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Bolívar, rumbo a la eternidad
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Por: Jorge Mier Hoffman |
| BOLÍVAR, VISTO POR UN CORRESPONSAL EN SU VIAJE A LA ETERNIDAD. |
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| De todos los aspectos relacionados con la vida de Simón Bolívar, quizás el menos conocido, pero a su vez el más documentado por los escritores, está referido a su muerte que se sucede en el mismo año en que, por su propia voluntad, renuncia a los privilegios de la Presidencia de la República que ostentó por once años. Esos últimos siete meses y nueve días de vida desde que abandonó Bogotá rumbo a la eternidad, han sido objeto de muchas controversias y especulaciones, puesto que la fuente de inspiración de la mayoría de esos escritos sobre su partida, están sustentados en las versiones de quienes lo conocieron, y que para salvaguardar sus cuestionables y criticables posiciones personales, han tergiversado la verdad de los hechos, por ser en algunos casos, los victimarios o protagonistas de los últimos días del Libertador… Lo más emblemático de esa desviación histórica lo encontramos en la obra de García Márquez, “El General en su Laberinto”, donde el Premio Nóbel de Literatura, nos presenta una historia novelesca que ha sido estigmatizada como una verdad histórica, no obstante que es el resultado de la mente creativa y fantasiosa del insigne escritor para vender libros, donde nos narra a un Bolívar triste, enfermo y apedreado por el pueblo, en momentos en que abandonaba Bogotá, no como el mártir Libertador de cinco naciones, sino como el atolondrado “Longaniza” que en sus locuras de mendigo hacia reír a la gentuza. |
Pero en esa búsqueda de la verdad, encontramos enigmas y misterios que no se compaginan con el historicismo reseñado sobre los últimos días de Bolívar: |
Por qué
Manuela Sáenz no lo acompañó en su última travesía,
siendo su fiel compañera por casi ocho años…
Por qué Rafael
Urdaneta, soldado fiel a la causa bolivariana y siendo el Presidente
encargado de Colombia para el momento, le dio la espalda a las necesidades
del enfermo que agonizaba en Santa Marta…
Por qué tanta
pobreza y austeridad para lo que debió ser un digno funeral para quien la
América le debía su libertad; al extremo, que fue velado sobre una tabla de
caoba, en un lúgubre local de oficina, en la penumbra de la pobreza de un
entierro; y ni siquiera tuvo un sepulcro propio…
Dónde estaban
los médicos de cabecera y los profesionales de la medicina que siempre
acompañaban al ejército; tropa que marchaba junto a Bolívar en su camino a
Santa Marta… Por qué
Bolívar debe vender lo poco que tiene para sufragar el viaje sin retorno, y
sin embargo, su lujosa casa, la Quinta de Bogota como era conocida, no la
vende ni la empeña, sino que la regala, no a Manuela que era su compañero,
sino a una amiga poco conocida… Qué
motivó la posición beligerante e
indiferente de la iglesia para mantenerse alejada de todos los actos
litúrgicos a las exequias del funeral…
Por qué Sucre
no se despide de Bolívar en Bogotá, no se ven personalmente, y apenas unas
cartas nos reseñan la despedida de los dos colosos de Sur, héroes de
Pichincha, Junín y Ayacucho… Qué hacía
una nave de guerra Norteamericana en Sabanilla cuando Bolívar se dirigía a
Santa Marta, que en su bitácora dice que tenía órdenes de escoltar al
Libertador… Qué pasaba
por la mente de Bolívar cuando abandona Bogotá con destino a la eternidad…
Por qué
ningún familiar de Bolívar formó parte de la Comisión Oficial para el
traslado de sus restos a Caracas… Qué
se hicieron los diez baúles de papeles
personales que cuidaba celosamente el Libertador…
Que encontraron
dentro del ataúd del Libertador que, además de la desidia del olvido y la
indiferencia de doce años, sufrió las calamidades de un terremoto, pillaje y
profanación… Por qué
Bolívar nombró como albacea
al
Dr. José María Vargas, médico anatomista, que no obstante sus indiscutibles
méritos profesionales, en cuanto a su relación con Bolívar no fueron las más
amigables, ya que: no se conocieron personalmente, rechazó la oferta que le
hizo el Libertador como rector de la Universidad, se mantuvo alejado de la
