UN DÍA CON BOLÍVAR

Por: Jorge Mier Hoffman
  Margarita - Nueva Esparta - Venezuela

“La mayoría de sus diputados alucinados, los unos por falsas teorías y los otros dirigidos por su maldad y por miras personales, han preferido el desorden al orden, la ilegalidad a la legalidad; más bien que ceder a la razón, a la voz de la patria y al interés general. Todo esto me confunde, me quita mi energía y enfría hasta mi patriotismo y, sin embargo, más que nunca necesito de ellos para sobrellevar la pesada carga que está sobre mis hombros”

Bolívar

Así se refirió el Libertador cuando, desde Bogotá, el 27 de agosto de 1828 asume el nombramiento de todos los poderes públicos, en lo que la historia ha denominado el período de la Dictadura del Libertador; una decisión que se fundamentada en los siguientes considerando de su Decreto:

“Que la Convención de Ocaña no pudo ejecutar las reformas que ella misma había declarado necesarias y urgentes, y que se disolvió, por no haber podido convenir sus miembros en los puntos más graves… Después de una detenida y madura deliberación, he resuelto encargarme, como desde hoy me encargo, del Poder Supremo de la República, que ejerceré con las denominaciones del Libertador-Presidente, que me han dado las leyes y los sufragios públicos”

"solamente una necesidad forzosa unida a la voluntad del pueblo, me obligaron aceptar la dictadura

SEPTIEMBRE DE 1828

Son las 6:00 de la mañana en las laderas del valle de Bogotá al pie del cerro Monserrate, donde se encuentra una espectacular casa de campo conocida como la Quinta de Bolívar. Fue construida por Don José Antonio Portocarrero en el año de 1800, sobre los cimientos donde una vez estuvo un molino, y luego la casa del cura de la iglesia… Desde 1821 la quinta fue habitada por Bolívar como un obsequio que le hacía la capital a su Libertador… Justo en el remanso de la montaña, Bolívar hizo construir una alberca forrada de azulejos, que se alimenta de las heladas aguas que bajan de la montaña, para disfrutar sus baños matutinos que erizaban los pelos a sus oficiales: cuando el frió entumecía los huesos y la neblina cubría el valle, sólo el Libertador es capaz de soportar las terribles temperaturas que le ponen la piel morada, pero que tanto disfruta, mientras su secretario y edecanes cumplen las ordenes que gira su excelencia inmerso en las frías aguas, mientras se lee la correspondencia oficial… Con el ceño fungido muestra su desagrado, gesto más que elocuente para que su secretario del interior, el historiador José Restrepo, tome nota de la respuesta que se debía dar… Son ademanes que conocen muy bien los más allegados a su excelencia, con quienes comparten la responsabilidad del gobierno de la Gran Colombia… Luego del helado baño de montaña, cubre su cuerpo con ese aroma dulce característico del agua de colonia, que se adelantaba anunciar la presencia del Libertador en cualquier lugar donde llegaba.

Mientras el Libertador de retira a su habitación, sus secretarios: José Restrepo, Rafael Urdaneta, el Dr. Estanislao Vergara y Nicolás Tanco,  que todas las mañanas lo visitaban, esperan en el corredor, atendidos por Manuela Sáez, compañera del Bolívar, quien gira las instrucciones a la servidumbre que prepara la comida, al tiempo que comparte con los visitantes sus opiniones sobre los enemigos del gobierno, incluyendo al vicepresidente Francisco de Paula Santander y su comitiva de adulantes seguidores oligarcas… Manuela no se cuida de maldecir a los traidores que hipócritamente se dicen leales al gobierno, y por detrás conspiran por destruir al Libertador; en momentos que Urdaneta recuerda, de manera jocosa, el espectáculo que hizo la Sáenz durante el pasado cumpleaños de Bolívar, cuando entre bailes y copas, y aprovechando que Bolívar no se encontraba, hizo colgar un muñeco que amarró a un árbol con el nombre de “Santander”, y tomando un fusil hizo un fusilamiento simbólico para luego vociferar: “ejecutado por traición”… por su parte Restrepo, más respetuoso, hace comentarios sobre la imprudencia del nombre que le había puesto Manuela al mas sarnoso de los perros de la casa: “Santander”… mientras que Vergara, recuerda lo apoteósico de ese cumpleaños del 24 de julio de 1828, cuando las colinas circundantes del cerro Monserrate se poblaron de tiendas de campaña para alojar allí al Batallón Granaderos… Manuela justifica su repudio a Santander y sus colaboradores, por el fallido atentado contra el Libertador el pasado el 10 de agosto durante el “Gran Baile de Máscaras”, con que se debía celebrar el aniversario de la entrada de Bolívar en Bogotá después de la victoria de Boyacá… Manuela se enorgullece de haber frustrado el asesinato por una desesperada estratagema:

“Me presenté en la fiesta desgreñada, sucia y haciendo contorsiones, como si estuviera ebria, lo cual enfureció a Simón y lo hizo abandonar el baile prematuramente… Lastima que nunca creyó lo del atentado, aún me recrimina mi actuación y ahora me llama: MI querida Loca…”

8:00 AM… En su habitación ubicada con la vista de la ventana al majestuoso cerro Monserrat, Bolívar se para frente a un largo espejo de mercurio que llega hasta el piso, al momento que entra su fiel mayordomo para ayudar en la tarea de vestir a ese hombre de 45 años de edad, de pequeña estatura, un metro con sesenta y siete centímetros, pero grande en la admiración que le profesaba José Palacios, puesto que tenía ante sí al Padre de cinco naciones con su porte de líder indiscutible de la independencia contextura delgada pero de una masa muscular que lo hacía ver atlético, por el esfuerzo físico durante veinte años de faenas y miles de kilómetros cabalgados… los ojos de un negros azabache y hundidos con una mirada centelleante y pobladas cejas… alta la frente y surcada por ondas de marcadas arrugas… los pómulos levantados que delinean un rostro alargado… piel  blanca pero un rostro moreno suave por el sol… ya no usa la barba, ni bigotes, ni el pelo largo; los cabellos finos, negros y rizados se abaten sobre las sienes en largas patillas, que dejaban ver las canas y, aunque escasos los cabellos, caen arqueados en las orejas… la boca grande y nariz larga y aguileña… Manos delicadas y pies también pequeños.

Su edecán Daniel Florencio O´Leary lo describió así:

"Bolívar tenía la frente alta pero no muy ancha y surcada de arrugas desde temprana edad -indicio del pensador- Pobladas y bien formadas las cejas; los ojos negros, vivos y penetrantes; la nariz larga y perfecta; tuvo en ella un pequeño lobanillo que le preocupó mucho, hasta que desapareció en 1.820 dejando una señal casi imperceptible… La distancia entre la nariz a la boca era notable. Los dientes blancos, uniformes y bellísimos; que cuidaba con esmero; las orejas grandes pero bien puestas; el pelo negro, fino y crespo, lo llevó largo en los años de 1.818 a 1.821 en que empezó a encanecer y desde entonces lo usó corto. Su estatura es de cinco pies, seis pulgadas inglesas. Su aspecto, cuando estaba de buen humor, era apacible, pero terrible cuando irritado; el cambio era increíble… Bolívar tenía siempre buen apetito, pero sabía sufrir hambre como nadie... Hacía mucho ejercicio”

