Quinta de Bolivar. Oleo de Ricardo Gómez Campuzano, 1997. Museo Ricardo Gómez Campuzano, Bogotá.

BOLIVAR EN LA QUINTA
Días de gloria y de dificultades

Fernán Enrique González,, S.J.
Magister en Ciencia Política, Univeresidad de los Andes
Master of Arts en Historia de América Latina y candidato
al Doctorado en Historia, Universidad de California, Berkeley

La actual presentación de la Quinta de Bolívar pretende asociar la reconstrucción de aspectos de la vida cotidiana de la casa con una reflexión más integral sobre las diversas dimensiones de su vida. Así, el enfoque se basa en los diferentes espacios de la Quinta para establecer un contraste de los momentos de gloria y exaltación del Libertador con su período final, de ocaso político y físico. Para ello, se parte del hecho de que la Quinta fue habitada por el libertador en varios momentos, que corresponden a dos épocas contrastantes de su vida: uno primero, de glorias y triunfos, contrapuesto a otro segundo, lleno de dificultades y problemas, cuando se acerca el fin de su vida.


Quinta de Bolivar. Fotografía de Ernesto Monsalve, 1991.

La Quinta de Bolívar fue uno de los lugares favoritos de refugio y reflexión del Libertador, porque reunía la sencillez a la que se inclinaba y la comodidad que había conocido desde niño. Hijo de un gran hacendado, había crecido rodeado de jardines y plantaciones: de ahí su inclinación por los lugares apacibles, por las villas que le recordaban su infancia. Así expresaba en alguna ocasión su predilección por la Quinta: "Esta quinta me gusta mucho, talvez por su mismo aislamiento y aspecto agreste, y tiene elementos para convertirse en una mansión casi regia. Pudiera apostárselas con algunas villas que ví en Italia. Los sitios reales que he visitado en Europa son muy bellos, pero allí se respira el aire del mundo [...] Un lugar de retiro y descanso de los negocios debe ser solitario, tranquilo...Por mi parte prefiero la comodidad de la habitación y la belleza del paisaje a los artesonados dorados y a la suntuosidad de los palacios..."

Mirador de la Quinta de Bolivar. Acuarela de Ricardo Moros Urbina, 1905. Quinta de Bolivar, BogotáEn enero de 1821 ocupó Bolívar la Quinta por primera vez, probablemente durante un mes, antes de salir a la campaña final en Venezuela, que culminaría en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821. Después del triunfo de Carabobo, la ocupa nuevamente en octubre de 1821 hasta antes de partir a la campaña del Sur, el 13 de diciembre del mismo año. Entre tanto, ha transcurrido también el Congreso de Cúcuta, que dió forma constitucional a la República de Colombia el 6 mayo de 1821. En la difícil campaña del Sur, Bolívar encuentra muchas dificultades en el Patía y en los alrededores de Pasto, donde libra la batalla de Bomboná el 7 de abril de 1822, que queda indecisa, por lo que no puede tomar a Pasto. Pero, por su parte, Sucre llega al Ecuador desde el mar, triunfa en Pichincha el 24 de mayo y toma a Quito. Por eso, el 28 de mayo se rinde Pasto y Bolívar entra a esta ciudad el 8 de junio. Desde Cuenca, el 27 de octubre de 1822, Bolívar le escribe a Santander, talvez añorando la tranquilidad de su quinta: "Mándeme usted a componer la Quinta, que es donde voy a vivir por enfermo, como usted mismo me ha indicado con mucha razón, y que es lo que más me ha seducido para ir allá, sin dejar de prestar todos mis servicios al Poder Ejecutivo [...] También me hará Ud. el favor de mandarme comprar platos y vasos y lo muy preciso para comer en la Quinta con pocos amigos, porque voy a vivir muy sobriamente en calidad de enfermo; pero que sea de lo mejor que se pueda conseguir [...] Yo entraré de noche para cortar todo ceremonial y estaré en el palacio un solo día para recibir las visitas, para que no se piense que por desprecio me voy a la Quinta".
Para entonces la Quinta no estaba en muy buen estado, pues su ocupante de ese tiempo, Anacleto Clemente, pariente cercano de Bolívar, algo calavera, la había dejado bastante maltrecha. Por eso, Santander responde el 20 de febrero de 1823, que no se preocupe por la quinta, pues él mismo, junto con José Ignacio París, amigo del Libertador, se encargarían de arreglarla de acuerdo con su gusto, de manera que quede "muy digna del Libertador de Colombia". Pero este deseo inicial de regresar se vería frustrado por los acontecimientos del Sur, que lo retendrían por más de cuatro años en la empresa de la libertad y reorganización del Perú y la Bolivia actual.

