Y UN DIÁLOGO ENTRE
BOLÍVAR Y MARTÍ

 Por:
Alexei Rosales Capote

Villa Clara, Cuba

En 1830 un hombre que burló montes, enemigos, disciplinas, derrotas; un hombre que burló el tiempo y desafió las cimas de los Andes, estaba agonizando en una hacienda en Santa Marta, frente a la bahía de Cartagena, a los pies de la Sierra Nevada, la máxima altura de Colombia, cuyo pico plateado proyectado hacia el azul del firmamento podía con templar el moribundo desde su ventana.

Allí, rodeado de sus más cercanos oficiales y amigos y de unos pocos indios de la villa cercana de Mamatoco, murió Bolívar, el gran soldado de Carabobo, Bomboná, Pichincha y Ayacucho, el hombre que defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre.

Los historiadores dicen que en el patio de la hacienda San Pedro un general lloraba como un niño. Y afirman que las últimas palabras de El Libertador, en el delirio de su agonía lenta, fueron:

"Vámonos..., vámonos... Esta gente no nos quiere en esta tierra... Vámonos muchachos... Lleven mi equipaje a bordo de la fragata"

A la una de la tarde del viernes 17 de diciembre la fragata zarpó rumbo a la inmortalidad dejando atrás una familia de pueblos.

Más de medio siglo después, en 1893, Martí afirmaba en el periódico Patria:

"Otros lo ven muerto, casi sin ropas que ponerse, en el espanto de la caída, al borde de la mar:

Los cubanos le veremos siempre arreglando con Sucre la expedición que no llegó jamás para libertar a Cuba!"

El Maestro lo veía así, y lo veía:

"...desensillando su caballo en la agonía de San Mateo, pasando los torrentes y el páramo para ir a redimir a Granada, envolviendo con las 117 llamas de sus ojos y con sus escuadrones a los realistas de Carabobo, hablando con la inmortalidad en el ápice del Chimborazo, abrazándose en Guayaquil con San Martín entristecido, presidiendo en Junín, desde las sombras de la noche, la última batalla al arma blanca, entrando de lujo en Potosí, a la cabeza de un ejército Conquistador, mientras los pueblos y montes le saludaban, y en la cumbre del Cerro de Plata ondeaban las banderas nuevas de sus cinco repúblicas"

Lo veía:

"vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies calzados aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho sin hacer está hasta hoy"

Cada párrafo del Maestro, cada frase, cada palabra, denota su conocimiento de la vida y la obra de El Libertador, y denota una profunda admiración y un respeto filial por el hombre que:

"ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos"

En el primer número de La Edad de Oro transmite esa admiración y esos sentimientos a los niños de nuestra Amé rica, cuando les cuenta acerca de aquel viajero que:

"Llegó un día a Caracas al anochecer y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar, y que el viajero, sólo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua que parecía que se movía, Como un padre cuando se le acerca un hijo.

El viajero
—les contaba a los niños— "hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre".

En Patria, cinco años después, diría que:

 "así, de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de su nombre resonará en lo más viril y honrado de nuestras entrañas".

En Martí, evidentemente, el respeto y el cariño hacia Bolívar implicaban la obligación de quererlo como a un padre y de evocarlo en su dimensión política, en su genio militar y en su grandeza humana; implicaban hablar de él como:

"Un hombre solar, a quien no concibe la imaginación sino cabalgando en carrera frenética con la cabeza rayana en las nubes, sobre caballo de fuego, asido al rayo, sembrando naciones"

Implicaba dejar constancia de que cuando Bolívar decía libertad,

"no se ve disfrazada de hombres políticos, ni trama encantada que deslumbre turbas, sino tajante que hunde yugos, y sol que nace".

No hablaba en calma Martí de Bolívar, porque consideraba que:

"En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella: de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos o con un mano o de pueblos en el puño y la tiranía descabezada a sus pies".

