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MADRID (CNN) -- En 1799, el científico
alemán Wilhelm von Humboldt, después de visitar las provincias vascas de Vizcaya y Guipúzcoa,
le escribió a su amigo Wolfgang Goethe: "Nunca he visto un pueblo que haya conservado un carácter
nacional tan fuerte como los vascos".
El historiador Jorge Olavarría dice, por su parte, que "no hay
vasco que no jure y asegure que todo vasco es noble, libre y sólo igual a otro vasco, y esté convencido
de que los vascos son mejores, más fuertes, más valientes y más nobles que cualquier otro
pueblo... dura y fuerte idiosincrasia de este singular pueblo hispánico".
Pero parece sobradamente probado que sobre las verdes montañas del
País Vasco, que tan visiblemente se distinguen de la meseta castellana, y terminan en el golfo de Vizcaya,
entraron sucesivamente en el curso de 2.000 años, cartagineses, romanos, alanos, suevos, visigodos, francos
y moros. Aunque es verdad que fue el último rincón de Iberia en ser romanizado y que no fue totalmente
sometido por el Islam.
El hecho germinal de la hispanidad de los vascos es que en su tierra y su contorno se formaron los pueblos nucleares
de Castilla y Aragón, motores de la recuperación de las tierras godas perdidas ante los moros en
el siglo VIII.
Dentro de ese proceso de repoblación y reconquista de siete siglos, nacieron los reinos ibéricos
y se formaron las lenguas romances de castellanos, aragoneses, catalanes, gallegos y portugueses. Los pueblos hispánicos
de Iberia nacieron en un proceso en el que siempre participaron los vascos.
Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, las tres provincias que forman el País Vasco, son nombres de territorios
que aparecen en la historia a partir del siglo VIII. Estas tierras quedaron integradas en la Corona de Castilla
entre los siglos XIII y XIV y, a pesar del paralelismo de sus instituciones, concretado en las juntas generales
de cada provincia, cada una de ellas tuvo una evolución propia.
En el siglo XV, los vascos se beneficiaron mucho de la unión de Castilla y Aragón. Sus Fueros o leyes
propias respetadas hasta por el rey, fueron jurados solemnemente el 30 de julio de 1476 por Fernando el Católico
bajo la sombra del roble de Guernica.
Los vascos fueron el apoyo más constante y decisivo de Isabel y Fernando en sus momentos más difíciles.
Ello contribuyó a que, conservando sus fueros, los vascos disfrutaran de eminentes posiciones de prestigio,
poder y privilegio, desproporcionados a su población, a partir del momento en que Castilla conquista Granada
en 1492 y en el siglo XVI absorbe a la mayor parte de España y engulle al nuevo mundo.
Vascos en América
A pesar de su reducida población -- nunca han sido muchos -- las individualidades
vascas destacan en el descubrimiento y la conquista de América. El navegante que realiza la mayor proeza
de navegación de todos los tiempos fue el vasco Juan Sebastián Elcano.
El más loco de todos los enloquecidos conquistadores fue el vasco Lope de Aguirre. Descendiendo de las alturas
de los Andes peruanos, Aguirre bajó por los ríos Marañón y Amazonas hasta salir al
mar y por allí llegó a la isla Margarita, en las costas de Venezuela, donde el fantasma del Tirano
Aguirre todavía espanta sus playas y al poblado de Puerto Fermín, se le llama alternativamente El
Tirano.
Y si este vasco fue cruel y sanguinario, otro vasco fue el santo y bondadoso primer obispo de México, Juan
de Zumárraga, defensor de los Indios, cuya carta a Carlos V es uno de los documentos clave en la historia
de la defensa de los derechos humanos.
El Paraguay fue colonizado por el vasco Irala, México occidental por el vasco Francisco de Ibarra, las Filipinas
por los vascos Legazpi y Urdaneta. El papel de la Compañía Guipuzcoana en la formación de
Venezuela en el siglo XVIII fue también decisivo. El más universal e inspirado caudillo de la emancipación
de los pueblos hispánicos de América, Simón Bolívar, era descendiente de vascos; Urdaneta,
y Arismendi, fueron los caudillos de los dos extremos oriental y occidental de una Venezuela que se estaba formando.