Fuente de mármol blanco, obsequio de José Ignacio París, 1846. Fotografía Guillermo Vargas Paúl, 1961.Más adelante, el 23 de marzo de 1826, Santander le escribe que le avise con tiempo sobre la fecha de su retorno, porque es menester "recomponer la Quinta": los gastos del arreglo rondaban los dos mil pesos, pero había echado mano de los sueldos atrasados que se le debían al libertador (que pasaban de los cien mil pesos) para cubrir los gastos y comprar algunos muebles, pues le daría vergüenza que tuviera que alojarse "como antes y se sirviera de muebles prestados". Y termina por garantizarle que le tiene su Quinta "muy compuesta y decente". Y días más tarde, el 29 de octubre, le anuncia que el palacio, que ya le había desocupado, no era habitable, pues estaban reparando los daños del pasado temblor, pero le reitera que la Quinta está "sana y compuesta".

A pesar de este lenguaje cordial, las relaciones entre Bolívar y Santander estaban ya bastante enrarecidas. El 14 de diciembre de 1826, Bolívar entra a Bogotá y es recibido en el palacio de la plaza mayor. En esta ocasión, Bolívar ocupa la Quinta por tercera vez, a partir del mismo 14 de noviembre de 1826: durante los diez días en que permanece en la casa, se le ofrecen dos banquetes para celebrar sus triunfos en el Sur y buscar el reconocimiento internacional de Colombia. Es denominado entonces el "Dios de Colombia" y vive todavía momentos de euforia: sus amigos lo rodean y alaban.

Pero el clima de reconocimiento ha dejado ya de ser universal y las dificultades políticas del momento no cesan de aumentar. Por ese entonces, sus estadías en la Quinta van a ser esporádicas y breves, por el agitado ambiente político del momento que lo obliga a viajes constantes. A su regreso de Venezuela, a donde ha tenido que dirigirse a afrontar la rebelión de Páez, Bolívar ocupa la Quinta por cuarta vez, entre el 10 de septiembre de 1827 y el 28 de marzo de 1828, cuando sale hacia Bucaramanga. Ya la ruptura con Santander es profunda, tanto que el 10 de agosto el Libertador no se dirige a él, sino a su amigo José Ignacio París, para que le pida la Quinta a Santander. Durante estos meses se está preparando la Convención de Ocaña: Bolívar oscila entonces entre la ilusión, la desesperanza y la angustia por los resultados electorales para la Convención. Unos días amanece optimista, seguro del triunfo de sus seguidores, pero otros se siente angustiado por la casi seguridad de su inminente derrota. Va observando cómo su proyecto político se va tornando irrealizable: sus enemigos ya empiezan a llamarlo dictador y tirano, y conspiran contra la unidad de Colombia la Grande, apoyándose en las innegables diferencias entre Nueva Granada, Venezuela y Ecuador. En el nivel hispanoamericano, afloran por todas partes rivalidades, incipientes regionalismos y nacionalismos, que terminarían impidiendo la realización de sus sueños de integración hispanoamericana.
En este tenso ambiente, el Libertador prepara su mensaje a la Convención de Ocaña, donde sus amigos iban a proponer la adopción de la Constitución boliviana como ordenamiento jurídico que, según él, proporcionaría una salida a la crisis del momento. En este mensaje, fechado el 29 de febrero de 1828, Bolívar expresa su miedo al desorden social y a la anarquía, propone la presidencia hereditaria, manifiesta una profunda desilusión frente a la clase política del país y sostiene que la integración hispanoamericana es la mejor forma de insertarnos autónomamente en el concierto universal de las naciones.