Bolívar, para él, fue la América hecha hombre,

"al estremecerse a principios de siglo desde las entrañas hasta las cumbres",

y advertía:

"No es que los hombres hacen pueblos, sino que los pueblos en su hora de génesis, suelen ponerse vibrantes y triunfadores en un hombre». Y aclaraba que «a veces está el hombre y no lo está el pueblo, a veces está listo el pueblo y no aparece el hombre".

La obra humana, ciertamente, no es exclusiva de una época ni de un solo individuo, sino del eslabonamiento dialéctico de acontecimientos y del pensamiento y la acción de los hombres que los provocaron y se adelantaron al desarrollo social y político del tiempo que les tocó vivir.

La identificación entre el pensamiento de Bolívar y de Martí acerca del destino de nuestra América no es una coincidencia, sino una continuidad, del mismo modo que no es una coincidencia, sino una continuidad, que Bolívar afirma raque en el Norte están todos los peligros, y que Martí denunciara en forma concreta las ambiciones continentales del imperialismo norteamericano.

Martí vio a Bolívar como un hombre de su tiempo y del nuestro, estrechamente unido a los destinos de nuestra Amé rica, consciente del peligro que acechaba a nuestros pueblos, interpretando el anhelo histórico de un haz de pueblos, por que jamás movió a tantos pueblos la determinación de ser libres ní tuvieron teatro de más natural grandeza, ni el alma de un continente entró tan de lleno en la de un hombre.

En el ardor de Bolívar vio Martí
"el ardor de nuestra redención", en su lenguaje, el lenguaje de nuestra naturaleza, y vio en nuestro continente la cúspide de aquel hombre.

Dijese Bolívar, sentenció el Maestro:

"y ya se ve el monte que más que la nieve sirve al encapotado jinete de corona, ya el pantano en que se revuelven, con tres repúblicas en el morral, los libertadores que van a rematar la redención del mundo".

A Bolívar, ciertamente, debe nuestra América un homenaje permanente, y tiene que repetir y en nombre de la verdad lo que dijo Martí:

"Quien tenga patria que la honre; y quien no tenga patria que la conquiste: estos son los únicos homenajes dignos de Bolívar".


Un diálogo
 

La posibilidad de un diálogo entre un hombre nacido en el siglo XVIII y otro venido al mundo en el siglo XIX, sobre problemas del siglo XX, es tan remota como absurda.

Pero entre esos dos hombres ha habido una extraordinaria afinidad en el pensamiento y tuvieron la misma preocupación y la misma grandeza de espíritu. Es probable y es posible producir el diálogo porque el espacio y el tiempo que los separa forman parte de los procesos revolucionarios que protagonizaron

Bolívar nace en Caracas el 26 de julio de 1783. Martí en La Habana el 28 de enero de 1853. El Libertador muere en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830. El Apóstol en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895. Nadie como ellos hizo ofrecimientos más puros a nuestro continente. Nadie como ellos trató con intensidad pareja de crear un mundo de libertad.

Martí, que por razones elementales conoció la obra de Bolívar, sentía una profunda admiración y un respeto filial por el hombre luchador por la independencia y por la unidad de América Latina.

¿Qué unía a esos dos hombres? Los unía el destino común continental, el mismo peligro que veían ceñirse sobre ellos, la lucha revolucionaria, el espíritu de sacrificio, el amor a la humanidad y la visión de un mundo nuevo.

Ellos encarnan el anhelo histórico de un haz de pueblos al sur del Río Grande. En ellos pusieron acción, vida y pensamiento. La acción pertenece a la historia. Sus ideas a los pueblos de América Latina. Sus pensamientos siguen teniendo vigencia.

Y la relación entre sus pensamientos e ideas es tan fe cunda, que de sus cartas, de sus discursos políticos, de sus manifestaciones, de sus artículos en periódicos y revistas, se pueden extraer frases para coordinar un gran diálogo de la actualidad norteamericana. Imaginémoslo:

MARTÍ: No quería hoy sino alabar a usted como de público es alabado por la elevación de ánimo, la paz de espíritu y la abundancia de corazón con que defiende usted las soluciones patrias.

