Sábado 17 de diciembre del 2005 

   Columnistas

Simón Bolívar,
a 175 años de su desaparición física

Por: Luís Arias Altamirano

El señor coronel venezolano Marco Carrillo Jiménez disertaba del modo siguiente:

“El 17 de diciembre de 1830, en la quinta San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, Colombia, dejó de existir el Genio de la Libertad, el más grande hombre de América. A la una en punto en la tarde murió el sol de la Gran Colombia, Simón Bolívar”.

Había recibido de manos del cura de la aldea de Mamatoco los santos sacramentos. Después de haber dado libertad a tantos millones de suramericanos, Bolívar se halla en su último instante muy solo. Apenas le rodean Mariano Montilla, Fernando Bolívar, José Laurencio Silva, Portocarrero, el edecán Wilson, Ibarra, Cruz Paredes, José María Carreño.

 

Enfermo le curaba el médico francés Alejandro Próspero Reverend. Ya en la ciudad costeña de Santa Marta, el Libertador no encontró techo de recepción, solamente en la casa de un español: Joaquín de Mier. Ya  próximo a la muerte se refugió en la quinta de San Pedro Alejandrino.

 

Aquí pronunció aquella invocación a la ironía:

“Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los más insignes majaderos del mundo”.

Un recuerdo de su obra militar, política, de estadista, de visionario, no encuentra similar en la historia de América:

  • Participó en 427 combates, entre grandes y pequeños;

  • dirigió 37 campañas y recorrió a caballo, a mula o a pie cerca de 90.000 kilómetros, algo así como dos veces y media la vuelta al mundo.

  • Escribió cerca de 10.000 cartas, según cálculo de su mejor estudioso, Vicente Lecuna, primer gobernador de la provincia del Guayas, de ellas se conocen 2.329 publicadas en los trece tomos de las Memorias del general Francisco O’Leary;

  • escribió 189 proclamas, 21 mensajes, 14 manifiestos, 18 discursos y una breve biografía, la del general Sucre, gran mariscal de Ayacucho.

  • Personalmente o bajo su inspiración, se redactaron cuatro constituciones, a saber: la Ley Fundamental del 17 de diciembre, creadora de Colombia (Angostura), la Constitución de Cúcuta (1821), el proyecto de Constitución para Bolivia (1825) y el Decreto orgánico de la dictadura (1828).

Muy emotiva es la proclama de despedida:

“Colombianos: Habéis presenciado mis esfuerzos para plantar la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra incredulidad y hollaron lo que me es más sagrado, la reputación de mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores. Yo los perdono.

 

Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia: todos deben trabajar por el bien inestimable de la unión. Los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la  anarquía; los ministros del Santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando sus espadas en defensa de las garantías sociales.

 

Colombianos: mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Por: Luís Arias Altamirano

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