SIR WALTER RALEIGH |
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Tomado de: ARMAGEDÓN |
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Nació de una humilde familia en Devon. Tras llegar en 1569 al Colegio Oriel de
Oxford y realizar sus estudios, se enroló para la guerra en Francia al lado de los hugonotes. En 1574 regresó
a Inglaterra e inmediatamente fue destinado a Irlanda al mando de una unidad de infantería. Su adorada reina
Isabel quería imponer la religión anglicana y su ferviente servidor mostró una increíble
crueldad para conseguirlo. En la localidad de Smerwick asesino a sangre fría a 600 soldados enviados por
el Papa. El sanguinario Raleigh odiaba a los enemigos de su amada, esos eran los españoles. Ese odio le
saldría muy caro. Dirigió en 1578 una expedición de piratería sobre los dominios españoles
sin demasiado éxito, y de vuelta a casa se integró en la corte isabelina llena de intrigas y traiciones.
Después de cinco años llegó a ser el favorito de la reina. Se le otorgaron favores, posesiones
y riquezas descomunales. Pero a sus 35 años un joven recién llegado a la corte ocupa su puesto al
lado de Isabel. Se trata del conde de Essex que con 20 años encandila a su amada. Su boda con Isabel Throckmorton, amiga de la reina, le lleva a pasar la noche de bodas
en la Torre de Londres. El poeta se ve desterrado de la corte definitivamente en 1592 y recurre a sus amigos: Marlowe,
el poeta loco; Chapman, el traductor de Homero y al matemático Harriot. En esa época habla con un
prisionero español y lo escucha con mucha atención. Se trata de Pedro Sarmiento de Gamboa, soldado
y cronista de la guerra contra Tupac Amaru. Aquí comienza la historia de uno de los militares más
desastrosos que conocemos.
Aquello no eran las Indias que había prometido. Así que en febrero de 1595
decide entrar en acción él mismo. Al mando de cinco navíos con tripulaciones veteranas y más
de cien soldados escogidos personalmente partió desde el puerto de Plymouth en busca de la Ciudad Dorada.
Lo que las expediciones españolas no habían podido conseguir lo haría la suya. Raleigh se
internó en el Orinoco. Sus barcos de bajo calado siguieron la corriente principal entre vegetación
tropical y bandadas de caimanes. Y como era de esperar no llegó a ningún sitio. Intentado averiguar
el paradero de El Dorado toma las aldeas aborígenes incendiándolas después y matando a sus
habitantes cuando no pueden darle información. Captura al gobernador Berrio en San José de Oruña,
capital de Trinidad, un caballero al que trata de "gran corazón" pero el español tampoco puede decirle dónde se encuentra la mítica
ciudad. Deja a una guardia con dos embajadores y emprende camino a Caracas. En el ataque no encuentra soldados
españoles y los civiles le hacen perder varios hombres. Como no encuentra un botín importante ordena
quemar y saquear la ciudad. Para agosto de ese mismo año Raleigh regresa a Inglaterra derrotado y "reducido
a la mendicidad" Pronto le llegan noticias de que los españoles han vencido y apresado a sus embajadores,
así que decide reunirse de nuevo con sus amigos y olvidar por un tiempo el Nuevo Mundo. Escribe entonces
el que ha sido considerado uno de los grandes libros de viajes en habla inglesa. Bajo el título excesivamente
largo de The
Discoverie of the Large, Rich, and Beautiful Empire of Guiana, with a Relation of the Great an Golden Citie of
Manoa, wich the Spaniards call El Dorado Pronto volvió a la acción. Se le permite ir como contralmirante en el buque
Warspright en el ataque a la flota española anclada en Cádiz, regresando como un héroe con
las piernas destrozadas por la metralla. En 1957 es nombrado capitán de la guardia real y de nuevo luce
al lado de la reina con su armadura plateada. Pensando en nuevas aventuras la llegada al trono de Jacobo VI de
Escocia frustra sus planes. En la nueva corte sólo se le ve como "un vil aventurero"
y
Jacobo lo acusa de conspirador sentenciándolo a muerte aunque es perdonado y llevado de nuevo a la Torre
de Londres.
De nuevo parte de Plymouth en junio de 1617 con trece barcos y más de mil hombres.
Antes de llegar a las Islas Canarias las fiebres hacen mella en la expedición, y los españoles les
hacen huir de las costas canarias. Su actuación en el Nuevo Mundo no se aparta de la trayectoria de su vida.
En la pequeña aldea de Santo Tomé un reducido grupo de españoles derrota a la expedición
y muere su hijo en combate. Su brazo derecho, el sargento mayor Kaymis, se suicida. Regresa a su patria en junio de 1618 con un solitario barco. En Inglaterra el embajador
español, conde de Gondomar, ha presentado tantas quejas sobre las actuaciones de Raleigh, comenzando por
el ataque a San Tomé y su reiterado incumplimiento de todos los acuerdos entre las dos naciones, que el
rey manda ejecutar la antigua condena a muerte. Ni su propio pueblo lo quiere aunque es admirado por su forma de
comportarse en el cadalso. Cuando el verdugo hizo rodar su cabeza, alguien entre el público dijo "No tenemos
otra cabeza como ésta para que la corten". Sir Walter Raleigh, pirata y caballero, fue el exponente de una época en que todo
valía para conseguir realizar algo que te hiciera pasar a la posteridad. Después de él los reyes financiaron pocas expediciones en busca de El Dorado
y ninguna fue puramente militar. |
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© Copyright Johannes W. de Wekker junio, 2004 |