Simón Bolívar abotona su traje que previamente le ha preparado Palacios: es un uniforme sencillo, de casimir inglés, pero sin los bordados de orlas doradas ni las condecoraciones que lo caracterizan en sus pinturas… Es de los pocos momentos que aprovecha Bolívar para drenar toda su angustia vociferando contra sus enemigos, a sabiendas que su fiel mayordomo es una tumba e incapaz de repetir la sardas de expresiones de su angustia, por la inmensa responsabilidad que reposaba sobre sus hombros… y para finalizar, toma el frasco de colonia para untar su pelo, cara, traje y pañuelo, llenando el ambiente de ese fresco aroma dulce de la marca 4711, cuya colonia le llegaba por cajas de Alemania…Tal fue la fama que adquirió Bolívar con el uso de este perfume, que fue el único caso de corrupción que fue denunciado por los sus enemigos diputados: “se somete a la votación de los honorables diputados, investigar al gobierno del General Simón Bolívar por gastos desproporcionados en cajas de Agua de Colonia traídas de Alemania”… Del Perú no aceptó el millón de pesos que le entregaba la municipalidad de Lima en agradecimiento a su Libertador, ni el cofre de piedras preciosas que le otorgaba la población de Cuzco, solo la “Espada del Perú”, que hoy se conserva en el Banco Central de Venezuela, fue el único bien material que aceptó… y el único gasto que hizo el gobierno para el bienestar del venezolano, fueron 8.000 pesos que costaron las cajas de Agua de Colonia importadas de Alemania, para su estancia de tres años en esas tierras incas.

Al salir de su habitación, y antes de atender los asuntos de gobierno, pasa por la cocina para asegurarse del menú que se serviría; pero sobre todo, que no se condimentara con “comino” el cual aborrecía, al extremo de no probar si quiera el alimento… Si el tiempo se lo permitía, él mismo preparaba la ensalada a la cual le ponía el toque francés que aprendió de su prima Fanny Du Villars en París, y de lo cual hacía gala de cocinero.

9:00 AM: Hora en que se servía religiosamente el almuerzo, que consistente principalmente de: sopa, ensalada y carnes de aves. Bolívar era poco afecto a las carnes rojas y las frituras… Durante la comida se muestra orgulloso y persuasivo para emprender las tareas que le exige el haber asumido todas las funcione públicas; arrogancia que siempre caracterizó su personalidad, como fue criticado por José de San Martín en 1822, luego de su entrevista con el Libertador:

"El General Bolívar demostraba tener mucho orgullo, lo que me parecía en contradicción de no mirar nunca de frente a la persona que lo hablaba… En cuanto a los hechos militares de ese General, puede decirse que le han merecido, y con razón ser considerado como el hombre más asombroso que haya producido la América del Sur. Lo que le caracteriza por sobre todo y forma, por así decirlo, su sello especial, es una constancia a toda prueba, que se endurecía contra las dificultades, sin dejarse jamás abatir por ellas, por grandes que fueran los peligros a que se hubiese arrojado su espíritu ardiente"

... Durante el almuerzo jamás tomaba algún tipo de licor o bebida alcohólica, acompañando la comida sólo con agua… Durante el almuerzo todo podía faltar menos el “picante” que usaba en forma abusiva sobre todos los alimentos, y su predilecto era uno condimentado con cabezas de insectos “bachacos” muy popular en Colombia, que se decía ser mucho más picante que el chileno y el mexicano; tan picante era ese preparado, que  nuevamente Manuela en su sarcasmo le dice al General Urdaneta: “pásame a Santander”, refiriéndose al envase de barro que guardaba el afamado picante..! comentario que siempre le reprochaba Bolívar, puesto que Manuela se inmiscuía en los asuntos de gobierno, y ello era objeto de acaloradas discusiones… Al finalizar el almuerzo, José Palacio lleva a su excelencia los jugosos nísperos que personalmente escogía en el mercado, puesto que es la fruta preferida del Libertador.

 

11:00 AM: Bolívar se dirige a la caballeriza para asegurarse que los caballos se bañaron, comieron, se les revisaron las herraduras, y le fueron peinadas las crines y colas… Personalmente chequea las correas de la silla de montar y se asegura que estén bien amarradas… Antes de montar “a bautizar al palomo” – dicen de manera jocosa sus oficiales – Bolívar rocía su caballo con el característico aroma de Colonia, que no sólo lo caracterizaba a él, sino también a sus bestias y hasta sus perros… Sus soldados hacían bromas en caso de caer prisioneros, ya que para el enemigo ubicar al General Bolívar no sería nada difícil con sólo seguir la fragancia alemana.