revolución, formaba pare del grupo ideológico de Páez, y fue integrante de
La Cosita que declaró a Simón Bolívar enemigo de la Patria cuando
transitaba hacia la eternidad… y
finalmente, que pasó en esos doce años
después de su muerte; y por qué
los símbolos de su imagen terminaron desaparecidos y en las profundidades
del mar..?Gabriel Pineda en su libro “Bolívar Frente a la Muerte”, nos dice: “Pasaban los años, y la turbulencia política desatada al calor de los más profundos enconos personales y ambiciones económicas, no permitían que se cumpliera la voluntad testamentaria del Libertador, para que sus restos fuesen llevados a Caracas, su ciudad natal, ni mucho menos que se cuidara aquella bóveda que debía ser sagrada para todos los colombianos… Buscada afanosamente por los enemigos de su revolución, quienes suponían se encontraba en la villa de Soledad, Provincia de Cartagena”
Son
algunos de los enigmas que envuelven el viaje de Bolívar hacia la eternidad, y
que la mejor manera de develarlos, no es oyendo a los actores que han
contaminado la escena de los hechos, sino a un imparcial, a un profesional de
la información, a un corresponsal que no le teme el peligro, que sabe penetrar
en los enigmas de los hechos, y que a modo de periodismo investigativo, obtuvo
las respuestas a muchas nuestras interrogantes… Efectivamente sí
existieron testigos imparciales y no contaminados, cuyos relatos dramático
expongo en este escrito estructurado en dos parte: La primera, referida
al viaje que hace Bolívar hacia la eternidad que comienza el 8 de mayo de 1830
cuando abandona Bogotá; y la segunda, desde el 17 de diciembre de 1830
cuando muere en Santa Marta; versiones de los hechos que han sido narradas por
corresponsales que estuvieron en el lugar de los acontecimientos, constataron
la historia con la verdad, y entrevistaron a los testigos, para dejarnos un
testimonio fiel e invalorable del viaje del Libertador hacia la eternidad. |
PRIMERA PARTE |
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Alguien escribió esta reflexión que parece describir un instante en la vida del Libertador cuando meditabundo transitaba en su viaje hacia la eternidad. Un viaje que lo llevará convertirse en un inmortal de una revolución, y en un ideal que inspirará a los pueblos del mundo a luchar por su identidad, cuando su dignidad esté mancillada por el imperialismo avasallador y esclavizante… Dice la reflexión:
El año de 1830 se presenta para el Libertador Simón Bolívar, como el momento histórico de un acontecimiento que inmortalizará su pasión revolucionaria, para convertirlo en un mártir de un proceso transformador, un líder de un movimiento renovador y un icono de ferviente religiosidad patriótica, digno de competir como el más fervoroso de los santos católicos… El año de 1830 será también el año donde se caerán las caretas de la traición, y se develarán los planes conspirativos que lo llevará a un viaje sin retorno hacia la eternidad que inmortalizará una revolución; decía Bolívar:
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Es el final de una odisea heroica que puso fin a la esclavitud del continente, y el principio de una tragedia que lo llevará rumbo a la eternidad, cuando Simón Bolívar se dirige a los diputados, empresarios, militares, empleados del gobierno, y demás representantes de la iglesia y el pueblo, todos reunidos en el Congreso de Bogotá para escuchar al Libertador, a su regreso, luego de cinco años batallando en el Sur del continente para liberar la Provincia del Istmo de Panamá, Quito, Guayaquil, Perú y el Alto Perú convertido en la República de Bolivia.
Bolívar, con esa mente perspicaz y aguda de vislumbrar los acontecimientos, había abandonado la lucha armada que exigía su presencia para afrontar los conflictos del Sur, y regresa a Bogotá con la misión imposible de conducir los destinos políticos que amenazaban con la disolución de la Gran Colombia… Ya en el ambiente social se respiraba la traición: En Bogotá, Santander aupaba la insurrección civil y el genocidio en contra del Libertador, como lo hacía también Páez en Venezuela.
Apenas llegó desde Bolivia, monta su caballo para dirigirse otros mil kilómetros hacia Venezuela..!