BOLÍVAR: Amigo le llamo a usted, y este nombre será sólo el que debe quedarnos por la vida, porque la amistad es el único vínculo que corresponde a hermanos de ar mas, de empresas y de opinión; así, yo me doy la en hora buena, porque usted me ha honrado con la expresión de su afecto.

MARTÍ: Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y mano a mano los pueblos de nuestra América Latina. Vemos colosales peligros, vemos manera fácil y brillante de evitarlos; adivinamos en la nueva acomodación de fuerzas nacionales del mundo, siempre en movimientos, y ahora acelerados, el agrupamiento necesario y majestuoso de todos los miembros de la familia nacional americana. Pensar es prever. Es necesario ir acercando lo que ha de acabar por estar junto.

BOLÍVAR: Usted sabe que en el Norte están todos los peligros.

MARTÍ: No sólo pienso yo lo mismo que usted... y temo lo que usted y sé sobre los cuervos lo que usted sabe, sino que mi opinión actual sobre el trabajo urgente que nos cumple hacer, proviene precisamente del conocimiento de ese grave pelígro, y tiene, como una de sus principales razón es el objetivo de irle poniendo valla de antemano.

BOLÍVAR: Nunca he considerado un peligro tan universal como el que amenaza ahora a los americanos.

MARTÍ: Sólo una respuesta unánime y viril para la que todavía hay tiempo sin riesgo, puede libertar de una vez a los pueblos españoles de América de la inquietud y perturbación, fatales en su hora de desarrollo, en la que tendría sin cesar, con la complicidad posible de las repúblicas banales o débiles, la política secular y confesa del predominio de un vecino pujante y ambicioso, que no los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para impedir su extensión, como en Panamá, Santo Domingo, Haití y Cuba, o para cortar por la intimidación sus tratos con el resto del universo.

BOLÍVAR: Estados Unidos parece destinado por la providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad.

MART!: El deber urgente de nuestra América es enseñarse cómo es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchado sólo con la sangre de abono que arranca a las manos de pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños.

BOLÍVAR: La América del Norte, siguiendo su conducta aritmética de negocios, aprovechará la ocasión para hacer se de nuestra amistad y de su gran dominio del comercio.

MART!: Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se aparten de Estados Unidos. Nuestras tierras son ahora, precisamente, motivo de preocupación para Estados Unidos.

BOLÍVAR: A la antorcha de la libertad, que nosotros hemos presentado a la América como la guía y el objeto de nuestros conatos, han opuesto nuestros enemigos el hacha incendiaria de la discordia, de la devastación y el grande estímulo de la usurpación de los hombres y de la fortuna a hombres envilecidos por el yugo de la servidumbre.

MARTÍ: El desdén del vecino formidable que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, por que el día de la vista es próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto para que no la desdeñe. Por supuesto, luego que la conozca, sacaría de ella las manos.

BOLÍVAR: Un vasto campo se presenta delante de nosotros, que nos convida a ocuparnos de nuestros intereses; y bien que nuestros primeros pasos han sido tan trémulos como los de un infante, la rigurosa escuela de los trágicos sucesos han afirmado nuestra marcha habiendo aprendido con las caídas dónde están los abismos; y con los naufragios dónde están los escollos. Nuestra empresa ha sido a tientas, porque éramos ciegos; los golpes nos han abierto los ojos; y con la experiencia y con la vista que hemos adquirido, ¿por qué no hemos de salvar los peligros de la guerra, y de la política, y alcanzar la libertad y la gloria que nos esperan por galardón de nuestros sacrificios? Estos no han podido ser evitables, porque para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios. La América entera está teñida con la sangre americana.

MARTÍ: Jamás hubo en América, de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que Estados Unidos potente, repleto de productos invendibles y determinado a extender sus dominios en América, hace de las naciones americanas de menos poder, ligado por el comercio libre y útil con los pueblos europeos para ajustar una liga contra Europa y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse América española y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.