Bolívar y su séquito de oficiales se dirigen al Palacio de Gobierno en el centro de Bogotá… a su paso, el pueblo agradecido saluda al presidente; momento que aprovecha el Libertador para hablar con la gente, detenerse para oír las peticiones de algún lugareño, hacer preguntas, consultar necesidades, y conocer la opinión del pueblo… Siempre portaba una pequeña libreta donde hacía anotaciones de las peticiones que hacía el pueblo, además de las respuestas que obtenía a sus preguntas… Decía Bolívar: “si el gobernante quieres saber lo que opina la gente, pregúntale a la gente”… La generosidad del Libertador no es ficción ni mucho menos la mitificación que se ha hecho de su persona: en más de una ocasión se bajó de su caballo y lo regaló a un paisano que admiraba su porte – te gusta el animal – pregunta Bolívar – no puede gustarme lo que no puedo tener – le responde el aldeano - tómalo es tuyo..! y dejando atónito a ese humilde poblador, monta otro caballo para continuar su marcha… Una prueba más del desprendimiento que siempre mostró Bolívar, es su propia casa, la Quinta en Bogotá, la cual ocupó por diez años:

“A pesar de la precaria situación económica que tenía cuando renunció a la Presidencia de Colombia, antes de partir de Bogotá, la regaló a su amigo José Ignacio París, conocido por sus servicios a la causa independentista y por su lealtad al Libertador. La donación, en realidad, fue hecha a su hija, Manuelita París, quien, por ser menor de edad, no la pudo recibir, de manera que lo hizo su padre a nombre de ella, a través de una escritura que se firmó en el Palacio de San Carlos. La donación se valoró en dos mil quinientos pesos”

Como de costumbre, hace una parada obligada en el mercado para comprar un ramo de flores rojas, y si en su paso se atravesaba una hermosa joven, detenía la marcha para entregarle una flor en agradecimiento por haberle embellecido el día… Bolívar era galán piropeador que enrojecía a las mujeres escogiendo para su repertorio citas de los clásicos renacentistas de la época del "Romeo y Julieta" de Shakespeare, al cual le añadía refranes de su propia inspiración o del refranero popular... Pero era en sus notas amorosas donde ponía toda la creatividad e ingenio del más afamado de los poetas renacentistas:

"Hijas del sol..! Ya sois tan libres como hermosas..! Tenéis una patria iluminada por las armas del Ejército Libertador. Libres son vuestros padres y vuestros hermanos. Libres serán vuestros esposos, y libres daréis al mundo los frutos de vuestro amor"

1:00 PM: Hora en que el Libertador hace su entrada al Palacio de Gobierno… lugar donde el 25 de septiembre los sicarios de Santander intentarán asesinarlo… La guardia anuncia la llegada de Bolívar… Le esperan personalidades de cinco naciones bolivarianas, periodistas extranjeros, representantes de los sectores económicos, diplomáticos,  empresarios, comerciantes, soldados, gente del pueblo, viudas de la guerra; en fin, una larga lista de personas que piden entrevistarse con el Libertador.

 

Su secretario Restrepo se encargaba de ordenar las prioridades, e instruir a los visitantes de ser “cortos y concisos” en sus planteamientos, ya que las entrevistas concluían a las 3.00 PM… Bolívar siempre está solo en su oficina para mantener la confidencialidad y dar confianza al entrevistado… Cuando el tema no es trascendental, aprovecha el momento para ojear la prensa, mientras la persona expone su caso… Si se trataba de la prensa, hace llamar a uno de sus amanuenses, para que tome nota de su exposición, y luego la entregue al periodista… pero cuando se trata de un asunto de Estado, se para de su asiento y hace llamar a su Secretario de Guerra Rafael Urdaneta… Episodios de estas entrevistas fueron narradas por sus edecanes:

“En todas sus actividades y en sus conversaciones, desborda una alocución incansable, extrema viveza, y sus preguntas son cortas y concisas. Pocas veces dirige la mirada a su interlocutor cuando éste mantiene el discurso, pero cuando le toca responder, clava su mirada a los ojos como si tratara de hipnotizarlo. Nada le irrita más que el silencio de su interlocutor cuando exige una respuesta… Sostiene con fuerza, con lógica y casi siempre con tenacidad su opinión, lo que para muchos significa “terquedad”, mientras que para él es una virtud que le hizo ver con claridad aquello que no vislumbraban sus colaboradores… Es muy observador. En sus conversaciones hace muchas citas, pero siempre bien escogidas y propias al objeto.  Su carácter y su espíritu son más para la critica que para el elogio; pero nunca sus críticas o sus elogios carecen de fundamento y de verdad”

3:00 PM: Comienza el suplicio para sus amanuenses… Bolívar hace llamar a sus escribientes para redactar la comunicación del día, cartas, instrucciones, notas de prensa y cartas personales… Una de las pocas cosas que irritaba a Bolívar era cuando su escribiente lo interrumpía para que repitiese la última frase, puesto que expresaba sus pensamientos con gran rapidez y soltura en la palabra… Cuando ello sucedía, no ocultaba su ira que le cortaba la inspiración, y en más de una oportunidad hacía colocar en la misma carta su molestia; como esa famosa comunicación que señala en su posdata:

“Quería decir mucho más, pero Martel está hoy más estúpido que nunca si es posible”

… en otra carta escribe:

“No tengo quien escriba por mí y yo mismo no puedo hacerlo, cada tercer día tengo que buscar un nuevo amanuense y sufrir una cólera con cada cambio. En ocasiones me veo tentado a publicar mis padecimientos en la Gaceta para que se sepa la causa de mi silencio”

5:00 PM: Es la hora en que nadie puede interrumpir al Libertador: se dedica por entero a leer la prensa, despachar asuntos del gobierno; pero sobre todo, reunirse con su Alto Mando Militar para discutir los asuntos en Venezuela, Perú, Quito y Bolivia, donde los movimientos insurrecciónales conspiran por la unidad de la Gran Colombia.

6:00 PM: Ya cuando el sol se encuentra en el horizonte, la comitiva abandona el Palacio e Gobierno en dirección a la Quinta de Bolívar, que los vecinos llamaban sarcásticamente “La Quinta de los Perros”

Llamada así por la cantidad de perros que allí vivían; y que su compañera Manuela maldecía, y hasta con razón, por el número de esos animales que invadían la casa cuando el Libertador hacía su entrada… Bolívar los amaba, y por ello se encargaba de recoger a todo perro zato que deambulaba por las aceras de Bogotá; gesto que correspondían esos desaliñados animales, que como atraídos por los nobles sentimientos del Libertador, lo seguían al ritmo de su caballo que transitaba todas las tardes del Palacio de Gobierno hacia las laderas del Monserrate...

En todo momento y al pie de su cama, al menos uno de sus preferidos se echaba a la entrada, y a sólo dos personas les era permitido interrumpir el sueño de su amo: José Palacios, su mayordomo y su compañera Manuelita... Si bien es cierto que en el intento fallido del atentado del 25 de septiembre Manuelita Sáenz pudo salvar al Libertador de ser asesinado en el Palacio de Gobierno, fueron sus perros quienes alertaron de la incursión de los treinta y ocho asesinos: los enemigos para llegar hasta su habitación, tuvieron que degollar a las feroces fieras, tiempo que le permitió al Libertador salir por la ventana de su habitación… y gracias a la oportuna intervención de Manuela, Bolívar ya no la llamará mi querida loca..! sino la libertadora del Libertador..!