A los setenta y cuatro días de haber regresado desde la nueva República que se estrenaba en la geografía Sudamericana, emprende viaje hacia Caracas… Es su intención, someter la conspiración de “La Cosiata” que aupaba a Páez a rebelarse al gobierno de la Gran Colombia, cuando el 23 de noviembre de 1829, la oligarquía recalcitrante se reunió en Valencia para firmar un documento: “Venezuela no debe continuar unida a la Nueva Granada y a Quito”; y por instigación de Páez se declara: “Que se desconozca la autoridad del General Bolívar y que Páez sea el nuevo Jefe del Gobierno”.
Bolívar logra rápidamente que, por los momentos, Páez se someta a su autoridad, y acaba con las pretensiones separatistas de una elite política y económica que conspiraba contra la unión americana… En esos días, Bolívar escribe a su amigo Wilson:
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No podía engañarse… Ha vivido con intensidad su inconmensurable obra de libertad, mientras la avaricia, la ambición y la traición ha cautivado a muchos colaboradores: Páez en Venezuela ha jurado una constitución separatista y hasta lo proscribe de su tierra natal; Ecuador se agita en procura de su autonomía con Juan José Flores a la cabeza del movimiento separatista; en Bolivia reina el caos; Perú es un tormento; Panamá es ambicionada por Estados Unidos; y en Bogota la anarquía ocupa los espacios de la sociedad.
El ambiente político de mentira y traición agobiaba su espíritu de fraternidad y honestidad que siempre caracterizó sus acciones
Bolívar rechazaba la mentira por considerarla una debilidad de espíritu: “soy demasiado fuerte – decía - para degradarme a engañar”… y como sabe que la violencia engendra violencia, agota todos sus esfuerzos por hacer entrar en razón a la disidencia política; como él bien decía: “Es política el ser generoso, porque la venganza progresivamente se aumenta”
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En las afueras del recinto legislativo, una multitud de pueblo agradecido espera los resultados de ese Congreso Admirable convocado por el Libertador, mientras la prensa internacional está impaciente por el mensaje que dará Bolívar a los diputados… y cuando todos esperaban un discurso de fuerza para justificar la dictadura que había salvado la Unión desde que fracasó el Congreso de Cúcuta dos años antes, Bolívar sorprende a todos los presentes con un discurso reflexivo de humildad y democracia:
Con estas palabras Bolívar dejaba ver su tristeza por la incertidumbre de la Gran Colombia, al momento que presenta su renuncia irrevocable y entrega el mando supremo para anunciar su salida del país.
Así comienza el calvario hacia la eternidad..!
Allá va el héroe de mil batallas… el que luchó por veinte años para lograr la independencia de lo que serían las naciones de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, en un área de influencia militar, política y económica que abarcó más de seis millones de km2… el que derrotó al invencible imperio español… el que salió ileso de los atentados conjurados para asesinarlo… el que legisló más que cualquier persona en toda la historia universal… el que subió la temible “Cordillera Blanca” en una odisea militar digna de los mayores elogios militares de todos los tiempos, para vencer en Boyacá al invencible ejército español… el que repitió la hazaña de retar a la naturaleza para vencer en Junín, como la antesala de la liberación de Sudamérica… el que creó la nación más grande, rica y poderosa: la Gran Colombia, que hacía temblar los imperios del planeta… el que con su ejemplo inspiró la liberación de todo el continente… el que sacrificó todo por sus conciudadanos: su inmensa fortuna, la felicidad y tranquilidad de su familia; y hasta el sosiego de haber sido el hombre más poderoso del planeta… el que en 20 años cabalgó más de 90 mil kilómetros a caballo y a mula, equivalente a dos veces y media la vuelta al mundo, para trasladarse por los territorios en pugna… el que cambió la geografía del continente, al crear de la nada seis naciones a quién millones de ciudadanos le deben su identidad… Es Simón Bolívar, que ostenta el título honorífico de Libertador; como el bien más preciado, como él mismo decía:
Bolívar abandona Bogotá, y no sólo no lo acompaña su inseparable amante Manuela Sáenz, sino que la lujosa Quinta de Bogotá, la que ambos compartieron como un obsequio que le hacía la capital a su Libertador en 1821, no la vendió ni la dejó a nombre de Manuela, que era lo lógico por ser su mujer sin más bienes de fortuna, sino que se la regala a la hija de un amigo, Matilde Baños, según escritura de traspaso de dominio que entrega a su padre, José Ignacio París, antes de abandonar Bogotá. |
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Lo irónico, es que Bolívar estaba arruinado… tanto así, que tuvo que
vender la vajilla de plata junto con algunas joyas, para recaudar diecisiete
mil pesos, apenas lo suficiente para emprender un viaje a la eternidad que lo
llevará a Santa Marta donde acabará el sufrimiento y la desilusión tras veinte
años de sacrificios. |
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Tras la renuncia irrevocable del Libertador, el 3 de mayo, es electo el señor Joaquín Mosquera para ocupar el cargo de Presidente que por once años ostento Bolívar, quedando Caicedo como Vicepresidente… A partir de ese momento, la injuria, los oprobios y las ofensas se dirigen en contra de Bolívar, a quién se le atribuye la anarquía del país, y el causante de todos los males que aquejan a las repúblicas independizadas.