BOLÍVAR: Pretenden convertir la América en desierto y soledad; se han propuesto nuestro exterminio, pero sin ex poner la salud, porque sus armas son las viles pasiones, la cruel ambición, la miserable codicia. Es verdad que empezamos esta nueva carrera y que la guerra y la revolución han fijado toda nuestra atención en los negocios hostiles. Hemos estado como enajenados en la contemplación de nuestros riesgos y con el ansia de evitarlos. No sabíamos lo que era gobierno y no hemos tenido tiempo para aprender mientras nos hemos estado defendiendo. Mas ya es tiempo de pensar sólidamente en reparar tantas pérdidas y asegurar nuestra existencia nacional.

MARTÍ: De todos los peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una pompa de jabón; el lujo veneno so, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril.

BOLÍVAR: Es un escándalo y una vergüenza que haya todavía quienes vean con indolencia los sacrificios que hacen sus hermanos por la patria y que ellos se queden en la inacción de simples espectadores.

MARTÍ: Ser hombre es en la tierra dificilísima y pocas veces lograda carrera.

Bolívar: Porque los sucesos hayan sido parciales y alternados, no debemos desconfiar de la fortuna. En unas partes triunfan los independientes mientras que los tiranos en lugares diferentes obtienen sus ventajas, ¿y cuál es el resulta do? ¿No está el Nuevo Mundo entero conmovido y armado para su defensa? Echemos una ojeada y observemos una lucha simultánea en la inmensa extensión de este hemisferio.

MARTÍ: El tigre espera, detrás de cada árbol, acurruca do en cada esquina. Morirá con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.

Bolívar: ¿Quién resistirá a la América reunida de corazón, sumisa a una ley y guiada por la antorcha de la libertad?

MARTÍ: ¡La generación actual lleva a cuestas por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabaja dora, del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la Amé rica nueva!

BOLÍVAR: Para nosotros la patria es América.

MARTÍ: Vea lo que hacemos. Usted con sus manos juveniles, y yo a rastras con mi corazón roto.

BOLÍVAR: Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Desde luego, los señores americanos serán sus mayores opositores, a título de la independencia y la libertad, pero el verdadero título es por egoísmo.

MARTÍ: Los pueblos castellanos de América han de volverse a juntar pronto donde se vea, o donde no se vea. El corazón se lo pide. Unos piafan, otros vigilan, otros temen, pero todos oyen en el aire, la voz que los manda ir de brazo por el mundo nuevo.

BOLÍVAR: Nosotros nos apresuraremos con el más vivo interés, a entablar, por nuestra parte, el pacto americano que, formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente a América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que otro alguno que por su libertad y gloria.

MARTÍ: ¡Ah, amigo, con esto, qué tranquilidad en estos últimos instantes! iSiri eso qué terrible agonía!

BOLIVAR:  Me alegro mucho también que Estados Unidos no entre en la federación.

MARTÍ Ni hay que traer sobre sí a un enemigo a quien no se le puede derribar, ni que invitarlo a que se eche encima, con lo flojo de la oposición. Ni mayordomo de raza ajena, ni mayordomo de raza nuestra. No es cuestión de razas, 125 sino de independencia y servidumbre.

BOLÍVAR: Hagamos que el amor ligue con un lazo universal a los hijos del hemisferio de Colón, y que el odio, la venganza y la guerra se alejen de nuestro seno y se lleven a las fronteras a emplearlos contra los tiranos.

MARTÍ: Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo del mar hace la cordillera del fuego andino. iLos flojos, respeten, los grandes, adelante! Esta es tarea de grandes.

Por:
 
Alexei Rosales Capote

 Villa Clara, Cuba

Página Principal - Los últimos artículos - Biografías - Proclamas - Pensamientos - ACÁ TE DEJO - Historia - Artículos - Escritos - Artículo(s) en InglésENGLISH - Búsqueda - Estudiantes - Ricardo Palma - Download - Consultas/Preguntas - Bolivarianos - Páginas Amigas - Agradecimientos - Wekker & Asociados - Libro de visitas . Acta constitutiva de Simón-Bolívar.Org - COLABORA - Escríbenos

 

Vuelve al inicio

© Copyright Johannes W. de Wekker  junio, 2004