho
a Ortega, dentro del mejor estilo del nuevo régimen: -Yo tengo ya al ministro de Finanzas: ¡Leopoldo
Martínez! rimero Justicia, partido al que representa Leopoldo Martínez en el parlamento, no estuvo
nunca de acuerdo con que él participara, y de forma interna, lo excluyeron de la organización, con
duros cuestionamientos sobre la utilización que estaba haciendo del partido. A Primero Justicia no le dio
tiempo de manifestar públicamente que Leopoldo Martínez no formaba parte del gabinete en su representación,
pero dirigentes de ese partido sí se lo habían comunicado a esta periodista diez días antes
del golpe. Todos los ministros de Carmona fueron nombrados por lsaac Pérez, mezclando a sus gerentes con
militantes del Opus Dei y algún representante de negocios asociados. Pero no sólo eso. Apenas amaneció
el viernes, Isaac, junto con Marcos Sánchez, se fue hasta la Disip y ordenó que les extendieran credenciales
de comisarios generales. Después escogió un contingente de funcionarios para organizar operativos
de captura y seguimiento. El funcionario a cargo, William Oropeza, se asesoró con ofíciales de inteligencia,
quienes le recomendaron que no le entregara funcionarios a Isaac Pérez.
Las últimas horas El viernes en la noche, el general Raúl Baduel, comandante de los paracaidistas,
manifestó su rechazo al gobierno dictatorial que había instaurado Pedro Carmona Estanga. Los detalles
de cómo se le volteó a Carmona la Fuerza Armada Nacional los daré en la columna de mañana.
Antes de Baduel, los periodistas Rafael Poleo, Teodoro Petkoff y esta columnista, citados en orden cronológico
de su pronunciamiento, expusimos en diferentes medios de comunicación las razones por las cuales considerábamos
al nuevo régimen ilegítimo y no representativo, augurando su brevedad. El sábado en la mañana,
un vocero de Pedro Carmona me llamó para citarme a Miraflores, pues el Presidente quería hablar conmigo.
El ambiente que encontré en el Palacio fue el de un reparto de los cargos. El único de los ministros
nombrados el día anterior que parecía tener los pies puestos sobre la tierra era José Rodríguez
Iturbe, el Canciller, quién dijo: "Aquí estamos, a la expectativa". El resto mostraba la
euforia del triunfo que ya en la calle se sentía precario. Un funcionario del chavismo me había advertido
telefónicamente en la mañana: "No salgas de tu casa. Ellos creen que tienen el control y no
es así. No queremos esto. Hoy tomamos nuevamente el país".
El sábado en la mañana, todos los propietarios de medios se reunieron con Carmona. Le expresaron
la voluntad general de apoyarlo a sacar el país adelante con la condición de que rectificara los
decretos anticonstitucionales y convocara a Carlos Ortega a una reunión, para que el país se diera
cuenta de que los trabajadores no estaban excluidos. Gustavo Cisneros fue el encargado de llamar a Carlos Ortega,
quien se encontraba en Falcón, para hacerlo regresar a Caracas a reunirse con Carmona. Ortega ya estaba
decidido a no participar de ese gobierno y declinó la oferta de reunirse con el Presidente. A pesar de ello,
le enviaron un avión privado que Ortega nunca abordó. En esa reunión, Carmona le ofreció
a esta periodista la jefatura de la OCI. Es decir, el manejo de la información del Gobierno. Por cierto
que esto provocó un furioso disgusto en Alberto Federico Ravell, experto en el área. Sólo
me permitieron hablar dos minutos, durante los cuales logré dejar establecido mi absoluto rechazo a ese
o cualquier otro cargo. Le señalé varios de los errores que se habían cometido, aparte de
los obvios que en ese acto ya habían sido enumerados por Marcel Granier, en nombre de todos los asistentes.