En las calles hervía el sentimiento bolivariano que denigraba de esa clase política corrupta y oportunista que clamaba por el regreso de Bolívar… y a partir de ese momento, la prensa se volcó a denigrar del Libertador.
Lo que no pudieron mil batallas lo lograron mil panfletos con toda clase de oprobios y difamaciones… Para Bolívar su reputación era lo más importante, y estaba siendo mancillada por la oligarquía de Bogotá y de Caracas, quienes conspiraban por la disolución de la Gran Colombia.
El día ocho pasadas las nueve de la mañana, la sociedad bogotana es testigo de un hecho incomprensible: una comitiva de cien húsares acompañan a su excelencia el Libertador, quién se despide de Bogotá por la vía de Puente Aranda… Esta vez Bolívar no parte para liberar regiones oprimidas, ni se dirige para enfrentar revueltas militares… El pueblo estupefacto es testigo del destierro del Héroe de Colombia… Esa noche la comitiva pernoctó en Facatativá, para continuar hacia la población de Honda, donde un champán los llevaría a Cartagena.
Bolívar es custodiado por la “Primera Compañía de los Cazadores de Occidente” comanda por el Capitán Lucas Meléndez. Lo acompaña su inseparable amigo y mayordomo, José Palacio, quien era empleado de Doña María de la Concepción Palacios y Blanco, madre del futuro Libertador: José Palacios era un hombre de imponente estampa: alto, musculoso, ojos azules y cabello rojizo, que inspiraba respeto e imponía autoridad cuando debía cumplir una orden del Libertador... El 6 de julio de 1792 en su lecho de muerte, el sirviente José Palacios le juró a María Concepción que no se separaría de su pequeño hijo Simoncito, quien tenía tan sólo nueve años de edad… y desde entonces, José Palacios será el mayordomo de Simón Bolívar, su confidente, su enfermero, su secretario privado y su más fiel amigo.
El 11 de mayo escribe en Guasduas una Carta que nos deja ver lo que pasaba por la mente de ese ilustre venezolano, que buscaba la paz y el sosiego, luego de 20 años batallando para lograr la felicidad de millones y millones de personas en todo el continente.
