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UN DÍA CON BOLÍVAR |
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Por: Jorge Mier
Hoffman |
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Bolívar |
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Así se refirió el Libertador cuando, desde Bogotá, el 27 de agosto de 1828 asume el nombramiento de todos los poderes públicos, en lo que la historia ha denominado el período de la Dictadura del Libertador; una decisión que se fundamentada en los siguientes considerando de su Decreto:
"solamente una necesidad forzosa unida a la voluntad del pueblo, me obligaron aceptar la dictadura” SEPTIEMBRE DE 1828 Son las 6:00 de la mañana en las laderas del valle de Bogotá al pie del cerro Monserrate, donde se encuentra una espectacular casa de campo conocida como la Quinta de Bolívar. Fue construida por Don José Antonio Portocarrero en el año de 1800, sobre los cimientos donde una vez estuvo un molino, y luego la casa del cura de la iglesia… Desde 1821 la quinta fue habitada por Bolívar como un obsequio que le hacía la capital a su Libertador… Justo en el remanso de la montaña, Bolívar hizo construir una alberca forrada de azulejos, que se alimenta de las heladas aguas que bajan de la montaña, para disfrutar sus baños matutinos que erizaban los pelos a sus oficiales: cuando el frió entumecía los huesos y la neblina cubría el valle, sólo el Libertador es capaz de soportar las terribles temperaturas que le ponen la piel morada, pero que tanto disfruta, mientras su secretario y edecanes cumplen las ordenes que gira su excelencia inmerso en las frías aguas, mientras se lee la correspondencia oficial… Con el ceño fungido muestra su desagrado, gesto más que elocuente para que su secretario del interior, el historiador José Restrepo, tome nota de la respuesta que se debía dar… Son ademanes que conocen muy bien los más allegados a su excelencia, con quienes comparten la responsabilidad del gobierno de la Gran Colombia… Luego del helado baño de montaña, cubre su cuerpo con ese aroma dulce característico del agua de colonia, que se adelantaba anunciar la presencia del Libertador en cualquier lugar donde llegaba. Mientras el Libertador de retira a su habitación, sus secretarios: José Restrepo, Rafael Urdaneta, el Dr. Estanislao Vergara y Nicolás Tanco, que todas las mañanas lo visitaban, esperan en el corredor, atendidos por Manuela Sáez, compañera del Bolívar, quien gira las instrucciones a la servidumbre que prepara la comida, al tiempo que comparte con los visitantes sus opiniones sobre los enemigos del gobierno, incluyendo al vicepresidente Francisco de Paula Santander y su comitiva de adulantes seguidores oligarcas… Manuela no se cuida de maldecir a los traidores que hipócritamente se dicen leales al gobierno, y por detrás conspiran por destruir al Libertador; en momentos que Urdaneta recuerda, de manera jocosa, el espectáculo que hizo la Sáenz durante el pasado cumpleaños de Bolívar, cuando entre bailes y copas, y aprovechando que Bolívar no se encontraba, hizo colgar un muñeco que amarró a un árbol con el nombre de “Santander”, y tomando un fusil hizo un fusilamiento simbólico para luego vociferar: “ejecutado por traición”… por su parte Restrepo, más respetuoso, hace comentarios sobre la imprudencia del nombre que le había puesto Manuela al mas sarnoso de los perros de la casa: “Santander”… mientras que Vergara, recuerda lo apoteósico de ese cumpleaños del 24 de julio de 1828, cuando las colinas circundantes del cerro Monserrate se poblaron de tiendas de campaña para alojar allí al Batallón Granaderos… Manuela justifica su repudio a Santander y sus colaboradores, por el fallido atentado contra el Libertador el pasado el 10 de agosto durante el “Gran Baile de Máscaras”, con que se debía celebrar el aniversario de la entrada de Bolívar en Bogotá después de la victoria de Boyacá… Manuela se enorgullece de haber frustrado el asesinato por una desesperada estratagema:
8:00 AM… En su habitación ubicada con la
vista de la ventana al majestuoso cerro Monserrat, Bolívar se para frente a
un largo espejo de mercurio que llega hasta el piso, al momento que entra su
fiel mayordomo para ayudar en la tarea de vestir a ese hombre de 45 años de
edad, de pequeña estatura, un metro con sesenta y siete centímetros, pero
grande en la admiración que le profesaba José Palacios, puesto que tenía
ante sí al Padre de cinco naciones con su porte
Su edecán Daniel Florencio O´Leary lo describió así:
Simón Bolívar abotona su traje que previamente le ha preparado Palacios: es un uniforme sencillo, de casimir inglés, pero sin los bordados de orlas doradas ni las condecoraciones que lo caracterizan en sus pinturas… Es de los pocos momentos que aprovecha Bolívar para drenar toda su angustia vociferando contra sus enemigos, a sabiendas que su fiel mayordomo es una tumba e incapaz de repetir la sardas de expresiones de su angustia, por la inmensa responsabilidad que reposaba sobre sus hombros… y para finalizar, toma el frasco de colonia para untar su pelo, cara, traje y pañuelo, llenando el ambiente de ese fresco aroma dulce de la marca 4711, cuya colonia le llegaba por cajas de Alemania…Tal fue la fama que adquirió Bolívar con el uso de este perfume, que fue el único caso de corrupción que fue denunciado por los sus enemigos diputados: “se somete a la votación de los honorables diputados, investigar al gobierno del General Simón Bolívar por gastos desproporcionados en cajas de Agua de Colonia traídas de Alemania”… Del Perú no aceptó el millón de pesos que le entregaba la municipalidad de Lima en agradecimiento a su Libertador, ni el cofre de piedras preciosas que le otorgaba la población de Cuzco, solo la “Espada del Perú”, que hoy se conserva en el Banco Central de Venezuela, fue el único bien material que aceptó… y el único gasto que hizo el gobierno para el bienestar del venezolano, fueron 8.000 pesos que costaron las cajas de Agua de Colonia importadas de Alemania, para su estancia de tres años en esas tierras incas. Al salir de su habitación, y antes de atender los asuntos de gobierno, pasa por la cocina para asegurarse del menú que se serviría; pero sobre todo, que no se condimentara con “comino” el cual aborrecía, al extremo de no probar si quiera el alimento… Si el tiempo se lo permitía, él mismo preparaba la ensalada a la cual le ponía el toque francés que aprendió de su prima Fanny Du Villars en París, y de lo cual hacía gala de cocinero. 9:00 AM: Hora en que se servía religiosamente el almuerzo, que consistente principalmente de: sopa, ensalada y carnes de aves. Bolívar era poco afecto a las carnes rojas y las frituras… Durante la comida se muestra orgulloso y persuasivo para emprender las tareas que le exige el haber asumido todas las funcione públicas; arrogancia que siempre caracterizó su personalidad, como fue criticado por José de San Martín en 1822, luego de su entrevista con el Libertador:
... Durante el almuerzo jamás tomaba algún tipo de licor o bebida alcohólica, acompañando la comida sólo con agua… Durante el almuerzo todo podía faltar menos el “picante” que usaba en forma abusiva sobre todos los alimentos, y su predilecto era uno condimentado con cabezas de insectos “bachacos” muy popular en Colombia, que se decía ser mucho más picante que el chileno y el mexicano; tan picante era ese preparado, que nuevamente Manuela en su sarcasmo le dice al General Urdaneta: “pásame a Santander”, refiriéndose al envase de barro que guardaba el afamado picante..! comentario que siempre le reprochaba Bolívar, puesto que Manuela se inmiscuía en los asuntos de gobierno, y ello era objeto de acaloradas discusiones… Al finalizar el almuerzo, José Palacio lleva a su excelencia los jugosos nísperos que personalmente escogía en el mercado, puesto que es la fruta preferida del Libertador.