7:00 PM: Luego de otro baño de agua fría en su alberca personal, y masajearse con la aromática agua de colonia, el Libertador se hecha en su hamaca para leer, en espera de sus oficiales que compartirán una nueva noche de juegos y diversión… No eran los 45 años de edad lo que pesaban en el ánimo de Bolívar, sino los 20 años de trajinar en una guerra sin cuartel, que lo había envejecido en su ánimo… Mientras leía, Manuelita lo consiente masajeando sus pies, cortando sus uñas, afeitando sus patillas y sirviéndole un café caliente… Bolívar recordaba sus tiempos de juventud, con todas aquellas anécdotas que popularizaron su afición al baile:

Podía pasar toda la noche bailando, pero que aquella pasión se apagó totalmente… El valse era lo que siempre había preferido y hasta locuras había hecho, bailando seguidamente horas enteras cuando tenía una buena pareja. En tiempo de campañas cuando el cuartel se hallaba en una ciudad, villa o pueblo, siempre se bailaba casi todas las noches y mi gusto era terminar un valse e ir a dictar algunas órdenes y oficios; volver a bailar y a trabajar: mis ideas entonces eran más claras más fuertes y de estilo muy elocuente; en fin, el baile me inspiraba y excitaba mi imaginación: Hay hombres que necesitan estar solos y bien retirados de todo ruido para poder pensar y meditar: yo pensaba, reflexionaba y meditaba en medio de la sociedad, de los placeres, del ruido y de las balas; me hallaba solo en medio de mucha gente, porque me hallaba con mis ideas y sin distracción. Es como lo de dictar varias cartas a un mismo tiempo, originalidad que también he tenido"

8:00 PM. Es la hora de la cena tan suculenta como el almuerzo, cuando Manuela coloca sobre la mesa una botella de vino “madera” que tanto le agrada a Bolívar… La cena era un momento ideal para que cada quien expusiera sus opiniones sobre los asuntos políticos, sin las privaciones que se hacían en el Palacio de Gobierno, cuando se analizaba la situación de los países bolivarianos; sobre todo, cuando asistían los invitados, quienes compartían opiniones en esos grupos de hasta doce comensales, oportunidad para que Bolívar hiciera gala de su elocuencia con improvisados discursos, mientras izaba la copa de vino para festejar… Uno de sus edecanes Perú de Lacroix escribió esos momentos de Bolívar:

“una vez elogio el vino diciendo que es una de las producciones de la naturaleza más útiles para el hombre; que tomado con moderación fortifica el estómago y toda la máquina; que es un néctar sabroso y su más preciosa virtud es la de alegrar al hombre, aliviar sus pesares y aumentar su valor. Luego Su Excelencia como por casualidad, pasó a hablar de la mantequilla, y dijo que era un manjar apetecible para muchos; que a él le gustaba bastante, pero que es muy biliosa, muy dañina, que se necesita muy robusto estómago para digerirla y que produce flemas y bilis. Pero, cosa notable, Su Excelencia estaba comiendo en aquel momento mucha mantequilla, o para probar lo que decían de ella era falso o para demostrar que él tenía buen estómago, y en cambio tomaba muy poco vino después de haber ponderado sus virtudes y su bondad. Refiero este hecho porque lo he hallado singular”

9:00 PM: Por lo general era el momento para divertirse entre amigos jugando a las cartas un juego llamado “ropilla”… al respecto decía Bolívar:

“Nuestra partida es bien poco interesada, pues para perder veinte pesos sería preciso estar muy de malas, y por lo mismo es el amor propio y no el interés el único móvil del deseo de ganar. En el juego se manifiesta la imaginación y la viveza del carácter”

… quienes jugaron con él escribieron esa experiencia:

“Ganando, el Libertador se pone muy chanceador y se burla con gracia de sus contrarios; si pierde, se queja del mal juego y se irrita de la mala suerte: se levanta de la silla, juega parado y en todas sus acciones se ve que su amor propio está herido de ver la fortuna declarada en su contra y en favor de los otros. Lo he visto botar los naipes, el dinero y abandonar el juego. Esta noche sucedió así, pero volviendo luego a sentarse, dijo:

 

"Vean ustedes lo que es el juego: he perdido batallas, he perdido mucho dinero, me han traicionado, me han engañado abusando de mi confianza y nada de esto me ha conmovido como lo hace la pérdida de una mesa de ropilla: es cosa singular que una acción tan frívola para mí como lo es el juego, por la cual no tengo pasión ninguna, me irrite, me ponga indiscreto y en desorden cuando la suerte me es contraria. ¡Qué desgraciados deben ser los que tienen el vicio o el furor del juego! Sin embargo, mañana empezaremos de nuevo, y si pierdo les prometo que estaré más paciente que esta noche y que me armaré de toda la calma del General Soublette para desafiar la mala suerte"

11:00 PM: Bolívar se retira a su habitación y por lo general, toma uno de sus libros de cabecera que lo ayudará a conciliar el sueño; pero antes de acostarse, toma su frasco de colonia para que Manuela le haga un masaje relajante en todo el cuerpo, mientras los candiles que alumbran la Quinta van apagando su llama para el nuevo mañana en la vida del Libertador.

La adicción por el aroma del Agua de Colonia 4711, que aún hoy se expende en las perfumerías, se remontaba cuando Bolívar visitó Alemania en 1806, donde conoció además del perfume la historia: Una fragancia laborada con esencias naturales y aceites esenciales, célebres por su poder tranquilizante y restaurador, que además del dulce aroma, la gente recurría a esta colonia por su capacidad para calmar tensiones y dolores de cabeza, cuando se frotaba efusivamente en el cuerpo.   

Cuando las tropas de Napoleón invadieron Alemania en 1794, extendieron sus dominios hasta la población de Colonia, pintoresco caserío fundado por los romanos a orillas del río Rin… Los franceses tenían la orden de cerrar aquellas fábricas de perfumes que competían con ese ramo de comercio francés; es así como llegaron a una factoría de cuatro pisos a la que censaron con el número 4711. Cuando interrogaron al dueño sobre el agradable olor que se percibía en el ambiente, éste para evitar que lo cerraran les dijo: “no por favor… eso que huelen no es perfume, es un agua medicinal para frotar el cuerpo… es agua de colonia”

Y así quedó bautizada la popular Agua de Colonia 4711 de la cual será fanático el Libertador y su perfume inseparable hasta la muerte… Todo podía faltar en sus largas travesías excepto el Agua de Colonia... Cuando el aroma dulce envolvía el ambiente, de inmediato se advertía su presencia… El Dr. Alejandro Próspero Reverend, médico de cabecera en los últimos días del Padre de la Patria, menciona la obsesión de Bolívar por el Agua de Colonia, cuando rociaba su habitación de enfermo cada vez que tenía que atenderlo... Bolívar le reclamaba “Usted huele a remedio” mientras vertía el dulce aroma en todos los lugares donde pisaba el galeno... Esa mala costumbres de bañarse varias veces al día con agua fría para luego darse fricciones con el Agua de Colonia, fue objeto de acaloradas discusiones con su médico, cuando en las postrimerías de su existencia la tuberculosis hacía estrago su cuerpo…

Esta narración de “Un Día con Bolívar” recoge los episodios más significativos de sus últimos veinte años… Es la intención presentar al Bolívar el hombre en la cotidianidad de cada día… el que todos quisiéramos conocer, pero que se transforma y se confunde en la inmensidad de su obra. Si habría que escribir un epitafio sobre su tumba, luego de armar en un solo día algunos episodios de veinte años de su existencia, este sería el indicado:

“Un hombre de hábito, meticuloso, apasionado por la perseverancia, y obsesivo en todo lo que emprendía, pero impredecible en la acción”

Por: Jorge Mier Hoffman
  Margarita - Nueva Esparta - Venezuela

 

 

 

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