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Tradiciones
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RICARDO
PALMA, Y EL LIBERTADOR |
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La contribución de Palma fue doble. Por un lado reivindica nuestra propia historia como tema literario. Para ello, arrepentido de sus primeros intentos con la poesía y el teatro, crea un nuevo genero, la tradición, que él mismo se encargara de definir en carta a un amigo: "En el fondo la tradición no es más que una de las formas que podía revestir la Historia pero sin los escollos de ésta. Cumple a la Historia narrar los sucesos secamente, sin recurrir a las galas de la fantasía (.). Menos estrechos y peligrosos son los limites de la tradición. A ella, sobre una pequeña base de verdad le es licito edificar un castillo". Así, no espere el que lee esta antología bolivariana palmista, encontrar aquí datos enteramente válidos. Las tradiciones son castillos literarios, ficciones de narrador, con una pequeña base de verdad. Son como los cuentos del abuelo, en los que haría mal en fiarse un historiador, pero que nos transmiten esa sabiduría de lo escuchado y de lo vivido, mucho más vital que la de lo leído. Precisamente en las consejas de abuelo tienen su origen muchas de las tradiciones, propias de una Lima aldeana donde había largas horas para la tertulia y para escuchar a los mayores. Otras tantas vienen del afán de Palma por revisar viejos papeles. No es gratuito que su primer libro sea una historia de la Inquisición de Lima. En ambos casos lo importante es la anécdota que se cuenta haciendo gala de caracterizaciones, diálogos y refranes. Cuando hay fuentes históricas se coloca además el parrafillo que proporciona al lector jugosa información de contexto. Pero en la tradición Palma también reivindica nuestra habla. Son textos que están a mitad de camino entre lo hablado y lo escrito. Los diminutivos, las locuciones, los gestos, acercan los textos a la lengua de la conversación. Pero es sobre todo el léxico el que nos muestra con fuerza y claridad la presencia de una comunidad. Una de las más constantes batallas de don Ricardo fue contra la Real Academia, reticente siempre a acoger los términos acuñados en nuestra América. Los americanos tenemos derecho a apropiarnos del idioma que hablamos. En su Neologismos y americanismos Palma decía: "Hablemos y escribamos en americano; es decir en lenguaje para el que creamos las voces que estimemos apropiadas a nuestra manera de ser social, a nuestras instituciones democráticas". Así, Palma es un tradicionista, un hacedor de tradiciones; pero no es un tradicionalista, un beato admirador del pasado. Por el contrario, nuestra colonia es desmitificada por el tono burlón con que la trata. Se trata para él de terminar el trabajo bolivariano de darnos libertad política, dándonos libertad lingüística y cultural, uno y otro merecen el título de Libertador y lo que pretende esta antología es reunir ambos esfuerzos en su punto de contacto: las tradiciones de Palma que tienen por personaje a Bolívar. Algunas lo tienen de personaje principal, otras sólo lo mencionan, en la tradición "De gallo a gallo" hay más bien un poema de José Joaquín Larriva contra Bolívar. Todas muestran una parte central de nuestra historia o la personalidad de quién la hizo posible. Daniel Mathews |
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BIOGRAFÍA El gran tradicionista Don Ricardo Palma nació en Lima, el 7 de febrero de 1833 a pocos años de concluida la guerra de Independencia. Estudió en el Convictorio de San Carlos, que por entonces dirigía Bartolomé Herrera. Al mismo tiempo alternó en el periodismo. Empleado como contador en el transporte "Rimac", dedicó su tiempo libre a leer a los Clásicos Españoles. Se interesó por la política brindando su adhesión a los Liberales. Fue implicado en una conspiración que debió culminar con el secuestro del Presidente Castilla (1860); el complot fue descubierto y Palma salió desterrado a Chile. A su regreso fue nombrado Cónsul del Perú (1865), luego funcionario del Ministerio de Guerra, Senador por Loreto (1868). La política no le dejó gratos recuerdos y decidió abandonarla en 1875. Desarrollo activa labor periodística en: La Campaña (1867); El Correo del Perú (1872-77); La Broma (1877-78). Durante la Guerra con Chile se incorporó a la reserva y luchó en la Batalla de Miraflores (15-1-1881); quedó abatido por la derrota, por el incendio de su casa y por la pérdida de obras manuscritas en las cuales había trabajado durante largos años. Asumió la Dirección de la Biblioteca Nacional (1883) saqueada por las tropas enemigas; restauró sus colecciones, valiéndose de su prestigio para conseguir libros entre los hombres de letras e instituciones del mundo. Por ello recibió el calificativo de "Bibliotecario Mendigo". Se retiró después de casi treinta años en 1912 a su hogar de Miraflores en busca de sosiego. Ninguna Obra Literaria ha contribuido tanto al conocimiento del Perú en el exterior como "Las Tradiciones Peruanas" (1ra. Edición 1860) que han sido traducidas a varios idiomas. A través de los años aplicó la versatilidad de su talento en diversos géneros donde se revela como el representante más genuino del carácter peruano. Posee como nadie el donaire, la chispa y la maliciosa y espontánea gracia de nuestros criollos. Dejó de existir el 6 de octubre de 1919, a los 86 años de edad en su casa de Miraflores, hoy convertida en museo. También publicó:
Después de su muerte se publicaron:
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© Copyright Johannes W. de Wekker junio, 2004 |