El último y más feroz caudillo realista de la guerra de emancipación americana, que murió
en el Alto Perú peleando por un rey que no se lo merecía, fue el vasco Pedro Olañeta. Con
mucha razón el vasco Miguel de Unamuno ve la presencia vasca en la formación de los pueblos hispánicos
de América como el principal factor de su personalidad histórica.
La historia de Chile y la de Venezuela no podrían escribirse si excluyen de su quehacer a los inconfundibles
apellidos vascos. Y lo mismo podría decirse de la Argentina, donde el vasco Juan de Garay fundó definitivamente
la ciudad de Buenos Aires, y la de Santa Fe más al norte. Un descendiente de vascos, Esteban Echeverría,
es considerado el fundador de una literatura argentina propiamente dicha. Los apellidos vascos son comunes en la
toponimia pampeana.
Del hierro a los Altos Hornos
La minería del hierro ha caracterizado al País Vasco desde tiempos
remotos. Ya a principios del siglo XIV se originó un crecimiento demográfico y económico debido
a esta actividad, que duraría hasta finales del siglo XVI. En el siglo XVIII, la región experimentó
un nuevo auge económico gracias, en parte, al desarrollo de la industria siderúrgica.
A mediados del siglo XIX, se instalaron los primeros altos hornos y se relanzaron las exportaciones de hierro al
Reino Unido. El intenso proceso de industrialización del País Vasco, menos intenso o ausente en el
resto de España, salvo Cataluña, dio lugar a que con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa
se fabricara acero, y con el acero, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles.
Desarrollando un talento financiero, los vascos especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron
telares, fábricas de papel y empresas de toda clase, lo que dio lugar a una burguesía industrial
sin parangón en el resto del país, exceptuando de nuevo Cataluña.
Aparece el nacionalismo
En el último tercio del siglo XIX, la indudable singularidad de la
historia y la cultura del pueblo vasco empezó a sufrir un proceso de tergiversación y falsificación,
en cuyas causas coincidieron las guerras carlistas -- en las que los vascos apoyaron mayoritariamente al pretendiente
derrotado a la Corona española --, los movimientos románticos de afirmación cultural y la
creación de un nacionalismo xenófobo por Sabino Arana.
Unos meses después de estallar la Guerra Civil española en octubre de 1936, el gobierno republicano
de Madrid firmó el Estatuto de Autonomía vasco y más tarde se formó el primer gobierno
vasco, presidido por José Antonio de Aguirre.
Ocupada la zona por las tropas franquistas, el gobierno vasco se estableció en Barcelona y al acabar la
contienda tuvo que exiliarse. Las instituciones y el idioma vasco fueron prohibidos en España.
En 1959, surge ETA (Euskadi Ta Askatasuna, Patria Vasca y Libertad), una organización armada que utiliza
la violencia terrorista como medio para conseguir la independencia del territorio que consideran perteneciente
a Euskadi y que equivale en España a la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra y en Francia a las provincias
de Baja Navarra, Lapurdi y Suberoa. En sus cuarenta años de existencia, la banda armada ha asesinado a cerca
de 800 personas.
Tras la muerte de Franco y con la llegada de la democracia, el gobierno español de Adolfo Suárez
autorizó en 1977 la bandera vasca (la ikurriña) y restableció las juntas generales de Vizcaya
y Guipúzcoa. Alava había mantenido sin interrupción su propio régimen foral.
Al año siguiente, la región obtuvo un régimen preautonómico y se constituyó
el Consejo General Vasco, para, en 1979, quedar aprobado el Estatuto de Autonomía Vasco, conocido como Estatuto
de Guernika.
La Comunidad Autónoma del País Vasco ha contado a lo largo de su historia con cinco presidentes de
gobierno o "lehendakaris", tres desde la restauración de la democracia, todos ellos pertenecientes
al Partido Nacionalista Vasco (PNV).
El primero de todos fue José Antonio Aguirre y Lecube, en 1936, al que sucedió en el exilio Jesús
María de Leizaola, que regresó al País Vasco el 15 de diciembre de 1979.
Para entonces, el País Vasco ya disponía del embrión del futuro gobierno autónomo,
el Consejo General Vasco, presidido primero por el socialista Ramón Rubial y después por el dirigente
del Partido Nacionalista Vasco (PNV) Carlos Garaikoetxea. De 1986 a 1998, fue "lehendakari" José
Antonio Ardanza, y desde 1998 hasta la actualidad, Juan José Ibarretxe.
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