Manuela Sáenz. - Miniatura de José María Espinosa. - Museo de Antioquia, Medellín En este período, poco después del año nuevo de 1828, llega a la Quinta Manuelita Sáenz, atendiendo al llamado apasionado de Bolívar, en carta fechada el 11 de septiembre de 1827: "El hielo de mis años se reanima con tus bondades y gracias. Tu amor da una vida que está expirando. Yo no puedo estar sin tí, no puedo privarme voluntariamente de mi Manuela. No tengo tanta fuerza como tú para no verte: apenas basta una inmensa distancia. Te veo, aunque lejos de mí. Ven, ven, ven luego". Manuela se convertiría pronto en el centro de la casa. Consejera política y apoyo apasionado, sin condiciones, celebra reuniones sociales y políticas de los amigos incondicionales del Libertador y cuida de él en sus momentos de enfermedad y desesperanza. Manuelita será el tema permanente de los chismes y murmuraciones de la sociedad bogotana, que la rechazó desde su llegada. La Quinta se convierte entonces en el refugio frente a la maledicencia y el clima adverso de la capital, lo mismo que un lugar de conciliábulos y de reuniones de los allegados de Bolívar para delinear la estrategia que debe seguirse en las luchas políticas de entonces.

Bolívar - 1828 M. EspinosaManuelita era el corazón de estas reuniones, pues tenía un raro talento para detectar las maniobras de los enemigos del Libertador. Pero su carácter agresivo e irreverente también creaba situaciones difíciles: durante la ausencia de Bolívar con ocasión de la Convención de Ocaña, Manuelita organiza el fusilamiento de Santander en efigie. Exhibicionista por naturaleza, salía a caballo con ropas de oficial de caballería, en compañía de sus esclavas, Jonatás y Natán, igualmente vestidas con ropas masculinas.
 
La quinta estadía se produce después de la noche septembrina, el 26 de septiembre de 1828 hasta el 1 de enero de 1829, cuando debe salir a afrontar nuevamente los problemas que la invasión peruana producía en el Sur. La Quinta fue entonces testigo de uno de los momentos más tristes de la vida del Libertador, al servir de refugio frente al rechazo de sus enemigos y el abandono de muchos de sus antiguos amigos, a lo que se sumaba las crisis, cada vez más frecuentes, de la tuberculosis, que comenzaban a quebrar su resistencia física. Según se dice, en la casa firma la negativa de la conmutación de la pena de muerte contra los conjurados septembrinos. Sin embargo, contra el parecer de Manuelita Saénz, resuelve Ventana por la que salta Bolívar la noche Sptembrinaconmutar la pena de muerte contra Santander por la de exilio perpetuo, pues según él, el no haberse "compuesto" con Santander fue la causa de la ruina.

Más que nunca, Manuelita es entonces la anfitriona de la Quinta : controlaba la correspondencia, recibía las visitas y aconsejaba a Bolívar contra sus adversarios. En esta condición, recibe al joven agente del gobierno francés, Auguste Le Moyne, quien narra el episodio en sus memorias destacando la decadencia física del Libertador: "Un hombre de rostro largo y cetrino, de aspecto enfermizo, enfundado en una bata, con gorro de dormir y zapatillas; sus delgadas piernas estaban enfundadas en unos pantalones de franela mal ajustados; en pocas palabras, era la misma ropa que lleva el mísero Argan en Le malade imaginaire de Molière. Más parecía un hombre camino del cuarto de baño que una persona recibiendo visitas..." Las confidencias de Bolívar al joven francés expresan ya un profundo desencanto y un gran pesimismo sobre el futuro de su obra: "No son las leyes naturales las que me han conducido al estado que ven, sino la amargura que hay en mi corazón. Esta gente, que no pudo matarme con sus cuchillos, me ha asesinado moralmente con su ingratitud y sus calumnias; en otros tiempos, me alababan como si fuera un dios y ahora quieren mancharme con su saliva; cuando no estoy aquí para aplastar a todos esos demagogos, se destrozan mutuamente como si fueran lobos y destruyen con las garras de la revolución el edificio que he levantado con tanto trabajo".
Simón Bolivar. - Miniatura de José María Espinosa. -  Quinta de Bolivar, Bogotá. En Venezuela, Páez había vuelto a levantarse, encabezando abiertamente la causa separatista, y en la Nueva Granada todos se oponían a una eventual guerra con Venezuela y consideraban que la separación de ésta era ya un hecho irreversible. Por ese entonces sus amigos convencen al Libertador para que se separe del mando, lo que hace el 1 de marzo de 1830, cuando se retira a la finca de su amigo, el general Domingo Caycedo, en Fucha, al que ha nombrado presidente interino. Pronto, Bolívar termina enfrentado a sus colaboradores más cercanos, la opinión pública se muestra opuesta y el Congreso opina que su presencia en la capital pone en peligro la paz interior.
 
