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| Campaña del Sur. | ||||||
Bolívar en Cajabamba
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Por: J. W. de Wekker Vegas |
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En
1823 se libra la última batalla dentro del territorio venezolano, el General
José Antonio Páez
derrota a Sebastián Calzada en Puerto Cabello, quedando así los
españoles, definitivamente, fuera de la tierra venezolana, la Gran Colombia
tendría sin embargo que esperar hasta 1826 cuando el General
Bartolomé Salom Borges
rinde al valiente José Ramón Rodil en
el sitio el Callao,
perdiendo los españoles el último bastión en territorio suramericano;
también en
1823, en la Plaza de la
Cebada de Madrid,
muere ahorcado
Rafael del Riego y
Flores Valdez
héroe de la historia de España, y quien debería serlo de la nuestra
independencia, ya que con su
Pronunciamiento
Liberal en Las Cabezas de San Juan en 1820
impidió, por tres años el embarque de las tropas españolas de refuerzo
destinadas a América lo que facilitó a
Simón Bolívar y
Antonio José de Sucre la
realización de las últimas campañas militares, éstas que les llevarían al
triunfo final de la gesta libertaria.
Simón Bolívar, en 1823, llega al Perú con miras a ocuparse de la Campaña del Sur, venía de sufrir las desagradables experiencias que le tocó vivir en el territorio de Pasto, tierra de realistas irreductibles que amargaron el genio del Libertador. En el Perú las cosas no van mejor, comienza un largo peregrinar esas tierras y ya en diciembre de 1823, escribía al Ministro de Guerra:
Estos recorridos de norte a sur, y viceversa, se evidencian en el diagrama de rutas. Para Diciembre de 1924, cuando se produce la Batalla de Ayacucho El Libertador ha pasado cuatrocientos cincuenta y ocho días en territorio del Perú, de ellos tan solo setenta y seis en Lima. En enero de 1824 escribe a Heres: <<<"Yo definitivamente no vuelvo más a Lima porque nada tengo que hacer allí. Medina (su edecán) va allá a buscar mi caballo, mi montura, mis libros y cuanto exista en Lima mío sin exceptuar una paja">>>Sobre estos caminos, como es de esperarse, pernocta en innumerables villorrios y pueblos, muchos de los cuales se han perdido en el olvido, de la historia, por no ser los hechos que allí ocurrieron “relevantes” para los estudiosos de la gesta americana. Pero algunos de de esos pueblos, pese a la indiferencia de los historiadores, mantienen el orgullo de haber sido, aunque sea por una sola noche, anfitriones de El Libertador en su peregrinar por los andes incaicos. Uno de ellos, para sorpresa de quien esto escribe, y que nos aporta una tierna historia es el poblado de Cajabamba, pueblo situado al norte del Perú, rodeado de hermosas montañas, riachuelos y lagos; circundado de otros poblados y villas que en conjunto conforman la hermosa sierra norte de los andes peruanos; villorrio habitado por gente trabajadora y gentil quienes reciben con grandes honores a Simón Bolívar a mediados de abril de 1823 otorgándole toda la pompa y boato que merecía por su investidura. Cajabamba es en ese momento un pueblo patriota a carta cabal, quien ya había entregado al General José de la Mar (originario de Cuenca, realista hasta 1821, y quien luego, en el 28, llegaría a ser un separatista reconocido, y enemigo del Libertador) unos 30.000 pesos para colaborar con la emancipación americana, monto éste que supera por mucho los aportes de cualquier otro pueblo de la región.
En medio de la fiesta retumba la música, la banda del pueblo, compuesta de vecinos, lanza canciones al viento. Ágil de pie, y galante de verbo, el indómito guerrero va a la conquista de la bella del pueblo, y al son de una “resbalosa” (pieza local) él comienza a la danza con Josefa Ramírez Hurtado, o simplemente “Chepita” como cariñosamente se le conocía.; gentil joven y bella heredera cajabambina quien es cautivada a primeras de cambio, como muchas otras, por la personalidad del guerrero, se cuenta que el Libertador al convida a bailar, aceptando inmediatamente la bella. Danzan bajo la sombra de un árbol llamado en la zona “Capulí” en el cual, momentos antes, colgara el Libertador la capa, y recostara en él la libertaria espada, vencedora de batallas y conocedora de los caminos de América. --- ¡Solos!... ¡solos!... ¡solos! --- grita la gente enardecidamente… --- Los danzantes son buenos, la música vigorosa y las vueltas atrevidas; en una de ellas se le desprende una de las finas sandalias de la dama, rápidamente la moza se despoja de la otra… y descalza, cual legendaria vestal del Olimpo, culmina sin inmutarse la pieza comenzada; luego, ante la algarabía de gritos y aplausos lanzados por habitantes y soldados se acelera la danza… se detienen los "chiguacos" (arados) que recogen el tubérculo en los campos aledaños, la música se vuelve febril y la danza general; la chicha en abundancia termina de alegrar el ambiente….
Lo acá narrado puede, o no, ser cierto; quien esto te narra piensa que si: ya que se dice que Bolívar regresó una segunda vez a Cajabamba… no sabemos si obligado por los trajines de la guerra o por los dictados del Corazón y los recuerdos; y se cuenta, además, que años después en una conversación privada, y refiriéndose a ese pueblo, dijo: <<< ése paraíso no debe llamarse Cajabamba, si no “Gloriabamba" >>> Mientras tanto, y hasta la fecha, el pueblo cajabambino recuerda con felicidad ese hecho, se tejen y retejen las historias, y no ocultan su orgullo y su veneración por este caraqueño y americano quién una vez pisara su pueblo durante sus recorridos libertarios, bailó con su bella y a la sombra de un Capulí la enamoró... |
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Caracas, 16 de enero de 2005 |
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