Mientras tanto, afuera, las bandas chavistas estaban a punto de tomar el Palacio. Todas las guarniciones estaban
levantándose. El ministro de la Defensa, como si recordar
No hubo finalmente acuerdo sobre la autocensura propuesta por el régimen. Todos salieron corriendo del Palacio,
citándose para una reunión en la tarde, a la que exigían invitar a Carlos Ortega. En las afueras
de Miraflores, ya los chavistas se contaban por centenares que se abalanzaban sobre los carros de los propietarios
de medios que salían en fila, uno tras otro. Carmona fue sacado de su oficina y llevado hasta el lugar donde
la misma guardia de palacio, siempre leal a Chávez, le detendría. Dentro de Miraflores era imposible
no escuchar los gritos de quienes afuera clamaban por el regreso de Hugo Chávez. Cuando los manifestantes
empezaban a llegar, Isaac Pérez, que además e experto en seguridad, gritaba desesperado a escoltas
que le acercaran el carro para salir de allí. Fue directo hasta el aeropuerto, tomó un avión
y se fue del país. Mientras tanto, Daniel Romero, quien esperaba para ser juramentado Procurador General
de la República, aseguraba: "¡Aquí no ha pasado nada, nosotros tenemos el control. Seguimos
siendo gobierno!".
***La arrogancia de los militares adictos a Pérez Recao y la naturaleza derechista del gobierno anunciado
por Carmona cambiaron la voluntad de los militares y decidieron el retorno de Chávez***
La autosuficiencia, la arrogancia y la prematura embriaguez de poder perdieron a Carmona desde el mismo instante
de proclamarse Presidente de la República.
Las dudas del general Cuando Lucas Rincón, acompañado del Alto Mando Militar, le anunció al
país que Hugo Chávez había renunciado a la Presidencia, el comandante del Ejército,
Efraín Vásquez Velazco, acompañado del general (R) Ovidio Poggioli, se encontraba en la sede
de la comandancia, en Fuerte Tiuna, esperando que llegara Pedro Carmona Estanga acompañado de los juristas
que debían redactar el decreto que regiría el gobierno de transición. Vásquez Velazco
había sido decisivo para que se llegara a ese momento en que Chávez sería sustituido. Horas
más tarde sería también decisivo para que regresara.
Chávez había nombrado a Vásquez Velazco para que comandara el Ejército, muy en contra
de su voluntad, después que Lucas Rincón regresara de un viaje a Washington, donde en el Pentágono
se le mostraron las pruebas sobre hechos de corrupción cometidos por los generales a quienes Chávez
hubiera preferido. El nombramiento de Vásquez Velazco lavaría la cara de la institución no
sólo ante la opinión pública, sino ante el componente, ya que éste general era identificado
con la institución, no con la política. En los últimos días antes del 11 de abril,
Vásquez Velazco hizo movimientos que prendieron luces de alerta de un Gobierno que ya se sentía rodeado.
Sentó ante la guerrilla una posición distinta a la seguida por el Gobierno. Además se negó
a aparecer en los actos de apoyo al régimen que encabezó Lucas Rincón. Pero fue Vásquez
Velazco el primero que la madrugada del viernes discrepó con Carmona. ¿Una junta no es conformada
por varias personas? ¿No habíamos quedado en que serían tres, un representante de la Fuerza
Armada, uno del empresariado y otro de los trabajadores? A Isaac Pérez Recao, presente junto con Carmona,
quien se comportaba ante él como un subalterno, le pareció una insubordinación que el Comandante
del Ejército se atreviera a hacer tales preguntas ante quien ya se presentaba como Presidente de la República,
por lo que, frente a testigos, manoteándolo, lo puso en su sitio: "¡Aquí dijimos que no
va a haber militares! ¡Es Pedro solo y punto!" Ante el peso político, Vásquez Velazco
guardó silencio, quizás porque aún esperaba que se respetara su antigüedad, la cual le
daba los méritos para ser escogido en el gabinete como Ministro de la Defensa. Poco después cayó
en cuenta de que también en esto había sido engañado. Isaac Pérez y Daniel Romero se
sentaron en la Comandancia, mesa de por medio, a hacer la lista de los ministros. Se reservaron para ellos los
fundamentales, entre los que por supuesto estaba el cargo al que aspiraba Vásquez Velazco. "Ahí,
en Defensa, ponme a Héctor Ramírez Pérez, el Vice-Almirante", dictó Pérez
Recao y así quedó. Quienes conocen a Efraín Vásquez, dicen que en ese instante decidió
retirarle su apoyo a Carmona. Hizo contactos. El golpe fue armado por teléfonos celulares, sin mover una
sola tanqueta, apenas asomándolas para advertir.
