San Miguel, 11 de septiembre de 1.818
Al señor José Félix Blanco, Comandante General de las
Misiones.
Mi querido Padre Blanco;
Me marcho mañana para Angostura dejando encargado de la línea del
bajo Orinoco al General Urdaneta. Para combatir el arreglo de los abastos y el modo de evitar los desórdenes
que se han experimentado hasta ahora, debe Vd. venir a conferenciar con el General Urdaneta. Además el tiempo
de obrar nosotros ha llegado ya, y nuestros batallones están en esqueleto. No hay cien indios en todo el
ejército; por consiguiente necesitamos, de volverlos a recoger, de modo que no se vuelvan a escapar, y que
los cojamos a todos, más bien más que menos.
Por otra parte debe formarse un batallón para la guarnición de Las
Misiones y la Baja Guayana tomados de las dos riveras del río y de Las Misiones. Sin este batallón
no podemos marchar al otro lado, pues nuestra tropa no alcanza para nada, según la disminución que
ha tenido.
En fin, Vd. venga y trate con el General Urdaneta todo lo que le parezca conveniente
para llenar estos objetos, pues es necesario salir del caos en que estamos y marchar adelante a aprovechar los
momentos, y, sobre todo, para no acabar de exterminar esta provincia.
Recomiendo a Vd. mucho la mayor moderación posible en el modo de tratar a
los naturales y a todos sus subalternos en general. Todos están convencidos de que Vd. llena su deber; pero
que exaspera los ánimos con la actitud con que suele tratar a algunos individuos que no cumplen con la exactitud
que Vd. desea. En los gobiernos populares, y sobre todo en revolución, se necesita de mucha política
para poder mandar, y las circunstancias actuales son tan críticas que Vd. no se lo puede imaginar. Así
pues, es preciso atender más el espíritu que reina, que a los principios que se deben seguir en un
sistema regular y ordinario.
Adiós, querido amigo, mande Vd. a su afectísimo que lo aprecia y desea
verlo amado.
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