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En Turbaco, Bolívar recibe de Caracas el periódico, “La Aurora”, donde se dicen infamias de su persona, se le tortura con toda clase de calumnias, como parte de una guerra mediática empeñada en crear un ambiente favorable para la disolución de la Gran Colombia. |
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Habían matado la posibilidad de que Colombia pudiera sobrevivir a la ambición de una elite separatista que apostaba a destruir la obra bolivariana… Sabían bien los asesinos de Sucre, que no había otro hombre con autoridad moral y poder político y militar para continuar la obra del Libertador. No se trataba de destruir el pasado, sino lo que pudiera suceder en el futuro del continente si Sucre continuaba con vida… Como bien decían los asesinos: “matas a Sucre y acabas con las esperanzas de Bolívar”
Sus enemigos en Bogotá se vanaglorian por la infausta noticia del asesinato de Sucre… y para humillarlo aún más en su espíritu acongojado por el vil asesinato, un ministro del gabinete le hace llegar la Nota infame del nuevo gobierno de Venezuela, donde Páez expresa su enemistad con Bolívar y todo lo que él representaba:
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La oligarquía huye despavorida ante la rebelión popular que amenaza una guerra civil, obligando la renuncia de Mosquera y del Vicepresidente Caicedo… Para calmar los ánimos, los diputados buscan un aliado de Bolívar para la transición, ya que Sucre había sido asesinado… El General Rafael Urdaneta toma posesión de la Presidencia de la República ante la crisis política de Bogotá, que obliga a Páez militarizar la capital de Caracas y las provincias de Venezuela, ante la amenaza de una revuelta popular inspirada en los aires revolucionarios que llegaban desde Nueva Granada… Para Urdaneta, su designación es sólo una situación transitoria hasta el regreso de Simón Bolívar, a quién ha solicitado retornar a la Presidencia para poner fin a la anarquía que ha invadido todos los espacios de la nación y Republicas aliadas de Colombia… Urdaneta clama por el regreso de Bolívar:
Pero Bolívar, en su ferviente fidelidad a la democracia, califica ese acto como catastrófico, y no acepta la proposición de volver a Bogotá bajo el pedido de un gobierno provisorio de una crisis política.
Bolívar era un demócrata de convicción, y no quería participar de un Golpe de Estado, aun cuando el mismo haya sido conjurado para sacar del gobierno a los artífices de la crisis política antibolivariana… Al respecto, Bolívar escribe a su amigo Estanislao Vergara: |
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Bolívar ya tenía un pacto con la eternidad..! Su entereza era de una resignación desesperada por darle un sentido a su muerte como la tuvo su vida
A cada amanecer un nuevo día y una infausta noticia de ingratitud: Páez, Santander, Padilla, Córdoba, Mariño, Flores, en fin, quienes hasta ayer fueron sus colaboradores y quienes le juraron lealtad, hoy se mostraban indiferentes, traidores y hasta verdugos de una obra inconmensurable.
No es un sentimiento extraño para Bolívar… Como extraordinario estadista y filósofo de la conducta humana, un año antes, el 3 de septiembre de 1829, escribió a Joaquín Mosquera:
El 28 de septiembre antes de continuar su viaje hacia la eternidad, deja ha buen resguardo de su amigo el Sr. Juan Bautista Pavageau, diez baúles de papeles de la Secretaría Privada, los cuales cuidaba celosamente… Decía Bolívar: “
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Antes de partir de Turbaco hacia la Villa de Soledad, el 2 de octubre escribe al Presidente encargado de Colombia, el General Rafael Urdaneta:
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Bolívar desembarcó ayudado de don Pedro Juan que lo agarraba del brazo. Estaba cansado, se puso el pañuelo en la boca para disimular la tos; caminaba un trecho y volvía a toser. Luego de los saludos que presentaron a la familia Visual-Pascuales, las personas presentes se agolparon para saludarlo… Todos querían estrechar su mano. Lo miraban de cerca como para no perder detalles: vieron que su rostro carecía de expresión. Evidentemente se veía preocupado y se esforzaba en responder las demostraciones de afecto. Quienes lo conocían desde tiempo atrás, echaban de menos aquel rostro que demostraba confianza cuando regresaba victorioso del campo de batalla; o cuando presenciaba las jubilosas manifestaciones de los pueblos por donde pasaba.
Su enfermedad se notaba a primera vista..!
Su rostro mostraba las cicatrices del sol abrazante que dejó su marca durante veinte años de transitar por los parajes de América. Estaba flaco y viejo… Envejecido prematuramente, como lo reseño su edecán Perú de la Croix en 1828: |
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Era evidente que el Libertador necesitaba ayuda inmediata, y así lo comprendió don Pedro Juan
Desde esa noche y hasta cuando partió de Soledad, los lugareños hacían procesión todas las noches para reunirse a las puertas de la hacienda para saludar al Héroe de Colombia: Personas de ambos sexos y todas las edades salían por las calles de la Villa y los caminos que conducían a los potreros. Se notaban alegres… unos silbaban, otros cantaban, pero todos celebraban con algarabía la llegada de Simón Bolívar.