Subversión Inmediata
Antes de la juramentación de Carmona, ya Vásquez Velazco había hecho los contactos. Uno de
ellos fue con el general Raúl Baduel, comandante del batallón de paracaidistas, quien había
aceptado con reservas la renuncia de Hugo Chávez e insistió en ver ese documento, pues no se conformó
con la declaración de Lucas Rincón. Vásquez informó a Baduel que él tampoco
había visto la renuncia firmada a pesar de estar tan cerca de los acontecimientos. Comentaron el hecho de
que no se hubiera cumplido con el compromiso pactado con Chávez de dejarlo irse para Cuba con toda su familia,
incluyendo sus padres. Baduel le comunicó a Vásquez que él se encargaría de que éste
compromiso se cumpliera o de lo contrario, le retiraría el apoyo a Carmona. El viernes en la tarde, los
militares acuartelados asistieron por televisión a la oficialización de una dictadura de derecha.
La composición elitesca del gabinete alborotó al chavismo atrincherado en los barrios humildes, en
espera de la orden para moverse, según planes trazados previamente, sobre puntos estratégicos. Ya
se comentaban entre los oficiales de todas las fuerzas las torpezas militares cometidas en Palacio. El contralmirante
Carlos Molina Tamayo apareció vestido con su uniforme, a pesar de que fue dado de baja por un régimen
legítimo. No se consideró necesario cumplir el trámite de reincorporarlo. La euforia impidió
que Carmona y sus adictos se dieran cuenta que la Casa Militar que custodiaba el Palacio era el mismo de escogidos
leales que había servido a Hugo Chávez. Al mando de la Casa Militar estaba el coronel Morao, quien
se le alza a Carmona el sábado al mediodía y ordena a los soldados que abran las puertas de Mira
flores a las masas chavistas, con las cuales los soldados celebraron el regreso de Chávez. Al coronel Díaz
Vivas se le envía a Miraflores con la orden de conversar y negociar con Morao, quien por respuesta lo pone
preso.
Otro grave error fue no detener al general García Cameiro, comandante de la Tercera División de Infantería
con mando sobre todos los batallones de Caracas. El sábado en la mañana, cuando ya los alrededores
de Fuerte Tiuna se encontraban copados de manifestantes chavistas, García Cameiro se montó en una
tanqueta con la que recorrió El Valle gritándole a la multitud: "¡Soy un soldado, y estoy
con Hugo Chávez!".
Hablan los comandantes Apenas escuchado el decreto el viernes, los comandantes de unidades tácticas del
Ejército (batallones) acantonados todos en Fuerte Tiuna, exigen a los generales que conforman el alto mando
del Ejército una definición de respeto al hilo constitucional.
El sábado en la mañana, el general García Montoya -hoy Comandante del Ejército-, quien
se encontraba en el Palacio Blanco y tampoco había sido sustituido por el nuevo régimen, se traslada
a Maracay y junto a Baduel, llaman a los comandantes de las guarniciones, vía celular, uno por uno. La pregunta
que hacían era: ¿Con quién está usted? ¿Con Carmona o con la institucionalidad?
A lo que todos, sin excepción respondieron: Con la institucionalidad. Las guarniciones se habían
puesto de acuerdo telefónicamente para dar el golpe a Carmona y esto fue acatado por un Vásquez Velazco
resentido y molesto.
El general de la Brigada Blindada, Rangel López (hijo del general Rangel Burgoin), fue enviado por el Ministro
de la Defensa de Carmona a negociar con Baduel. La dura respuesta de Baduel fue: "¡Aquí no hay
negociación, aquí lo que hay es Constitución!"
