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Visiones de futuro
La inflación y la muerte de la |
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EL UNIVERSAL,
Caracas, |
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La suerte de Venezuela no me puede ser indiferente ni aun después de muerto Simón Bolívar, 1828 José Luis Cordeiro |
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Simón Bolívar, durante su famoso Manifiesto de Cartagena del 15 de diciembre de 1812, trató de explicar la muerte de la Primera República de Venezuela con las siguientes palabras: 'La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales, y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarias, jueces, magistrados, legisladores, provinciales y federales, dio un golpe mortal a la República, porque la obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer papel moneda, sin otra garantía que las fuerzas y las rentas imaginarias de la Confederación'. Aunque los términos burocracia, inflación y dinero inorgánico aún no se utilizaban en 1812, los resultados de mal manejo económico eran los mismos entonces que ahora. La creación de dinero inorgánico (sin respaldo monetario real en oro, plata o divisas) siempre ha sido uno de los peores males que jamás haya acechado a los pueblos. La inflación es el principal enemigo económico de los ciudadanos. Desafortunadamente la (Primera) República de Venezuela fue concebida con ese mal en su vientre. La primera gran inflación de Venezuela Después de declararse la independencia de Venezuela el 5 de julio de 1811, el primer gobierno republicano necesitó urgentemente dinero para cubrir sus gastos. Así se instaló una Junta de Árbitros para el estudio de un sistema de rentas, bajo la tutela del primer Congreso Constituyente de Venezuela. La Junta sancionó el 27 de agosto de 1811 una ley que autorizaba la emisión de papel moneda, respaldada con las rentas futuras de la naciente Confederación. Esos primeros billetes venezolanos, de calidad extremadamente rudimentaria, contenían impresa en su texto la sentencia 'pena de muerte al falsificador', aunque esta advertencia no tuvo mucho efecto. Al poco tiempo aparecieron las imitaciones y el Congreso se vio forzado a crear nuevas emisiones con diseños diferentes para sustituir las anteriores. Dicho papel moneda fue de curso obligado: 'estos billetes se recibirán en todo el Estado y sus Tesorerías como verdadera moneda metálica, castigándose al que se denegare a recibirlos como tal, con la multa del duplo de los billetes que no quisiese admitir'. La primera emisión del 27 de agosto de 1811 fue de un millón de pesos (sin respaldo) y las emisiones posteriores fueron por montos algo menores. Para dar una idea de cuánto representaba entonces un millón de pesos, basta decir que era más dinero que todo el presupuesto del país en ese momento. La circulación forzada de tanto dinero nuevo generó un proceso inflacionario que repercutió en la vida misma de la naciente Venezuela. Los propios venezolanos terminaron llamando a los españoles para que regresaran, y eliminaran esa moneda que generaba el caos económico y la pobreza. Así, el 2 de enero de 1813, el gobierno realista prohíbe la circulación del papel moneda republicano y la estabilidad económica regresa a Venezuela. La experiencia monetaria de 1811 fue tan funesta que los venezolanos no volvieron a confiar en el papel moneda durante casi un siglo. Simón Bolívar estaba claro que sustituir los pesos fuertes de plata por dinero de papel tan sólo destruiría la confianza en la nueva moneda. En el Manifiesto de Cartagena, Bolívar explica como ¡la inflación era aún peor que la servidumbre! 'Esta nueva moneda pareció, a los ojos de los más, una violación manifiesta del derecho de propiedad, porque se conceptuaban despojados de objetos de intrínseco valor en cambio de otros cuyo precio era incierto y aun ideal. El papel moneda remató el descontento de los estólidos pueblos internos, que llamaron al comandante de los tropas españolas para que viniese a librarlos de una moneda que veían con más horror que la servidumbre' . La segunda muerte de Bolívar En menos de cinco años bajo el incompetente gobierno actual, Venezuela ha acumulado más inflación que durante el siglo y medio después del establecimiento de la Tercera República en 1830. Este gobierno quiere tanto a los pobres como aclama oficialmente, que cada año produce más pobres. Hoy en día cualquiera es millonario, pero con millones que no valen nada. El mismo bolívar (Bs.) está tan devaluado, que el Padre de la Patria debe estar retorciéndose en la tumba ante la deshonra que le han hecho los políticos del momento. La inflación es el peor enemigo económico de la democracia. la inflación es un impuesto diabólico que afecta más a quienes menos tienen. No hay democracia que aguante el empobrecimiento masivo de su población. Pero lo peor aún está por verse. No sólo hemos perdido la moneda en Venezuela, sino que además estamos a punto de perder de nuevo la República. |
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José Luis Cordeiro es autor de: |
He leído con el debido interés el trabajo que José Luis Cordeiro ha preparado sobre algunos tópicos de los aspectos más fundamentales de la situación económica de nuestro país, y particularmente lo relativo al muy arduo tema del valor de nuestra moneda. Sin duda alguna, la moneda es el mejor indicador de la salud económica de un país. Desde hace tiempo, como reflejo de la errática política monetaria de nuestros gobiernos, el bolívar ha ido perdiendo poder adquisitivo y presencia internacional debido a un proceso inflacionario de gasto público creciente. El bolívar, que llegó a ser una de las monedas más fuertes del mundo, se encuentra hoy en una terrible condición como una moneda enormemente devaluada. Bastaría recordar que en un lapso de no muchos años se inició un proceso de continua devaluación, que hizo que el bolívar, que llegó a cotizarse a la exuberante rata de 3,30 bolívares por dólar, ha llegado, en una aparente caída libre, a cambiarse en más de 500 bolívares. Las perspectivas actuales son que este proceso tan negativo continúe en el futuro a menos que se reaccione rápidamente. Las fluctuaciones de la moneda son el más seguro indicador de la situación económica de un país. Bastaría lanzar una mirada al comportamiento del bolívar en el último cuarto de siglo para darse cuenta de que Venezuela, por consecuencia de la torpe política económica de los gobiernos, ha entrado, casi irremediablemente, en un proceso de devaluación continua, con todo lo que ello significa de desajuste social y económico para un país. El estudio de Cordeiro presenta, en un conjunto impresionante, las cifras de esa terrible enfermedad económica que ha afectado tan gravemente a la moneda que lleva el nombre de Bolívar. Para corregir esta tendencia habría que realizar grandes cambios en la política económica del gobierno, de una magnitud sin precedentes, que equivaldría casi a la creación de una nueva mentalidad con respeto a la riqueza y al dinero. Confío en que el trabajo de Cordeiro, junto con el de otros distinguidos cultivadores de la ciencia económica de nuestro medio, contribuya a llamar la atención y a despertar el interés por esta situación, que constituye una de las más graves amenazas para el porvenir de nuestra economía y de nuestra sociedad. Venezuela es un país económicamente anormal. El Estado no vive de la riqueza que produce el trabajo nacional sino que, por el contrario, con todo lo que ello implica de riesgo grave, la nación vive de la renta petrolera del Estado. Esta es, sin duda, la más importante cuestión que tiene planteada nuestro país en el futuro inmediato y todo lo que contribuya a crear conciencia sobre tan grave amenaza, hasta ahora no conjurada, ayuda útilmente a la gran labor de rectificación que el país requiere, cada día con más urgencia. Arturo Uslar Pietri |
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© Copyright Johannes W. de Wekker junio, 2004 |