11:00 AM: Bolívar se dirige a la caballeriza para asegurarse que los caballos se bañaron, comieron, se les revisaron las herraduras, y le fueron peinadas las crines y colas… Personalmente chequea las correas de la silla de montar y se asegura que estén bien amarradas… Antes de montar “a bautizar al palomo” – dicen de manera jocosa sus oficiales – Bolívar rocía su caballo con el característico aroma de Colonia, que no sólo lo caracterizaba a él, sino también a sus bestias y hasta sus perros… Sus soldados hacían bromas en caso de caer prisioneros, ya que para el enemigo ubicar al General Bolívar no sería nada difícil con sólo seguir la fragancia alemana. Bolívar y su séquito de oficiales se dirigen al Palacio de Gobierno en el centro de Bogotá… a su paso, el pueblo agradecido saluda al presidente; momento que aprovecha el Libertador para hablar con la gente, detenerse para oír las peticiones de algún lugareño, hacer preguntas, consultar necesidades, y conocer la opinión del pueblo… Siempre portaba una pequeña libreta donde hacía anotaciones de las peticiones que hacía el pueblo, además de las respuestas que obtenía a sus preguntas… Decía Bolívar: “si el gobernante quieres saber lo que opina la gente, pregúntale a la gente”… La generosidad del Libertador no es ficción ni mucho menos la mitificación que se ha hecho de su persona: en más de una ocasión se bajó de su caballo y lo regaló a un paisano que admiraba su porte – te gusta el animal – pregunta Bolívar – no puede gustarme lo que no puedo tener – le responde el aldeano - tómalo es tuyo..! y dejando atónito a ese humilde poblador, monta otro caballo para continuar su marcha… Una prueba más del desprendimiento que siempre mostró Bolívar, es su propia casa, la Quinta en Bogotá, la cual ocupó por diez años:
Como de costumbre, hace una parada obligada en el mercado para comprar un ramo de flores rojas, y si en su paso se atravesaba una hermosa joven, detenía la marcha para entregarle una flor en agradecimiento por haberle embellecido el día… Bolívar era galán piropeador que enrojecía a las mujeres escogiendo para su repertorio citas de los clásicos renacentistas de la época del "Romeo y Julieta" de Shakespeare, al cual le añadía refranes de su propia inspiración o del refranero popular... Pero era en sus notas amorosas donde ponía toda la creatividad e ingenio del más afamado de los poetas renacentistas:
1:00 PM: Hora en que el Libertador hace su entrada al Palacio de Gobierno… lugar donde el 25 de septiembre los sicarios de Santander intentarán asesinarlo… La guardia anuncia la llegada de Bolívar… Le esperan personalidades de cinco naciones bolivarianas, periodistas extranjeros, representantes de los sectores económicos, diplomáticos, empresarios, comerciantes, soldados, gente del pueblo, viudas de la guerra; en fin, una larga lista de personas que piden entrevistarse con el Libertador.
Su secretario Restrepo se encargaba de ordenar las prioridades, e instruir a los visitantes de ser “cortos y concisos” en sus planteamientos, ya que las entrevistas concluían a las 3.00 PM… Bolívar siempre está solo en su oficina para mantener la confidencialidad y dar confianza al entrevistado… Cuando el tema no es trascendental, aprovecha el momento para ojear la prensa, mientras la persona expone su caso… Si se trataba de la prensa, hace llamar a uno de sus amanuenses, para que tome nota de su exposición, y luego la entregue al periodista… pero cuando se trata de un asunto de Estado, se para de su asiento y hace llamar a su Secretario de Guerra Rafael Urdaneta… Episodios de estas entrevistas fueron narradas por sus edecanes:
3:00 PM: Comienza el suplicio para sus amanuenses… Bolívar hace llamar a sus escribientes para redactar la comunicación del día, cartas, instrucciones, notas de prensa y cartas personales… Una de las pocas cosas que irritaba a Bolívar era cuando su escribiente lo interrumpía para que repitiese la última frase, puesto que expresaba sus pensamientos con gran rapidez y soltura en la palabra… Cuando ello sucedía, no ocultaba su ira que le cortaba la inspiración, y en más de una oportunidad hacía colocar en la misma carta su molestia; como esa famosa comunicación que señala en su posdata:
… en otra carta escribe:
5:00 PM: Es la hora en que nadie puede interrumpir al Libertador: se dedica por entero a leer la prensa, despachar asuntos del gobierno; pero sobre todo, reunirse con su Alto Mando Militar para discutir los asuntos en Venezuela, Perú, Quito y Bolivia, donde los movimientos insurrecciónales conspiran por la unidad de la Gran Colombia. 6:00 PM: Ya cuando el sol se encuentra en el horizonte, la comitiva abandona el Palacio e Gobierno en dirección a la Quinta de Bolívar, que los vecinos llamaban sarcásticamente “La Quinta de los Perros”
Llamada así por la cantidad de perros que allí vivían; y que su compañera Manuela maldecía, y hasta con razón, por el número de esos animales que invadían la casa cuando el Libertador hacía su entrada… Bolívar los amaba, y por ello se encargaba de recoger a todo perro zato que deambulaba por las aceras de Bogotá; gesto que correspondían esos desaliñados animales, que como atraídos por los nobles sentimientos del Libertador, lo seguían al ritmo de su caballo que transitaba todas las tardes del Palacio de Gobierno hacia las laderas del Monserrate...