Un mayor, cuyo nombre se desconoce, subió a la oficina de Lucas Rincón, en donde estaban reunidos
los generales de Carmona, incluyendo al Ministro de la Defensa. Allí el Ministro le dijo: "Tranquilo,
estamos negociando que Chávez se vaya a Cuba". El mayor respondió con la consigna de Baduel.
"¡Aquí no hay negociación, hay Constitución!".
Carmona desconocido Los oficiales que exigían que Carmona rectificara se ubicaron en la sede del batallón
Ayala, donde se encontraban comandantes de los batallones Bolívar, Ayala, Codazzi, Regimiento de Comunicaciones,
Policía Militar y los generales Vásquez Velazco, Manuel Rosendo, Colmenares Gómez y y Usón
Ramírez, entre otros. Los oficiales le exigían a Vásquez Velazco que anunciara el desconocimiento
a Carmona.
En el Fuerte estaban periodistas de la televisión nacional e internacional y algunas radios. El comandante
general del Ejército se comunicó con el director de Globovisión, Alberto Federico Ravell,
quien le explicó que no se podía hacer el mensaje en vivo pues no había seguridad en la calle
para enviar los equipos necesarios. El mensaje finalmente fue grabado y transmitido sin editar por los canales
de televisión. Es cuando se hace del conocimiento del país los doce puntos que condicionaban el respaldo
del Ejército a Carmona.
La Guardia Nacional asimiló uno a uno los pasos que se dieron dentro del Ejército contra Chávez.
Pero en Fuerte Tiuna privaron los oficiales que ya no querían que Carmona rectificara, sino que se fuera.
Esto se acentuó cuando a manos del general Usón llegó un fax con la carta de renuncia de Hugo
Chávez, pero sin firmar. Este mismo general se le acerca a Carmona, que ya estaba detenido en la Comandancia
del Ejército, y le dice: `Usted no es Presidente legítimamente. Chávez debe regresar"
Chávez vejado
Hasta ese momento, Hugo Chávez había estado a las órdenes del contralmirante Molina. Testigos
aseguran que mientras éste estuvo frente a frente a Chávez lo humilló de palabra. El escogió
al grupo UOPE, élite de la Armada, para que custodiaran al Presidente en Turiamo y en La Orchila. Un alférez
de Navío fue el encargado por el grupo que había dominado, el de Baduel y García Montoya,
para llevar el mensaje de que todo había terminado. Ya el chavismo había tomado Miraflores y se encontraba
dominando las calles del oeste y centro de Caracas. Chávez venía de regreso a Miraflores.
***Las negociaciones políticas que se hicieron entre viernes y sábado para salvar la transición
democrática***
Las primeras horas del viernes 12 de abril, los sectores que habían sido relegados por Pedro Carmona, ya
mostraban su frustración en cada uno de sus espacios.
A las 8 de la mañana, por ejemplo, toda la directiva de Fedecámaras se quedó esperando en
su sede a quien hasta ese momento había sido su máximo representante y que ahora se había
convertido en el Presidente de la transición.
Carmona no ofreció ninguna excusa a los empresarios que se quedaron esperándolo, lo que sembró
el primer signo de preocupación en ellos.
Los partidos políticos de la oposición estaban tan preocupados como el MVR, con la diferencia de
que no huían de un posible allanamiento por parte del nuevo régimen. Uno de los primeros en activarse
para, comunicarse con el resto, fue Rafael Marín, el presidente de Acción Democrática.
En un intento por sentarse a conversar con Pedro Carmona, antes del acto de Juramentación, Freddy Lepage
se comunica con el personal de secretarias de Fedecámaras, y las respuestas que recibe son todas negativas,
a diferencia de lo que ocurría en los días previos al 11 de abril, cuando se realizaban reuniones
multisectoriales.
Frank de Armas, miembro de Fedecámaras se reúne con el presidente de Conindustria López Mendoza,
el viernes en la mañana, después del embarque de Carmona, y lo alerta sobre la posibilidad de que
"Pedro pueda estar actuando a espaldas del país, por intereses inconvenientes" Ambos se reúnen
entonces con Freddy Lepage y deciden buscar a como dé lugar una vía para que Carmona reciba a
***Si bien se cometieron muchos errores del lado del sector civil para que la transición de pedro Carmona
Estanga no cuajara, del lado militar también hubo intereses particulares que privaron sobre los colectivos.