Próximo ya a partir al destierro, paseando por los jardines de la finca de Fucha, recibe la visita del coronel Joaquín Posada Gutiérrez, que acudía a despedirse, como tantos otros amigos. En sus Memorias, Posada nos dejó un recuerdo emocionado de su entrevista: "El paso de Bolívar era lento y cansado; apenas se oía su voz. Caminamos juntos por la orilla del arroyo que serpenteaba por el silencioso paisaje. Bolívar, cruzado de brazos, contempló la corriente: la imagen de la vida humana. ¿Cuánto tiempo, dijo, tarda esta agua en mezclarse con la tierra de donde procede? Algunas partes se evaporan como la gloria humana... Luego se llevó las manos a la cabeza, se apretó las sienes y exclamó con voz temblorosa: ¡Mi gloria! ¡Mi gloria! ¿Por qué la destruyen? ¿Por qué me calumnian?"
Simón Bolivar. - Miniatura de autor no identificado. - Quinta de Bolivar, Bogotá. La sexta y última estadía de Bolívar se produce desde el 15 de enero de 1830 hasta el 1 de marzo del mismo año, pero desde enero 28 ya ha regalado la Quinta a su amigo José Ignacio París, que la traspasa a su hija. La situación política empeoraba por momentos: apenas acababan de solucionarse los problemas en el Sur con el triunfo de Sucre sobre las tropas peruanas en el Portete de Tarqui y la derrota de José María Obando y José Hilario López en el Cauca, cuando se rebela José María Córdova en Antioquia. Derrotado por las tropas comandadas por Daniel Florencio O'Leary, Córdova es asesinado por el irlandés Ruperto Hand el 17 de octubre de 1829.

A su regreso del Sur, Bolívar confiesa su desesperanza: América del Sur está condenada, la ingratitud lo ha destruido privando a su espíritu de todos sus recursos, y se muestra decidido a marcharse de Colombia para "morir de pena y miseria en un país extranjero". El 15 de enero de 1830, Bolívar hace su entrada a Bogotá, impresionando a todos por su aspecto enfermizo y agotado. Sus noches en la Quinta se hacían largas y delirantes: Manuelita, "la libertadora del Libertador" lo acompañaba, reconfortaba y cuidaba. Se preguntaba si había valido la pena tanto sacrificio y esfuerzo: había "sembrado en el viento y arado en el mar". Pero había llegado el momento de separarse de "su amable loca", como la llamaba, de sus amigos y de su Quinta.
El 27 de abril se despide del país: el bien común de la patria exige su alejamiento del país, para que su presencia "no constituya un obstáculo para el bienestar de mis compatriotas". Se despide de su Manuelita, en una carta donde confiesa estar embargado de la pena de ambos por la mutua separación y le pide no cometer ninguna imprudencia: "Mi querida, te amo muchísmo y te amaré mucho más si ahora eres más razonable que en ningún momento anterior"... Se hospeda entonces en la casa de Pedro Alcántara Herrán en Bogotá, desde donde parte definitivamente el 8 de mayo de 1830. Promete enviar luego por su Manuela, apenas encuentre un hogar definitivo. Pero, pocos meses después, el 17 de diciembre de 1830, libraría su batalla final en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

Tomado de:

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© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004