7:00 PM: Luego de otro baño de agua fría en su alberca personal, y masajearse con la aromática agua de colonia, el Libertador se hecha en su hamaca para leer, en espera de sus oficiales que compartirán una nueva noche de juegos y diversión… No eran los 45 años de edad lo que pesaban en el ánimo de Bolívar, sino los 20 años de trajinar en una guerra sin cuartel, que lo había envejecido en su ánimo… Mientras leía, Manuelita lo consiente masajeando sus pies, cortando sus uñas, afeitando sus patillas y sirviéndole un café caliente… Bolívar recordaba sus tiempos de juventud, con todas aquellas anécdotas que popularizaron su afición al baile:
8:00 PM. Es la hora de la cena tan suculenta como el almuerzo, cuando Manuela coloca sobre la mesa una botella de vino “madera” que tanto le agrada a Bolívar… La cena era un momento ideal para que cada quien expusiera sus opiniones sobre los asuntos políticos, sin las privaciones que se hacían en el Palacio de Gobierno, cuando se analizaba la situación de los países bolivarianos; sobre todo, cuando asistían los invitados, quienes compartían opiniones en esos grupos de hasta doce comensales, oportunidad para que Bolívar hiciera gala de su elocuencia con improvisados discursos, mientras izaba la copa de vino para festejar… Uno de sus edecanes Perú de Lacroix escribió esos momentos de Bolívar:
9:00 PM: Por lo general era el momento para divertirse entre amigos jugando a las cartas un juego llamado “ropilla”… al respecto decía Bolívar:
… quienes jugaron con él escribieron esa experiencia:
11:00 PM: Bolívar se retira a su habitación y por lo general, toma uno de sus libros de cabecera que lo ayudará a conciliar el sueño; pero antes de acostarse, toma su frasco de colonia para que Manuela le haga un masaje relajante en todo el cuerpo, mientras los candiles que alumbran la Quinta van apagando su llama para el nuevo mañana en la vida del Libertador.
La adicción por el aroma del Agua de Colonia 4711, que aún hoy se expende en las perfumerías, se remontaba cuando Bolívar visitó Alemania en 1806, donde conoció además del perfume la historia: Una fragancia laborada con esencias naturales y aceites esenciales, célebres por su poder tranquilizante y restaurador, que además del dulce aroma, la gente recurría a esta colonia por su capacidad para calmar tensiones y dolores de cabeza, cuando se frotaba efusivamente en el cuerpo. Cuando las tropas de Napoleón invadieron Alemania en 1794, extendieron sus dominios hasta la población de Colonia, pintoresco caserío fundado por los romanos a orillas del río Rin… Los franceses tenían la orden de cerrar aquellas fábricas de perfumes que competían con ese ramo de comercio francés; es así como llegaron a una factoría de cuatro pisos a la que censaron con el número 4711. Cuando interrogaron al dueño sobre el agradable olor que se percibía en el ambiente, éste para evitar que lo cerraran les dijo: “no por favor… eso que huelen no es perfume, es un agua medicinal para frotar el cuerpo… es agua de colonia” Y así quedó bautizada la popular Agua de Colonia 4711 de la cual será fanático el Libertador y su perfume inseparable hasta la muerte… Todo podía faltar en sus largas travesías excepto el Agua de Colonia... Cuando el aroma dulce envolvía el ambiente, de inmediato se advertía su presencia… El Dr. Alejandro Próspero Reverend, médico de cabecera en los últimos días del Padre de la Patria, menciona la obsesión de Bolívar por el Agua de Colonia, cuando rociaba su habitación de enfermo cada vez que tenía que atenderlo... Bolívar le reclamaba “Usted huele a remedio” mientras vertía el dulce aroma en todos los lugares donde pisaba el galeno... Esa mala costumbres de bañarse varias veces al día con agua fría para luego darse fricciones con el Agua de Colonia, fue objeto de acaloradas discusiones con su médico, cuando en las postrimerías de su existencia la tuberculosis hacía estrago su cuerpo… Esta narración de “Un Día con Bolívar” recoge los episodios más significativos de sus últimos veinte años… Es la intención presentar al Bolívar el hombre en la cotidianidad de cada día… el que todos quisiéramos conocer, pero que se transforma y se confunde en la inmensidad de su obra. Si habría que escribir un epitafio sobre su tumba, luego de armar en un solo día algunos episodios de veinte años de su existencia, este sería el indicado: “Un hombre de hábito, meticuloso, apasionado por la perseverancia, y obsesivo en todo lo que emprendía, pero impredecible en la acción” |
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Por: Jorge Mier
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