La historia dentro Fuerte Tiuna entre viernes y sábado, da cuenta de ello.***
Mis crónicas anteriores han causado una duda alrededor de si Isaac Pérez Recao fue el único
responsable para que la transición no pudiera cuajar. Quizás Pérez Recao representa los errores
cometidos por los civiles, pero los militares que acompañaron a Pedro Carmona también incurrieron
en fallas estratégicas.
Los testimonios de los oficiales que se acercaban a la Comandancia General del Ejército la madrugada del
viernes 12, coinciden todos en que varios oficiales generales como Vera Suárez, Díaz Castillo, Italo
Fernández, Rodríguez Grau, Usón Ramírez, Roa Gómez, Rommel Fuenmayor, Velásquez
Rojas, González Cárdenas, Colmenares Gómez, Sericia García Medina Gómez, González
González, Pardo Acosta, Martínez Vidal, los coroneles Camacho Romero, Morillo Domínguez y
Rodríguez Salas, entre otros, que habían apoyado la salida de Hugo Chávez, discutían
abiertamente, en alta voz, los cargos a los que aspiraban. Guaicaipuro Lameda, llegó al lugar diciendo:
"A mi por lo menos me salen unas accioncitas en PDVSA" reclamando así la presidencia de la empresa
petrolera.
Un oficial general, a quien se ha ligado estrechamente a Hugo Chávez, caminaba por los pasillos escuchándolo
todo. A éI nunca pudieron convencerlo de que el Presidente había renunciado. Se trata del general
Jorge Luis García Carneiro, comandante de la Tercera División de Infantería, quien sirvió
de motor en Caracas para rendir a los oficiales que apoyaban a Carmona.
García Carneiro en acción El sábado a las once de la mañana, García Carneiro,
en presencia del general Silva Butrero, le pidió al comandante de la Policía Militar, el coronel
Segovia Rojas, que dejara entrar hasta la sede del Ministerio de la Defensa a las masas chavistas que se encontraban
rodeando ya el Fuerte Tiuna. Segovia Rojas se negó alegando que las tropas no estaban preparadas para un
hecho similar, por lo que en la confusión irían resultar algunas personas muertas. Los comandantes
de batallones habían obligado ya al comandante del Ejército, el general Efraín Vásquez
Velazco, a que asistiera a una reunión en el Batallón Ayala, a las dos de la tarde. García
Carneiro le ordena al comandante Cepeda, a cuyo cargo está el Batallón Ayala, que coloque los tanques
en el Batallón Bolívar. La idea era hacer un punto fuerte con este batallón para obligar a
Vásquez Velazco, (aunque hubiera que acudir al amedrentamiento) a retirarle su apoyo a Carmona. Cepeda le
respondió a García Carneiro que había recibido instrucciones de Vásquez Velazco de
no acatar órdenes de García Carneiro. Faltaba ya muy poco para que se realizara la reunión,
por lo que tampoco habría tiempo de alistar con municiones los tanques, lo cual requiere de más de
una hora. El primero en llegara la reunión fue el general (Div.) Ruiz Guzmán. Detrás llegaron
Ovidio Poggioli Pérez, Guaicaipuro Lameda, entre otros. Los comandantes de 16 batallones se encontraban
todos sentados, ya de acuerdo en la decisión de hacer respetaría Constitución. Es decir, retirarle
el apoyo a Carmona. La reunión se realizó en el Casino de Oficiales. Militares que han servido de
testimonio sobre éstos hechos, dicen que había numerosos civiles que no fueron identificados. Vásquez
Velazco, apoyado por Guaicaipuro Lameda, Manuel Rosendo, Ruiz Guzmán, dijo que era necesario reconocer al
gobierno transitorio de Pedro Carmona. García Carneiro intervino enérgicamente: "¡Ese
no fue el acuerdo. Habíamos quedado en hacer respetar la Constitución Bolivariana..!"