Al día siguiente… otro era el rostro que mostraba el Libertador
Volvió su mirada fulgurante, su don de mando, y ese espíritu emprendedor que cautivaba a todos los presente… Era más que evidente, que esas manifestaciones de afecto del pueblo agradecido, era la energía revitalizante que alimentaba el ánimo de Bolívar, y que le hacían lograr proezas que son imposibles para cualquier otro mortal, como cuando subió por la temible Cordillera Blanca, cruzando pastos de escarcha y páramos helados, para derrotar a los españoles en la batalla de Boyacá que logró la liberación de Nueva Granada.
Nos refiere don Pedro Juan, que en el desayuno su excelencia se mostró muy animado. Le dijo que se dirigía a Santa Marta respondiendo de una gentil invitación de don Joaquín Mier.
En la plática de sobremesa, el Libertador comunicó que no pensaba demorar en Soledad, pero que se quedaría los días necesarios para descansar y corresponder a la hospitalidad |
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Bolívar llega a Sabanilla… En el puerto ya estaba anclado el bergantín Manuel, que Don Joaquín Mier gentilmente envió para trasladar al Libertador a Santa Marta, donde sería recibido como huésped de honor en su convalecencia… Pero curiosamente se acercó una embarcación extranjera:
Era la Grampus, nave de guerra norteamericana que se ofreció a prestar auxilios al Libertador… y aquí varios enigmas por develar:
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El miércoles a las siete de la noche el bergantín Manuel arriba al puerto de Santa Marta. A bordo, Bolívar es recibido por don Joaquín Mier y el médico Alejandro Próspero Reverend.
Ya la tuberculosis había hecho estrago en su cuerpo, y hubo necesidad de bajarlo cargado
Nueve días después en su lecho de enfermo, sorprende a su oficialidad para leer su Proclama Inmortal, como un presagio para las nuevas generaciones:
Cuando la penumbra de la noche era iluminada por los faroles de la Quinta San Pedro de Alejandrino, el Libertador invita a su habitación al notario Catalino Noguera, ubicándose a su lado Manuel Ujueta, Joaquín Mier, Manuel Recuero y Reverend.
El silencio invadía la habitación poco iluminada... cuando sin mediar palabras a los presentes, de inmediato comenzó a leer su Proclama inmortal: |
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Apenas pudo llegar a la mitad de su alocución, cuando su voz se quebró bruscamente..!
Fue preciso que continuara leyéndola Manuel Recuero, mientras Bolívar cubría con su mano sus ojos llorosos:
Pero al acabar de pronunciar las últimas palabras de su discurso con estas palabras:
Bolívar reaccionó violentamente como un último suspiro de vida... y a dura voz exclamó:
El eco de esas últimas palabras resonaron en toda la habitación, acompañadas de un mudo llanto que embargó a todos los presentes. |
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El doctor Alejandro Próspero Reverend tiene pleno convencimiento de que la muerte del Libertador es un hecho irreversible… y así lo deja saber en su Boletín 27 que escribe ese mismo día a las nueve de la noche:
Ante lo inevitable, Reverend informa al General Mariano Montilla y a don Fernando Bolívar, sobrino del moribundo, para que se tomen las medidas del caso, referente al funeral.
Pero Bolívar ya no tiene bienes de fortuna..!
Todo lo perdió en la guerra… Apenas unos libros, diez baúles de papeles personales, algunos objetos, y las minas de Aroa, representan todo lo que posee… Él que una vez fue el hombre más rico del continente y luego el más poderoso, al ostentar la presidencia de la Gran Colombia, que agrupaba una confederación de naciones aliadas como las más ricas del continente, está en la miseria como el más humilde pueblerino.
El primer inconveniente que deben afrontar sus edecanes, es la falta de dinero para cubrir las exequias
Bolívar no tiene dinero..! Se comisiona al Juez Político de la ciudad, don Manuel Ujueta y Bissays para recaudar los fondos para un precario funeral, nada ostentoso, ya que no sólo no hay los recursos, sino que Bolívar ha sido desterrado y proscrito por una elite política, económica, aristocrática y diplomática, que le daba la espalda a su único Libertador, y habían olvidado el merecido reconocimiento que le debían honrar al genio de la libertad americana.
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