La discusión no se hizo esperar. Uno de los más reacios y rebeldes fue Guaicaipuro Lameda, a quien
García Carneiro, enfrentó diciendo: "Esto no es problema suyo! ¡Esto es una decisión
de los comandantes de batallones!" El comandante de Logística, el general Martínez Vidal, se
dirigió entonces a los comandantes que se encontraban sentados juntos: "Ese señor (Chávez)
fue el que armó a esos cerros y el que provocó todos esos muertos del jueves".
García Carneiro lo interrumpió, diciéndole que esa no era la discusión. "¡Vamos
a apegamos a los principios legales!" Varios generales presentes comenzaron entonces a redactar el documento
que leería al país el comandante general del Ejército. García Carneiro se les enfrenta:
"¡Yo voy a revisar ese documento!" Cuando tienen listo el documento, el general Navarro Chacín
interrumpió para sacar del lugar a Vásquez Velazco. García Carneiro vuelve a intervenir insistiendo:
"¡Vásquez no se va. Se queda. Este es un problema con los comandantes de batallones!" Vásquez
Velazco decide, sin embargo, salir con el general Navarro Chacín y deja olvidado en la mesa el documento
que habían redactado. García Carneiro lo revisó, dándose cuente de que reconocían
en él como legítimo a Pedro Carmona y añadía que Hugo Chávez se tenía
que ir del país, García Carneíro tachó con su bolígrafo todo lo que le parecía
inconveniente y se dirigió a los comandantes: "¡Ya tenemos mucho tiempo esperando aquí.
Vamos a exigirle al general Vásquez Velazco que se reincorpore a la reunión!" Salieron entonces
todos a buscar al Comandante del Ejército. "General -le dijo García Carneiro- le agradezco que
entremos a concluir". Una vez en el Interior del casino de oficiales, García Carneiro le indica a Vásquez
Velazco que lea el documento: "Practique su dicción General, para que le hable correctamente al país".
Los militares afectos a Carmona protestan airadamente, pero era tarde. García Carneiro introdujo a la prensa
en el salón y Vásquez Velazco comenzó a leer. Los seguidores de Carmona, le pasan a Vásquez
en el momento que está leyendo el documento, un papel a través de Rosendo, que decía que Chávez
debía irse del país. Cerca de las 5 de la tarde, ya concluida la alocución al país
de Vásquez Velazco, García Carneiro se entera de que lo quieren detener. Se hace acompañar
entonces de los coroneles José Gregorio Montilla Pantoja y Granadillo Perozo y por el general Wilfredo Silva.
Se acercan todos a la alcabala 3 del Fuerte Tiuna, que da hacía Coche, y se dan cuenta de que cientos de
personas se encontraban exigiendo afuera ver a Hugo Chávez. García Carneiro se montó entonces
en un tanque y les dijo, auxiliándose con un megáfono: "¡Señores es muy import
García Carneiro ordenó buscar un equipo de sonido para que lo escucharan mejor. Allí hablaron
partidarios de Hugo Chávez, entre ellos, el ministro Nelson Merentes. Luego se les animó con la música
de Alí Primera. García Carneiro, a través del micrófono, le iba relatando a las masas
chavistas una a una las guarniciones que se iban uniendo para desconocer a Carmona. Después de Maracay,
Barinas había sido la segunda. A las 4 de la tarde el coronel Morao, jefe de las tropas de la Casa Militar,
se había comunicado con García Carneiro para informarle que estaba con él: "¡Manténgase
firme en controlar Miraflores!", lo instó García Carneiro. Su orden fue cumplida. García
Carneiro, fue también quien el jueves al mediodía movilizó los tanques comandados por el general
Wilfredo Silva, para proteger Miraflores, por órdenes del Presidente Chávez, quien también
giró instrucciones para activar el Plan Ávila.
Un coronel detuvo a Carmona Al coronel José Gregorio Montilla le correspondió la tarea de rendir
a los oficiales que se encontraban en la oficina del general Lucas Rincón Romero, en el piso 5 del Ministerio
de la Defensa, y detener a Pedro Carmona Estanga.
Un mayor y un capitán te informan al coronel Montilla que el Batallón Caracas está dispuesto
a actuar para detener a Carmona y los oficiales en el piso 5.
Al mando del coronel, tres capitanes y un mayor suben hasta la oficina donde estaban reunidos una decena de generales,
sin Carmona. El coronel Montilla les dijo, al abrir la puerta: "¡Vengo a detener a Pedro Carmona por
haber violado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y por haber sido corresponsable
de los hechos ocurridos en el país!" Ninguno de los generales respondió. El coronel insistió:
"¡No aceptamos ponernos bajo su mando, porque ustedes han violado la Constitución Bolivariana
de Venezuela!" El general Navarro Chacín intentó levantar la voz. "¡¿Con quién
andan ustedes?!" -preguntó. El coronel Montilla respondió: "Yo represento a los oficiales
jóvenes del país que están en desacuerdo con lo que está ocurriendo".El general
ripostó: "¡Los militares no hablan en colectivo!" El coronel respondió: "¡Yo
hablo por mí!" Y seguidamente lo hicieron el mayor y los tres capitanes. Los oficiales al mando de
Montilla, dan plazo para que les entreguen a Carmona. Minutos después, un capitán le informa al coronel
la ubicación de Carmona. Se dirigieron por un pasillo, entraron en una oficina y allí estaba Pedro
Carmona, sólo, de espaldas. El coronel le dijo: "Ciudadano Pedro Carmona Estanga, ¡Usted está
detenido!" Nervioso, Carmona respondió: "¿Por qué?"
El coronel le aclaró: "Usted ha violado la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela. Se le van a respetar todos sus derechos". Manuel Rosendo y otros generales le pidieron al coronel
que no se llevara a Carmona y que les dieran un plazo para ellos decidir y dirigirse al país. El coronel
les entregó a Carmona y les concedió el plazo.
Renuncia Carmona La decisión fue que Carmona renunciara y así lo hizo. Anuncia además que
el Ministro de la Defensa es Lucas Rincón, tal como lo habían exigido los ofíciales al mando
de García Carneiro. José Vicente Rangel llegó entonces al Fuerte Tiuna, específicamente
al Batallón Caracas. Felicitó al coronel Montilla y se encontró con Pedro Carmona Estanga,
a quien regañó como a un niño. "Pedro, ¿te das cuenta que estabas engañado?"
Además le reclamó los atropellos cometidos durante los allanamientos.
A los generales también les tocó lo suyo por parte de Rangel: "¿Cómo es posible
que ustedes le hayan entregado el país a Fedecámaras?" Rangel ordenó a todos los oficiales
que estaban presentes pasar a un gran salón. El coronel pidió la palabra para explicar la acción.
En ese momento, quedaron detenidos los ofíciales que habían dado apoyo a Carmona hasta el final.
La mayoría se mostraron sumamente nerviosos y por los cuarteles rondan ya los cuentos de que uno u otro
habría pedido hasta perdón.
Lucas reclamó lo suyo La noche del sábado, después de haber sido detenido Carmona, Lucas Rincón
llegó al Ministerio de la Defensa, vestido con un mono deportivo, acompañado de Diosdado Cabello.
Entró en la sala donde estaban los detenidos y reclamó su parte. Por ejemplo, que hayan permitido
que su correspondencia, sus documentos personales y de trabajo, hayan sido revisados por un civil: "Hay que
respetar al soldado derrotado", les recordó.
Después de esta noche de enfrentamientos entre militares, en los que no se disparó un solo tiro,
quedaron lesionados muchos oficiales que se asegura pujaban por cargos. Generales que se decían entre sí.
"No podemos quedar afuera", otros que se asignaban embajadas, presidencias de institutos autónomos,
cargos, cargos y cargos. La mayoría perdió el tiempo repartiéndose el país en vez de
ocuparse de las previsiones logísticas para que no ocurriera, por ejemplo, que Miraflores había quedado
aún en manos de oficiales leales a Hugo Chávez.
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